Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Boletín CF+S > 16 -- Para tomar ejemplo > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n16/arfer.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X


Volver al índice

Las Naciones Unidas, un enfermo en fase terminal


Las NNUU adquieren un gran prestigio internacional tras la segunda guerra mundial, sobre todo de cara al llamado Tercer Mundo, cuando la avalancha de Estados que se crean tras la descolonización de África y gran parte de Asia irrumpe en su seno. Por primera vez en quinientos años la Periferia tenía un peso político propio, que se hacía valer en el seno de la organización al poder controlar, mediante su voto, las resoluciones de la Asamblea General, donde se aplica el principio de «un país, un voto». Sobre todo en los años en que toma cuerpo y se desarrolla el movimiento de «los no alineados» (desde mediados de los cincuenta a finales de los setenta). Era también el escenario del enfrentamiento diplomático y dialéctico entre los dos grandes protagonistas de la Guerra Fría y un importante altavoz de los procesos de liberación nacional, de los pueblos oprimidos y de los derechos humanos en general. Máxime tras la aprobación en su seno de la Declaración Universal sobre Derechos Humanos de 1948, que fue factible por la situación geopolítica de la época, tras el enorme drama humano que supuso la conflagración bélica mundial y las perspectivas de liberación que alumbró su conclusión.

La caída del Muro de Berlín, en 1989, le dotó de un nuevo papel y proyección internacional. En especial, tras el desmoronamiento de la URSS y la Guerra del Golfo (que contó con su apoyo), dentro del Nuevo (des)Orden Mundial que inauguró el padre de «El Elegido». Durante la Guerra Fría los conflictos tenían un carácter eminentemente interestatal y eran gestionados por EEUU y la URSS dentro de sus respectivas áreas de influencia, o bien negociados directamente entre ellas, al margen en general de las NNUU, pues la capacidad de veto de las superpotencias en el Consejo de Seguridad, hacía que éste fuera un órgano en gran medida inoperante durante la época del conflicto entre bloques. En los noventa, pues, en paralelo con la expansión de conflictos intraestatales, característicos de la época de la post-Guerra Fría y del capitalismo global, las NNUU amplían su capacidad de intervención en los conflictos locales y prolifera el despliegue de «cascos azules» en muchas partes del planeta. Al mismo tiempo, los noventa es la década de las grandes cumbres mundiales de las NNUU, que abordan los problemas más candentes del crepúsculo del siglo XX: Medio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992), Derechos Humanos (Viena, 1993), Población y Desarrollo (Cairo, 1994), Desarrollo Social (Copenhague, 1995), Mujer y Desarrollo (Beijing, 1995), Habitat II (Estambul, 1996), Clima (Kyoto, 1997). En todas ellas se promueve una forma de «solventar» los grandes problemas planetarios, dentro del marco de creciente intensificación de los procesos de expansión del capitalismo global, sin poner en ningún caso en cuestión ni sus principios ni sus dinámicas.

Este proceso ya ha dado de sí todo lo que podía y la capacidad de espectáculo de las cumbres mundiales se ha ido esfumando como por ensalmo, tras constatarse que el reparto de la riqueza que origina el «desarrollo» es cada vez más desigual a nivel mundial, que la brecha Centro-Periferia no hace sino acrecentarse, que la situación de la mujer está experimentando una regresión a escala planetaria, que la esperanza de vida disminuye en amplias zonas del planeta por primera vez en la era moderna[1], que los impactos ecológicos del capitalismo global se aceleran, a pesar de que todo se hace en nombre del «desarrollo sostenible», que los derechos humanos son puro papel mojado para la inmensa mayoría de la humanidad, pues éstos son sistemáticamente violados por las políticas del FMI, del BM y de la OMC, aparte de por la inmensa mayoría de los Estados, puesto que los únicos derechos que consagra el actual orden mundial son los derechos (de hierro) del capital y que los procesos de urbanización se disparan, en paralelo con (y a causa de) la globalización económica y financiera, generándose unas metrópolis gigantescas, en pleno proceso de descomposición interna, sobre todo en la Periferia.

