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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Durante el año 1999 TAU Consultora Ambiental, empresa española
especializada en consultoría ambiental y en particular en materia
de gestión y formulación de políticas ambientales, junto con ECONAT
Consultores, empresa chilena de similares características, ha
estado desarrollando un estudio para la Comisión Nacional de Medio
Ambiente de Chile (CONAMA) denominado Estudios previos para la
formulación de una política ambiental referida a la contaminación
de los recursos hídricos por efecto de la agricultura (PACRHA).
Desde sus inicios, la metodología propuesta para la realización del
estudio asumió que se trataba de un caso de formulación de política
ambiental en contexto de incertidumbre, y que era preciso
proporcionar una metodología particular para poder llevarlo a cabo.
El estudio limitó el análisis de los contextos de incertidumbre en
la formulación de la PACRHA a tres aspectos. Por un lado, se ha
analizado el modo en que la incertidumbre afecta al modelo de
formulación de la política, es decir, cómo afecta a la
estructuración del proceso de decisión mediante el cual se formula
la política. Por otro lado, se ha analizado cómo afecta el contexto
de incertidumbre al modelo de conocimiento que informa la política,
es decir, cómo afecta a la definición del modelo de conocimiento
que debe documentar la política en contextos de incertidumbre.
Finalmente, la incertidumbre afecta al modo en que se toman
decisiones dentro de esa cadena de decisiones que lleva desde las
fases iniciales de análisis hasta la política propiamente tal. Es
decir, afecta al modo en que se seleccionan las diversas
alternativas a que se enfrenta todo proceso de formulación de
políticas en sus distintas fases.
El contenido práctico del estudio ha consistido en dar solución
metodológica a estos tres problemas y avanzar en la formulación de
una política, al menos en lo que se refiere a la aplicación
práctica del modelo de conocimiento que debiera documentar la
política en contextos de incertidumbre. Para llevarlo a cabo se
realizó un cuidadoso estudio de la información disponible respecto
del tema en Chile, se hizo acopio de la experiencia internacional
en materia de diagnósticos y soluciones propuestas, y se llevó a
cabo un taller con expertos nacionales para discutir el modelo
global de formulación de política propuesto.
A continuación, en esta pequeña síntesis, se recoge básicamente la
propuesta elaborada para dar cuenta del modelo de conocimiento que
debe documentar la política en contextos de incertidumbre, dada la
relativa novedad de los planteamientos realizados en este aspecto.
La secuencia metodológica de un proceso de toma de decisiones, en
condiciones de alta disponibilidad de información y de certidumbre
sobre las relaciones causales que rigen el objeto de la política,
está compuesta por una serie de fases metodológicas más o menos
convencionales, como son: análisis, diagnóstico, estudio de
alternativas y elaboración de la política. A partir de una
información cierta sobre una situación específica (relación
agricultura-contaminación hídrica), se lleva a cabo un diagnóstico
que revela la causalidad imperante detrás del fenómeno y el estado
de la cuestión, se hace un balance de la intervención pública en el
tema, se plantean soluciones alternativas al problema detectado en
el diagnóstico, se evalúan tales alternativas y se redacta un
documento de política que recoge las alternativas finalmente
escogidas como soluciones a los problemas detectados. Se entiende
que ese documento permitirá el desarrollo de políticas que
solucionen satisfactoriamente los problemas detectados.
Tanto el alto grado de conocimiento de las relaciones causales
pertinentes al ámbito de política, como las soluciones disponibles,
permiten el diseño de políticas, concebidas éstas como un
instrumento completo y cerrado. Para plantearse, entonces, la
elaboración de una política ambiental referida a la contaminación
de los recursos hídricos por la agricultura en el marco del esquema
descrito en los párrafos anteriores, sería necesario cumplir con
los siguientes requisitos: factibilidad de realizar un diagnóstico
cierto y preciso sobre la relación existente entre la agricultura
y la contaminación del recurso hídrico que permita validar
socialmente las opciones de política que de él se deriven;
capacidad de alcanzar conclusiones plausibles sobre el estado del
problema sobre la base de la información existente, que haga
posible poner en marcha un proceso de toma de decisiones sobre
opciones de política sólidamente formuladas; y factibilidad de
establecer la eficiencia de los instrumentos o alternativas de
política en relación a los objetivos a alcanzar.
Se trata en definitiva de que toda política requiere, en primer
lugar, una justificación social que le es otorgada por el grado de
precisión con que se identifica el problema de política en
cuestión, y en segundo lugar, una justificación social que le es
otorgada por el grado de precisión del diagnóstico del objeto de
política que le permita plantearse como una propuesta coherente de
solución de los conflictos identificados y, finalmente, unos
modelos también conceptuales que le permitan determinar la medida
en que las soluciones planteadas resuelven los conflictos
identificados. En última instancia se trata de que toda política
debe responder de cara a la opinión pública las siguientes
preguntas:
De acuerdo con esta argumentación, se puede sostener que no es
posible definir opciones evidentes de política agroambiental para
el agua. Esto es, opciones que, sobre la base de la existencia de
determinados problemas "objetivamente" diagnosticados, identifican
alternativas de actuación política que dan cuenta de los mismos, al
menos en un determinado grado que es conocido (objetivos), y cuyo
coste de aplicación está, asimismo, definido. El supuesto básico de
aplicación de la metodología elaborada es, entonces, que no
resulta posible desarrollar ni cuantificar, para el estado de la
información en Chile, un modelo causal que dé cuenta de forma
consistente y robusta del objeto de política de la PACRHA. Esto
significa que las decisiones, per se, no se pueden justificar por
una correspondencia estricta entre diagnóstico de problemas y
soluciones a éstos, pues no hay una posibilidad de determinar
estrictamente la causalidad que se esconde tras el problema y, en
ocasiones, ni el mismo problema puede ser descrito "objetivamente",
es decir, teóricamente. Si a ello se le suma la ausencia de
información que permita, no ya dar cuenta de la causalidad, sino
contar siquiera con un nivel de información mínimo que dé
plausibilidad al diagnóstico y a las soluciones, entonces el
contexto de incertidumbre es aún más acusado.
