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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Artículo publicado en la revista Residuos.
El presente artículo pretende ofrecer una visión global de la
problemática y situación referente a los residuos de construcción
y demolición (RCD), tanto a nivel internacional como del País
Vasco. Tras presentar algunas de las principales características
(generación y composición) de tales residuos, se pasa a revisar de
forma genérica las soluciones comúnmente adoptadas para su
tratamiento y eliminación, incidiendo especialmente en las
posibilidades de reciclado de los mismos, los problemas con que
esta actividad habitualmente se encuentra y las tendencias de
futuro.
Dichas consideraciones se complementan con las de carácter
medioambiental asociadas a la producción y gestión de estos
residuos. Finalmente se culmina con un breve repaso de la situación
en el País Vasco.
En una aproximación genérica, se puede realizar una clasificación
de los RCD de acuerdo al tipo de actividad y objeto de la obra que
los genera. La tabla 1 muestra tal clasificación, incluyendo los
principales componentes de los residuos en cada caso.
| ACTIVIDAD | OBJETO | COMPONENTES PRINCIPALES | OBSERVACIONES |
|
Demolición |
Viviendas
Otros edificios:
Obras públicas |
Antiguas: mampostería, ladrillo, madera, yeso, tejas
Recientes:
ladrillo,
hormigón, hierro,
acero, metales y
plásticos
Industriales:
hormigón, acero,
ladrillo,
mampostería
Servicios:
Hormigón,
ladrillo,
mampostería,
hierro, madera.
Mampostería, hierro, acero, hormigón armado |
Los materiales
dependen de la
edad del edificio
y del uso
concreto del
mismo en el caso
de los de
servicios
Los materiales dependen mucho de la edad y el tipo de infraestructura a demoler. No es una actividad frecuente. |
|
Construcción |
Excavación
Edificación y
Obras Públicas
Reparación y
mantenimiento
Reconstrucción y rehabilitación |
Tierras
Hormigón, hierro,
acero, ladrillos,
bloques, tejas,
materiales
cerámicos,
plásticos,
materiales no
férreos.
Suelo, roca,
hormigón,
productos
bituminosos.
Viviendas: cal,
yeso, madera,
tejas, materiales
cerámicos,
pavimentos,
ladrillo. Otro: hormigón, acero, mampostería, ladrillo, yeso, cal, madera. |
Normalmente se reutilizan en gran parte.
Originados
básicamente por
recortes,
materiales
rechazados por su
inadecuada
calidad y roturas
por deficiente
manipulación.
Generación de residuos poco significativa en el caso de edificación. |
Por otra parte, existen diversos factores que influyen claramente
en el volumen y composición de los RCD generados en un determinado
momento y ámbito geográfico. Entre ellos cabe destacar los
siguientes:
Como puede deducirse del contenido de la tabla 2, la fiabilidad de
las cifras en ella expresadas varía ampliamente de un país a otro,
lo cual refleja en buena medida los difrentes niveles de atención
que los gobiernos y empresas privadas del sector prestan a este
tema en los distintos ámbitos considerados. A este respecto, los
valores estimados para Alemania, Dinamarca, Holanda y Reino Unido
son los que cuentan con mayor respaldo, siendo por otra parte estos
países los que han profundizado más en la materia.
Entrando en la consideración de la procedencia de los RCD, se
pueden estimar las siguientes distribuciones orientativas,
correspondientes a 1990:
La mera observación de la tabla permite concluir que, dejando de
lado las matizaciones referentes al origen concreto de los residuos, las
fracciones mayoritarias en peso de los RCD corresponden a hormigón, fábricas diversas
(ladrilllo, bloque, mampostería) y material granular indiferenciado.
Por contra, la madera puede ser significativa en obras de demolición de algunas viviendas
antiguas, los metales (sobre todo férreos) en obras de demolición de edificios industriales y
ciertas estructuras ligadas a obras civiles, los productos bituminosos se limitan prácticamente
a obras de reparación o ampliación de carreteras y los plásticos aparecen particularmente en
obras de demolición de viviendas más recientes o de construcción de nuevas.
