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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Marc Dourojeanni[1]
Arequipa (Perú), septiembre de 2001.
Sobre la base de la experiencia obtenida en obras similares, en la
Amazonía del Perú y del Brasil, se espera que la propuesta
Carretera Transoceánica, entre Iñapari, en la frontera con el
Brasil y el Cuzco o Puno, en el Perú, tenga impactos
socioambientales directos e indirectos muy severos. Estos serán
tanto más graves por cuanto la capacidad del Perú, para responder
a los impactos indirectos, en términos legales e institucionales,
es muy limitada, siendo evidente el atraso relativo de este país
con relación a lo que el Brasil viene aplicando, inclusive en el
mismo eje de desarrollo. Se recomienda que sea hecho un esfuerzo de
nivelar las capacidades institucionales ambientales de ambos
países, mediante una colaboración más estrecha entre ambos países
y la adopción, en el Perú, de algunas de las medidas que han dado
buenos resultados en el Brasil, en especial, la adopción de
políticas y programas de desarrollo sustentable equivalentes a las
que está aplicando el vecino Estado del Acre.
Este trabajo discute los impactos socioambientales que
probablemente serán causados por la construcción y la operación de
la carretera que unirá las ciudades de Río Branco, en el Brasil,
con Puerto Maldonado, en la Selva y luego con Cuzco o Puno, en la
Sierra y con Ilo o Matarani, en la Costa del Perú. Se trata de una
especulación basada en la experiencia y en evidencias obtenidas con
obras similares en otras regiones amazónicas y en la propia
carretera BR-364, en el Brasil, que es parte del mismo eje viario
en territorio brasileño, en los estados de Acre, Rondonia y Mato
Grosso.
La carretera propuesta, llamada Transoceánica, está prácticamente
concluida en el territorio brasileño. De hecho, ese eje viario está
en operación desde hace dos décadas, habiendo sido asfaltada desde
mediados de los años 1980. Se trata del eje carretero que une los
puertos de la costa de los estados de San Pablo y Paraná con Mato
Grosso, Rondonia y Acre, en especial a través de la famosa BR-364,
entre las ciudades de Cuiabá en Mato Grosso, Porto Velho en
Rondonia y Río Branco en el Acre. De Río Branco hasta la frontera
peruana, existe la carretera BR-317 que ya está asfaltada hasta muy
cerca de Assis Brasil, en la mera frontera. En el lado peruano, al
frente de Assis Brasil, entre Iñapari y Puerto Maldonado existe una
trocha carrozable que, en algunos tramos, ya puede considerarse una
carretera afirmada. De Puerto Maldonado hasta Ilo o Matarani
existen hasta cuatro alternativas las cuales, en su porción de Ceja
de Selva, pasan bien sea por San Gabán o por Quincemil. La
carretera por Quincemil y Urcos, para llegar al Cuzco, existe hace
mucho tiempo. En el caso que se escoja pasar por San Gabán, deberá
construirse un trecho nuevo más o menos paralelo a la porción final
del Río Inambari.
Es importante insistir en el hecho de que, mientras que en
territorio brasileño las obras están casi concluídas, las obras
previstas en territorio peruano, tanto construcción de trechos
nuevos como ampliación de los existentes, son de una dimensión y
costo muy considerables.
El objetivo de este breve análisis es aportar una idea de la
magnitud del problema social y ambiental que esa carretera puede
ocasionar, para que los gobiernos, en especial el Gobierno del
Perú, consideren implantar las medidas que correspondan para
limitar, controlar o mitigar los impactos.
En este breve trabajo no se pasará revista a los posibles impactos
ambientales y sociales directos de las obras previstas para
construir esta carretera (en la faja de dominio de la carretera y
lugares aledaños, durante la construcción y operación de la
carretera) pues estos, aunque pueden ser muy severos, son mejor
conocidos [Banco Mundial, 1991][2] y, en cualquier caso, su
significación es menor comparados a los impactos indirectos.
Los impactos indirectos de las carreteras, en especial en
condiciones amazónicas, son gravísimos y han adquirido fama mundial
precisamente con la BR-364, en los años 1980, cuando esta carretera
se anticipó al planeamiento del desarrollo, en el Norte de Mato
Grosso, Rondonia y Acre. El escándalo, medido especialmente en
términos de deforestación e invasión de tierras indígenas, fue de
una magnitud tan grande que se le atribuye, junto con la
colonización de Kalimantan, en Indonesia, la reforma que llevó al
Banco Mundial (BIRD) y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
a crear nuevos requisitos ambientales en sus operaciones y a
fortalecerse internamente para evitar ser responsabilizados de
nuevos desastres [Rich, 1985] [Sierra Club, 1986]
[Fearnside, 1989][3].