En este punto es útil distinguir este contexto de incertidumbre
estructural, que se pretende tratar en este artículo, de la
incertidumbre asociada a cualquier toma de decisión pública y que
está asociada a la imposibilidad de prever el conjunto de factores
que finalmente determinan su aplicación práctica. Efectivamente no
hay ámbito de la decisión, ni pública ni privada que esté exenta de
este último tipo de incertidumbre. En este caso se trata de una
incertidumbre respecto de los efectos finales de una decisión, es
la incertidumbre asociada a la decisión, que consideraremos aquí
insalvable. Cuando hablamos de incertidumbre, que en este contexto
se denomina estructural, estamos hablando de la imposibilidad de
generar certidumbre teórica mediante modelos de conocimiento de
cualquier tipo que documenten la decisión. Esta imposibilidad se
debe a muchas causas, algunas de las cuales para el caso particular
que se trata aquí se han explicado, como son la carencia de modelos
teóricos que expliquen las relaciones causales dominantes, la
dificultar de obtener la información apropiada para alimentar esos
modelos teóricos, etcétera. La diferencia teórica y práctica entre
ambos tipos de incertidumbre es muy significativa y tiene que ver
con el papel del conocimiento científico racional como agente
privilegiado para documentar las decisiones públicas. Es común que
aún habiendo incertidumbre en la decisión, el conocimiento
científico que documenta la decisión sea considerado el agente
privilegiado para documentarla. Es el caso que se volverá a señalar
más delante de la relación entre la teoría económica y la política
económica. Es evidente que una recomendación de política, derivada
de un análisis económico teórico, como, por ejemplo, incrementar
los tipos de interés para reducir la inflación, no puede llegar a
tener exactamente los efectos reales que la teoría predice. Estos
divergirán mucho o poco. Ahora bien, eso no imposibilita que la
teoría económica sea el agente que socialmente se acepta como el
que mejor puede documentar esa decisión. ¿Por qué?. Porque la
teoría económica, a pesar de sus aciertos o desaciertos prácticos,
es capaz de generar certidumbre teórica, e ir incrementado esa
certidumbre teórica para el ámbito estricto de aplicación definido
por su objeto analítico. Su modelo teórico permite generar
predicciones "objetivas". Ahora bien, cuando hay incertidumbre
estructural lo que sucede es que no hay conocimiento racional que
pueda generar certidumbre teórica alguna, se pierde toda capacidad
de predicción, no ya más o menos acertada, sino que se carece de
sustento "objetivo" para generar predicción alguna. ¿Qué sucede
entonces? Sucede que el conocimiento científico pierde esa
capacidad de ser el interlocutor privilegiado para documentar la
decisión. Es esto lo que distingue como problema teórico una de
otra incertidumbre.
El problema que se plantea cuando se intenta formular una política
en este ámbito consiste, por un lado, en cómo hacerlo sin caer en
la simplicidad de obviar el contexto de incertidumbre en que ésta
se formula y, por el otro, en cómo, aún reconociendo la
incertidumbre, argumentar coherentemente un proceso decisional. Es
decir, articular un procedimiento que permita activar una toma de
decisión consistente con independencia del grado de "conocimiento
objetivo" del objeto de política. Es decir, se trata de definir la
racionalidad que debiera servir para documentar la formulación de
políticas en estos contextos.
¿En qué fases de la formulación de la PACRHA aparece un contexto de
incertidumbre? Hay dos momentos donde parece necesario, o al menos
son los que aquí se han considerado, dar cuenta de una
incertidumbre estructural en la formulación de la PACRHA. El
primero de ellos se da cuando es necesario otorgar un valor de
representación de la realidad a la dispersa e incompleta
información disponible sobre el objeto sustantivo de la PACRHA, que
es la contaminación difusa de origen agrario de aguas superficiales
y subterráneas. Se trataría de la incertidumbre del diagnóstico. La
pregunta que hay que responder es: ¿cuán concluyente puede ser el
diagnóstico o a qué diagnóstico puede dar lugar la información
disponible?. Si la información de base disponible fuese exhaustiva
y fiable, tal pregunta carecería de sentido. Pero justamente nos
hallamos en una situación donde la información es insuficiente, no
sólo por carencias teóricas que den cuenta de la compleja cadena
causal que liga agricultura y contaminación de aguas, sino porque
hay insuficiencias de información generalizada sobre variables que,
en todo caso, parecen importantes.
El segundo momento que presenta una situación genuina de toma de
decisiones en contextos de incertidumbre es aquél en el que hay que
decidir el perfil de política por el que se va a optar. Como la
política no se puede concluir directa y linealmente del
diagnóstico, ni de una evaluación causal determinada, es necesario
preguntarse qué perfil de política es factible plantearse con los
niveles de certeza o de conclusión que es posible alcanzar en el
diagnóstico de la situación de partida. Es decir, hay que tomar una
decisión, estrictamente hablando, sobre el nivel de profundidad y
prioridad que se estima se puede dar a esta política, dado que los
datos y el diagnóstico no se pueden considerar "estrictamente
ciertos" y definir esto por sí mismo.
Ese perfil queda determinado con la definición de los objetivos
centrales de política. La definición de esos objetivos constituye
el primer paso en el proceso de toma decisiones que lleva a la
formulación de toda política. A los efectos de este estudio se ha
considerado que, si bien es posible que se den condiciones
parciales de incertidumbre, las decisiones posteriores a la
definición del perfil de política que deban tomarse para terminar
de formular la política, se corresponden a una toma de decisión
convencional, en la mayoría de los casos multicriterio, que para
ser eficiente deberá respetar los criterios de racionalidad que se
le exige a cualquier toma de decisiones pública que incorpora
criterios múltiples. Es decir, se trata de un contexto decisional
donde no se detecta una incertidumbre estructural, y donde por
ende, se pueden aplicar las metodologías de toma de decisión
propias de contextos de certidumbre.
Para dar solución a la incertidumbre a la que se enfrenta la
formulación de la PACHRA se ha optado por una estrategia
metodológica dual. La incertidumbre asociada a la fase de
diagnóstico se ha abordado mediante una aplicación novedosa del
modelo de Fuerzas Motrices - Presiones - Estado - Impacto -
Respuesta (DPSIR en inglés) utilizado frecuentemente para
estructurar la información referida a indicadores ambientales.
La incertidumbre asociada a la fase de formulación de objetivos de
la PACHRA se ha dejado más abierta, planteándose entre otros la
posibilidad de utilizar como método de toma de decisiones una
versión aplicada al medio ambiente de la teoría de juegos, bien
conocida en la teoría económica.
A continuación se presenta únicamente la aproximación basada en el
modelo DPSIR dada la relativa novedad que presenta la propuesta.