En lo que se refiere al campo de la demolición ( y sobre todo la de edificios), ha sido
práctica tradicional en algunos países el retirar de forma previa a la demolición propiamente
dicha aquéllos materiales fácilmente extraíbles que pudieran tener cierto valor en el mercado
de la reutilización o reciclado. En el caso de los metales (tuberías, conducciones, etc.),
madera (puertas y ventanas, suelos, etc.) y algunos materiales cerámicos (tejas).
En cuanto al resto de los materiales obtenidos en el proceso de demolición, la práctica
habitual ha sido su transporte y vertido en un lugar lo más próximo posible al de origen de
los residuos. En algunos países ( y para ciertas fracciones combustibles como madera y
plásticos) se ha utilizado la alternativa de la incineración. Así, por ejemplo, se estima que en
Holanda el 5% de los RCD producidos en 1990 se han incinerado, destinándose a vertido
controlado el 35% y recuperándose o reutilizándose el resto (60%).
Por otra parte, existe una tendencia generalizada a incrementar en lo posible las cantidades
de RCD que se recuperan para diversos usos (directos o indirectos), así como a habilitar
instalaciones específicas para el vertido controlado de las fracciones no recuperadas.
En lo que se refiere a las tierras de excavación, es mucho más habitual su empleo como
material de relleno en la misma obra o en otras cercanas, o, en su defecto, destinarlas a
vertederos controlados de RSU, donde son utilizadas como material para las cubiertas
temporales. Tanto en un caso como en el otro los costes de eliminación suelen ser nulos o
insignificantes.
Se efectúa en primer luagr una somera revisión de las posibilidades genéricas de
aprovechamiento de los RCD o sus fracciones para posteriormente entrar a considerar las
limitaciones y obstáculos con los que habitualmente se encuentran las actividades de
recuperación, reutilización y reciclado.
En una primera aproximación, los materiales contenidos en los RCD que técnicamente son
aprovechables se pueden clasificar de la siguiente forma:
Si bien es difícil evaluar la proporción de los materiales contenidos en los RCD que
realmente se aprovecha, cabe estimar que la práctica totalidad de los metales no férreos
(especialmente cobre, plomo, zinc y aluminio) son recuperados para su reutilización o
reciclado. En cuanto a los metales férreos (particularmente el acero), sólo las piezas
fácilmente accesibles se recuperan, siendo todavía poco significativa la tasa de recuperación
de acero del hormigón armado.
En todo caso, merece la pena profundizar en los aspectos que, potencialmente o de hecho,
pueden suponer limitaciones a las actividades de aprovechamiento de los RCD. Entre ellos
cabe destacar los siguientes:
La influencia que las técnicas y prácticas de demolición utilizadas tienen en la calidad de los
residuos obtenidos y, consecuentemente, en las posibilidades de aprovecharlos en condiciones
económicamente viables. Como norma general, la capacidad de aprovechamiento de un RCD
(o fracción del mismo) es mayor cuanto mayor es la pureza del mismo y menor la presencia
de elementos indeseables para el futuro uso que se pretende. En este sentido, el sector de
demolición viene desarrollando desde hace años nuevos procedimientos (como la demolición
selectiva) en la línea descrita. En todo caso, la aplicabilidad real de los mismos queda
condicionada por aspectos económicos (incremento de los costes de demolición, existencia de
cláusulas de penalización por demora en el plazo de demolición, etc.).
Las limitaciones de las técnicas de separación de fracciones del residuo bruto, que son
especialmente relevantes cuando se trata de conseguir un alto grado de reutilización o
reciclado. Por otra parte, la recuperación absoluta de materiales correspondientes a
fracciones minoritarias en los RCD plantea problemas técnicos cuando el residuo bruto se
encuentra muy mezclado, a lo cual hay que unir la desventaja económica derivada de las
pequeñas cantidades obtenidas y sus altos costes unitarios.
