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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Boletín CF+S 16. Junio 2001.




E D I T O R I A L




Para tomar ejemplo.







Cartas | En la red | Libros


Comité de Redacción: Carlos Jiménez Romera | Nerea Morán Alonso | Álvaro Sevilla | Mariano Vázquez Espí.



E D I T O R I A L


Mariano Vázquez Espí



...porque hay un número incontable de personas sobre el terreno haciendo un buen trabajo que es necesario de miles de formas diferentes: eso es lo que me mantiene en pie.

Susan George, Anexo al Informe Lugano



¿Y si George W. Bush tuviera razón? Me refiero específicamente a su negativa a ratificar el protocolo de Kioto. A su negativa a intentar detener la tendencia hacia un nuevo (des)orden climático. De hecho, podría tratarse de un adecuado complemento a la paulatina instauración del nuevo orden internacional (denominada de forma políticamente correcta «globalización»).

Dar respuesta a esa pregunta puede entenderse como un sano ejercicio científico: cuando se apuesta por encontrar la solución en una hipótesis, el protocolo de Kioto en este caso, conviene examinar con atención las hipótesis contrarias, aquellas que niegan la hipótesis preferida. Repasemos para ello algunos «datos».

  1. El tercer informe del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) deja lugar a pocas dudas acerca de la influencia humana sobre el clima. Como consecuencia de nuestras actuales y pasadas actividades el clima se deslizará, suave o bruscamente, en busca de una nueva «cuenca» de estabilidad, una nueva organización de los flujos disipativos de la energía solar en la atmósfera y en los océanos.

  2. En el detalle de las consecuencias futuras que acarrearán las actuales tendencias climáticas abundan sobre todo las desventajas para la mayoría de la población humana. Pero, simultáneamente, también hay unas pocas ventajas: entre ellas el aumento de las cosechas en Canadá, EEUU y quizás Suecia y otros países escandinavos.[1]

  3. El «paisaje» de la evolución de los homínidos forma ahora un árbol con muchas más ramas evolutivas que las que se había sospechado en el pasado. (A ello ha contribuido notablemente los restos encontrados en el yacimiento de Atapuerca.) En cada nivel del árbol, todas las ramas, menos una, parecen ser caminos sin «salida»: conducen a la extinción. Aunque nunca vamos a saber a ciencia cierta cómo el homo sapiens ha llegado hasta aquí, la conjetura más probable parte de una «ley» que parece haberse repetido hasta ahora en cada nivel evolutivo del árbol homínido: una nueva variedad homínida, una nueva rama, surge en un lugar concreto, entre otras que ya existen, «parientes» o cercanas a ella; y su «éxito» le permite expansionarse por todo el planeta a la vez que sus parientes más próximos desaparecen. Que esta desaparición se deba al exterminio directo o a un agudo cambio en el «medio» es algo que quizás nunca sabremos; pero en ambos casos probablemente se trata de «algo» que surge a la vez que la nueva variedad. Debe recordarse aquí que el «medio» de una especie (a través del cual opera la «selección natural» de los inadaptados) es el conjunto de seres vivos que compiten con esa especie concreta por el alimento o, en general, por los recursos.

Contemplando desapasionadamente esos tres «datos», no repugna enteramente a la razón la siguiente hipótesis: EEUU, el país que con diferencia más y mejor contribuye a las emisiones responsables del cambio climático, sería uno de sus posibles beneficiarios; por tanto, George W. Bush, como líder de esa nación, lleva toda la razón oponiéndose al protocolo de Kioto y alentando continuar con sus emisiones: simplemente está asegurando la continuidad en el futuro de la estirpe que lidera (cabe pensar que magníficamente asesorado por las distintas instituciones del complejo militar-industrial). Por supuesto, la estirpe de George W. Bush quizá no es el conjunto de sus compatriotas: unas pocas corporaciones multinacionales, cuyos intereses estarían bien defendidos por el primer ejercito del mundo actuando como ejercito imperial, podrían ser el núcleo de una hipotética nueva variedad humana.

