Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Boletín CF+S > 17/18 -- Tercer Catálogo de Buenas Prácticas Españolas. Estambul+5 > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n17/aivel.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

El medio ambiente en el Concurso de Buenas Prácticas Urbanas Habitat II


Isabel Velázquez
Madrid (España), junio de 2001

En la primera convocatoria de este concurso internacional surgido a iniciativa de Naciones Unidas con ocasión de la Cumbre de las Ciudades, el Comité Hábitat español cometió una errata deliberada traduciendo el Premio de Mejores Prácticas Urbanas (Best Practices Award) por un más humilde Concurso de Buenas Prácticas. Este intencionado error de traducción, fiel al conocido dicho de «traduttore-tradittore», refleja el concepto preciso que el Comité Hábitat quería imprimir a la selección de experiencias urbanas innovadoras que empezaban a producirse en las ciudades españolas. En este año 2000 retomamos la tarea de seleccionar experiencias urbanas notables dentro del panorama español desde el mismo planteamiento de evitar el superlativo, e incluso en algún grado el comparativo, para no caer en el concepto banal de Buena Práctica como modelo indiscutible que puede replicarse en otras ciudades sin apenas cambios.

La alternativa es apoyar y ensalzar aquellas intervenciones que reflejan un deseado proceso de «cambio de lógica» que poco a poco empieza a cuajar en la práctica de la gestión urbana de la administración local. Cambio de lógica que considera el medio ambiente como un elemento transversal que debe impregnar la solución a cualquier problema urbano. O que valora la participación y colaboración de las numerosas organizaciones e instituciones que actúan en la ciudad, como la espina dorsal de una sociedad civil que ha de jugar un papel cada vez más relevante en la sociedad, incluyendo la implicación de la ciudadanía tanto en sus grupos organizados como en los no organizados. Cambio de perspectiva que parte de la percepción de la crisis urbanística que afecta a las ciudades, en sus diversas facetas, ya hablemos de crisis ambiental, de congestión, de exclusión y dualidad social, de falta de vitalidad económica, de sus secuelas en problemas como el alto desempleo de sus habitantes, etc. Este nuevo paradigma exige un cambio de rumbo en la administración de las ciudades que debe traducirse en planteamientos más integrados para hacer frente a los problemas urbanos, en nuevas formas de gestión, legislación y reglamentación de acuerdo con estos nuevos enfoques, en una distribución de fondos económicos según estas nuevas pautas, en la profundización en el conocimiento de las tendencias de dichos problemas y en la evaluación y seguimiento de las posibles intervenciones que se plantean.

Esta ha sido, en resumen, la filosofía de base a la hora de participar en este jurado de preselección de Buenas Prácticas urbanas en el año 2000. El comentario que sigue se refiere en concreto a los apartados de Gestión Sostenible de los Recursos Naturales y Ciudad y Entorno Natural, si bien la selección de experiencias destacables se ha realizado consensuadamente en el equipo de evaluación.

Se ha evaluado también alguna experiencia en un tercer apartado: proyectos que resuelvan con inteligencia procesos para evidenciar que la ciudad quiere superar las desigualdades de género. Este tema ha sido objeto de muy pocas candidaturas en esta convocatoria, corroborando la importancia menor que las políticas urbanas hacia la igualdad tienen a los ojos no sólo de los responsables municipales, sino de la mayoría de las organizaciones que presentan iniciativas. En otros proyectos europeos, como los programas Urban o proyectos financiados por los Fondos Estructurales, en que las bases incitan a incluir acciones concretas en este camino hacia la igualdad, los proyectos españoles también suelen olvidar o tratar con poca convicción los vectores de igualdad. En conclusión, parece ser necesario un trabajo previo de situar en la agenda de los responsables políticos o cívicos la importancia del tema.



Gestión Sostenible de los Recursos Naturales y Ciudad y Entorno Natural.