Se estima que los impactos indirectos, en condiciones de selva
amazónica, ocurren sobre no menos de 50 km a cada lado de la
carretera [Alves, 2000] [IPAM/ISA, 2000]. Estos impactos se
presentan, muy resumidamente, en el cuadro 1. El departamento de
Madre de Dios y las regiones de Ceja de Selva de los departamentos
de Cuzco y Puno constituyen, sin duda, el sector mejor conservado,
es decir el que proporcionalmente tiene la mayor cobertura forestal
de la Amazonía peruana. Por eso, es de esperar que los impactos
mencionados en el Cuadro 1 se produzcan en esa región, con
intensidad variable, tal como ocurrió del lado brasileño, cuándo
fue construida la BR-364. La deforestación es, evidentemente, el
impacto ambiental principal, pues está al origen de la mayor parte
de los problemas subsecuentes. En la Amazonía brasileña, la
deforestación alcanzó entre el 33 y el 55% de la faja de 50 km. a
ambos lados de las carreteras BR-049, BR-364 y PA-150 en apenas 13
años [Alves, 2000] [IPAM/ISA, 2000]. De otra parte, se ha
constatado que las tres cuartas partes de la deforestación total,
en la Amazonía del Brasil, se realiza en esa faja de apenas 100 km
a lo largo de las carreteras. Mato Grosso ya perdió más del 30% de
sus bosques, Rondonia alrededor del 25% y el Acre, que estuvo más
aislado, alrededor del 11% [4]. Mucho más, por cierto, está degradado
y susceptibilizado a incendios forestales [IPAM/ISA, 2000]
[Nepstad et al, 2001].
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Impactos ambientales |
Impactos sociales |
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El riesgo de invasión o explotación ilegal en unidades de
conservación será grande, pues en Madre de Dios y regiones
selváticas de Cuzco y Puno, existen 8 áreas protegidas que cubren
más de 10 millones de hectáreas (ver Cuadro 2), incluido dos
importantísimos parques nacionales (Manu y Bahuaja-Sonene) que son
piedra angular de la conservación de la biodiversidad de la
Amazonía peruana y que son la base de crecientes inversiones en
ecoturismo. Por eso, Puerto Maldonado, la capital de Madre de Dios,
es alternativamente llamada «la capital de la biodiversidad» y «la
capital del ecoturismo». También existen, en la región, varios
grupos indígenas contactados, así como otros poco o no contactados.
Hay, en las selvas de Madre de Dios, Puno y Cuzco, 51 comunidades
nativas tituladas, que abarcan 637.000 Ha pertenecientes a 9 grupos
diferentes: Amahuaca, Shipibo-Conibo, Shipibo-Ese-Éija (Pano),
Ashaninka, Machiguenga, Piro y Piro-Machiguenga (Arahuaca),
Amarakaeri (Harakmbit), Quechua del Napo (Quechua), Ese-Éija
(Tacana) y otros, aún desconocidos. En la vecina zona del Río
Purus, también hay Cashinahuas, Nahuas, Sharanahuas, Yaminahuas y
Cutinas. Es evidente que, por ser esas zonas aún poco ocupadas por
la civilización, los grupos tribales todavía poco contactados se
han refugiado en ella, sumándose a aquellos que siempre vivieron
allí, creándo conflictos entre ellos. Finalmente, la vocación de la
región para el ecoturismo es notoria, tanto más por su proximidad
al Cuzco y a Machu Picchu. Existen ya inversiones importantes en
este sector de la economía.
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Nombre |
Categoría |
Fecha de establecimiento |
Departamentos |
Extensión (ha |
|
Manu Bahuaja-Sonene Tambopata Machu Picchu Manu Apurimac Alto Purus Amarakaeri |
Parque Nacional Parque Nacional Reserva Nacional Santuario Histórico Zona Reservada Zona Reservada Zona reservada Zona Reservada |
1973 2000 2000 1981 1980 1988 2000 2000 |
Cuzco, y Madre de Dios Madre de Dios y Puno Madre de Dios Cuzco Madre de Dios Cuzco y Junin Madre de Dios y Ucayali Madre de Dios y Cuzco |
1 532 806 1 091 416 274 690 32 592 257 000 1 669 200 5 101 945< 419 139 |
Debe considerarse, además que una obra de la magnitud de la
Transoceánica atraerá, sin duda, otras obras complementarias[6].
