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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Hacia los pollos locos, que los trabajadores ya están... Explotación y padecimiento en las avícolas estadounidenses


Gerardo Iglesias
Montevideo (Uruguay), agosto 2001[1]

Recientemente 41 obispos de igual número de ciudades del Sur de los Estados Unidos, suscribieron la "Carta Pastoral de los Obispos Católicos del Sur", donde se reseña la situación de explotación constatada en las avícolas del citado país. Un documento que nos llevó a realizar el presente artículo donde analizamos cómo esta industria y las corporaciones que la dominan, han impactado en el sector granjero, en el detrimento de la calidad y en la salud de los trabajadores y consumidores en general.



Los pollos: buche y pluma ná má; 40 días de vida y una mortaja de celofán


Los criaderos de pollos se han globalizado y en todas partes emergen como verdaderas fábricas de seres vivos. La crianza de animales se ha mecanizado e industrializado en las últimas décadas. A través de este proceso, se desplazó a las granjas familiares, dando lugar a la "granja-fábrica", y la cría de animales pasó de manos del campesino (farmer), a manos de la agroindustria. "En la actualidad (en EE.UU.), alrededor de cincuenta empresas dedicadas a la cría de pollos producen más de 3.700 millones de aves al año, empleando para ello métodos muy similares a los que puede emplear una cadena de producción industrial en una empresa de productos inanimados" [Rifkin, 1995]

Se sabe que las gallinas volaban antes de ser domesticadas por el hombre. Es muy probable que los pollos, en un futuro no muy lejano, pierdan también la capacidad de caminar. Son hacinados por miles en el menor espacio posible y sometidos a condiciones de cría indignas, muy lejos de su hábitat natural. "Se trata a los animales como si fueran máquinas de convertir forraje en carne. Las modernas factorías pecuarias son campos de exterminio y cámaras de tortura para los animales. No son `granjas', se tratan de fábricas para producir carne, con los mismos imperativos de reducción de costes, productividad y eficiencia de las demás industrias capitalistas. La diferencia es que en este caso la materia prima son seres que sienten. Es inmoral someter a las vacas, los cerdos o las gallinas a los terribles sufrimientos de la crianza intensiva" [Singer, 1988].

Diferentes grupos ecologistas, de campesinos, sindicatos y los movimientos de defensa de los animales, han denunciado esta situación tanto en los Estados Unidos como en otros países. A título de ejemplo cabe señalar que, en el momento de la crisis de las dioxinas en Bélgica, millares de pollos demasiado gordos para entrar 27 de ellos en un metro cuadrado murieron asfixiados antes de ser sacrificados.

Los pollos industriales fueron programados para crecer en un plazo breve: aproximadamente seis semanas de engorde a través de una mezcla de cereales, antibióticos, harinas cárnicas (pollo comiendo pollo), etc. Tomando en cuenta lo que pasó con la vaca carnívora, no sería de extrañar la aparición de un pollo loco.

Debido a la superpoblación, en los criaderos se producen problemas de comportamiento como el picoteo (los animales se dan mutuamente golpes con el pico, arrancándose las plumas) o el canibalismo (al picarse, corre sangre y muchos se precipitan sobre la víctima). Con frecuencia se resuelve el problema cortando el pico de las aves... en espera de producir, mediante la manipulación genética, pollos sin pico.

Las formas modernas de crianza intensiva ponen los adelantos científicos y tecnológicos al servicio de la idea de que los animales son objetos y están destinados a que los usemos. Con el fin de tener carne en la mesa a un precio que la gente pueda pagar, nuestra sociedad tolera métodos de producción que recluyen a seres dotados de sensibilidad, en condiciones inadecuadas e incómodas, durante todo el curso de su vida. Se trata a los animales como si fueran máquinas de convertir forraje en carne, y cualquier innovación que resulte en "una relación de conversión" más alta será probablemente aceptada. Tal como ha dicho una autoridad sobre el tema, "sólo se reconoce que la crueldad es tal cuando deja de ser lucrativa" [Singer, 1988].



Los costos ocultos de las fábricas de animales: pollos sin sabor, pero ricos en antibióticos


Como indicábamos anteriormente, los criaderos modernos dedicados a la producción intensiva de animales en los Estados Unidos (y en cualquier otro lugar donde se proceda del mismo modo), constituyen un espacio de confinamiento y tortura. Los animales que se encuentran muy cerca entre sí físicamente - atascados sería una mejor descripción- están predispuestos a contraer enfermedades. Para prevenir que esto suceda, los animales son tratados regularmente con antibióticos.