Por otro lado, la imagen de las NNUU no ha hecho sino erosionarse (y lo hará aún más en el futuro) a partir de que se haya echado en brazos de las empresas transnacionales para solventar sus problemas financieros. En 1998, en el llamado «Diálogo Empresarial de Ginebra», la Cámara de Comercio Internacional (el principal lobby de presión del gran capital transnacional productivo y financiero especulativo) selló un pacto con Kofi Annan, en el que éste se comprometía a que las NNUU impulsaran el libre comercio mundial y la libre circulación mundial de capitales, a cambio de que los principales poderes económicos mundiales contribuyesen a solventar los problemas financieros de las NNUU (1998). Este acuerdo fue presentado en la cumbre de Davos, del Foro Económico Mundial de ese mismo año y se ha ido traduciendo en diferentes acuerdos de colaboración (partenariado) entre las grandes empresas transnacionales y las NNUU a partir de entonces, con el objetivo también de mejorar la imagen de las grandes corporaciones de cara a la opinión pública mundial. Según reconocen las NNUU (1998): «Las empresas están promoviendo el apoyo a las Naciones Unidas, reconociendo que lo único que se logrará si se menoscaba el papel de la Organización, o si su capacidad de actuar se ve limitada por restricciones presupuestarias, será que el mundo esté menos capacitado para enfrentar eficazmente la internacionalización [...] Las Naciones Unidas están ayudando a llevar al sector privado a la mesa de negociaciones para resolver los problemas mundiales, como socios en lugar de como adversarios»[2]. Éste fue parte del mensaje, con una retórica edulcorante, que Kofi Annan transmitió al mundo en la llamada Cumbre del Milenio de las NNUU, en septiembre de 2000 [Annan , 2000], al tiempo que se desarrollaban movilizaciones contra esta institución por parte de los grupos «antiglobalización».

Esta cumbre abrió aún más el camino para que las NNUU puedan intervenir por razones humanitarias, con la excusa de ayudar a la defensa de los derechos humanos, a pesar de la reticencia mostrada por algunas potencias regionales periféricas (India, Brasil, China...) [El País , 7-9-2000]. Esta «injerencia humanitaria» ha sido promovida en los noventa a partir del llamado «efecto CNN», que servía en exclusiva imágenes escalofriantes de conflictos locales, sin analizar sus causas y la responsabilidad en la instigación de los mismos de las dinámicas del capitalismo global, previas a la decisión de intervención en dichas zonas por parte de las NNUU. Estas intervenciones se deciden en el Consejo de Seguridad, donde el peso de los Estados occidentales (y en concreto de EEUU) es determinante. Mientras tanto, la reforma de las NNUU ha quedado pospuesta, ante la reticencia de ampliar los miembros del Consejo de Seguridad[3], dar aún más poder a éste órgano y marginar todavía más el peso de la Asamblea General. En un momento, además, en que el llamado Tercer Mundo ha perdido peso político propio, al haberse evaporado su «unidad» y quedar integrados, de forma individual y absolutamente dependiente, dentro del capitalismo global. No hay consenso todavía para estas reformas que se consideran (o consideraban, hasta hace poco) «necesarias». Por otro lado, la intervención de la OTAN en la ex-Yugoslavia, al margen de la legalidad internacional y saltando por encima de las NNUU, ha certificado el segundo plano en que las potencias occidentales y en concreto EEUU, quieren colocar a dicha institución. Lo que ha sido un anticipo de la marginación (adicional) a que la quiere someter la nueva presidencia de George Bush. La no firma del Tratado sobre el Tribunal Penal Internacional, por parte del «nuevo» EEUU, es un rasgo más de esta voluntad y una bofetada a los más de 120 países que ya lo han firmado.

