Ciudades para un Futuro más Sostenible
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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Simposio «G8 Urbano»: acerca de las transformaciones urbanas


Lucien Kroll.
Padua (Italia), 2 de marzo 2001.

[Disponibles las versiones inglesa y francesa]

Bajo el lema «cambiar el rostro de nuestras ciudades para hacerlas ecológicamente sostenibles» se celebró el llamado Simposio G8 Urbano.

Los promotores de la reunión fueron la Provincia de Padua, la Región del Veneto (asesoría para temas urbanísticos) y el Instituto de Ferias de Padua.

Otros colaboradores fueron el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, en contacto con la secretaría del G8 y los ministerios de los ocho países: ministerios [LLPP], de Medio Ambiente, Industria y Comercio, y las Cámaras de Comercio.

La organización del evento, así como la orientación de sus líneas básicas, se encaragaron a Paola Basso, arquitecta afincada en Padua y asociada con Lucien Kroll, arquitecto con oficina en Bruselas. Ambos son miembros del Istituo Nazionale de Bioarchitettura(INBAR).

Como todo el mundo sabe, el G8[1] se reunió el pasado 2 de marzo de 2001 en la ciudad italiana de Trieste para discutir su forma de gobernar el mundo. Aprovechando esta oportunidad, el adjunto del alcalde para temas urbanísticos, y encargado de organizar la reunión, promovió la celebración de una cita paralela bajo el nombre de «Simposio acerca de las transformaciones urbanas»

De hecho, las discusiones globales en torno a la ausencia de una regulación cívica del comercio mundial encuentran su paralelo en el diseño urbano y arquitectónico: la ciudad. Los organizadores querían recordar, en primer lugar, que los países más ricos del mundo lideran una política tan suicida para los países pobres como para ellos mismos. Por tanto, los líderes más ricos de los países ricos deberían tener mayor interés en escuchar a la sociedad civil tal y como se muestra a sí misma.

La participación de profanos en las decisiones sobre el paisaje urbano evita muchos costes. Todos los medios que contribuyen a la discusión y a la subsidiariedad son siempre positivos para todos los colaboradores. Porque, en realidad, sólo los más poderosos se reconocen unilateralmente a sí mismos como encargados de las responsabilidades mundiales, se hace urgente mostrarles las brillantes e incluso deseables proposiciones de las ONGs.

Los conferenciantes invitados fueron:

UE - Lucien Kroll (Bélgica)
Rusia - Slava Glazichev
EEUU - Amory Lovins
Japón - Tsutomu Shigemura
Canadá - William F. Rees
Francia - Pierre A. Lefèbvre
Reino Unido - Richard Feilden
Italia - Giacomo de Vito





Manifiesto


Reunión del G8
2 de Marzo



Lenta Mutación de la Política de Vivienda


Orígenes: el movimiento moderno.

El movimiento moderno se ha gestado a partir de ideas voluntaristas plasmadas en deseos de abstracción, de novedad, de racionalidad, de artificialidad, de orden visual, de atractivo técnico, de fascinación ante la renovación humana, de fe en la ciencia y su brutalidad, de militarismo arquitectónico, de trabajos definitivos, de objetos de la mayor escala posible y por encima de todo de una centralización de la autoridad confiada a los políticos, gobernantes y técnicos. Ellos se han propuesto imponer la felicidad al pueblo, reduciendo al silencio a aquellos que durante miles de años han estado acostumbrados a decidir por sí mismos su propio paisaje.

El movimiento moderno representa el rechazo de la tradición, de las emociones, del caos y el desorden, de la irracionalidad, del sentimentalismo, del subconsciente y del inconsciente, de la oscuridad de la Edad Media, de la inadmitida influencia del cuerpo humano sobre el entorno, de la confianza en las decisiones hechas por grupos de profanos, de la capacidad de la silenciosa autogestión, etc.

La actitud contemporánea.