Un modelo sencillo de explicación de las relaciones del hombre y su
entorno es el que actualmente aplica la Agencia Europea de Medio
Ambiente en la definición de indicadores ambientales (EEA 1998).
Este modelo, conocido como DPSIR (siglas correspondientes a Driving
forces - Pressure - State - Impact - Response, Fuerzas motrices -
Presión - Estado - Impacto - Respuesta), cuyo esquema básico se
muestra en la Figura n. 1, e inspirado en el modelo de la OCDE
conocido como PSR (acrónimo de Pressure - State - Response)
considera que determinadas tendencias sectoriales (fuerzas motrices
o driving forces) son responsables de las presiones que, a su vez,
alteran el estado del medio ambiente. La sociedad interviene para
intentar revertir el estado derivado del efecto de estas presiones
adoptando medidas (respuestas) que pueden actuar sobre cualquiera
de los tres ámbitos anteriores: sobre los problemas (estado) o
sobre sus causas directas (presiones) o indirectas (tendencias
sectoriales o fuerzas motrices). Estas medidas pueden ser, en
cualquiera de estos ámbitos, de tipo corrector, mitigador o
compensatorio.
Figura 1: Modelo DSPIR
Este esquema reproduce perfectamente el modelo de relaciones sobre
el que puede basarse la PACRHA, el cual debe apoyarse en la
identificación y caracterización de los problemas y sus causas
(directas e indirectas) como mecanismo necesario para valorar la
necesidad y efectividad de las soluciones propuestas (ver Figura
2).
Figura 2: Caracterización de las medidas en el modelo DPSIR
SOLUCIONES
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V V V
TENDENCIAS PRESIONES PROBLEMAS
SECTORIALES
Aunque inicialmente el modelo DPSIR ha sido producido por un debate
entre científicos y expertos en indicadores con el objeto de servir
de marco para la presentación de una información ambiental
sintética, éste puede ser entendido también como un modelo de
organización de la información ambiental para la formulación de
políticas. Para entender el nexo posible entre ambas utilidades del
modelo DPSIR es necesario aclarar primero su naturaleza como marco
de referencia para la información ambiental. Toda vez que los
indicadores constituyen un conjunto de parámetros que transmiten un
mensaje de síntesis sobre un fenómeno ambiental a estudiar sin
pretender una descripción científicamente razonada del mismo, sino
una que favorezca la comunicación, se hace necesaria la existencia
de un marco de interpretación. El papel de este marco es orientar
la lectura del parámetro utilizado como indicador, otorgarle una
interpretación más allá de su significado inmediato y evidente. El
marco, entonces, pasa a ser el portador de la lógica de aquello que
se quiere describir con el sistema de indicadores. Inicialmente la
lógica que se utilizó, y que es la más extendida, fue la del modelo
Presión - Estado - Respuesta (PSR, de las siglas en inglés de
Pressure, State, Response) [OCDE , 1994]. Posteriormente se
consideró que la lógica de la que interesaba dar cuenta y que era
útil a la política ambiental, constaba de dos momentos más, el de
la Fuerza Motriz (driving force) y el del Impacto. Ese paso se dió
porque fue rápidamente evidente que las presiones eran originadas
a su vez por algo de lo que también había que dar cuenta si se
quería tener una perspectiva global, que incluyera todo el espectro
de causas. Pero, además, se fue consciente de que entre el estado
y la respuesta de la sociedad a ese estado mediaba algo, el
impacto. Este es el eslabón que existe entre la variación del
estado y las medidas que se toman, porque son los impactos los que
las desatan.
Vale la pena preguntarse a qué lógica en definitiva obedecen los
marcos interpretativos de los indicadores ambientales. Al parecer
la lógica que pretenden representar es la de un modelo
autorregulado de resolución de problemas, es decir, el problema no
se representa o describe conceptualmente con independencia de los
agentes que actúan sobre él, y de su constitución como tal. Lo que
modelos como el DPSIR revelan es que, en tanto que modelos de
conocimiento para la fundamentación de políticas, no pretenden
describir un objeto analíticamente separado de la acción sobre el
mismo.
La política no requiere fundamentarse en un conocimiento aislado
del objeto de política, sino en un modelo de conocimiento que
describa las interrelaciones de la sociedad (y naturalmente de la
política) con ese objeto de política. De hecho, los marcos
interpretativos describen la totalidad decisional como problema de
política pública. Lo que intentan describir es un sistema de
relaciones en la que el "objeto" convencional de la política
pública como totalidad interactúa con la sociedad, en sus distintas
formas.
¿Por qué se dice esto? Porque lo que el modelo incorpora/describe
son todos los elementos que desde la perspectiva específica de la
política en cuestión parecen relevantes para tomar una decisión. Es
decir, lo que se está describiendo es el problema de formular una
política en contextos de incertidumbre. Y en el problema de la
formulación de la política lo que se considera convencionalmente el
sujeto de la política está incorporado directamente, porque lo que
se está describiendo es el problema de ese sujeto al intentar
formular la política, y no una descripción de lo que ese sujeto
quiere solucionar con esa política como algo independiente de él.
En este sentido no se puede hablar de una descripción del objeto de
política con independencia del sujeto. Pero, lo más significativo
es que tal descripción no responde a una descripción
lógico-analítica. La descripción del modelo responde a la
percepción que el sujeto, en un momento dado tiene del problema, de
su problema.
Una vez que se ha comprobado la incertidumbre que rodea la
descripción del problema ambiental que preocupa en este estudio,
pero que es intrínseca a los problemas ambientales, no es de
extrañar esta solución. Es decir si, dada la complejidad inicial e
intrínseca del objeto de análisis que ocupa a la política
ambiental, una descripción racional estándar del problema abre un
número normalmente inmanejable de aspectos inciertos, una opción
alternativa es abandonar el modelo de decisión que tiene como punto
de partida un análisis descriptivo "cierto" y preciso (analítico)
del problema sobre el que pretende actuar y sustituirlo por un
modelo de decisión que parta de un modelo descriptivo en el cual el
conocimiento del problema sobre el que se actúa, su
caracterización, se cimienta actuando, por lo que la actuación no
puede quedar fuera de la descripción.
Al cambiar el objeto de estudio desde las relaciones
agricultura-calidad de las aguas al problema que supone formular
una política en contexto de incertidumbre, la incertidumbre inicial
se desvanece, pues este segundo objeto de análisis sí puede ser
descrito con certidumbre. Dicho de otra forma se halla descrito por
el modelo DPSIR como modelo de conocimiento en el cual se sustenta
la formulación de políticas. De esta forma la incertidumbre
asociada al tratamiento objetivo de las relaciones
agricultura-calidad de las aguas no constituye un impedimento para
la acción pública.