Por otra parte, el fracaso de la Cumbre del Clima en La Haya, tras casi diez años de negociaciones, reafirma aún más estas tendencias. A menos de dos años de cumplirse el décimo aniversario de la cumbre de Río, el balance no puede ser más desolador. El Convenio para la Prevención del Cambio Climático, uno de los principales «resultados» de Río, ha entrado en vía muerta. Lo que va a condicionar de forma determinante la cumbre que estaba prevista para celebrar los diez años después de Río. Ningún compromiso concreto de reducción de emisiones para hacer frente a la amenaza (en marcha) del cambio climático, probablemente el mayor problema ambiental que enfrenta el planeta, que está teniendo ya consecuencias sociales devastadoras (Centroamérica, Venezuela, Mozambique, Francia, Bangladesh...). Y las previsiones del último informe de las NNUU son estremecedoras, se prevé que la temperatura del planeta pueda llegar a crecer hasta casi 6 grados en este siglo (cuando en todo el siglo XX tan sólo aumentó 0,6 grados) y que el nivel del mar pueda subir hasta casi un metro, amenazando la existencia de importantes sectores de la población mundial que habitan en las áreas costeras y a sus ricos ecosistemas [IPCC , 2001]. Así pues, ni tan siquiera los más que tímidos compromisos establecidos en Kyoto (reducción del 5,2%, como media, de las emisiones de CO2 por parte de los países del Norte), se han podido concretar. A pesar de que se habían establecido diferentes mecanismos de mercado, que abrían importantes perspectivas de negocio, que podían llegar a permitir que alguno de ellos, en concreto EEUU, pudiera cumplir sus compromisos sin ni tan siquiera tener que adoptar ninguna medida interna de reducción de emisiones[4]. Aun así, EEUU se opuso a firmar el más mínimo acuerdo y la conferencia de La Haya fracasó. Y eso que se suponía que la administración Clinton y en concreto su vicepresidente Gore, era «más sensible» a los problemas ambientales, que el nuevo presidente que ha llegado a la Casa Blanca. Uno de los puntos de conflicto era que se considerasen los llamados sumideros de carbono como una vía de reducción de emisiones; detrás de ello estaban empresas como Monsanto y los lobbies agrícolas estadounidenses, que pretendían obtener importantes beneficios si se consideraban que los terrenos de cultivo pudieran ser considerados como tales [Sinai , 2001].

De cara a la cumbre de La Haya se organizó una coordinación internacional de grupos de distinto tipo: «Rising Tide» (algo así como «Marea Creciente») que denunció la gran hipocresía de lo que allí se negociaba, el papel enmascarador que estaban cumpliendo las NNUU al respecto, la primacía del mercado en cuanto a las falsas soluciones que se planteaban y la necesidad de poner en cuestión el modelo de producción y consumo planetario que promueve el capitalismo global. Esta coalición de organizaciones abogaba por unas reducciones drásticas de las emisiones (entre el 60% y el 90% para los países del Norte, los principales responsables del cambio climático en marcha), el rechazo al llamado comercio de emisiones («no a la privatización del aire») y a la promoción de la energía nuclear (que no emite CO2), los mismos derechos de emisión per capita para todo el mundo, el apoyo a la avalancha de refugiados ambientales (decenas de millones se esperan)[5] que se producirá en las próximas décadas por la alteración del clima y el fin de nuevas prospecciones y explotaciones de combustibles fósiles. La única forma válida de proceder si se quieren reducir las emisiones de CO2 a la atmósfera, pues (la vida humana sobre) el planeta no se puede permitir seguir quemando nuevas reservas de combustibles fósiles. Recientemente se ha consolidado una amplia coalición de grupos a escala internacional, que exige que el Banco Mundial deje de financiar nuevas prospecciones y explotaciones de combustibles fósiles, que además amenazan los hábitats de muchas comunidades indígenas en todo el mundo y su propia supervivencia.

En cuanto al Convenio de Biodiversidad, otro de los «resultados» de Río, el tiempo y las negociaciones han confirmado los temores que se suscitaban desde un principio. Esto es, que lo que se pretendía era establecer las condiciones para que las grandes empresas - químico-farmacéuticas y de biotecnología- del Norte pudieran acceder a los santuarios del Sur donde se alberga la biodiversidad (el Norte hace tiempo que la arrasó), con el fin de apropiarse de su riqueza genética (biopiratería), patentar los productos elaborados a partir de ella y venderlos al conjunto del mundo amasando enormes beneficios; lo que ahora se denomina el «oro verde». A pesar de ello, las negociaciones también están en un cierto punto muerto, pues los grandes consorcios occidentales esperan que se llegue a aprobar la llamada Ronda del Milenio de la OMC, al margen de la complejidad de las negociaciones que implican la elaboración de convenios dentro del entramado de las NNUU, para acceder a esta riqueza sin necesidad de contraprestaciones y controles. EEUU es también uno de los actores que más problemas ha puesto a la firma del Convenio de Biodiversidad.

