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Boletín CF+S > 17/18 -- Tercer Catálogo de Buenas Prácticas Españolas. Estambul+5 > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n17/aggom.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Sobre las Buenas Prácticas


Gloria Gómez Muñoz
Madrid (España), 12 de octubre de 2001

Hace unos días me contaron cómo ha ganado recientemente Rem Koolhas el Concurso para el Palacio de Congresos de Córdoba. La propuesta del arquitecto situaba una moneda de un euro sobre el solar destinado a la construcción del edificio, con la intención de sugerir a las autoridades locales que el ese espacio de la ciudad debía ser destinado a la especulación para llenar las arcas municipales, a la vez que proponía otro lugar en el borde del río para construir el insigne edificio.

No es el objeto de este artículo valorar las bondades de esta propuesta frente a las del resto de los participantes en dicho concurso, pero esta anécdota puede servir para iniciar una reflexión sobre los distintos enfoques que pueden tener las actuaciones en nuestras ciudades.

Koolhas ha elevado a la calidad de propuesta ganadora de concurso arquitectónico el principio que rige desde hace décadas el mercado inmobiliario. La imagen de la ciudad como un arca llena de euros, esperando a ser descubiertos, no tiene nada de moderna y novedosa, sino más bien todo lo contrario, y provoca tristeza descubrir lo despistados que andan algunos profesionales y autoridades locales cuando se dedican a proponernos ideas para mejorar la ciudad de este siglo. No es necesario insistir en que los parámetros en los que se mueve la construcción de la ciudad contemporánea son principalmente económicos, pero si es imprescindible señalar que existen formas de intervenir, en las que se tienen en cuenta consideraciones de otro tipo.

La construcción de grandes edificios de firma, pueden ofrecer una imagen moderna de cualquier lugar, pero, por sí solos, no van a mejorar su calidad de vida ni a solucionar los numerosos problemas que arrastran las ciudades. Es necesario que se propongan actuaciones transversales e integrales, en las que todos los profesionales que intervienen en la construcción de la ciudad aporten sus puntos de vista y sus soluciones a aquellos que las gobiernan y sobre todo, a los que las viven. Con esto no quiero restar importancia a la arquitectura como disciplina capaz de proponer nuevas formas para la ciudad, pero hay que recordar que ninguna de sus decisiones son banales y tienen consecuencias reales sobre la ciudad. Todos conocemos numerosos ejemplos de edificios insignes vacíos por falta de uso o deteriorados por falta de aceptación social.

Para conseguir que haya una nueva «sensibilidad» sobre la forma de abordar estos temas es muy importante la difusión de actuaciones que ya se han realizado y que han obtenido resultados reales, con este objetivo se inició el Programa de Buenas Prácticas de Naciones Unidas y se convocaron los Concursos Internacionales patrocinados por la Municipalidad de Dubai.

Las Buenas Prácticas, a pesar de sus limitaciones, pretenden solucionar los problemas y mejorar la calidad de vida de las ciudades con un enfoque diferente, integrador y transversal, llamémosle sostenible, y sobre todo novedoso; es por ello que se convierten en ejemplos dignos de ser difundidos y replicados en otros lugares.

Desgraciadamente, aunque algo hemos avanzado desde que se celebró la cumbre de Estambul en 1996, este tipo de propuestas siguen siendo minoritarias y, de momento, no han provocado un cambio de estrategia en la gestión del territorio y de actuación sobre las ciudades en nuestro país. Sin embargo, no hay que tirar la toalla tan pronto porque sabemos que es costoso que se produzcan cambios en procesos en los que hay tantos intereses en juego. Observando con optimismo el debate sobre la ciudad, se puede decir que hace unos años nadie hablaba de potenciar la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones que les afectan, y ahora ya empiezan a sonar términos como ciudad sostenible, bioclimatismo, presupuestos participativos, nueva gobernabilidad,... y es habitual encontrar ayuntamientos que han iniciado procesos para redactar sus Agendas 21 Locales.

Una de las líneas de trabajo fundamentales en estos proyectos es la difusión y el conocimiento en profundidad de las experiencias urbanas en marcha desde hace varios años. En este sentido, y aprovechando la convocatoria de una Asamblea Extraordinaria de las Naciones Unidas (Estambul+5) para la revisión de los acuerdos de la cumbre sobre las Asentamientos Humanos Hábitat II, el Ministerio de Fomento encargó a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid la redacción de un Informe de Evaluación sobre las Buenas Prácticas Españolas y su relación con el cumplimiento del Programa Hábitat. Durante los meses de abril y mayo de 2001 pude participar en su elaboración, visitando algunas de las experiencias españolas incluidas en los catálogos de Naciones Unidas y redactando el documento final.