La acción pública estándar se articula mediante un procedimiento
presuntamente racional basado en que un conocer científico,
objetivamente separado del actor público, analiza y diagnóstica
sobre un objeto de política. Así, por ejemplo, el sujeto de la
política, que puede ser o bien un gobierno, o la acción de un
gobierno colegiada con la participación pública, actúa sobre un
objeto de política, como puede ser la actividad industrial, o la
economía, o la conservación de la naturaleza. En ese modelo el
objeto de política es sujeto de una descripción independiente del
sujeto. Es decir, los espacios naturales como entidades
independientes son descritas "objetivamente" utilizando el
instrumental científico disponible. Y como tal descripción
"objetiva", se transforman en el objeto sobre el cual la política,
que es el instrumento que utiliza el sujeto, pretende actuar. El
problema u objeto de política está allí "objetivamente" separado
del actor público o de la sociedad. Del diagnóstico del objeto de
política se derivan de forma cuasi inmediata las opciones de
política que el político y/o la sociedad se encargan de dirimir. El
distanciamiento entre el objeto de la política y el sujeto de la
misma se basa en ese conocimiento estricto del problema. Se puede
articular, entonces, un proceso decisional que separa el
conocimiento del problema de la acción sobre el mismo, en una
secuencia que va desde el análisis y diagnóstico (más o menos
fundado científicamente y en un acopio de información basado en las
ciencias estadísticas) a una acción que luego es contrastada para
verificar el grado de acierto en los pronósticos. Se ve así que el
modelo de conocimiento que orienta la acción está separado
estructuralmente de la acción misma, no necesita incorporarla. Este
procedimiento funciona siempre y cuando no se den los contextos de
incertidumbre de que se ha hablado anteriormente. Cuando esta
eventualidad surge, tal separación cognitiva no es factible. Es
entonces cuando aparecen espontáneamente modelos de conocimiento
que, como el DPSIR, no se basan en una separación del objeto y el
sujeto de la política. Lo que los modelos como el DPSIR señalan es
que la sociedad no está nunca fuera de lo que se describe. La
consecuencia de esto es que el tipo de acciones que se pueden
derivar de ese modelo de conocimiento no pueden ser de las del tipo
del modelo en que el sujeto y el objeto están distanciados. En tal
modelo el sujeto puede actuar sobre el objeto para que éste se
amolde a lo que desea. En el caso de una descripción que incluye a
la sociedad, ésta no puede actuar sobre la sociedad. No puede
saltar fuera de sí misma y obligarse a hacer algo. Un ejemplo muy
evidente es el de la política económica. Si se observa un
incremento del índice de precios con toda probabilidad se
favorecerá, por parte del gobierno, un incremento de las tasas de
interés. Esto responde a que se cuenta con una teoría económica que
describe analíticamente una realidad, la economía, y que permite
prescribir con certeza analítica que esa medida contrarrestará el
proceso inflacionario. El modelo decisional que impera es el de que
la política (el sujeto) actúa sobre la economía (el objeto)
subiendo las tasas, y logra que ésta se oriente en un sentido
favorable.
Si aquí el objeto de la política, es decir, lo que está descrito en
un modelo DPSIR como objeto de la política, incluye al sujeto, ya
no hay objeto explícito sobre el que actuar, no existe. Se puede
argumentar, por el contrario, que se puede actuar sobre lo que tal
descripción incluye como la sociedad, pero eso supondría que de
alguna forma la sociedad y todas las relaciones que establece con
ese problema de política se pudiesen congelar para, en ese momento,
poder actuar. Sólo allí, congelando algo de lo que se es parte, se
podría actuar consistentemente para el logro de un objetivo, tratar
esa totalidad como algo distante que es modificable. Cabe
plantearse la pregunta de quién actuaría en ese caso, si la
sociedad en su conjunto estuviese congelada. Sin embargo, en el
caso de la política económica señalado anteriormente, el objeto de
la política, al ser pensado de forma independiente de sí misma, le
permite actuar sobre él, no necesita imaginarse congelada, pues es
una entidad actuando sobre otra: el sujeto actuando sobre el
objeto. Se trata evidentemente de un tema de representación. De
cómo es posible representar un objeto de política en dos
situaciones distintas, cuando la separación sujeto-objeto funciona
y cuando la separación sujeto-objeto no funciona. Lo que se quiere
señalar es que ambos tipos de representaciones dan lugar a
distintos modelos decisionales. No sólo en lo que respecta a cómo
se toman las decisiones, sino fundamentalmente en qué se
fundamentan. En el caso estándar, éstas se fundamentan en un
conocimiento supuestamente racional analítico, y se derivan como
proposiciones de ese mismo conocimiento racional analítico. El
modelo racional analítico dice qué hacer para que las cosas que
resultan no deseables dejen de serlo, basado en una teorización
previa de ese objeto. Es el caso de la prescripción del aumento de
las tasas de interés frente a una subida del IPC. En el caso de los
modelos, que llamaremos sistémicos, como el DPSIR, dado que lo que
se describe es el relacionarse de lo que constituye la totalidad de
la política, éstos no pueden servir para derivar comportamientos
atípicos, desviaciones, disfunciones respecto de un comportamiento
"ideal". Si el modelo es eficiente debe ser capaz de describir
efectivamente y de forma "positiva" todas las relaciones
relevantes, sin más. Es decir, describir el problema.
Es factible argumentar que el propio modelo DPSIR puede definirse
en sus parámetros ideales y servir así de patrón de situaciones
indeseables. Esto es correcto, pero entonces el modelo no daría
cuenta de una realidad, sino de un deseo. Y de lo que se trata aquí
es de explorar la utilidad de estos modelos para reflejar una
realidad, y que esa descripción de realidad sea útil para la
formulación de políticas. No es factible formular la política a
partir de una descripción ideal de la realidad de la cual debe dar
cuenta. Las soluciones al problema sustantivo agricultura-calidad
de las aguas que se hallan incorporadas a un modelo de conocimiento
sistémico forman parte de la descripción de la realidad del objeto
de política que éste persigue, están autocontenidas, no se derivan
de un diagnóstico ajeno a las mismas. Esto es así porque el sujeto
está contenido en la descripción desde sus inicios, no pretende
separarse del objeto y contar con una prescripción "objetiva" del
mejor hacer dictada por un saber exógeno. Sus posibilidades de
hacer están contenidas en la descripción y se van construyendo y
articulando en la medida que el propio modelo, como modelo de
conocimiento, se va desarrollando. Las soluciones no las va
produciendo el modelo por contraposición entre una realidad y un
deseo; no tiene por objeto reconducir un algo que "objetivamente"
va mal, separado del sujeto mismo de la acción, sino como
producción de ese relacionarse que está recogido en el modelo
sistémico. Las soluciones en el modelo, ya que el sujeto está
contenido en el mismo, no pueden sino ser genuinamente un producto
más del mismo, porque son las emergencias de una parte del sistema.