A favor de esta hipótesis está el hecho de cómo ha ido variando el «medio» del resto de la especie. La tendencia que se va imponiendo para las personas, las comunidades o las naciones es intentar aumentar la renta monetaria, la capacidad de compra, a cualquier costo (incluyendo jornadas laborables desmesuradas, sin parangón histórico); una «necesidad» espoleada por un previo aumento del deseo de consumo de los objetos más variopintos (muchas veces innecesarios); «deseo» específica y eficazmente promovido por algunas de esas corporaciones multinacionales (Hollywood, Disney,...) con influencia clara en todo el planeta. De este modo, una parte creciente de la población, creyendo dar «satisfacción» a sus «necesidades», entra a participar en el afianzamiento de la espiral de consumo de recursos y de la consiguiente emisión de contaminación que, según la hipótesis que analizamos, sólo puede favorecer a esa hipotética nueva estirpe, a la que esa mayoría de población no pertenece ni va a pertenecer. Vemos pues que una buena parte de la especie humana va poco a poco ayudando a cavar su propia tumba (aunque es el «imperio» el que, como hemos visto, estaría «cargando» con la mayor parte del trabajo). Este mecanismo podría aclarar cómo se produjeron de manera eficiente aquellas otras extinciones en el pasado: las variedades extinguidas ayudaron a su propia extinción, lo que hizo posible el alumbramiento de una nueva especie.

Si bien se mira, y siempre razonando hipotéticamente, la adopción por los líderes de las naciones de menor talla militar de los patrones de «crecimiento», «desarrollo», «trabajo», «competitividad», «democracia representativa», etc, contribuirían a la difusión de esa sensación de «hacer lo debido para merecerlo» del votante/consumidor, una vez que llega a serlo, sensación absolutamente imprescindible para que continúe siéndolo (incluso a pesar de las inequívocas señales que, al respecto, le envíe el ambiente circundante).

Si es que esta hipótesis fuera adecuada, la «oposición» a la nueva estirpe (de ser posible) debería, paradójicamente, tomar buena nota de la «posición» de George W. Bush: lejos de insistir en instrumentos tales como el protocolo de Kioto, los distintos foros internacionales post-Rio, las políticas nacionales, estatales y locales a que dieron lugar, instrumentos todos dedicados a hacer «sostenible» el «desarrollo», el «crecimiento», el «trabajo», etc, la «oposición» debería centrarse en ver como desentenderse de esa tendencia hacia la espiral producción/consumo, sin distraerse con cualquier otra consideración. Es decir, «desconectar» radicalmente su «medio» de la influencia de la nueva estirpe y del «patrón dominante» que difunde. Para esa labor casi no quedaría ya otro medio que «dar ejemplo», habida cuenta de que los medios comunes habrían sido adoptados para la difusión del «patrón dominante». En todo caso, la «oposición» habría de ser al primer ejército del planeta y a sus mejores empresas transnacionales. Difícil.[2]

Tenga o no tenga razón George W. Bush, sea convincente o no esta hipótesis/ficción que hemos analizado hasta aquí, en este boletín hemos dado salida a trabajos y artículos que llegados a nuestra redacción esperaban ver la luz. No se trata, por tanto, de un monográfico a la manera usual del Boletín CF+S: los temas son diversos, como diversas son las aproximaciones a cada tema tratado. En todo caso, creo que puede entreverse un hilo conductor común a todos ellos: las situaciones narradas, los métodos empleados, las maneras de ver, podrían servir para tomar ejemplo (tenga o no razón, insisto una vez más). En este orden, los contenidos de las secciones Cartas, Libros o En la red, contienen también un buen número de ejemplos dignos de consideración.

Fecha de referencia: 01-06-2001


1: No puedo dejar de recordar que Svante Arrhenius, uno de los primeros científicos en cuantificar en el siglo XIX las consecuencias de la explotación mineral del planeta, y cuyos resultados no difieren sustancialmente de los evaluados ahora, se sintió esperanzado por el futuro clima templado de su país, Suecia.
2: Claro que quizás «oponerse» no sea lo más sensato. «Emigrar» a fin de quedar incluido en la nueva estirpe sea lo más razonable. También se me antoja imposible para la mayor parte.

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