Entre ellas, la ya anunciada intención de construir la Marginal de
la Selva atravesando el Parque Nacional del Manu; la intención de
abrir el istmo de Fitzcarrald a la navegación y el anuncio de unir
la Transoceánica con las carreteras planeadas en la región de
Pando, en la Amazonía boliviana. Por eso, es de esperar que el
impacto social y ambiental, en toda la región, será enorme, aún
considerando que se apliquen los mayores cuidados ambientales que
sean posibles. Puede esperarse, en verdad, que todos y cada uno de
los problemas mencionados en el cuadro 1 se materializen en un
grado u otro.
El tema de los impactos ambientales de las carreteras, como de
otras obras, debe ser analizado en función de la capacidad de cada
sociedad, país o región para enfrentarlos, controlarlos, evitarlos,
moderarlos o, por lo menos, compensarlos. El Brasil, en los últimos
20 años, ha dado pasos substanciales para enfrentar la temática
ambiental y, aunque su sistema ambiental está lejos de ser
perfecto, se encuentra en un nivel de desarrollo significativamente
superior al de la media latinoamericana y, ciertamente, muy
superior al del Perú. En el cuadro 3 se muestran, esquemáticamente,
los instrumentos legales e institucionales de cada país, que son
aplicables con relación a la obra de la Transoceánica y a la
Amazonía, en general.
Las diferencias legales e institucionales, entre ambos países, con
relación a la Amazonía y a obras como la Transoceánica son
realmente muy grandes. La existencia de mecanismos de gestión
participativa resolutiva en el ámbito nacional, estatal y
municipal, en el Brasil, crea un abismo en el tratamiento ambiental
a ambos lados de la frontera. En el Brasil, tales mecanismos
aunados a la existencia de un Ministerio Público actuante, crea
mecanismos crecientemente eficaces en apoyo al Ministerio de Medio
Ambiente, a las secretarias estatales y a los organismos ejecutores
federales y estatales, en sus esfuerzos por aplicar la legislación.
También sirven para fiscalizar la actuación de las autoridades,
inclusive las ambientales. En el Perú, el Ministerio de Agricultura
y el INRENA están solos, cuando pretenden actuar en defensa del
medio ambiente, lo que no es común, dado el evidente conflicto de
intereses dentro de ese mismo Ministerio, que es juez y parte en el
uso agropecuario de la tierra y en la explotación del bosque
natural.
La legislación brasileña actual prevé la preservación de los
bosques en la mayor parte (80%) de las propiedades y,
recientemente, viene siendo aplicada. En el Perú, la nueva
legislación forestal redujo esa obligación a sólo 30% y, de otra
parte, ella jamás fue aplicada. Tampoco existe en Perú el nivel de
protección al territorio indígena amazónico que hay en el Brasil,
que inclusive puede ser considerado exagerado cuándo se sabe que
unos 300,000 indígenas ya poseen, irrestricta y exclusivamente, 99
millones de hectáreas o el 11.6% del territorio del Brasil[7] y que,
aún así, con apoyo de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), los
indígenas están invadiendo, una a una, las áreas protegidas de uso
indirecto que apenas suman unas 16 millones de hectáreas o 1,87%
del territorio [Dourojeanni, 2000][8]. Pero entre un extremo y el
otro, la situación peruana es incuestionablemente inadecuada para
sus pueblos indígenas amazónicos. La falta de protección a los
indígenas amazónicos peruanos, dicho sea de paso, está forzando a
éstos a buscar refugio en tierras acreanas.