Lo primero es destacar que, en esta convocatoria, se percibe una mayor comprensión de los problemas urbanos desde la perspectiva del medio ambiente. En el anteriormente mencionado primer concurso, la novedad del tema o el despiste de algunos responsables municipales llevó a presentar algunas experiencias que no sólo no tenían aspectos claramente destacables desde este punto de vista, sino que podían engrosar la abultada lista de malas prácticas que todos conocemos. En esta convocatoria, la mayoría de los proyectos urbanos corresponden a intervenciones destacables en alguno de sus aspectos, si bien la concisión de las propuestas crea una cierta incertidumbre sobre la integridad de la intervención. De los 33 casos estudiados en los dos apartados mencionados, a través de la escueta ficha presentada por sus responsables, ha sido posible seleccionar un tercio como posibles Buenas Prácticas.

El resto de las experiencias relatadas presentaba demasiados interrogantes sobre alguna de las tres condiciones explícitamente mencionadas en la convocatoria de Naciones Unidas: impacto real, participación y sostenibilidad a largo plazo. Algunos casos adolecían de falta de características innovadoras o destacables, a pesar de ser proyectos muy correctos: véanse por ejemplo casos de puesta en marcha de una cierta selección en la recogida de residuos; o de ayudas para la instalación de energías renovables; o bien, la protección de un paraje natural o la realización de campañas de educación ambiental. Otras propuestas exponían actividades comunes de la gestión municipal, sin describir ninguna iniciativa destacable en medio ambiente urbano: sustitución de las redes de infraestructuras urbanas, reparación de calles, limpieza de fachadas, etc.

Las once prácticas seleccionadas no se pueden considerar panaceas universales. Si así fuera, entraríamos en clara contradicción con los principios mismos de la sostenibilidad. Considerando la ciudad como un ecosistema en el que todos sus problemas, y por tanto, las soluciones, están claramente relacionados en una visión sistémica de la realidad, llegamos a la conclusión de que cada urbe es un ecosistema característico con una estructura, una forma, unos usos y un metabolismo propio situada en un lugar y un clima únicos. Las buenas soluciones deben ser coherentes con estas características de cada medio urbano, aprovechando las potencialidades de un medio ambiente, de una cultura y de una población que ya existe, en vez de actuar de espaldas a su contexto.

Las experiencias destacadas lo han sido porque logran buenos modelos de intervención en relación con las circunstancias concretas de la ciudad en la que se ha llevado a cabo. En todas ellas seguramente se podrían criticar algunos aspectos en los que la gestión ha sido menos acertada. Pero de su empuje y del hecho de que se hayan podido llevar a cabo, se pueden sacar unas pautas de actuación sugerentes para abordar la problemática de otras ciudades con trayectorias parecidas.

Una duda que surge a la hora de filtrar las prácticas seleccionadas es el doble carácter que se persigue con sus resultados: por una parte, parece coherente destacar las experiencias que hayan conseguido buenos resultados en el tratamiento de los problemas que afectan en mayor grado a las ciudades españolas. Pero, al tiempo, la selección de casos tiene que ofrecer un buen perfil a nivel internacional, ya que son estas experiencias las que tienen que competir con el resto de las buenas prácticas internacionales. Por tanto, hay que intentar nadar entre estas dos aguas y, al tiempo, no dejar en dique seco a ninguna experiencia que contenga aportaciones positivas, aunque el conjunto de la práctica tenga puntos débiles o líneas de acción que no hayan sido totalmente fructíferos: fallos normales en el desarrollo de un proyecto complejo, como son todos los proyectos urbanos.

En esta convocatoria, una de las prácticas perteneciente al apartado de Ciudad y Entorno Natural: el proyecto de Vías Verdes de la Fundación de Ferrocarriles Españoles, ha obtenido uno de los Premios internacionales en el Concurso. El Parque Oliver, una experiencia de participación en el diseño de un parque urbano jugó su baza hasta el último momento entre las finalistas. El Anillo Verde de Vitoria, junto con la experiencia pamplonica de participación de las asociaciones de mujeres en el diseño del Plan Comarcal de Transporte, se han integrado también en la serie de las 100 Mejores Prácticas internacionales.