No son estrictamente soluciones a problemas sino que son las
soluciones del sistema, son una de sus producciones. La solución en
una aproximación de este tipo es estrictamente positiva, no
reactiva. El decir que son soluciones del sistema significa que
éstas no tienen otra connotación más que representar las "acciones"
proactivas que el sistema como sistema de conocimiento incorpora,
pero que no responden individualmente a ningún paradigma exógeno.
En términos estrictos no se puede decir que sean soluciones, pues
el único problema que soluciona el modelo es el de cómo formular la
política en esas condiciones, cómo no paralizar la decisión debido
a la incertidumbre. Y la solución a eso es el propio modelo. Todos
los elementos del modelo, incluidas las soluciones sustantivas a la
cuestión agro-calidad de las aguas, no son más que aspectos
descriptivos del problema, que en ese caso particular, y por su
papel en otro ámbito conceptual, son llamadas soluciones.
Como para el modelo no hay soluciones, en sentido estricto, para la
cuestión sustantiva de política, es ésta la que debe articular un
procedimiento a través del cual se gatillan unas u otras soluciones
en función del equilibrio o desequilibrio entre sus elementos
D-P-S-I-R. Se ve entonces que un modelo como el DPSIR, como base de
conocimiento para la formulación de políticas, lo que permite es
gestionar de forma positiva la incertidumbre que aparece cuando se
trata de hacer lo mismo pero desde una perspectiva analítica,
determinista. Se podría decir que la incertidumbre es superada (el
término aleman aufgehoben, tan utilizado por la dialéctica
hegeliana podría describir bien este proceso) por un meta punto de
vista que permite formularse un objeto analítico de estudio en
contexto de certidumbre. Se trata de la construcción de un
instrumento de conocimiento al interior de ese sujeto que le
permite actuar en ese ámbito, es decir, sujeto y objeto (o ámbito)
están imbricados. Por utilizar una analogía, no se trata del
conocimiento "objetivo" de la célula, sino de la construcción de un
instrumento óptico que permita circular entre las células,
interactuar con ese medio.
El primer paso consiste, entonces, en concebir el modelo DPSIR como
modelo de conocimiento para la formulación de política, dotarlo de
contenidos reales y de mecanismos de recursión entre sus distintos
elementos, que provocarán que éste como sistema vaya, además,
evolucionando.
La siguiente tabla recoge un ejemplo de aplicación del modelo DPSIR
para un problema específico de la PACHRA, cual es la contaminación
por nitratos en lagos ubicados en las regiones australes de Chile.
Lo que interesa destacar en este punto es únicamente la estructura del modelo, más que los contenidos específicos que serán explicados más adelante. En todo
caso se señala que éstos han sido elaborados durante un taller específicamente organizado para estos
efectos, lo que significa simplemente que tratándose de un modelo cualitativo el modo más lógico
de operar es el del panel de expertos o método Delphi.
| D | Fuerzas motrices | Vínculo | Alcance | Disponibilidad de información | Magnitud (tendencia) |
| D1 | Cambio de uso del suelo: Conversión bosque nativo | Alto | Regional | Media | Media-baja (decrec.) |
| D2 | Cambio de uso del suelo: Sust. pradera por cultivo | Medio-bajo | Regional | Baja | Baja (crec.) |
| D3 | Ganadería | Alto | Regional | Alta | Alta (crec.) |
| D4 | Uso de fertilizantes N | Alto | Regional | Alta | Media-baja (crec.) |
| D5 | Riego | Medio | Regional | Alta | Baja (crec.) |
| D6 | Uso de lodos | Medio | Regional | No hay | No existe (crec.) |
| P | Presiones | Vínculo | Alcance | Disponibilidad de información | Magnitud |
| P1 | Erosión | Alto | Cuenca | Baja | Alta-media |
| P2 | Deriva de N mineral | Alto | Cuenca | Baja | Desconocida |
| P3 | Deriva de N orgánico (purines, lodos, etc.) | Alto | Cuenca | Media | Desconocida |
| S | Estado | Tendencia (seguridad) | Alcance | Disponibilidad de información | Reversibilidad |
| S1 | Concentración de N en lagos | Creciente (alta) | Lagos | Media-baja | Baja |
| I | Impacto | Vínculo | Importancia potencial | Urgencia | Disponibilidad de información | Mitigabilidad/ abatimiento |
| I1 | Eutrofización (antropogénica) | Alto | Alta | Alta | Media-baja | Baja |
| I2 | Salud humana | Alto | Baja | Baja | Desconocida | Alta |
| R | Respuestas | Vínculo | Experiencia | Resultados | Prioridad | Cuando |
| R1 | Investigar variables DPSI | Vínculo D, P, S e I | Experiencia D, S, I < I | Buenos (salvo cambio uso suelo) | Alta S+I > D > P | Con los impactos (existe desfase entre detección e investigación) |
| R2 | Mejorar prácticas de manejo con incentivos + capacitación | P | Alta | Bueno si existe incentivos + capacitación | Alta | Secundario, cuando existe info. científica sólida |
| R3 | Restricción en el uso del suelo (normativo, sin incendios) | D | En áreas protegidas | Buenos | Baja (gran dificultad) | Cuando existe riesgo de daño de alto valor ecológico |
| R4 | Incentivar cambios de uso del suelo | D | Alta | Buenos | Media | Con documentación |
| R5 | Difusión del problema + educación | DPSI | Alta | Buenos | Alta | Inicio |
| R6 | Restringir prácticas de manejo (normativa, multas) | P | Media (difícil control) | Medio (difícil control) | Media | Cuando existan problemas graves |
En el módulo de Fuerzas Motrices ha interesado valorar el grado de vínculo que la tendencia tiene
con la presión subsecuente. A continuación se ha valorado el alcance espacial de la tendencia, luego
la disponibilidad de información para documentarla y, finalmente, la magnitud que ésta tiene y la
tendencia que presenta. En su conjunto estos cuatro criterios permiten hacerse una idea bastante
acabada del estado de la cuestión relativo a cada una de las tendencias que componen el módulo, no
sólo en términos de su importancia sino también en cuanto al grado de certidumbre que se tiene sobre
su comportamiento y acerca del lugar que ocupa esa tendencia en el modelo explicativo DPSIR. Así,
por ejemplo, la fuerza motriz Cambio de Usos del Suelo está altamente vinculada a las presiones
señaladas en el módulo siguiente, presenta un alcance regional, ya que se trata de un problema
regional de política, la disponibilidad de información es incompleta y la magnitud de la misma es
media- baja con una tendencia decreciente. En el caso del módulo Estado se ha introducido un
criterio de valoración ad-hoc, el de reversibilidad, pues en la decisión parece constituir un
elemento importante el saber si la tendencia de estado es muy reversible o lo es poco. En el caso
del módulo de Impacto los criterios son aún más específicos. La importancia potencial hace
referencia a la probabilidad de que el impacto pueda llegar a ser considerado muy significativo o
menos significativo. Es decir, se trata de cualificar el tipo de problemática ambiental con la que
tiene que ver el sistema. La urgencia hace referencia a la necesidad de actuar con prontitud o no.