El Instituto de Medicina, una sección de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, comenzó a cuestionar esta práctica en 1989 [Institute of Medicine, 1989]. El Instituto identificó un peligro para la salud humana: la creación de bacterias resistentes a los antibióticos, las cuales pueden causar serias enfermedades humanas. En su informe se indica además, que aproximadamente la mitad de los antibióticos producidos en los Estados Unidos, se usa en la cría de animales para el consumo humano. Por lo tanto, son realistas las preocupaciones acerca de la selección de cepas de bacterias resistentes a los antibióticos y su entrada en la población humana como resultado del uso excesivo de antibióticos.

Por su parte, el CDC (Centro para la Enfermedad y la Prevención en Atlanta), ha calculado que se dan cada año en los Estados Unidos 81 millones de casos de enfermedades transmitidas por alimentos. Las muertes por intoxicación con alimentos se ha más que cuadruplicado debido a la desregulación, aumentando de 2.000 en 1984 a 9.000 en 1994. La mayor parte de estas defunciones son causadas por la producción industrializada de carne. Asimismo el CDC, estima que hay cerca de 20.000 casos de intoxicación por el E. Coli mutante 0157.H7 (una bacteria mutante) [Shiva, 2001].

En mayo de 1999, un informe realizado por el Departamento de Sanidad de Minnesota y publicado en la revista New England Journal of Medicine, encontró que las infecciones de bacterias resistentes a los antibióticos aumentaron casi ocho veces entre 1992 y 1997. Parte del aumento estaba relacionada con viajes al extranjero y otra parte lo estaba con el uso de antibióticos en los pollos. Incluso el aumento debido a los viajes al extranjero pudo haber sido causado por el uso de antibióticos en los pollos en países como México, donde el uso de los antibióticos en las avícolas se ha cuadruplicado en los años recientes. El autor principal del estudio, el Dr. Kirk E. Smith, manifestó a Associated Press: "Definitivamente hay un problema de salud pública con el uso de la quinolona (antibiótico) en las aves de corral y tenemos que fijarnos bien en eso" [New York Times, 20.05.1999].

Una particular preocupación para los científicos son los estudios realizados hace escasos años, que muestran la presencia en los pollos de bacterias resistentes a las fluoroquinolonas, la clase de antibióticos aprobada más recientemente y en la cual los científicos habían estado esperando que siguiera siendo efectiva por un largo tiempo [Grady, 1999].



Las condiciones de trabajo. Tan lejos de Dios, tan cerca del lucro


La mencionada Carta Pastoral en su introducción, publica el testimonio de María Montez. Ella es una señora de avanzada edad, inmigrante y hace cinco años trabaja en la industria avícola. Al comenzar la entrevista, manifestó que está muy contenta de estar empleada y que no le importa trabajar duro. Luego, en confianza, hace mención al dolor e incapacidad física que padece. Sus brazos y sus manos están dormidas como consecuencia del movimiento repetitivo que realiza cientos de veces durante su jornada de trabajo. Con frecuencia el dolor la mantiene despierta por la noche y para aliviarse, frota alcohol sobre la piel. Asimismo comentó, que ha solicitado alternar su trabajo con otras labores de movimientos diferentes, pero la gerencia le ha manifestado que debido a que es muy responsable con su trabajo, no quieren arriesgarse a reemplazarla. "Mucha gente ha sido afectada por asma, pulmonía, y problemas de la vista. Eso es lo que más veo. La gente tiene que salir de la planta por enfermedad. Si la gente sufre un corte, la despiden", acotó María.

Las avícolas son para las trabajadoras y trabajadores, un seguro pasaporte a la enfermedad y el dolor. La Carta Pastoral describe el ambiente y condiciones de trabajo en las procesadoras, un verdadero calvario, presión, stress y movimientos repetitivos: "la mayoría de los trabajadores se mantienen de pie en la línea de producción por largas horas. Los pollos, que cuelgan enganchados de una cadena que mueve a los animales sacrificados alrededor del área de procesamiento, pasan frente a ellos a gran velocidad la cual determina en gran parte la ganancia de la operación. El piso se mantiene mojado y los pollos salpican por todas partes. La humedad contiene muchos contaminantes químicos y biológicos. Cada sesión es más fría que la anterior, ya que los pollos empiezan a ser enfriados desde que están `vivos' hasta que pasan a ser `empacados'. El procesamiento consiste en sacrificar, eviscerar, cortar, ordenar, pesar y empacar los pollos a un paso muy rápido. Las cuchillas son muy afiladas y cada uno realiza su tarea cientos de veces y hasta más de mil veces en un turno".