Por otra parte, los ejemplos destacados por cumplir las condiciones previas de Naciones Unidas presentan una gran diversidad: desde proyectos muy complejos que se componen de una serie de planes sectoriales y fases en el tiempo, por ejemplo un Plan de Ciudad o una Agenda 21 hasta medidas muy concretas para solucionar un problema existente; desde un Plan Nacional apoyado por una institución nacional como es Renfe, como es el de Vías Verdes, hasta un proyecto de calefacción por biomasa o un plan de diseño participado de un parque en Zaragoza. En general se han primado los proyectos que, a cada escala, consiguen un planteamiento integrado del objeto del proyecto. Pero resulta complejo aplicar la misma vara de medir a intervenciones muy ambiciosas, que movilizan instituciones potentes, con fuerte apoyo económico y a proyectos más humildes que, a iniciativa muchas veces de la propia población, consiguen poner en marcha con dificultad medidas que casi pueden pasar desapercibidas si no fuera porque implican un cambio de planteamientos que empieza a romper la inercia de los modos de actuar en la ciudad.

También el ámbito territorial en el que se ubican las experiencias es muy diverso: en este caso las prácticas abarcan desde intervenciones en ciudades pequeñas, casi pueblos, como son Cuéllar, Allariz o Moraleja hasta proyectos en ciudades pertenecientes a las principales áreas metropolitanas como Santa Coloma de Gramenet, Alcobendas o San Fernando de Henares. Las ciudades medias también presentan sus iniciativas como Sarriguren en Pamplona o el Anillo Verde de Vitoria. Tal diversidad de escalas es interesante en el aspecto de fomentar un menú amplio de Buenas Prácticas que pueda servir de referencia a la gama diversa de ciudades que existen en el territorio español.

En resumen, las prácticas seleccionadas son buenos proyectos, adecuados a cada ciudad en concreto, con un alto grado de realización, con la garantía de aquiescencia por parte de la ciudadanía que supone que, en su realización, han colaborado varias organizaciones e instituciones y, por fin, que hayan creado una trayectoria y unas estructuras que permiten que las soluciones sean duraderas en el tiempo. Se han intentado evitar las soluciones puntuales o parciales, a pie de crisis, que generan más problemas en su realización de los que aciertan a solucionar. En la medida de lo posible, los proyectos elegidos se han intentado seleccionar entre las aportaciones más radicales, en el sentido literal del término, de ir a la raíz de los problemas, frente a planteamientos que reaccionan únicamente a los síntomas de estos mismos problemas. Es decir, retomando los conceptos definidos en el Catálogo de Buenas Prácticas de 1996, buenas experiencias en el sentido de la sostenibilidad fuerte o global [Naredo y Rueda , 1996] frente a la llamada sostenibilidad débil o local, evitando soluciones de maquillaje que no entran en el fondo de los problemas. Y aunque no hay criterios exactos para definir totalmente qué es una buena práctica y no existen ejemplos indiscutibles, sí existen unos principios que han guiado el sentido común y la coherencia en la selección de casos a destacar.



Medio Ambiente Urbano: Criterios para la Gestión Sostenible de los Recursos Naturales.


Entendiendo la gestión de recursos naturales por parte de la ciudad en sentido amplio, los temas de las prácticas presentadas se refieren sobre todo a aspectos de metabolismo urbano, incluyendo tanto recursos como residuos (o recursos mal ubicados o tratados). El criterio de selección ha sido destacar las experiencias que van en el camino de recuperar los ciclos naturales en el consumo de recursos urbanos. En los sistemas naturales, se busca siempre el menor consumo de energía, materiales y recursos escasos para cumplir las funciones necesarias en los sistemas que perduran. Los residuos se transforman en recursos que se incorporan a otra fase del ciclo.