Respecto al capítulo de la lucha contra la deforestación mundial, el tercer de los elementos que se debatió en Río, que ni siquiera vió la luz verde en su día para que se iniciasen las negociaciones sobre un convenio al respecto, la situación no puede ser más desesperanzadora. Ya en Río, los países con selvas tropicales se negaron --en connivencia con la gran industria maderera-- a que estos bosques fueran considerados recursos del mundo, utilizando la demagogia barata de la soberanía sobre sus recursos y plantearon -en este caso con toda la razón- que por qué no considerar de esta forma también el petróleo. Hoy en día el ritmo de deforestación no sólo no se ha frenado, sino que se ha acelerado, lo que probablemente agudizará el cambio climático en marcha [Brown , 2000]. Además, el llamado «acuerdo maderero» (Logging Agreement) que se contempla dentro de las negociaciones de la OMC, significará la desrregulación de la débil normativa ambiental que algunos países habían erigido para llevar a cabo la explotación maderera con unos criterios más respetuosos con el entorno ecológico. Su objetivo es facilitar el libre comercio mundial en este ámbito, lo que intensificará la destrucción de los bosques (sobre todo vírgenes) a escala mundial. Ello implicará que se hagan realidad, o que empeoren todavía más, las previsiones que ya se manejan hoy en día: «En el año 2010 la cubierta forestal del mundo habrá disminuido en más de un 40% en relación con 1990» [Ramonet , 1998] y tan sólo el 5% del bosque tropical sobrevivirá a mediados del siglo XXI [Raven , 1999].

Por otra parte y sin querer abordar el conjunto de la problemática ambiental mundial, cabe resaltar el impacto que tendrá la expansión de la ingeniería genética y los alimentos transgénicos. En un momento en que la crisis de la llamada Revolución Verde y sus impactos ecológicos (contaminación, pérdida de biodiversidad, agotamiento de recursos hídricos...) son ya patentes a escala planetaria[6], la agricultura transgénica va a significar una intensificación sin precedentes de estos problemas, pues los transgénicos son, por así decir, los más modernos agroquímicos. Plantas transgénicas, sobre todo resistentes a herbicidas de la misma empresa (Monsanto, p.e.) y en segundo lugar resistentes a insecticidas, o las dos cosas a la vez. Se generará, pues, un nuevo paisaje, una especie de «campo asfaltado». Es decir: «Un vasto terreno repleto de cosechas transgénicas capaces de soportar los pesticidas y herbicidas más poderosos. A su alrededor, sin embargo, no habría nada más. Pájaros, insectos y hasta la más humilde mala hierba (tal y como se conocen) habrían desaparecido víctima de unos productos químicos que acaban con todo excepto con la cosecha misma» [El País , 19-2-1999]. Aunque muchos de ellos mutarán y se harán resistentes, si bien «la contaminación genética es infinitamente peor que cualquier contaminación química («tradicional»), porque está viva y prolifera» [Sampedro , 2000].

«El coste de las semillas patentadas y las características de los cultivos transgénicos, ventajosas para las grandes explotaciones muy mecanizadas, aumentará la marginación de los pequeños productores y productoras en el suministro de alimentos, poniendo en peligro el medio de subsistencia de cerca de la mitad de la población mundial que todavía vive de la agricultura y agravando el problema de acceso a los alimentos para los más pobres, en particular las mujeres [...]. Uno de los rasgos definitorios de la vida: la capacidad de reproducirse, de regalarse y desparramarse por el mundo, pasa a ser controlado por las transnacionales y manipulado a su antojo en los laboratorios [...]. La era de la ingeniería genética que hoy se quiere imponer es una nueva etapa, la culminación de un proceso de reducción y apropiación (la «última frontera», como se le ha denominado). Por un lado, por su pretensión de reducir los seres vivos a meros agregados de información genética, susceptible de manipulación y "perfeccionamiento". Por otro, por introducir en el mercado las propias bases de la vida, reduciendo la diversidad de la Naturaleza a "recursos genéticos" apropiables, comprables y vendibles» [Bermejo , 1999]. Monsanto hace firmar en los contratos con los agricultores que éstos no utilizarán las semillas en una próxima cosecha.