A lo largo de las fases de preparación y extracción de vísceras, los trabajadores se ven expuestos a niveles de ruido elevados, suelos resbaladizos e importantes factores de estrés ergonómico en las operaciones de sacrificio, corte y envasado.



Las Lesiones por Esfuerzo Repetitivo (LER). Trabajar o caducar


Beatrice Johnson, una mujer de más de cuarenta años, trabaja en una procesadora avícola desde hace 21 años. Está incapacitada debido a las LER. Los médicos de la compañía le han dicho que su condición no está relacionada con el trabajo que realiza (similares argumentos hemos encontrado en Brasil), no obstante el médico de la familia no está de acuerdo con ello. Ella esperaba recibir compensación laboral, pero le dieron permiso por enfermedad, el cual paga sólo una fracción del salario normal. Su permiso por enfermedad ya está por terminarse y cuando eso suceda probablemente será despedida, al igual como le ha pasado a otros trabajadores que Beatrice conoce.

De acuerdo al estudio efectuado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos en 1996, las lesiones del canal (túnel) carpiano, que inciden entre los trabajadores de las procesadoras avícolas, son cinco veces más frecuentes que en las manufacturadoras en general. Las Lesiones por Esfuerzo Repetitivo, entre los trabajadores avícolas son 16 veces más frecuentes que el promedio nacional. Esta situación es consecuencia directa de la organización, ritmo y ciclos cortos de trabajo.

El informe Pastoral señala que según el USDA (Departamento de Agricultura de los Estados Unidos), la velocidad de la línea de producción, aumentó de 70 aves por minuto en 1979 a 91 por minuto en 1999. Esta intensificación del trabajo genera las condiciones propicias para un mayor deterioro de la salud de los trabajadores y un uso acelerado de sus capacidades de trabajo que les hará luego "viejos" prematuros para el sistema productivo [Castillo, 2001].

"Un colgador, enguantado, debe agarrar el ave por ambos muslos y colgarlo de las patas en las argollas de una cinta transportadora elevada que se desplaza en la dirección opuesta. Lo habitual es que se exija a los trabajadores colgar una media de 23 o más aves por minuto. (Algunos puestos en las líneas de producción de los colgadores requieren un mayor número de movimientos, quizá 26 aves por minuto). En general, siete colgadores en una cinta pueden colgar 38.640 aves en cuatro horas antes de llegar a un período de descanso (es decir 5.520 aves cada uno). Si cada ave pesa unos 1,9 kg, un colgador levanta un total de 10.488 kg en las primeras 4 horas de su turno. Es una labor extremadamente estresante desde un punto de vista fisiológico y psicológico. Las tareas de agarrar con ambas manos, sujetar y, de forma simultánea, levantar un ave que aletea y araña a la altura del hombro o de la cabeza, pone en tensión la parte superior de los hombros y el cuello. Si el tiempo es cálido y seco, las aves portan polvo y ácaros, que quedan en suspensión en el aire con facilidad. Si es húmedo, las aves resultan más difíciles de manipular, los guantes se humedecen de inmediato y los colgadores deben aumentar su esfuerzo para agarrarlas" [Ashdown, 1999].

Las denuncias relacionadas con la salud y la seguridad que involucran "una sustancial probabilidad de muerte o heridas graves", aumentaron más del 150 por ciento entre 1997 y 1998 en la empresa Tyson Foods, la compañía avícola estadounidense más grande. No obstante, es importante indicar, que el registro de accidentes y enfermedades no refleja la realidad.

A raíz de la muerte de dos trabajadores en la empresa Tyson en julio de 1999, oficiales del estado explicaron que el OSHP (Programa de Seguridad Ocupacional y Salud) no exige que las compañías presenten un informe de amputaciones u otras lesiones, excepto en circunstancias muy especiales. La mayoría de las compañías sólo tienen que informar de accidentes que resulten en la muerte u hospitalización de tres o más trabajadores. En Kentucky, OSHP no se involucra automáticamente, ni aún en el evento de la muerte de trabajadores.

Una encuesta realizada por el Departamento de Trabajo de los EE.UU. en 1997, arrojó que de las plantas sondeadas, el 54 por ciento descontaron del salario de los trabajadores la ropa de trabajo y equipo de protección que las compañías están obligadas por ley a suministrar. Algunas compañías incrementaron el precio de estos artículos antes de venderlos a los trabajadores.