La mayoría de los casos evaluados en dicho informe son experiencias que surgen a partir de iniciativas de personas de asociaciones o ayuntamientos; equipos que deciden poner en marcha algún proyecto, en un principio con carácter parcial, y que con el tiempo intentan adquirir un carácter más global. En pocos casos estos enfoques pasan a escalas más amplias y se convierten en líneas de actuación política. Incluso se podría decir que en algunas ocasiones se encuentran con poco o escaso apoyo por parte de las instituciones.

Las experiencias más interesantes han tenido siempre muy en cuenta las potencialidades tanto del territorio como de sus habitantes. El conocimiento de la realidad es siempre una de las claves de éxito de una actuación. Uno de los gestores de la Mancomunidad de Navarra, que llevan a cabo recogida selectiva de residuos y cuya práctica fue seleccionada en el concurso de 1996, contaba como uno de los factores que más influyó en el éxito de la experiencia fue que, a pesar de los cambios sociales, se mantenía en el subconsciente colectivo la costumbre rural del reciclaje y de que todo se puede reaprovechar. De la misma forma, la Recuperación del Medio Rural en Allariz, pretende revitalizar el lugar aprovechado las posibilidades para el turismo que tiene el concejo por su calidad paisajística, y recuperando de los pastizales abandonados para la introducción de actividades ganaderas destinadas a la población joven. Estos dos casos ilustran cómo en cada lugar las actuaciones deben estar muy ligadas a las características sociales, físicas y económicas, y no se pueden replicar sin un análisis previo.

Tampoco se pueden olvidar los contextos a una mayor escala en los que se insertan los lugares protagonistas de estas experiencias. Los problemas sociales que aparecieron en el Barrio de Buenos Aires en Salamanca, eran ya predecibles antes de que se trasladaran allí a vivir los vecinos. El barrio es una isla a las afueras de la ciudad, rodeado de polígonos industriales y de carreteras. En este caso se confirma que un gueto físico conlleva un gueto social y, a pesar de ello, algunos de los vecinos, siguen poniendo en marcha proyectos que permitan romper con problemas de marginalidad. En este sentido hay que señalar que en nuestro país hay de momento pocas prácticas que surjan de iniciativas ciudadanas, cuando uno de los principios que aseguran la sostenibilidad en el tiempo es la participación directa de los implicados.

Tras tres concursos internacionales, en los que la mayoría de las Buenas Prácticas Españolas seleccionadas por el Comité Nacional han sido incluidas en los catálogos de Naciones Unidas, se han reunido un número suficiente de experiencias en nuestro país para iniciar un proceso de valoración y reflexión crítica en profundidad. Este es un aspecto primordial, y es también uno de los más descuidados en todo el proceso internacional de las Buenas Prácticas. Un primer paso ha sido la elaboración del informe que se presenta en este boletín, y el trabajo no sería en balde si llevara a un análisis de la situación en nuestro país, e incluso a plantear un concurso con una temática específica que identificar las experiencias españolas ejemplares y dignas de ser replicadas. También sería de interés hacer un cierto seguimiento de las prácticas que llevan tiempo en marcha, para valorar cómo han ido cambiando los objetivos y las estrategias de los proyectos a medida que se va conociendo más la realidad y aparecen nuevas dificultades.

No sólo es deseable, sino que empieza a ser una urgencia, que se tengan más en cuenta los criterios de sostenibilidad a la hora de intervenir en la ciudad, incluso si lo que se plantea es la construcción de un Palacio de Congresos, porque cualquier actuación influye decisivamente sobre la vida de los que la habitan y, por qué no decirlo, del planeta.

Todavía conservo la suficiente imaginación para pensar que es posible una propuesta para un concurso de un edificio representativo de cualquier ciudad en el que se plantee un proceso participativo para decidir su ubicación, sus funciones,... y se parta, para el diseño, del establecimiento de un diálogo entre todas las partes implicadas. Este tipo de propuestas son más vanguardistas que seguir dando vueltas a un modelo que estamos comprobando que no funciona, a pesar de la llegada del euro. Parece que con este último concurso, los cordobeses han perdido una oportunidad para ser pioneros en la construcción de la ciudad de este siglo, y a cambio, tendrán un Koolhas en sus calles. No lo tienen todo perdido, todavía les queda la mezquita.

Fecha de referencia: 26-11-2001

Boletín CF+S > 17/18 -- Tercer Catálogo de Buenas Prácticas Españolas. Estambul+5 > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n17/aggom.html

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