Sin embargo la actitud contemporánea nos reconcilia con lo anterior. Esta actitud no expresa lo racional sino la relación a través del pensamiento inteligente y las emociones del corazón, la salvaguarda de la cultura étnica, el amor por la inteligencia creativa de la Edad Media, las acciones homeopáticas, la visión holística de la realidad, la evolución, la pequeña escala de intervención, la curiosidad por la cultura étnica más que por la cultura técnica, la actitud anti-autoritaria, la necesidad urgente de ayudar a nuestros actuales responsables políticos a comprender la época histórica que estamos viviendo.

La subsidiariedad de decisiones.

En términos de planeamiento del paisaje residencial, hay dos modos de actuación diametralmente opuestos. En el primero, una acción centralizada decide desde arriba hacia abajo: los detalles más concretos deben obedecer a lo más general. Se ha creado a imagen de la realeza, inspirado en el sufragio universal del siglo XIX y fundado en la tecnocracia y la actual globalización financiera.

La tendencia presente se dirige más hacia una actitud ramificada: la de la subsidiariedad. El mundo habló mucho acerca de la subsidiariedad con el fin de imponer el tratado de Maastricht pero dejó de hacerlo al conseguirlo. Con ésta, los detalles se aglomeran espontáneamente en grupos que se encuentran entonces unidos por entidades más sustanciales y se convierten con éxito en parte de decisiones de gran escala, dependiendo del peso de los asuntos. Este sistema es comparable a la organización psicológica de grupos.

Esta segunda actitud representa la oposición más radical a la primera e, inevitablemente, produce una imagen absolutamente inversa. Así es como el futuro requerirá que todos los líderes asuman el papel del atento sirviente más que aquél del amo sordo y brutal.

La subsidiariedad de composición.

Un nuevo diseño de áreas residenciales debe preocuparse de una imagen fiel a su sistema de decisiones: una decisión centralizada produce una imagen autoritaria y homogénea, cada detalle obedece a la disciplina del conjunto.

Una decisión que derive hacia la subsidiariedad ofrecerá una imagen compleja que refleja la heterogeneidad, el evolucionismo y la cooperación de las sucesivas escalas de planeamiento.

De este modo parece evidente que mientras la arquitectura obedezca las reglas de la homogeneidad y la repetición de elementos idénticos, la disciplina de los materiales, la simetría, su propio auto-infligido carácter inflexible e inmutable y las tres unidades del drama (acción, tiempo y lugar), continuará siendo militarista y no será capaz de expresar los valores de una sociedad compleja, creativa, dinámica y democrática. No puede ser, por definición, nada más que un régimen totalitario, ésta es la situación que caracteriza nuestra época.

Los motivos de esta situación.

El arquitecto por sí mismo no es capaz de abandonar su concepción pre-formada de la cultura, creada por imágenes mentales autoritarias y pesadas: él debe interiorizar el "desorden" de la gente que utiliza sus creaciones. Esto sólo puede alcanzarse a través de una cálida participación en la comunidad (incluso con un grupo muy pequeño), a través del estudio objetivo de la complejidad de los usuarios (alimentado de respeto étnico) y prestando atención a los ciudadanos reales y no a la abstracción que el arquitecto quisiera que fueran (como siempre ocurre), lo cual evitaría la reducción de la gente a un parámetro insignificante. Igualmente existe la posibilidad de que el mismo arquitecto se transforme en un pluralista a través de una empatía que adivina formas compatibles con lo que se produciría a partir de las acciones espontáneas de los ciudadanos.

Los paralelismos resultantes.

En el caso del desarrollo del paisaje residencial, las acciones y declaraciones (siempre tan expresivas) impiden la participación colectiva. Sólo una actitud paciente (incluso si persigue resultados revolucionarios) puede alcanzar, lentamente, su objetivo, evitando olvidar o debilitar la oposición de base a cualquier proceso autoritario.

Esta evolución puede encontrar su paralelismo en la confrontación Davos/Porto-Alegre: la auténtica diferencia reside en la voluntad de cada agente por ver la estrategia de confrontación como una herramienta para alcanzar un equilibrio ecológico sobre el cual los gestores son a menudo incapaces de decidir o comprender, debido a su temor por inducir a un desorden que no podrán controlar.