La compañía Tyson y la gallina de los huevos de oro: cuando no hay ética, no hay límites


En los Estados Unidos se sacrifican 8 mil millones de pollos y pavos por año [Shiva, 2001] y su consumo per cápita se ha elevado de 18 Kg. en 1970 hasta 34 Kg. en 1999. Las cinco compañías más grandes que controlan más de la mitad del mercado son Tyson Foods, Gold Kist, Perdue Farms, Pilgrim's Pride y ConAgra.

Tyson Foods, la compañía avícola más grande, produjo en 1999 más de 7,2 billones de libras de pollo, utilizando 66 plantas procesadoras y 7.402 contratos con criadores de pollos. Entre sus principales clientes se encuentra McDonald's a quien provee de cortes especiales para sus hamburguesas de pollo. Declaradamente antisindical (miembros de UITA mantuvieron con ella un prolongado conflicto en 1995/96), también fue acusada de corrupción, por favores realizados al antiguo Secretario de Agricultura de los EE.UU, Mikc Espy. Tyson que tiene su base de operaciones en Arkansas, mantuvo lazos íntimos con el ex-presidente Bill Clinton quien, como se recordará, fue gobernador de ese Estado. En 1997 se conoció como operaba esta empresa en México. Un informe publicado por Rel-UITA [Iglesias, 1997] señalaba lo siguiente: "Tyson que opera en México con el nombre de Trasgo, exige que los campesinos (que operan como criadores independientes), sean propietarios de una adecuada extensión de tierra con servicio de luz eléctrica y les facilita los trámites bancarios para acceder a un crédito que les permita construir galpones y gallineros. Los pollitos BB, la ración y la asistencia técnica son suministrados por la empresa, que acepta un mínimo porcentaje de mortalidad a partir de la cual las pérdidas corren por cuenta del campesino. Pero, verdaderamente increíble es el pago que reciben los criaderos: se les contabiliza como propia la ración que puedan ahorrar, a lo cual se suma el ingreso que puedan obtener por la venta del estiércol de las aves. Investigaciones realizadas por UITA entre los campesinos, indican que con este sistema su ingreso equivale al Salario Mínimo mexicano".



¿Quiénes trabajan en la industria avícola? Pollos comiendo pollos, hombres masticando hombres


John Stephens, gerente de una importante compañía avícola, expresó que uno de los principales problemas que enfrenta, es el constante cambio de personal. "En cuanto la gente puede encontrar un nuevo trabajo, se va. La industria avícola en los Estados Unidos no es la opción de empleo de preferencia para la gente. El trabajo es muy duro físicamente y repetitivo. Tenemos que mejorar la manera de tratar a la gente, y lo más importante es cómo satisfacer sus necesidades", expresó enfáticamente.

Un estudio realizado por Tony Ashdown, publicado en la Enciclopedia de Salud y Seguridad en el Trabajo [Ashdown, 1999], indica que "la rotación es extraordinariamente elevada en ciertos aspectos del proceso. Las tareas de colgado de los animales vivos, de deshuesado y de higienización resultan muy estresantes y registran tasas de rotación altas".

Por ello la industria depende cada vez más de los inmigrantes. De acuerdo a las encuestas realizadas por nuestra afiliada en los Estados Unidos, la UFCW (Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación y el Comercio), los trabajadores avícolas son en su gran mayoría afroamericanos y mujeres, sin embargo los latinos son el sector de crecimiento más rápido de la fuerza de trabajadora.

En este caso se trata de personal temporal, ya que desarrolla su actividad en dichos centros en parte del año. Cuando se acerca el momento de cosechar los cultivos de la región, una gran proporción de los trabajadores pasa a dedicarse a esta labor [Ashdown, 1999].

Julio López muestra su mano deformada y llena de cicatrices. En español habla sobre la herida que sufrió procesando pollos, la cual requirió más de 70 puntos para cerrarla. Semanas después del accidente, no puede hacer uso de su mano. El personal médico que lo atendió le dijo que no hay nada más que se pueda hacer y que no tiene autorización para ver a un especialista. Tampoco ha sido compensado por la lesión. Su preocupación es de que el daño sea permanente, pero no se queja por miedo de perder el trabajo en la planta procesadora, ya que con éste alimenta a su familia en su país de origen. Julio cruzó la frontera ilegalmente. Un ilegal herido, maltratado, y sin voz.