En este sentido, los costes de tratamiento están limitando seriamente la recuperación de casi
todas las fracciones minoritarias de los RCD mezclados, a excepción de la madera y los
plásticos, que pueden separarse a costes razonables mediante técnicas basadas en las
diferentes densidades de los mismos y el resto de los componentes.
En el primer caso, la existencia de normas puede limitar la recuperación de materiales. Si
bien algunas de estas normas responden a razones técnicas justificadas (como por ejemplo,
evitar el uso de áridos de demolición con un contenido significativo de sulfatos solubles en la
fabricación de hormigón), otras reflejan más la calidad de los materiales vírgenes
habitualmente usados que las necesidades del usuario.
En el segundo caso, en la medida que una política clara está ausente de un determinado
ámbito geográfico, los costes de eliminación sin aprovechamiento de los RCD suelen ser
bajos como para ejercer un efecto disuasorio sobre los productores y orientar la solución
hacia la reutilización o reciclado.
Por una parte, la calidad real o estimada de estos productos puede limitar su salida en el
mercado por las razones anteriormente expuestas.
Por otra parte, los materiales recuperados suelen ser mucho más sensibles a las fluctuaciones
de la demanda en el mercado de los materiales vírgenes a los que pretenden sustituir,
especialmente cuando las tendencias de aquélla son a la baja. Es más, ciertos ámbitos donde
la oferta de determinados materiales vírgenes es amplia, los costes de materiales recuperados
no pueden ser competitivos con los de aquéllos, salvo en situaciones de extrema demanda.
Éste es caso habitual en muchas zonas de España cuando de producción de áridos se trata.
Finalmente, la demanda de estos materiales puede verse seriamente afectada si no existe
suficiente información acerca de la disponibilidad de los mismos y de su adecuación para
utilizarlos en la fabricación de productos secundarios. Este inconveniente puede paliarse
mediante la puesta en marcha de figuras similares a las ya existentes "Bolsas de residuos
industriales".
En este sentido, los países más avanzados en la materia han seguido políticas similares a la
línea de penalizar económicamente la eliminación de los RCD sin aprovechamiento, lo cual
se ha traducido además en disminuciones de las cantidades totales de RCD producidas. La
tabla 5 resume, a título orientativo, la evoluación de las tarifas medias de vertido controlado
de RCD en Dinamarca y Holanda.
Si se centra la cuestión en la recuperación de los componentes mayoritarios de los RCD para
la producción de áridos, las soluciones técnicas dadas hasta la fecha se apoyan
fundamentalmente en la puesta a punto de plantas fijas, móviles o semimóviles en las que se
desarrollan uno o ambos de los siguientes procesos: separación de componentes y trituración
fraccionada.
Las características detalladas de cada una de estas plantas y su grado de complejidad son
variables según los casos, habiéndose alcanzado altos niveles de sofisticación en algunas de
ellas. A modo de resumen, se incluye en la tabla 6 una estimación del número de ellas
existentes en los países de la Unión Europea en 1990.
En cuanto a los costes de tratamiento de los RCD en estas plantas, dependen en gran medida
del grado de complejidad de las mismas o, dicho de otro modo, del nivel de pureza que
presentan los residuos a la entrada. En función de este factor, los costes de producción de
áridos a partir de RCD pueden situarse orientativamente entre 750 pts/tm. para, por
ejemplo, escombros de hormigón no mezclados ni contaminados con otros componentes y
5.500 ptas./tm. para RCD no separados y con presencia significativa de madera, plásticos,
amianto, etc.
A este respecto, el transporte de RCD presenta efectos similares a los de cualquier otro
transporte pesado, como la contaminación del aire por los gases de escape, la producción de
ruido y vibraciones, el consumo de recursos energéticos y sus efectos derivados, etc. En este
área, la recuperación y reciclado de RCD tiene repercusiones beneficiosas en cuanto a
disminuir los impactos ambientales asociados al transporte, debido básicamente a las
reducciones de las cantidades de materiales a eliminar en lugares de vertido más distantes y
de las cantidades de materiales vírgenes que son sustituidos por los recuperados.
