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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X


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Los países del Este, un bocado apetitoso que se le puede atragantar a la UE


Por otra parte, en los países del Este el entusiasmo por la incorporación a la UE está bajando también sensiblemente en los últimos tiempos, azuzado asimismo por el retraso en cuanto a su integración (que se les prometió para el 2000). Las políticas de ajuste estructural del FMI, para el pago de la deuda y la transición al libre mercado y las duras condiciones que tienen que cumplir para adaptar sus economías al llamado «acervo comunitario», presiones que operan en la misma dirección, están en el origen del descenso de su fe «europeísta» y en la economía de mercado. Antes de incorporarse a la UE los países aspirantes tienen que incorporar a su marco legislativo más de 20.000 directivas y regulaciones, sin que se les permita modificar ni una coma. Deberán aceptar además lo ya decidido en Niza, más lo que se apruebe en el llamado Tratado del 2004, que los reduce a la categoría de países claramente periféricos, sin ningún peso en la conducción de la futura UE. Deberán aprobar también la desaparición de sus monedas y aceptar la dictadura monetaria del BCE, cuyas políticas se adaptan a las necesidades de Alemania (y de la antigua área del marco) y, en menor medida, de Francia. De hecho, se convertirán en «colonias» de los intereses europeos occidentales, debiendo abrir a la dinámica del mercado la propiedad de la tierra y de sus principales recursos productivos y naturales. Y deberán cooperar también en establecer fronteras impermeables con Rusia, Bielorrusia y Ucrania, con las que se han interrelacionado durante siglos. Un nuevo «telón de acero», en este caso levantado por la Europa occidental, en nombre del libre mercado. Es pues una servidumbre política y económica mayor que la que tuvieron con la URSS. La URSS, p.e., nunca les obligó a adoptar el rublo [Coughlan , 2000].

En este amplio espacio, duramente afectado por la transición económica liberal y por la aproximación a la UE, las dos caras de una misma moneda, se advierte ya una aguda crisis de sus instituciones políticas. Las sociedades del Este acuden poco, o muy poco, a las urnas (p.e., 47,6% en Polonia, 50% en Hungría), desconfían de los partidos (un 65% como media no les tiene ningún aprecio) y poseen unos sindicatos enormemente débiles [Gallego-Díaz , 2000]. Y eso que tan sólo llevan una década de democracia formal. Esta situación de crisis de legitimidad de los Estados se agudizará muy probablemente en el proceso de incorporación a la UE y una vez dentro de ella. No sólo por lo ya expresado, sino porque el impacto de la entrada en el mercado único y en el euro, será muy fuerte. La diferencia de productividad entre el Este y el Oeste de Europa es muy importante, probablemente de uno a tres, al igual que lo era entre Alemania Occidental y Oriental. Ello hará que cuando se vean obligadas a competir sus empresas, en igualdad de condiciones, con las occidentales, éstas no puedan aguantar y se incremente sustancialmente el paro. Como ocurrió en Alemania Oriental, donde el nivel de paro hoy en día es el doble que en la parte Occidental. Ello se agravará aún más por el hecho de que estas sociedades tienen un fuerte componente agrario (el 22% de población activa agraria de media, frente a menos del 5% en la UE) y el impacto de la PAC será traumático, provocando una brusca reducción de su población agrícola [Fdez Durán , 2000:b]. Ambos fenómenos harán que suba el paro de forma muy intensa, por lo que se prevé un espoleamiento de las corrientes migratorias Este-Oeste ya hoy en día muy importantes.