La industria avícola viene produciendo cada vez más con menos trabajadores que, como se ha señalado, padecen inhumanas condiciones de trabajo y deben estar "disponibles para el accidente". Pero también estos trabajadores, son los menos favorecidos a nivel salarial. Datos suministrados por el USDA, indican que mientras la producción de aves de corral duplicó su valor entre 1987 y 1997; y el número promedio de pollos sacrificados por hora se incrementó de 143 en 1986 a 190 en 1995, la industria avícola es el sector que tiene los salarios más bajos en toda la industria de la carne.

De acuerdo al Comité Nacional Ecuménico para la Justicia del Trabajador, las investigaciones realizadas por el sector de Salarios y Personal por Hora, del Departamento de Trabajadores de los Estados Unidos, revelaron que en un 60 por ciento de las procesadoras avícolas habían violado las leyes concernientes al salario y a las horas de trabajo. Los resultados de las encuestas publicadas en febrero de 1998, indicaron que la mayoría de las violaciones ocurrieron porque los empleadores no pagaron tiempo extra después de una semana de 40 horas de trabajo, o bien no mantuvieron información escrita de las horas trabajadas por los empleados.



Los criadores de pollos: La punta de una historia de explotación y miedo


Las corporaciones transnacionales agroalimentarias, han ganado mayor control sobre las fincas de producción, productos y mercados. En las últimas décadas, se profundizó el proceso de integración vertical, donde la industria en el caso avícola, posee o controla cada paso de la producción, desde los elementos más básicos, como lo es el grano alimenticio, hasta el producto final, como pechugas de pollo deshuesadas y sin piel en las estanterías del supermercado. Estas intervenciones han modificado la estructura del sector, donde la industria asume una mayor intervención, y ello va en desmedro del granjero, que se ve enfrentado cada vez más con una concentración de poder por parte de aquellos con quienes tiene que tratar [Teubal, 1995].

Esta situación concentradora y excluyente, ha provocado en los EE.UU. la desaparición de 300.000 granjas familiares desde 1970.

Entre 1950 y 1990 el número total de explotaciones agrícolas de los EE.UU. cayó de 5,4 a 2,1 millones. La población agrícola representaba el 15 por ciento de la población total en 1950, pero solo el 2,7 por ciento en 1990 [Teubal, 1995]. Según el último censo de granjas, había en los EE.UU. 1,9 millones de granjas (definiendo como granja un sitio que vende 1.000 dólares americanos o más en productos agrícolas). Teniendo en cuenta que en este país la población carcelaria ronda los 2 millones, se puede deducir que hay más gente tras las rejas que manejando tractores.

El informe efectuado por la Carta Pastoral, analiza esa situación: "el avicultor debe gastar grandes sumas de dinero para construir, y después modernizar las instalaciones donde criarán a los pollos. En el caso de los pequeños avicultores, generalmente esas inversiones requieren de una hipoteca sobre la finca familiar. La compañía avícola provee a los avicultores con los pollitos de cría, antibióticos, el alimento y otras provisiones. Ella también decide cuánto le pagará al avicultor por libra, después que han deducido los gastos por suministros. Pollitos enfermos, enfermedades en el gallinero, problemas por el clima, eliminación de desperdicios, etc., son riesgos que deben ser asumidos por el avicultor.

Los contratos vigentes se limitan a la acción de arbitraje como única manera de enfrentar problemas, negando la posibilidad de demandas judiciales que han sido exitosas para algunos criadores de aves en el pasado".

Roy y Mary Stein son criadores de aves y cuentan con 16 años de experiencia. La Carta Pastoral publica sus comentarios y vivencia: "la única cosa sobre la cual uno tiene control es la firma del contrato", comentó Roy. "Ellos pueden darlo por terminado en el momento que quieran; usted no puede, pero ellos sí". A lo cual Mary acota, "este es un contrato laboral. Usted no es un socio. Supuestamente un socio tiene algo que decir sobre su negocio". La pareja también indicó que la mayoría de los avicultores tienen miedo de hablar abiertamente porque todo lo que ellos poseen está hipotecado, aunque el típico granjero que cría aves vive por debajo del índice de pobreza para una familia de tres miembros.