Nuestras ciudades son ejemplos de lo contrario: consumen ingentes cantidades de recursos (agua, energía proveniente de fuentes no renovables, materiales de construcción, alimentos, etc.) que se convierten tras su paso por la ciudad en residuos difícilmente recuperables que contaminan el entorno (residuos urbanos sin recogida selectiva, aguas contaminadas...). La propia dinámica urbana y sus formas de desplazamiento asociadas devoran grandes cantidades de suelo productivo. Las expectativas de urbanización en su entorno generan efectos perversos contribuyendo al abandono de zonas agrícolas y a la desertificación y deterioro de suelos valiosos. Las zonas de mayor valor ecológico se destinan a menudo a implantaciones industriales o residenciales que debieran ubicarse en áreas estériles o de ínfimo valor ecológico.

Las ciudades en su funcionamiento actual se comportan de espaldas a los ciclos naturales, pero dichos ciclos les influyen y, lo que es peor, la vida de las ciudades impacta muy negativamente en el medio natural, a todas las escalas, tanto la regional como la global. La ciudad recibe agua, energía y materiales que, utilizados en forma de bienes y servicios para sus habitantes, se degradan en forma de residuos y emisiones irrecuperables para integrar de nuevo los ciclos naturales. Cualquier proyecto que se quiera considerar sostenible debería romper esta inercia en el sentido de ahorrar recursos, o utilizarlos más eficazmente al menos y, por supuesto evitar la generación de residuos irrecuperables. Ello supone introducir pautas de vida y de consumo distintas a las actuales, que generen dinámicas positivas en los procesos de contaminación y de explotación de los recursos naturales. Y actuar con el objetivo de que la dinámica urbana retome una pauta más parecida a los procesos de la naturaleza.

Existen abundantes textos que profundizan en estas nuevas pautas para salir del creciente deterioro que ya afecta a la calidad de vida ciudadana. Pero uno de los enunciados más claros y sintéticos, en forma de mandamientos, son los criterios elaborados por Herman Daly, para caminar hacia una sociedad ecológicamente sostenible:


Los ejemplos seleccionados son alternativas a los modos de hacer inerciales, que se han desarrollado con un cierto éxito. Proyectos urbanos en los que se ha primado la utilización de recursos renovables, en los que se plantea el ahorro de agua, de energía o de materiales, en los que se evita la generación de residuos inservibles.

En este apartado, las prácticas presentadas no han sido numerosas, aunque sí representativas. La mayoría responde en algún aspecto a esta filosofía de ahorro de recursos y recuperación de los ciclos de sostenibilidad. Algunos planteamientos coherentes han sido desestimados, porque deberían estar ya asumidos por la mayoría de los municipios, como la introducción de la recogida selectiva de residuos, que ya aparece en las directivas europeas y en la legislación española; o sistemas de almacenamiento o tratamiento de residuos urbanos, como instalaciones enterradas o similares que no parecen aportar un planteamiento innovador.

Merece un comentario el hecho de que la gestión sostenible del agua cuenta con una única aportación destacable: el caso de Alcobendas que reúne una experiencia de reutilización de aguas depuradas y preservación de los acuíferos junto a una amplia campaña de educación y difusión de la cultura del ahorro del agua. La Casa del Agua de esta localidad madrileña ejerce una continuada labor de apoyo al cambio en la cultura del agua, con iniciativas como concursos técnicos para introducir medidas de ahorro de agua en el medio construido y la organización de una serie de actividades de discusión y difusión de nuevos planteamientos relacionados con el ciclo del agua urbana. No surge en la España seca ninguna otra experiencia en este sentido, a pesar del debate sobre este tema que el Plan Hidrológico viene planteando en la opinión pública y de la importancia de este recurso escaso y amenazado en nuestro entorno.