Es por eso por lo que Alemania ya ha planteado que los trabajadores del Este tarden más de siete años -a partir de la integración- en disfrutar de la libre circulación. Propuesta que ya ha sido rechazada de plano por Polonia. Esta exclusión del espacio Schengen será otro elemento adicional de frustración para sus poblaciones. Además, se les está exigiendo a esos estados que dediquen un esfuerzo económico muy considerable para reforzar sus fronteras orientales, con el fin de prevenir la inmigración exterior y para incrementar fuertemente sus presupuestos militares, sobre todo a aquellos que ya son miembros de la OTAN. Ello hará que no tengan capacidad para hacer frente a la problemática social que se derive de esta situación, generándose una pobreza masiva, mayor que la que ya existe hoy en día. Y no podrán contar, como en el caso de la Alemania del Este, con las transferencias masivas de recursos económicos que en su día arbitró Alemania Occidental, donde a pesar de éstos la brecha económica y social entre el Este y el Oeste se mantiene. Se dibuja, por tanto, un escenario en que las principales fuerzas económicas y financieras de la UE pretenden acceder a los mercados del Este y apropiarse de sus recursos productivos y naturales, desentendiéndose en gran medida de sus consecuencias y haciendo que carguen con la gestión de una ingobernabilidad creciente unos estados de por sí ya muy débiles, altamente endeudados y poco legitimados. La conflictividad, pues, está servida.

En definitiva, el futuro previsible del llamado «proyecto europeo» no aventura a que vayan a ganar sus instituciones en legitimidad, es más, ésta se diluirá aún más tanto en el espacio actual de la UE, como especialmente en el Este, con importantes consecuencias sobre las garantías de gobernabilidad de todo el conjunto en el medio plazo. En el oeste, las tensiones entre países grandes y pequeños, los problemas de representación de los intereses de estos últimos, las propias tensiones en el eje franco-alemán (que se evidencian ahora respecto al tratado de 2004), por el desequilibrio de poder a favor de Alemania, la creación de un centro y una periferia dentro de la propia UE actual, la falta de un imaginario colectivo común europeo, la amenaza que representa la ampliación al Este para los países receptores de fondos comunitarios[1], y en especial la profundización en las políticas neoliberales (sobre las que se incidirá más adelante), harán que se erosione aún más la imagen de las instituciones comunitarias, pues es desde éstas desde donde se impulsan especialmente dichas políticas. Por otro lado, la incorporación de los países del Este, que goza de poco apoyo social en la actual UE, hará difícilmente manejable una Unión con casi el doble número de miembros que en el presente y con unas diferencias sociales, económicas, políticas y culturales aún mayores que los que se dan hoy en día en su seno.

Sobre todo, porque las diferencias entre el núcleo central de la UE, es decir, entre la federación que surja del futuro tratado de 2004 y el resto, especialmente los países del Este y dentro de ellos la segunda tanda de países que se incorporarán (Rumanía, Bulgaria, Eslovaquia, Lituania y Letonia)[2], los de menor renta entre los países del Este, serán de tal calibre, que harán muy difícilmente gestionable y gobernable el conjunto. El secretario general de la CDU alemana, Lammers, lo ha reconocido de forma explícita: «los nuevos socios de la UE serán un riesgo para el proyecto político europeo» [Bonet , 2001]. Lo que incidirá sobre la legitimidad, arraigo y cohesión de una estructura tan compleja, tan heterogénea y tan desequilibrada. Hecho que complicará todavía más la política exterior y de seguridad común. Por mucho que se intente dar una apariencia de normalidad democrática con la ampliación del actual Parlamento Europeo a más de setecientos miembros, para incorporar a una institución ya de por sí mastodóntica, de muy poco peso político-institucional y poco apoyo social, a los representantes de los países que ingresen, que en cualquier caso tendrán una presencia marginal (juntos y mucho más por separado) respecto a los de la actual UE.

Ramón Fernández Durán

Fecha de referencia: 02-06-2001


1: Cuando se produzca la ampliación al Este los principales países receptores, los llamados «países de la cohesión», dejarán de serlo. Primero, porque los Fondos de Cohesión se quieren eliminar para los países que ya están en el euro. Y segundo, porque la ampliación bajará la renta media comunitaria y ello hará que muchas de las regiones objetivo 1, que están en los países de menor renta de la actual UE, no puedan acceder entonces a dichas subvenciones. Y los recortes en la PAC (que implicará la profundización del libre mercado mundial, en el seno de la OMC, en materia agrícola) incidirán en la misma dirección.
2: En la primera tanda probablemente se incorporarían: Polonia, República Checa, Hungría, Estonia, Eslovenia, Chipre y Malta.

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