Según Security and Exchange Commission, las compañías avícolas ganan cerca del 16 por ciento sobre sus inversiones, mientras que las granjas criadoras ganan cerca del 4 por ciento. Delmarva en 1997 encuestó granjas avicultoras y dió a conocer las mismas preocupaciones manifestadas por los Stein. El 43 por ciento dijo que ellos no creen en el peso correcto del alimento que le es entregado por parte de la compañía; el 41 por ciento tampoco cree en las cifras que aparecen en sus estados de pago, y el 57 por ciento cree que la compañía tomará represalias si los criadores de aves expresan su descontento.

Las compañías avícolas virtualmente tienen todas las cartas en el juego de la crianza de aves. Algunas veces ni siquiera siguen ni sus propias reglas ni las del gobierno. Las tácticas constatadas en entrevistas y testimonios jurados se describen a continuación:


Otro problema estriba en que la Administración de Inspección de Granos, Empacadores y Corrales del USDA, encargada de inspeccionar la relación de la industria avícola con los granjeros bajo contrato, no tiene condiciones humanas y financieras para investigar las denuncias de engaños y otras injusticias. Cuenta únicamente con siete investigadores a tiempo completo para cubrir los 30.000 granjeros bajo contrato en todo el país: 4.286 granjeros para cada inspector. ¿Qué tal? Quizás sea este el motivo por el cual, a pesar del engaño evidente en el peso final del pollo, realizado por años por ConAgra en Dalton, Georgia, no fuera sancionada por la citada Administración.



Los sindicatos: ¿Cómo sindicalizar en una centrifugadora de trabajadores?


Los trabajadores de la industria avícola no se organizan fácilmente. Un estudio realizado por el sindicato UFCW, señala que menos empleados están matando mayor número de animales y que la tasa de rotación del personal en la industria avícola y similares, es de casi un 100 por ciento al año [Shiva, 2001]. Los trabajadores de las avícolas, dicen que el trabajo en esa industria es peor que la esclavitud.

La Carta Pastoral recoge la opinión del dirigente Juan Sánchez: "una planta procesadora avícola se logró sindicalizar en 1996 y hasta la fecha no se ha podido alcanzar un convenio que proteja a los trabajadores. La gente está cansada, pero saben que a través de la organización es la única manera de obtener la atención de la compañía cuando son maltratados por los supervisores o cuando se produce un exceso en el trabajo. Pero no es tarea fácil, organizar a estos trabajadores que se retiran de la empresa en cuanto encuentran otro trabajo".

Datos suministrados por el sindicato UFCW, señalan que mientras el 73 por ciento de las plantas procesadoras y empacadoras de carne están sindicalizadas, solamente 30 por ciento de las plantas de aves están organizadas.

Argentina, Brasil, México y otros países de nuestra región son grandes productores de aves y en muchos de ellos esta actividad se encuentra en manos de grandes compañías nacionales o transnacionales.

A la Secretaría Regional le interesa conocer las condiciones de trabajo en los frigoríficos de aves y las condiciones de contratación de los granjeros, generalmente pequeños propietarios. Cuando tengamos en nuestro poder datos concretos, como los que anteriormente mencionamos para Estados Unidos, estaremos en condiciones de iniciar una campaña de denuncia, organización y movilizaciones para revertir la situación.



Referencias


Jeremy Rifkin (1995) The end of work : the decline of the global labor force and the dawn of the post-market era (Trad. española: El fin del trabajo : Nuevas tecnologías contra puestos de trabajo. El nacimiento de una nueva era. Paidós, 1996)

Peter Singer (1988) Etica práctica (Barcelona, Ariel)

Institute of Medicine (1989) Human Health Risk From The Subtherapeutic Use Of Penicillin Or Tetracyclines In Animal Feed (Washington, D.C.)

Vandana Shiva (02.08.01) Los pobres pueden comprar muñecas Barbie (La insignia)

New York Times (20.05.1999) "U.S. Antibiotics Countered by Foreign Meat, Study Says"

Denise Grady (8.03.99) A Move to Limit Antibiotic Use in Animal Feed (New York Times)

Tony Ashdown (1999) Enciclopedia de salud y seguridad en el trabajo OIT

Juan José Castillo (4.2001) Intensificación del Trabajo: 12 puñaladas. Producir lo mismo con la mitad de los trabajadores (Revista del ISTAS n. 12)

Enildo Iglesias (03.1997) (Regional 28)

Miguel Teubal (1995) Globalización y Expansión Agroindustrial. Corregidor (Buenos Aires)

Fecha de referencia: 15-07-2002


1: Publicado en SIREL, Salud y Seguridad, n. 3. Gerardo Iglesias es miembro de UITA (uita@rel-uita.org)

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