La innovación en materia de uso de energía aparece en esta convocatoria en la recuperación de una forma tradicional de utilización de recursos forestales para usos de calefacción: en Cuéllar la colaboración de la Universidad, de centros de investigación estatales y del ayuntamiento ha permitido una renovación de los antiguos modos de gestión del bosque en relación a las necesidades urbanas. La calefacción colectiva basada en el uso de biomasa de los amplios bosques comunales garantiza una gestión adecuada del bosque, el mantenimiento de la propiedad comunitaria y conseguir una buena calidad de vida en tiempo frío para la mayoría de los vecinos.

Un último ejemplo de gestión sostenible de recursos y residuos es el proceso integrado de gestión que se ha puesto en marcha mediante el proyecto Ecocampus en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde 1992, se ha iniciado un camino que ya cuenta con una mínima estructura estable y que, paso a paso, ha ido incidiendo en cómo adaptar el funcionamiento cotidiano de una ciudad universitaria al nuevo paradigma de sostenibilidad. Además de proponer una metodología integrada y compleja, ésta se ha ido traduciendo en una serie de medidas que pueden resultar interesantes por su ejemplaridad. Por ejemplo, la inclusión de condiciones de coherencia ambiental y ahorro en el consumo, en los pliegos de contratación de todas las empresas de servicios o suministradoras que interactúan con la Universidad. El proceso tiene una fuerte componente participativa, buscando el consenso entre los diferentes sectores universitarios, y unas medidas de acompañamiento basadas en campañas de información y concienciación. La coherencia de esta experiencia debería permitir que su ejemplo se aplicase sin problemas en otros centros universitarios.

A modo de balance, habría que hablar de la no existencia de proyectos relacionados con la eliminación de contaminación en ninguna de sus formas. No hay ningún proyecto relacionado con el ruido, a pesar de la situación crítica que se sufre en muchas ciudades españolas respecto de la contaminación acústica. Tampoco aparecen experiencias que incidan en la eliminación de vertidos o proyectos relacionados con la calidad del aire. Ni siquiera los objetivos de reducción del CO2, que debieran ser objeto de medidas concretas, según indican los compromisos de la Cumbre de Kioto, aparecen reseñados en ninguno de los proyectos urbanos de esta convocatoria.

Como ejemplo de proyectos de demostración que intentan aunar todos los temas relevantes del metabolismo urbano, podemos hablar de los proyectos de ecociudad que se están desarrollando en Navarra. Las propuestas de diseño de nuevos barrios o áreas urbanas desde un planteamiento sostenible, como son las ecociudades de Zolina y Sarriguren incluyen un planteamiento integrado que tiene en cuenta el futuro consumo de agua, energía, la gestión de residuos, el planteamiento de la movilidad en el nuevo barrio, etc. Adolecen de un planteamiento de crear ciudad nueva, frente a otros proyectos de rehabilitación ecológica, mucho más coherentes desde un planteamiento de sostenibilidad.



Ciudad y Entorno Natural:


En este apartado se encuadran la mayoría de los casos analizados. Se pueden distinguir tres grupos de proyectos:


En cualquiera de estos tres grupos de proyectos, los conceptos fundamentales serían proteger y mantener la diversidad biológica; respetar las pautas de la naturaleza que exigen aprovechar las condiciones naturales, en cuanto a clima y características del lugar (suelo, topografía,...); evitar la creación de islas que empobrecen la fauna y la flora y aprovechar el potencial del marco natural. Ya sea el tratamiento de un retal de naturaleza en la ciudad, o bien un proyecto de recuperación de un elemento natural (río, mar o bosque) lo fundamental es que el parque se integre en una red de espacios naturales que penetre las densas zonas urbanas, que el río permanezca como curso de agua y aproveche toda la potencialidad de ser un humedal en una zona urbana, siempre densa en nuestras urbes, o que el anillo verde respete la huella del campo que fue, sobre el espacio periurbano expectante de urbanización que suele ser.