Las corporaciones que operan en este terreno (agroquímicas, alimentarias, de salud..., en proceso acelerado de fusión) han pasado recientemente a denominarse «industrias (o ciencias) de la vida», cuando en realidad no son otra cosa sino «empresas de la muerte» [Hathaway , 2001]. El desarrollo de su actividad «puede provocar la [intensificación de la] desaparición [y alteración] de especies de flora y fauna nativas, originando una grave erosión [y deterioro] de la diversidad biológica [...], convirtiendo a la población mundial en cobayas humanos[7] y a nuestra insustituible biosfera en un laboratorio de alto riesgo» [Álvaro , 1999]. Todo ello hará que se confirmen y se agraven (por el efecto «Frankestein» que se ha puesto ya en marcha), los peores pronósticos en cuanto a pérdida y alteración de biodiversidad. De acuerdo con el actual ritmo de desaparición de especies, de aquí al final del siglo XXI habrán desaparecido dos tercios de la biodiversidad del planeta. Es decir, la mayor destrucción de especies desde la desaparición de los dinosaurios, hace ahora 65 millones de años, probablemente por el impacto de un enorme meteorito proveniente del espacio exterior [Raven , 1999]. En este caso, es el capitalismo global el que tiene el mismo efecto.

Por último, tal y como apunta el informe mencionado de la CIA, el agua se convertirá en un bien escaso para la mitad de la humanidad en el 2015, con una población mundial de 7500 millones de personas para entonces, lo que generará importantes conflictos sociales y político-militares en múltiples lugares del globo, entre otras zonas, en el área de Oriente Próximo [Retuerto , 2000]. Las NNUU, junto con el BM, están contribuyendo decisivamente a propiciar el mensaje de que la introducción de este recurso público básico para la vida dentro de la lógica del mercado (a través de la privatización y mercantilización del agua y de su tarificación «adecuada») ayudará a conservar los recursos hídricos. Este fue el discurso que impulsaron estas instituciones en la cumbre mundial sobre el agua que organizaron en marzo de 2000 en La Haya. Y uno de los principales objetivos que pretende afianzar la OMC, con la Ronda del Milenio, en este campo, donde se auguran importantes perspectivas de acumulación y beneficio, pues no en vano el agua ha sido bautizada recientemente como el nuevo «oro azul» [Barlow 1999].

En definitiva, tanto la Ronda Uruguay del GATT-OMC, como la futura Ronda del Milenio, lo que está significando ya y va a acentuar en el futuro, es el desmantelamiento de las pocas restricciones ambientales que a duras penas se habían logrado levantar en los últimos treinta años. De hecho, se están poniendo en cuestión los llamados acuerdos multilaterales medioambientales (sobre la destrucción de la capa de ozono, el comercio de especies protegidas, el comercio de recursos peligrosos...) que con tanto esfuerzo se habían logrado aprobar también dentro del marco de las NNUU. Las NNUU van a llegar, pues, con las manos completamente vacías al «Río más 10», es decir, con nada que celebrar y mucho que deplorar (incluida su propia actuación) y probablemente con una OMC aún más poderosa que ahora, si se aprueba la Ronda del Milenio, que arrasará con los ya de por sí débiles diques de regulación ambiental, que se habían conseguido levantar ante la lógica depredadora del capitalismo global. Todo ello derivará no sólo en una quiebra de la imagen de las NNUU para hacer frente a la crisis ecológica global, sino también en una deslegitimación adicional de los Estados, en este caso por su incapacidad para hacer frente a los impactos ecológicos en ascenso, como está demostrando en la actualidad la explosión de la crisis de las llamadas «vacas locas» a escala europea.