Incluso si las razones fundamentales son las mismas, estamos hablando de una ayuda complementaria para la toma de decisiones dada por «ignorantes en el arte de la construcción», en lugar de una crítica destructiva. Por todos los medios, lo que tratamos de describir es un proceso pacífico de eficiencia lenta.

Profetas.

Permítannos exigir la amistosa colaboración de los visionarios: por ejemplo Ecologist, Attac, Monde Diplomatique, Amigos de la Tierra, sindicatos, Greenpeace, Confédérations Paysannes (José Bové), las ONGs de la especialidad, pues es urgente sentir las manifestaciones de la sociedad civil en progreso.

El resultado del reciente paisaje urbano.

La moderna ideología de vivienda ha demostrado sus monstruosos efectos: en todos los países se han implantado «zonificaciones de vivienda prefabricada». Sólo en Europa oriental 170 millones de personas (sobre)viven en 70 millones de unidades de casas prefabricadas. Y todas estas unidades se desmoronan simultáneamente (el Chernobyl de la vivienda social).

Estos hábitats son imperdonables desde cualquier punto de vista: espiritual, cultural, ambiental, técnico, residencial, económico, social, arquitectónico y de la civilización.

Las formas para afrontar este problema son diversas:

Las acciones a poner en marcha.

Reflexión, difusión, estudio de prototipos con el fin de analizarlos y corregirlos; construcción en pequeñas porciones de acuerdo con el contexto, pequeña escala de intervención, participación directa de los habitantes, uso simultáneo de los instrumentos técnicos y organizativos más refinados y actuales. Liberación de la ideología del mercado libre con el fin de permitir los deseos de reconocimiento del «otro», equidad universal "en progreso", ganancias materiales debidas al cese de los conflictos asesinos (los cuales son más caros que la comida).

Si bien es cierto que no existe un estilo de arquitectura o planificación urbana específicamente adecuado a la ecología (los estilos borran lo local) también lo es que algunos estilos son absolutamente incompatibles con ella. Una arquitectura humanizada no puede expresarse en términos de auto-colonización y de consumismo mundial; será más bien a través de un sendero espiritual como logremos encontrar nuevas formas de expresión.

La unanimidad.

El impulso ambiental es siempre contagioso: a menudo ayuda a la cooperación de partes divergentes: se vuelve más generosas. Sabemos esto por experiencia.

Las fatalidades corporativas de la clase ideadora.

Para desarrollar proyectos, arquitectos y urbanistas están obligados a obedecer a sus clientes, públicos o privados; sin ellos, su profesión ni siquiera existiría. Algunos clientes (no demasiados) muestran sus personalidades auténticamente heroicas probando que pueden operar al modo de la auténtica democracia, sin verse restringidos por el siempre tecnocrático mundo de la normativa urbana o de lo privado siempre comercializado.

Algunos experimentos han mostrado «fuera del sistema» las posibilidades de comunidades que siguen una forma de vida específica. Sin embargo, terminan agotados por el apoyo de las instituciones, por peligrosos medios de financiación, por conflictos con administraciones sin confianza en los voluntarios no profesionales, que carecen de cualquier fuerza, y que a menudo frecuentan su "territorio de caza".

En estos casos las almas desilusionadas son arrojadas a pensar sobre el papel, describiendo «lo que podría haberse hecho» e ideando utopías frustradas. ¿Tomar el poder político o convertirse en su adulador? Sin duda, se sentirán utilizadas e inútiles.

La reconciliación.

Aparentemente, el enfoque ecológico es la única vía para reconciliar al habitante con su hábitat: el habitante nunca ha amado la modernidad (incluso ha inventado el kitsch para exorcizarla). Para recuperar la diversidad y la habitabilidad tenemos que volver a «tocar el suelo», permitir la entrada de influencias intuitivas, de-domesticar al hombre de a pie y entonces, junto con ellos, crear una obra de arte plural.

¿Cuál será el resultado? Sólo se generará una subversión estrictamente pacífica, sin violencia pero determinada, sin desviaciones pero inevitable.

Ayudemos con urgencia al G8 a transformarse en un compañero urbano contemporáneo y pacífico.

Fecha de referencia: 02-06-2001


1: El grupo de los siete países más industrializados (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Canadá) más Rusia.

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