En cuanto a la eliminación de los RCD, y dejando de la lado los impactos de las fracciones
incineradas, el vertido controlado puede causar impactos positivos siempre y cuando se
realice con la finalidad de recuperar zonas degradadas o como material de cubierta en
vertederos de RSU o similares.
No obstante, el vertido de RCD puede también causar impactos negativos si se realiza de
forma incontrolada o en zonas de alto valor ecológico y/o económico, por no mencinar los
problemas de inestabilidad geotécnica frecuentes en estos lugares de vertido.
Por otro lado, las actividades de recuperación de RCD presentan aspectos ambientales
positivos y negativos. Entre los primeros cabe destacar la prolongación de la vida útil de los
espacios de vertido, los ahorros de consumo de materiales vírgenes o importados y de
consumo energético asociado a la fabricación de productos a los que sustituyen, así como la
preservación de espacios naturales debida a una menor necesidad de explotación de recursos
minerales.
En la vertiente negativa cabe destacar la generación de polvo, ruido, vibraciones y aguas
residuales, además de las afecciones producidas en los emplazamientos de las plantas de
reciclado o las posibles distorsiones del entorno socioeconómico ligadas a desplazamientos de
la mano de obra y recursos desde las actividades extractivas y de producción de materiales
vírgenes a las de recuperación y reciclado.
Finalmente son dignos de mención los posibles impactos sobre la salud causados por el
inadecuado manejo y/o protección frente a componentes peligrosos que pueden existir en los
RCD (particularmente en algunos de demolición), como el amianto.
Como en el caso de otros países desarrollados, la Comunidad Autónoma del País Vasco sufre
las consecuencias de la industrialización, que se reflejan de una manera evidente en la
problemática medioambiental.
La gestión de residuos es parte de dicha problemática y como tal está siendo afrontada por
las Administraciones Vascas mediante la elaboración de Planes Directores de Gestión de
Residuos. En este contexto se enmarca el Plan Director de Residuos Inertes, cuyo fin es la
elaboración de un documento que aporte una solución técnica , económica y medioambiental
adecuada a la gestión de los residuos sólidos industriales inertes, desarrollando el marco
administrativo idóneo.
Mediante el desarrollo del Plan, se pretende provocar una revalorización de los residuos
inertes, además de permitir recuperar la herencia histórica generada por los cerca de 650
vertederos dispersos por toda la CAPV.
Dada la magnitud del problema, el cumplimiento de los objetivos obliga a desarrollar el Plan
en varias fases, de acuerdo con lo que se denomina la política de escalones. Dicha política
consiste en aportar inicialmente una solución rápida, eficaz y de bajo coste mediante el uso
de vertederos controlados para, con posterioridad, avanzar en la línea de la recuperación,
reciclado, reutilización y prevención.
Uno de los objetivos prioritarios del Plan es la recuperación, reutilización y reciclado de
residuos, entre los que se encuentran los de construcción y demolición. El Plan pretende
potenciar la investigación para la reutilización de los residuos y su aprovechamiento,
principalmente en la construcción y obras públicas.
Los RCD tienen un potencial de reutilización reconocido, aunque no sea ésta una actividad
actualmente desarrollada en la CAPV con asiduidad, entre otras razones por desconocimiento
de los métodos más adecuados para el tratamiento y gestión de este tipo de residuos.
Tampoco son hasta hoy excesivamente conocidas las experiencias que en esta línea han
desarrollado países con marcada trayectoria ambientalista como Holanda , Alemania y
Dinamarca, experiencias que pudieran ser adaptadas a la realidad del País Vasco.