En el primer grupo de proyectos, los que se refieren a la creación de parques o zonas verdes urbanas, hay que destacar el cambio de filosofía que supone la participación de los futuros usuarios de la zona diseñada en la concepción del parque. Dos ejemplos siguen la traza de parques presentados en anteriores convocatorias (Parque Miraflores en Sevilla). En el concurso del 2000 aparecen el Parque Oliver en Zaragoza, que presenta un amplio proceso de participación y comunicación y el Parque Enciclopédico «El Pasatiempo» de Betanzos que recupera un antiguo jardín privado para la ciudad mediante un proceso de animación cultural y formativa importante. El primero es un buen ejemplo de colaboración entre las instituciones y la ciudadanía: una coordinadora en la que participan más de 15 entidades y colectivos sociales del barrio generó la idea de parque y continúa implicada actualmente en su gestión. La diversidad de actividades y usos a los que el parque da respuesta está directamente relacionada con la implicación de la sociedad civil del barrio periférico en el que se sitúa.

Estos espacios públicos abiertos se diseñan desde un planteamiento mucho más rico que las tradicionales zonas verdes, como centros de actividad social para todo un barrio. Sin embargo, no aparecen en sus presentaciones elementos de innovación en el sentido de buscar la sostenibilidad en el propio diseño del parque: selección de especies ahorradoras de agua, predominio de especies autóctonas o adaptadas al clima, xerojardinería, diseño de modo que el confort ambiental sea máximo y la conservación mínima. El énfasis se sigue situando en el tamaño del parque, antes que en la forma de intervenir en esa superficie, y si es adecuado ese tratamiento con respecto a las condiciones meteorológicas y de uso del parque creado.

Alguno de los proyectos presentados, como es el caso del Programa Regional de Espacios Públicos emprendido por la Junta de Andalucía, es una iniciativa interesante de concertación entre administraciones, que podría ser un marco idóneo para introducir proyectos innovadores en cuanto a la coherencia ambiental en la intervención en esos espacios públicos y la creación de mecanismos eficaces de participación que permitieran a los responsables de los proyectos introducir las demandas de los diversos grupos de ciudadanos.

Tratamiento de los cursos fluviales y otros elementos naturales que han permanecido en el interior de la ciudad

En este apartado se vislumbra una cierta esperanza de cambio en los planteamientos municipales. Hace algunos años, la opción mayoritariamente aceptada por las autoridades locales y por la mayoría de la población era desviar el curso de agua que atravesaba la ciudad, entubarlo y enterrarlo o en el mejor de los casos, utilizar sus riberas para situar unas vías rápidas que recorriesen la ciudad. El nivel de contaminación de los cursos superficiales de agua parecía un problema irresoluble y las consecuencias de dicha suciedad creciente hacía desaparecer las posibilidades de las zonas de ribera urbana como espacios de especial valor para el uso y disfrute de sus ciudadanos.

En los últimos tiempos, la política de depuración y de control de vertidos ha empezado a dar sus frutos. Los ríos empiezan a recuperar su imagen paisajística y su entidad como elementos naturales, en contraste con los cauces de contaminación líquida que habían llegado a ser. Existe un enorme potencial en los ríos y zonas húmedas urbanas para la creación de espacios verdes de gran calidad y fácil mantenimiento si se aprovecha la diversidad biológica de su ecosistema.