Una de las diferencias más grandes entre el tratamiento ambiental
en el Brasil y en el Perú es demostrado por el hecho de que en el
primer país se hacen inversiones significativas en el área de los
recursos naturales y del medio ambiente, asumiendo préstamos
internacionales importantes (en general con el BID y BIRD, pero
también con los bancos para el desarrollo de Japón (JBIC) y de
Alemania (KfW), mientras que en el Perú nada de eso existe, mucho
menos en la región de influencia de la Transoceánica. Del lado
brasileño se aplican recursos o están en negociación los programas
Acre (hasta 260 millones de dólares EEUU), Pantanal de Mato Grosso
y Mato Grosso do Sul (hasta 400 millones) y PROECOTUR-Amazonia
(hasta 200 millones), entre muchos otros, como el PPG7 y el
ProArco, en la Amazonía y el Bosque Atlántico, el FNMA II y el PNMA
II en todo el país, etc. Todos estos proyectos, sumados, alcanzan
más de dos mil millones de dólares, entre lo que está siendo
ejecutado y lo que está siendo negociado. El paso de cumplir lo que
dicen los discursos sobre desarrollo sustentable, es decir
financiar, si necesário mediante endeudamiento externo, las
acciones que se requiere para preservar el medio ambiente, ya está
comenzando a ser realidad en Brasil. Eso, claramente, no ha sido
hasta ahora el caso en el Perú, que sólo viene aplicando recursos
de donaciones internacionales, siempre insuficientes, para cuidar
de su extraordinario patrimonio natural.
Es decir, sin entrar en mayores detalles, que el Perú esta
pobremente equipado para evitar los impactos socioambientales
previsibles de la Transoceánica.
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Brasil |
Perú |
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El Estado del Acre es vecino del Perú, de los departamentos de
Madre de Dios y Ucayali. Lo que ocurre en ese Estado tiene mucha
influencia sobre esos departamentos fronterizos. El Acre es
beneficiario de la mayoría de los proyectos de inversión arriba
indicados para la región amazónica del Brasil pero, adicionalmente,
tiene un programa propio que está desarrollando con apoyo del BID.
Este programa, conocido como Programa de Desarrollo Sustentable del
Acre, tienen por objetivo promover el crecimiento económico
ambientalmente sustentable del Estado sobre la base de tres
objetivos específicos:
El programa contempla mecanismos sofisticados para la
regularización de la propiedad y la titulación de tierras, que
permitirán un mejor control de la deforestación y del uso del
fuego. La reserva legal forestal sólo podrá ser alterada, mediante
licencia, si las informaciones electrónicamente cruzadas de la
agencia ambiental, coinciden con las del instituto de tierras y con
las de los registros públicos. El crecimiento económico y el
desarrollo social no serán hechos al costo de la destrucción
innecesaria de más bosques.
Este programa, en su primera fase actualmente en negociación con el
BID, tiene un costo de 132 millones de dólares EEUU, de los que
79,2 millones serán financiados por ese Banco y el resto será
aporte local. Al término de la primera fase, que se prevé dure de
tres a cuatro años, debe ejecutarse una segunda fase de
proporciones equivalentes.
Nada parecido al Programa Acre existe en el lado peruano. Por eso,
la implantación del mismo en el Acre, profundizará las ya evidentes
diferencias en estilo e intensidad de desarrollo a ambos lados de
la frontera, creando más problemas y nuevos riesgos para ambos
países si no se implantan, del lado peruano, urgentes acciones
equivalentes antes de que la Carretera Transoceánica esté operando.
No existe duda de que la Carretera Transoceánica tendrá impactos
sociales y ambientales importantes, y que éstos serán mucho mayores
en territorio peruano que en territorio brasileño, donde la obra
está practicamente concluida hace más de una década y donde existe
una capacidad legal e institucional mucho más desarrollada, sin
mencionar que también son mayores, en ese país, las inversiones
para conciliar desarrollo y medio ambiente.
Aunque al margen de sus impactos sociales y ambientales, también
cabe discutir si esta carretera es útil para el Perú, si su
construcción es oportuna o si tiene, realmente, viabilidad
económica, es evidente que ésta es una obra que será realizada.
Existe, para bien o para mal y encima de cualquier especulación
basada en la lógica o en el sentido común, una decisión unánime e
irrevocable de gobiernos y pueblos locales en favor de ella[9]. Por
lo tanto, el tema socioambiental que nos ocupa debe ser visto desde
el ángulo de limitar las peores consecuencias de esa obra que, todo
indica, es inevitable.
Por eso, las principales recomendaciones son:
Acre (2000) Aspectos Socioeconómicos e Ocupação
Territorial (1a Fase) (Secretaria de Planejamento e
Coordenação, Secretaria de Estado de Ciencia,
Tecnologia e Meio Ambiente Zoneamento Ecológico-Económico Volume II
Rio Branco 312 p.)