Ramón Fernández Durán

Fecha de referencia: 02-06-2001


1: En el África Subsahariana y en los países del Este, lo que afecta a más de mil millones de personas.
2: Y "hasta los bancos con alcance mundial están ayudando al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo a conceder créditos a los pobres para que pongan en marcha sus propias empresas" [NNUU , 1998].
3: Se había hablado de incorporar como miembros permanentes a Alemania y a Japón, que habían quedado marginados por razones históricas y de ampliar, también con el status de miembros permanentes, a algunas potencias regionales del llamado Tercer Mundo. Se habían mencionado los nombres de Brasil, Nigeria e India, es decir uno por continente. Si bien, estos candidatos suscitaban problemas regionales, p.e., en el caso de Argentina, por su rivalidad con Brasil, o por parte de Pakistan, por sus conflictos con India.
4: Tales como el comercio de «permisos de emisión», el mecanismo de «implementación conjunta» o el llamado de «desarrollo limpio». Se intenta crear un nuevo mercado, el del comercio internacional de los permisos de emisión, que va a posibilitar la creación de nuevos productos financieros y de más volumen de crédito. Y los mecanismos de «implementación conjunta» o de «desarrollo limpio» posibilitarán, entre otras cuestiones, el subvencionar inversiones a la industria nuclear (que no emite CO2) en la Periferia Sur y Este.
5: Se prevén más de 150 millones de refugiados ambientales para el 2050 debido al cambio climático (inundaciones, sequías e incremento del nivel del mar), así como que trescientos millones adicionales pueden llegar a ser afectados por la malaria [R.T. , 2000].
6: Hasta ahora la Revolución Verde ha conseguido una elevada productividad agraria a costa de incrementar el uso de exponencial de agua, combustibles fósiles y fertilizantes químicos y sintéticos (provenientes en gran medida del petróleo) y embarcarse en un círculo vicioso de uso de pesticidas y herbicidas químicos, para el control artificial de las plagas y las malas hierbas. Como consecuencia de ello se ha producido una creciente contaminación de los recursos hídricos, los suelos y el aire, así como una pérdida considerable de biodiversidad, al tiempo que un intenso abandono de la población de las áreas rurales. Ello está derivando también en una pérdida de suelo fértil (erosión, toxicidad de los suelos, salinización...) y un agotamiento de los recursos hídricos de muchas zonas y desde hace años se asiste ya a una pérdida de productividad, requiriéndose cada vez más insumos para conseguir la misma cantidad de producción final; incluidos pesticidas (altamente tóxicos) pues se está perdiendo la guerra contra las plagas, lo que repercute gravemente sobre la salud humana. Asimismo, la Revolución Verde ha conseguido una creciente dependencia del sector agrícola de las grandes empresas mundiales del sector agroalimentario, sin resolver las raíces del incremento del hambre en el mundo, que se ha intensificado en los últimos 50 años. El «Tercer Mundo» se ha convertido en estos años en exportador de alimentos no básicos, mientras que se ve obligado a importar (y a pagar, en divisas fuertes) alimentos básicos del Norte.
7: Es probable que se incremente la población mundial afectada por alergias de todo tipo y cáncer (que se han disparado en el mundo en paralelo con la Revolución Verde), que quede afectada la capacidad reproductiva de la especie humana (y de muchas otras), así como que se den posibles mutaciones genéticas, cuyo efectos más palpables se vislumbrarán en el medio plazo. Esto último es debido a que se introducen caracteres genéticos ajenos por completo a una especie, por ingeniería genética, entre especies que jamás se habrían cruzado en la naturaleza [Altieri , 2001]. Si bien estos riesgos son por ahora difíciles de evaluar.

Boletín CF+S > 16 -- Para tomar ejemplo > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n16/arfer.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
Ciudades para un Futuro más Sostenible
Búsqueda | Buenas Prácticas | Documentos | Boletín CF+S | Novedades | Convocatorias | Sobre la Biblioteca | Buzón/Mailbox
 
Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid Universidad Politécnica de Madrid
Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad
Departamento de Estructuras y Física de la EdificaciónDepartamento de Urbanística y Ordenación del Territorio