En este tema hay que destacar el proyecto de Recuperación del cauce bajo del río Besós, presentado por el ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet. El corredor de riqueza natural que la conservación del río hace posible en una zona tan densamente poblada y tan caóticamente urbanizada como es la periferia metropolitana de Barcelona, impactará positivamente en la calidad de vida de toda la zona. El proyecto combina medidas de mejora de la biodiversidad en el río y la vega no ocupada, con control de la calidad del agua y de las avenidas, con acciones para favorecer su accesibilidad y creación de un nuevo espacio público para el ocio de los ciudadanos compatible con la protección del medio ambiente. En su concepción y construcción han participado amplios sectores de la sociedad, desde las organizaciones reivindicativas hasta la Universidad y los técnicos de instituciones públicas. La iniciativa recogida por el ayuntamiento procede de antiguas reivindicaciones de asociaciones vecinales, que impulsaron inicialmente el proyecto. El entramado de asociaciones y colectivos trabajando conjuntamente con el consorcio supramunicipal se ha recuperado para otros proyectos posteriores como es el programa Urban. Esperamos que el nuevo proyecto Urban, que está empezando a poner en marcha el municipio colindante de Sant Adriá del Besós, retome el proyecto de revitalización del río en el último tramo del Besós, ya en su llegada al mar.

Una experiencia semejante podría ser el proyecto de Parque Fluvial en Pamplona, que recupera el río como elemento paisajístico y natural de importancia, diseña espacios para el uso público y aprovecha el proyecto para recualificar algunos de los barrios periféricos de esta ciudad, que el nuevo planeamiento incorpora al continuo urbano. Es una pena que el modo de plantear y llevar a cabo el proyecto, según la información recibida, no incorpore la participación de la ciudadanía y sus organizaciones, con lo que no cumple una de las condiciones más valoradas en este concurso. Otro ejemplo destacado es el proyecto de recuperación del río a su paso por la villa extremeña de Moraleja. Un buen ejemplo de la misma política de armonización del crecimiento urbano con la naturaleza, esta vez a pequeña escala.

Proyectos de anillos verdes, zonas naturales en la periferia de la ciudad y grandes zonas de transición hacia la naturaleza, con uso público.

Por último, el tratamiento de la transición entre lo urbano y las zonas naturales presenta algunas propuestas interesantes en esta convocatoria. El problema del periurbano, sede de las expectativas de crecimiento de unas ciudades a las que no prevén límites y que tienden a expandirse en todo aquel suelo que se sitúa a su alrededor, empieza a tomar importancia para algunos ayuntamientos pioneros.

La primera experiencia a destacar en este sentido es el Anillo Verde de Vitoria. Esta práctica es resultado de la puesta en práctica de las acciones planteadas por la Agenda 21 vitoriana. El proyecto recoge la creación de una serie de parques periurbanos ubicados sobre zonas de especial interés natural, en una suerte de anillo que proteja la calidad del medio ambiente urbano de la ciudad y sirva de base a un uso de ocio y disfrute de la naturaleza, muy accesible desde el centro de la ciudad y colindante a sus barrios periféricos. La forma de intervención parte del conocimiento de lo existente, del respeto de sus principales elementos y de la conservación de la biodiversidad como objetivo irrenunciable. El proyecto incluye un proceso de colaboración con otras entidades públicas y ciudadanas. Como parte de la Agenda 21 de Vitoria, tiene establecido un sistema de evaluación a posteriori del impacto de la actuación, que no es práctica generalizada en los proyectos españoles.

Otra experiencia relacionada con el tratamiento del espacio periurbano tiene su origen en la prevención de accidentes naturales. El ayuntamiento de San Fernando de Henares ha enfrentado los problemas que periódicamente surgían con la inundación de las vegas del Torote, ocupadas por asentamientos ilegales, replantando los perdidos sotos de la Guindalera. La recuperación de los sotos se plantea en paralelo a la búsqueda de soluciones de alojamiento para la población afectada por la riada. Es interesante destacar que este tipo de intervención conjuga una mejora del medio ambiente junto con la solución definitiva a problemas crónicos en nuestro país: la edificación en zonas inundables fruto de una incomprensible laxitud en el control urbanístico. No hace falta recordar catástrofes recientes fruto de esta irresponsabilidad.