Y la mitigabilidad hace relación a la posibilidad de abatir los efectos causados sobre la salud,
los ecosistemas, u cualquier otro elemento del medio. El módulo de respuestas intenta, mediante los
criterios de valoración, cualificar las respuestas de que dispone el sistema hasta el momento. Se
trata, en primer lugar, de saber sobre cuál de los módulos actúa la respuesta. A continuación es
importante saber el grado de experiencia que existe en la aplicación de tales respuestas y los
resultados que han dado. Igualmente es útil para las decisiones posteriores conocer la prioridad
que han tenido tales respuestas en otros contextos. Y finalmente es también necesario o útil saber
cuando se activaron esas respuestas en esos otros contextos.
Este conjunto de valoraciones son el producto en concreto del taller realizado con esta finalidad,
para el cual previamente los asistentes fueron documentados con amplia información disponible sobre
el tema. Es decir, el modelo DPSIR no pretende sustituir la necesaria investigación, y documentación
por la singularidad de cada una de las tendencias que informan el modelo. Ésta continúa siendo una
labor necesaria y útil. Lo que hace el DPSIR es sintetizar un conjunto de información analíticamente
heterogénea e intraducible en un único formato de conocimiento, es decir, en un marco que permite
avanzar un análisis de conjunto con independencia de los formatos de cada uno de esos lenguajes
científicos, de la homogeneidad en el estado de la información, etcétera. Y lo hace de tal forma
que el resultado permita iniciar (gatillar) una toma de decisión con independencia del nivel y tipo
de información disponible sobre el problema de política planteado. Es decir, permite superar la
paralización en la formulación de políticas ambientales que generalmente se deriva de una supuesta
falta de información o de conocimiento. En cualquier estado informacional es factible tomar una
decisión argumentada, y esa es la regla del modelo DPSIR como modelo de conocimiento para la
formulación de políticas. Esta capacidad de agregación de lenguajes es lo que permite al DPSIR
incorporar tanto conocimientos formalizados analíticamente, por medio de teorías científicas, como
valoraciones cualitativas, expresadas en un lenguaje cotidiano, natural. Es decir, el DPSIR es un
modelo de integración de saberes o de conocimientos de distinta naturaleza orientado a la toma de
decisiones de política ambiental, y es esa orientación la que determina la forma en que se integran
esos conocimientos analíticos y no-analíticos preexistentes.
Una vez que se ha consensuado la valoración de todos los elementos que componen el modelo para el
problema de política, es posible realizar una lectura de síntesis de tales valoraciones. A modo de
ejemplo se recoge parte de la que se ha realizado para este caso especifico de la contaminación de
lagos por nitratos. De la lectura del modelo se puede derivar que, actualmente, existe una gran
preocupación por el aumento creciente de la concentración de nitrógeno en los lagos del país debido
al fenómeno de eutrofización que ha comenzado a producirse. La eutrofización tiene una importancia
potencial alta y una baja mitigabilidad, por lo cual se ha conferido a este problema el carácter
de urgente; es decir, requiere soluciones en el corto plazo. A pesar del carácter urgente del
problema, el estado actual en que se encuentra cada uno de los lagos del país está sólo medianamente
documentado, lo cual denota la necesidad de mejorar el nivel de información existente.
Cabe destacar que la concentración de nitrógeno en los lagos es el resultado de diversas emisiones,
tanto puntuales como difusas. Dentro de las emisiones difusas, se encuentran las provenientes de
las actividades silvoagropecuarias y, por lo tanto, éstas son responsables sólo en parte del estado
actual de los lagos. Lamentablemente, con el nivel de información actual, no es posible determinar
en qué medida contribuye al estado final cada uno de los agentes contaminantes. En relación a la
contaminación difusa de origen silvoagropecuario se han identificado con certeza las causas de la
introducción de nitrógeno en los lagos: a través de la erosión y deriva de nitrógeno proveniente
de fertilizantes, purines y materia orgánica: sin embargo, las magnitudes de estos procesos se encuentran mal documentadas. En el caso de la erosión, a
pesar de que no existe información cuantitativa a este respecto,
los expertos coinciden en señalar que su magnitud es media-alta;
en cambio, para el caso de la deriva de nitrógeno mineral y
orgánico, la magnitud es desconocida.