Alves, D. (2001) An analysis of the geographical patterns of
deforestation in the Brazilian Amazon during the 1991-1996 period
(In Wood, C. Porro R. (eds.) Patterns and Process of Land Use and
Forest Changes in the Amazon University of Florida Press,
Gainsvile)
Banco Mundial (1991) Libro de Consulta para Evaluación
Ambiental (Volumen II: Lineamientos Sectoriales Washington, D.C.
Departamento de Medio Ambiente, Trabajo Técnico N. 140 276 p.)
Brasil. MMA (1998) Brasil: Primeiro Relatório Nacional para a
Convenção sobre Diversidade Biologica Ministério do
Meio Ambiente, dos recursos Hídricos e da Amazônia (Legal
Brasilia, DF 293 p.)
Dourojeanni, M. J. (1981a) Estudio sobre el impacto ambiental de
los proyectos de carreteras en la Selva Central del Perú (Oficina
de Estudios Económicos Ministerio de Transportes y Comunicaciones,
Lima 157 p. + mapas)
Dourojeanni, M. J. (1981b) Lineamientos generales para el
desarrollo rural del área de influencia de la carretera
Iquitos-Náuta (In Evaluación y lineamientos de manejo de suelos y
bosques para el desarrollo agrario del área de influencia de la
Carretera Iquitos-Náuta Ministerio de Agricultura, Organismo
Regional de Desarrollo de Loreto, Lima pp. 283- 321)
Dourojeanni, M. J. (1990) Amazonía: Qué Hacer ? Centro de
Estudios Teológicos de la Amazonía (CETA, Iquitos, Perú 444 p.)
Dourojeanni, M. J. (1995) Evaluación ambiental de proyectos de
carretera en la Amazonia (In Seminario Regional de Evaluación
Ambiental de Proyectos de Desarrollo en la Amazonia Tratado de
Cooperación Amazónica, Tarapoto, 9-13 de julio de 1995 12 p.)
Dourojeanni, M. J. 2000 Conflictos socio-ambientales en
unidades de conservación de América Latina (In Atas II Congresso
Brasileiro de Unidades de Conservaç.o Campo Grande Vol. I: 35-36)
Fearnside, Ph. M. (1989) A Ocupação Humana de
Rondônia. Impatos, Límites e Planejamento Programa Polonoroeste
(INPA, Manaus SCT/PR/CNPq Relatório de Pesquisa N. 5 76 p.)
IPAM/ISA (2000) Avança Brasil: Os Custos Ambientais para a
Amazônia (Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazônia e Instituto
Sócio-Ambiental Brasilia, DF 20p.)
Lutzenberger, J. (1985) The World Bank's Polonoroeste Project -
A social and environmental catastrophe (The Ecologist 15(1/2):
69-72)
Nelson, G. N.;V. Harris y S. W. Stone (1999) Spatial econometric
analysis and project evaluation: Modelling land use change in the
Darien Environment Division (Inter-American Development Bank,
Washington, D.C. 27 p.)
Nepstad, D.; G. Carvalho, A. C. Barros, A. Alencar et al (2001)
Road paving, fire regime feedbacks, and the future of Amazon
forests (Forest Ecology and Mangement 5524 (2001): 1-43)
Perú. GEF/PNUD/UNOPS (2000) Amazonia Peruana: Comunidades
Indígenas, Conocimientos y Tierras Tituladas. Atlas y Base de Datos
Proyectos (RLA/92/G31, 32, 33 Lima, Perú 350 p.)
Perú. ONERN (1976) Mapa Ecológico del Perú. Guía Explicativa
(Oficina Nacional de Recursos Naturales, Lima 146 p.)
Rich, B. M. (1985) Multi-lateral Development Banks. Their role
in destroying the global environment (The Ecologist 15(1/2):
56-68)
Sierra Club (1986) Bankrolling Disasters (Sierra Club,
Washington, DC 32 p.)
Tosi, J. A. (1960) Zonas de Vida Natural en el Perú (IICA Lima
270 p.)
Fecha de referencia: 04-03-2002
Comentario presentado en el Taller sobre Perspectivas de
Cooperación, en el Encuentro Internacional sobre la Integración
Regional entre Bolivia, Brasil y Perú, realizado en Arequipa, del
2 al 4 de septiembre de 2001.
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