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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Francisco Fernández Buey
Madrid (España), febrero de 2002
De entre los varios ecologismos que han fructificado en el mundo
durante estas dos últimas décadas el más interesante y el más
cargado de razones es el ecologismo social. Éste atiende
simultáneamente a las causas socioeconómicas del empobrecimiento
de los países y a la interrelación existente entre la vieja
rémora de la desigualdad social y los desequilibrios
medioambientales que afectan a muchas regiones de Latinoamérica,
África, Asia y la Europa oriental cuyos ecosistemas son
particularmente frágiles.
El ecologismo social sabe que, para avanzar hacia la naturaleza
y armonizar las relaciones con ella, debemos atender nuevamente
a los problemas socioeconómicos. Sabe también que existe una
relación directa entre neocolonialismo, sobrexplotación,
catástrofes ecológicas y empobrecimiento de las poblaciones. Y
por eso postula una nueva teoría de las necesidades materiales
y espirituales, una teoría que es crítica del industrialismo y
del consumismo inducidos y se muestra, a la vez, sensible y
atenta con las formas de humanizar la naturaleza que han sido
propias de las culturas campesinas tradicionales.
La forma que el ecologismo social ha ido tomando en estos últimos
tiempos entre las personas conscientes de estos países
empobrecidos es lo que suele llamarse ecología política de la
pobreza. La ecología política de la pobreza es una opción en
favor de un ecologismo social que atiende simultaneamente a los
límites del crecimiento y al hecho de que vivimos en una "plétora
miserable" con enormes diferencias y desigualdades en todo lo
esencial para la vida de los humanos. La ecología política de la
pobreza nació en África, Asia y América Latina como respuesta a
los problemas socio-ecológicos percibidos por las poblaciones
indígenas.
En su origen están las protestas, y también propuestas
alternativas, de mujeres de Kenia y de la India y de
sindicalistas sensibles en Brasil en la década de los ochenta.
Este origen no es casual, pues es sabido que en muchos países
africanos y asiáticos son las mujeres del campo, sobre cuyos
hombros racae gran parte del trabajo productivo, quienes más
sufren la crisis ecológica, los ataques a la biodiversidad, el
empobrecimiento de los suelos cultivables, la desertificación y
la escasez de agua. Y, por otra parte, en las selvas brasileñas
es cada vez más evidente que las nuevas formas de esclavitud y
de explotación del trabajo asalariado, que ni siquiera permiten
la sindicación, tienen mucho que ver con los ataques al entorno
natural y a las culturas tradicionales.
La ecología política de la pobreza empezó a cuajar en el Forum
Alternativo de Brasil, en 1992, y se caracteriza desde entonces
por cuatro rasgos:
Además, la ecología política de la pobreza, por ejemplo, en la
versión que de ella han dado Leonardo Boff y otros autores, no
sólo se opone el industrialismo desarrollista que ha sido
característico del capitalismo histórico, sino tambien a la
utilización mercantil del ecologismo. Y argumenta en este punto
que, como era de esperar en un mundo dominado por el mercado y
por el fetiche del dinero, la producción supuestamente ecológica,
meramente conservacionista o bienintencionadamente ecológica (que
de todo hay), corre el peligro de convertirse en negocio de unos
cuantos, en beneficio privado, en pasto de la publicidad y en
ocasión para el llamamiento a un "nuevo tipo" de consumismo.
Constata que la línea "verde" del sistema productivo capitalista
empieza a cotizar en la Bolsa de valores mercantiles, porque lo
"verde" vende.
La ecología política de la pobreza hace observar que se está
abriendo un nuevo flanco en el enfrentamiento entre países ricos
(muy industrializados y muy competitivos) y países empobrecidos
(cada vez más identificados con las reservas ecológicas del
planeta o, en su defecto, con centros de producción de drogas
ilegales). Subraya cómo algunas de las instituciones monetarias
internacionales propician algo así como un trueque-fin-de-siglo:
deuda externa por ecología; y cómo, por lo general, en esa
propuesta de trueque sigue dominando un punto de vista
etnocéntrico, lo que incluye un matiz nuevo respecto del viejo
colonialismo (el discurso se disfraza, una vez más, de
universalismo pero se cubre con el manto de valores
éticoecológicos, como la conciencia de especie, usurpándoselos
al ecologismo).
La gran tarea de la ecología política de la pobreza y del
ecologismo social e internacionalista de los próximos tiempos
será seguramente aprender a moverse, a ambos lados del Atlántico,
evitando dos escollos: el neocolonialista y el neonacionalista.
Lo cual no va a ser nada fácil, desde luego. Pues el malestar de
la cultura y la ausencia de expectativas hacen que mucha gente
se vuelva contra sus vecinos; y las grandes migraciones del final
de siglo parecen estar convirtiendo a la xenobofia en la
ideología funcional del capitalismo triunfante.
En suma, lo que la ecología política de la pobreza viene a
decirnos es que no se puede seguir viviendo como se ha vivido en
las últimas décadas, por encima de las posibilidades de la
economía real y contra la naturaleza. Que el modo de vida
consumista de los países ricos no es universalizable porque su
generalización chocaría con límites ecológicos insuperables. Y
que en nuestro mundo actual ser sólo ecologistas es ya
insuficiente. Para hacer realidad lo que ahora es todavía un
proyecto, un horizonte, la ecología política de la pobreza,
surgida en los países empobrecidos, tiene que enlazar con las
personas sensibles del mundo rico y convencer a las buenas gentes
de que la reconversión ecológico-económica planetaria del futuro
obliga a cambios radicales en el sistema consumista hoy dominante
en casi todo el mundo industrialmente avanzado. Pues el
desarrollo sostenible implica cierta autocontención y la
autocontención implica austeridad. Pero para que "austeridad" sea
una palabra creible para las mujeres y varones del mundo
empobrecido es necesario que antes, o simultáneamente, seamos
austeros quienes hoy vivimos del privilegio.
Fecha de referencia: 15-07-2002
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