Existen tres fuerzas que tienen un alto vínculo con las presiones
identificadas: la ganadería, la conversión del bosque nativo y
el uso de fertilizantes nitrogenados. La ganadería se asocia con
la deriva de purines, la conversión del bosque nativo con la
erosión y la fertilización nitrogenada con la deriva de nitrógeno
mineral. Aunque las tres fuerzas motrices tienen alcance
regional, solamente la ganadería presenta una magnitud alta,
mientras las otras dos tienen magnitudes relativas medias a
bajas. De estas dos fuerzas motrices, tiene mayor importancia la
fertilización nitrogenada cuya tendencia es creciente, la cual
representa un peligro a futuro. Lo mismo sucede con otras fuerzas
motrices como son el creciente uso del riego y en una menor
medida la posibilidad de uso de lodos de depuradora. Para el caso
de la ganadería se dispone de suficiente información. En cambio,
para el caso de la conversión de bosque nativo la disponibilidad
de información se considera media, basada principalmente en los
incipientes ejercicios de actualización del catastro de bosque
nativo. Afortunadamente, ambas tendencias han sido consideradas
estables o decrecientes. Sin embargo, existen otras fuerzas
motrices que han sido consideradas hoy con una magnitud baja pero
cuya tendencia es creciente, estas son las prácticas de riego,
la fertilización nitrogenada y el uso de lodos, por lo cual se
hace necesario su seguimiento. Afortunadamente, existen algunas
medidas que pueden tomarse para mejorar la situación descrita
anteriormente. La más básica es mejorar las prácticas de manejo,
de manera que sin alterar de forma significativa la actividad
silvoagropecuaria de las cuencas en las que se encuentran los
lagos, se disminuyan las presiones (erosión y deriva). Sin
embargo, para que la adopción por parte de los agricultores de
mejores prácticas de manejo resulte efectiva, la experiencia
internacional indica que es necesario que éstas sean apoyadas con
incentivos. Por otra parte, y de forma simultánea, resulta
necesario conocer mejor la magnitud y los cambios tanto de las
fuerzas motrices como de las presiones, el estado de los lagos
y los daños que se producen, para poder enfocar con mayor
precisión los esfuerzos. Igualmente prioritarias son la educación
y difusión del problema para que la ciudadanía tome conciencia
de la situación y actúe de forma preventiva. Luego existen otras
alternativas, algo más radicales, que implican alterar las
actividades silvoagropecuarias y, por lo tanto, suelen adoptarse
en "segunda vuelta" (si las alternativas mencionadas
anteriormente no fueran suficientes para revertir el proceso de
eutrofización), como son incentivar cambios en el uso del suelo,
regular prácticas de manejo y restringir el uso del suelo.
Como todo análisis que se lleva a cabo a partir de un conjunto
de variables de base éste no es más que uno de los tantos
posibles, pero ilustra bien el uso de los conocimientos provistos
por la tabla de síntesis para enmarcar el problema de política
que interesa. Con diferentes grados de complejidad, el modelo
DPSIR cumple así su función de estructurar el conocimiento de
base para la formulación de la política en cuestión, en este caso
la PACHRA. Al igual que en un modelo convencional de toma de
decisiones, la formulación de políticas está fundamentada en una
secuencia de análisis y diagnóstico de una serie de variables
explicativas del problema a abordar. En este caso el DPSIR
constituye el apoyo cognitivo para la formulación de una política
en contexto de incertidumbre. Y, como se vió, no contiene
únicamente una cuantificación de las variables explicativas del
fenómeno en cuestión sino valoraciones cualitativas sobre el
estado de la información, sobre aspectos de política como son las
respuestas disponibles, etcétera. Constituye entonces la base
para la formulación de la política, para argumentar tanto el
problema como las alternativas que se plantean para abordarlo.
Ahora bien, el DPSIR no produce la política. La política como
decisión estratégica de cómo actuar frente a un problema es una
cuestión de decisión, no de conocimiento. Todos los elementos que
configuran una política, desde sus objetivos a sus actuaciones
más específicas, son el resultado de un proceso decisional que
es el proceso de formulación de política. El modelo DPSIR
alimenta tal proceso de principio a fin en tanto y por cuanto es
la base de conocimiento en la cual se va a fundamentar ese
proceso decisional. Por tanto, ayuda inicialmente a la
formulación de los posibles objetivos de política.
Como ejemplo, de la lectura del DPSIR de contaminación de
nitratos en lagos se podrían derivar los siguientes posibles
objetivos de política:
Como se señaló anteriormente, el modelo DPSIR es un modelo de
conocimiento ad-hoc, y es ad-hoc a la formulación de políticas,
es decir, ajustado a ese contexto específico de toma de
decisiones, y ad-hoc a un problema específico de política.
Constituye la base de conocimiento sobre la cual se puede
formular la política y sobre la base de la cual ésta se debe
revisar. Al ser entonces un producto propio de la política ésta
es la única que puede alimentarlo y mejorarlo; la mejora del
modelo es necesariamente otro objetivo de política. Esto es el
resultado lógico del patrón de conocimiento que propone el DPSIR.
Se dijo que éste no pretende describir el objeto de política
separado del sujeto de política, sino que describe la totalidad
decisional como objeto de política. Es decir, se trata de un
instrumento de conocimiento para la acción, para la decisión.
Entonces, resulta lógico que esa acción que es la política,
alimente, construya y perfeccione ese instrumento que le permite
el actuar, existir.
Al inicio de este capítulo se planteaba la pregunta acerca de la
lógica que pretendía representar el modelo DPSIR cuando era
utilizado para otorgar una inteligibilidad determinada a la
información agrupada en indicadores ambientales. Sin embargo,
no se planteó la pregunta de por qué el propio modelo DPSIR
constituía un marco adecuado para hacer esto, y qué lo hacía más
apropiado que cualquier otro. Esto remite necesariamente a la
pregunta acerca del ámbito conceptual en el cual se debe dar tal
discusión. En la literatura sobre indicadores ambientales se han
explorado diversas aproximaciones al modo en el cual se debe
estructurar la información. Además del modelo PSR, que derivó
luego en el DPSIR, se han utilizado, por ejemplo, modelos
ecológicos que tienen como núcleo estructurador de la exposición
de la información los diversos ecosistemas de los cuales los
indicadores dan cuenta. Así, un determinado territorio, un país,
se divide en un número exhaustivo y excluyente de ecosistemas,
urbanos, forestales, hídricos, etcétera. Para cada ecosistema se
escoge un número determinado de indicadores que dan cuenta de
ciertos aspectos, entre los cuales uno evidente es el estado del
ecosistema, pero también pueden incluirse indicadores que den
cuenta de las presiones sobre el mismo, etcétera. Así, se pueden
identificar otros modelos distintos. Todos ellos tienen la
característica común de constituir un marco de representación
unificador de una información que de por sí es heterogénea, tanto
en su naturaleza como en su forma. Cada uno de ellos ha sido
diseñado con objetivos prácticos distintos, y esto los
diferencia. Los acentos en cada uno dependen en definitiva del
uso que se desee otorgar a tales indicadores. Rara vez se ha
puesto el acento en esto último, como si la determinación del
modelo o sistema de indicadores no estuviese cargada de
connotaciones cognitivas. El modelo DPSIR ha surgido en un marco
de formulación de política y, frente al resto de modelos, tiene
la particularidad de pretender representar el problema total de
política al que se enfrenta la formulación de la política
ambiental. Los modelos ecológicos persiguen una representación
heterodoxa del objeto de política en un esquema decisional que
se ajusta más al modelo: sujeto de política-objeto de política.