En todo caso, una importante traba para la viabilidad de la activiades de recuperación y
reciclado de RCD en el País Vasco es el hecho de que las tarifas de vertido se mantienen en
rangos bajos. En la actualidad, el porcentaje de residuos reciclados o recuperados mediante
cesión a constructoras para su uso en bases de carreteras, venta o similares que excluyan el
vertido, se estima en un 42,97% del total de los residuos generados.
Fecha de referencia: 30-09-1997 Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
(miles T.)
per cápita
(kg./hab./año)
(1): No incluye tierras de excavación ni RCD provenientes de obras públicas
(2): Sólo incluye residuos de demolición de edificios
(3): Incluye residuos de demolición y de construcción de nuevos edificios.
En lo que se refiere a la composición de los RCD, se incluyen en la
tabla 3 algunos datos relativos a los países de los que se dispone
de información más fiable al respecto. A la hora de evaluar tales
datos, es preciso tener en cuenta que la definición exacta de las
fracciones indicadas e incluso, el propio concepto de RCD, puede
variar de un país a otro, por lo que la comparación entre las
distintas composiciones presentadas ha de ser en todo caso
cautelosa.
Tabla 3.- Composición de los RCD (% en peso) en diversos países
(1990)
Fracción
Fracciones
mezcladas
Tejas
Madera
Plásticos
Fracción
residual
(1): Composición corrrespondiente a RCD de obras de edificación
(2): Composición correspondiente a residuos de demolición de edificios
(3): Composición corrrespondiente a residuos de demolición
Gestión de los residuos de construcción y demolición
Tratamiento y eliminación de los RCD
La gestión de los RCD (al igual que la de otros tipos de residuos) presenta en la actualidad
un panorama muy diverso en función del ámbito geográfico que se trate. En general, son los
países que poseen una mayor tradición en el planteamiento estratégico de los temas
medioambientales y aquéllos en los que algunas de las materias primas utilizadas en el sector
de la construcción (en particular, los áridos) son bienes escasos, los que han adoptado las
principales iniciativas tendentes a regular dicha gestión, haciendo especial hincapié en las
posibilidades de reutilización, reciclado y/o generación en materiales secundarios.
Recuperación, reutilización y reciclado de los RCD
La investigación en este terreno se encuentra en continua evolución. de forma genérica, la
principal aplicación de estos productos es la producción de áridos que a su vez pueden ser
destinados a fabricar hormigón o servir directamente como bases en obras de carreteras. Una
condición habitualmente requerida para la producción de áridos a partir de RCD es que éstos
se encuentren libres de cantidades significativas de acero (estructural o de armaduras),
madera, vidrio, plásticos, cal, yeso, tec., lo cual obliga bien a proceder a una demolición
selectiva, bien a separar las fracciones indeseables de forma previa a la producción de áridos.
En cuanto a la madera, hecha la excepción de piezas valiosas y/o bien conservadas, los
porcentajes de recuperación varían entre 0 y 50% de unas zonas a otras, pudiendo adoptarse
una estimación media del 20% como cifra orientativa. Para el resto de las fracciones, los
porcentajes de recuperación varían ampliamente en función de las áreas geográficas, las
políticas y normativas existentes y la situación de los mercados. A título orientativo, la tabla
4 muestra los porcentajes de RCD recuperados del total de los producidos en varios países.
Tabla 4.- Tasas de recuperación de RCD en varios países.
1990
1993
1990
Tabla 5.- Evolución de tarifas de vertido de RCD
1987 1991 1993
1988 1990 1993
(Ptas/T)
800 3.500 3.900
1.600 3.200 6.500
Tabla 6.- Plantas de tratamiento de RCD en la Unión Europea (1990)
N.D.: Dato no disponible
Consideraciones medioambientales
Aparte de las ya conocidas repercusiones ambientales asociadas a los trabajos de construcción
y demolición (producción de ruidos y vibraciones, polvo, contaminación atmosférica,
interferencias en el tráfico rodado o peatonal, etc.), conviene recordar aquí otros aspectos
ligados al transporte, tratamiento y/o elimación de los RCD.
Situación del País Vasco
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