Otro caso destacado en este tema es el presentado por el municipio de Allariz, que ya en el primer concurso presentó varias realizaciones de un proceso de gestión urbana modélico (ver práctica) y que ahora retoma el concurso para mostrar sus últimos proyectos. En este caso, también se trata de un proyecto radical: se aborda la gestión del territorio municipal poniendo las medidas para mejorar y hacer competitiva la explotación silvo-ganadera. Las acciones emprendidas comprenden medidas innovadoras de formación de los futuros responsables de la conservación, investigación en nuevos productos, comercialización y aprovechamiento de recursos. La diversificación de usos es uno de los ejes de la propuesta. El proyecto se realiza en colaboración con la Universidad y otras entidades, garantizando la implicación de la población y la solvencia técnica de las propuestas.

El proyecto de Vías Verdes, elaborado por la Fundación de Ferrocarriles Españoles, ha sido una de las experiencias premiadas por el jurado internacional de este año. Es un proyecto maduro, iniciado en 1996, que ya cuenta con una importante red de más de 800 km. de caminos para paseantes y ciclistas. La idea inicial fue aprovechar la reestructuración de la red ferroviaria española que dejaba fuera de uso muchos corredores ferroviarios para plantear utilizaciones alternativas de este patrimonio que evitara su abandono. De este modo se podría contar en un tiempo récord con un mapa de caminos seguros para el caminante o el ciclista que, a diferencia de otros países europeos, no existía aún en España. La creación de esta red ha implicado a gran número de instituciones y ONGs. El proyecto ha tenido una buena proyección internacional, que se ha concretado en la constitución de la Asociación Europea de Vías Verdes.



A modo de conclusiones


A pesar de la satisfacción que produce observar los movimientos positivos de la administración local fundamentalmente en la manera de abordar los problemas urbanos, un aspecto de la actual situación produce inquietud. El principal instrumento diseñado internacionalmente en la Cumbre de Río para enfrentar los problemas de la sostenibilidad urbana, la Agenda 21, lentamente está difundiéndose en las autonomías. En algunas de ellas como Cataluña, Euskadi o Navarra, empiezan a ser escasos los municipios con un peso poblacional importante que no tienen en curso un proceso de Agenda 21. En el resto de las regiones, son muchas las ciudades que han iniciado la Agenda. Sin embargo, salvo alguna notable excepción, no se detecta una serie creciente de acciones en favor del medio ambiente que invada la gestión municipal. Da la impresión de que la Agenda 21 como procedimiento ha perdido su capacidad de incidir realmente en la realidad y que se ha transformado en un instrumento de mera reflexión, sin impacto alguno en el modo de gestión urbana que sigue reflejando las inercias de todos conocidas. Otro tanto se podría decir de otros instrumentos como el ISO 14001, que en algún caso, se presenta como Buena Práctica, cuando lo coherente sería presentar los resultados de su aplicación a la gestión municipal. La mayoría de las experiencias destacadas siguen teniendo su origen, bien en crisis o catástrofes que invitan a la reacción, bien en iniciativas vecinales o ecologistas, recuperadas por la administración municipal tras años de reivindicación. Es muy interesante este proceso de asunción de las ideas de los ciudadanos por parte de las administraciones. Esperamos que, en sucesivas convocatorias, estos procesos generalizados de participación empiecen a dar fruto en la realización de muchas de las propuestas que aún están sobre el papel y se establezcan marcos de colaboración duraderos y tranquilos que permitan ir incorporando los deseos y necesidades de la ciudadanía, para la que el medio ambiente y la protección de la naturaleza es una preocupación prioritaria, según reflejan todas las encuestas de opinión.

Fecha de referencia: 21-11-2001

Boletín CF+S > 17/18 -- Tercer Catálogo de Buenas Prácticas Españolas. Estambul+5 > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n17/aivel.html

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