Y dado que esa separación no resulta muy exitosa su utilización
es más limitada.
Ahora bien, la representación de la totalidad del problema de
política tal cual lo hace el DPSIR no es única. Es perfectamente
factible pensar en otra. No se trata de una representación
lógico-determinista. Se trata de una construcción llevada a cabo
por el sujeto de política. En este sentido es una construcción
social, no es una construcción teórico-lógica. Es lógica, pero
no es teórica. No está dada, no es "objetiva", porque es
construida pero no es artificial, y no es "subjetiva" porque nace
para articularse con complejo sistema de formulación de políticas
ambientales. Como tal responde a ese sistema, y eso es lo que la
hace genuina.
EL modelo DPSIR como modelo sistémico de representación del
problema de política ambiental puede cambiar, y probablemente
cambiará acorde a cómo los sujetos de tal política vayan
percibiendo cómo está estructurado su problema de política en
cada momento. Esto explica el tránsito del modelo PSR al modelo
DPSIR.
Los contextos de incertidumbre, tan frecuentes en el ámbito de
la política ambiental requieren instrumentos propios para abordar
la formulación de políticas. En este texto se ha intentado
explicar cómo se ha abordado esto en el caso de una política muy
específica , la PACHRA, en Chile. Estos instrumentos
metodológicos presentan características singulares respecto de
aquéllos en los cuales, tradicionalmente, se ha apoyado la
formulación de políticas públicas. La hipótesis implícita que se
ha manejado aquí es que no basta con que en el transcurso de la
política ambiental se ofrezcan instrumentos nuevos, como de forma
natural ha surgido el modelo DPSIR. Es necesario reflexionar
acerca de su contenido, acerca de la propuesta de fondo que
dichos instrumentos suponen. Lo que se ha querido poner de
manifiesto en este documento es que la potencialidad de estos
nuevos instrumentos de conocimiento que surgen al calor de las
necesidades de política pública, es extraordinaria si se les
analiza con el detenimiento necesario y desde la perspectiva
adecuada. Pero también quiere señalar que están proponiendo de
forma práctica una nueva forma de conocer, en realidad un nuevo
conocer que se adapta a unos contextos cognitivos nuevos para la
sociedad, y para el hacer público. Y que esa nueva forma de
conocer, ese nuevo conocer que proponen, puede iluminar la
solución a gran parte de los problemas teóricos asociados al tema
de la incertidumbre que están hoy en el centro de muchos debates
teóricos.
Pero, para aceptar esto último, es necesario no sólo aceptar la
utilidad y novedad de estos modelos de conocimiento, sino además
aceptar las consecuencias que de ese conocimiento se derivan para
la acción. El modelo de conocimiento que convencionalmente ha
fundamentado la formulación de políticas es el
lógico-analítico-determinista. Es un modelo, como se ha dicho,
basado en la separación sujeto-objeto, y un modelo orientado a
la manipulación del objeto por el sujeto, de adecuación de ése
a los fines de éste. Es un modelo de una acción de manipulación
basado en la certidumbre. Esta aproximación ha otorgado un alto
grado de comodidad a la intervención pública, de seguridad y de
argumentos. Y en tanto sea posible aplicarlo puede ser
recomendable hacerlo. Sin embargo, cuando se adopta un modelo
sistémico, como el DPSIR, que no se fundamenta en tal separación
y que no se basa en una adecuación de la acción a objetivos y
fines, entonces, la naturaleza de la acción es otra. La
naturaleza de la acción es fundamentalmente de adaptación, de
recursión de un sistema frente a las variaciones de unas señales
que emite su entorno. No estamos frente a una acción manipuladora
y, por lo tanto, los éxitos del modelo no se pueden medir por el
logro de unos objetivos, o producciones singulares, como se mide
la política de carreteras por el número de kilómetros
construidos. El éxito del modelo se mide por su capacidad
creciente para dar cuenta socialmente del problema de política
y para, a partir de él, desatar un proceso decisional,
institucional. No se trata de modelos para producir, sino para
convivir. No obstante, esto no está siempre tan claro. La propia
historia de la utilización inicial del modelo PSR ilustra esto.
Inicialmente este modelo fue desarrollado por Frien y Rapport en
el marco de un estudio sobre sistemas lacustres cuya metodología
estaba basada en teoría de sistemas. Dada su aplicabilidad al
tema de los indicadores, la OCDE lo asumió como su marco para la
presentación de la información contenida en indicadores
ambientales.
A partir de entonces, en todas las publicaciones en que se ha
utilizado este modelo a partir de allí se ha querido creer que
el modelo PSR, y luego el DPSIR, dan cuenta de una cadena causal
que va de las fuerzas motrices a las respuestas sociales. Con
esto han querido decir que tales modelos dan cuenta de una
causalidad, y que como tales son útiles para una formulación de
políticas deterministas. Lo que se ha obviado es que si bien las
PSR dan cuenta de una causalidad, en el modelo de
Frien y
Rapport
ésta es una causalidad sistémica. Y la gran diferencia entre una
causalidad sistémica y una determinista es que la una da lugar
a plantearse una acción orientada a objetivos y la otra no. Es
decir, la política ambiental ha introducido por la puerta trasera
un modelo cognitivo que no da lugar a una acción pública basada
en la certidumbre, queriendo creer que el modelo sí da lugar a
un acción cierta, medible en términos de éxitos precisos y
cuantificables. Éste quizás sea el dilema más significativo a que
se enfrente la política ambiental actual. El dilema de tener que
concebir a su propia acción pública como producción/manipulación
o como adaptación/reacción, el dilema de saber si es preciso
producir naturaleza o adaptarse a la naturaleza.
European Environment Agency (1998) Europe's Environment: The
Second Assesment (Office for official publication of the
European Communities. Luxembourg)
Organisation for the Economic Co-operation and Development
(1994) Environmental Indicators (OECD, Paris)
Fecha de referencia: 02-06-2001
| Boletín CF+S > 16 -- Para tomar ejemplo > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n16/arjil.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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