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Boletín CF+S > 15 -- Calidad de vida urbana: variedad, cohesión y medio ambiente > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n15/arfer.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X


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Las nuevas estrategias políticas y militares


Es curioso la diversidad de reuniones (Roma, Berlín, París...) que han tenido lugar en el último periodo, por parte de representantes gubernamentales y de partidos de distintos países, no sólo del Norte, sino también del Sur y Este, con el fin de analizar las perspectivas de la gobernabilidad política en la época de la globalización. En esta época caracterizada por el pensamiento único, la ausencia de alternativas y la privatización de la política, se consagra el llamado centrismo. Puesto que no hay alternativa y se niegan las ideologías, todo confluye en el "centro". El "centro" es el rey en la sociedad postpolítica. "El centro se define por ser un espacio vacío en el que las ideologías se neutralizan y desdibujan. El centro es el lugar ideal para pronunciar la disolución de la política. Si no hay nada que decir, sólo cabe administrar. El centro es el territorio sin ideología, el lugar en el que no se es ni de derechas ni de izquierdas, ni demócrata ni antidemócrata. Simplemente, partidario de que el movimiento continúe (...) las cosas andan tan deprisa que no queda margen de tiempo para replanteárselas (...) El centro es la expresión del vaciado del espacio político. El centro es la expresión aséptica de una hegemonía ideológica a la que siempre ha estorbado la política democrática: el liberalismo económico". [Ramoneda , 1999]

La socialdemocracia se ha vuelto a poner al día en este proceso, acuñando un término: la Tercera Vía, que supone su forma de aterrizar en el espacio del centro, para intentar apropiárselo, y continuar gobernando en el mundo del capitalismo global. El Roto, en uno de sus chistes, resumía magistralmente su contenido al señalar que: "Todas las Terceras Vías conducen a Wall Street". La Internacional Socialista en su nuevo documento programático: "Progreso Global" [El País , 9/11/1999], realza los efectos positivos del mercado y la globalización, para señalar a renglón seguido la necesidad de establecer la "primacía de la política", con el fin de corregir sus secuelas perniciosas, y dotar de gobernabilidad y rostro humano a la globalización. La derecha y la "izquierda" confluyen, pues, en el espacio del "centro" (el romance entre Aznar y Blair, es paradigmático), que no es otra cosa sino el gobernar de acuerdo con los intereses y exigencias del capitalismo global, con el apoyo de las clases medias que se benefician de las migajas, y en algunos casos mendrugos, que caen de la mesa de los poderes económicos. La supeditación de la política respecto del poder económico y financiero ya es total en la época de la globalización. Tanto como lo está siendo su financiación. Los partidos están dejando de ser financiados por el Estado y se orientan cada vez más a mantener sus estructuras en base a las aportaciones del capital privado, lo que condiciona, aún más, sus líneas de actuación; sus "militantes", en el caso de la "izquierda", hace tiempo que sólo contribuyen de manera absolutamente marginal a su mantenimiento, caso de hacerlo.

Y ahora es esta "nueva izquierda", paradójicamente, la encargada del desmontaje del Estado del Bienestar que sus antecesores ayudaron a crear. La desaparición del "Estado social" en el Norte, y en especial en Europa occidental, no se produce sin un auge sustancial de autoritarismo. El paso del Estado del Bienestar al Estado Asistencial se está haciendo en la UE con la vista puesta en EEUU (el ejemplo a seguir) y se están empezando a utilizar las disminuidas ayudas sociales para impulsar el trabajo forzado con sueldos de miseria[1]. Al tiempo que se procede al desmontaje de las conquistas laborales (desregulación del mercado laboral) conseguidas tras décadas de lucha de la clase trabajadora y de sus sindicatos. Se pasa, pues, del Welfare al Workfare. Los sindicatos históricos hoy en día ya no tienen otra cosa que vender salvo recortes, y el capital los utiliza, una vez desmantelada su antigua capacidad de antagonismo, para imponer esta amarga medicina a la población asalariada, a cambio de que el Estado les aporte los fondos suficientes para mantener sus burocracias.

La "izquierda" y la derecha también coinciden en su receta de la defensa de "la ley y el orden", en la "tolerancia cero" para la criminalidad, pues saben que hemos pasado, en el Norte, del bienestar a la inseguridad y al miedo. El Estado se refuerza, policial y penalmente, para combatir la ingobernabilidad antagonista y no antagonista (auge de comportamientos desordenados, delictivos, desviados y patológicos). Además, sabe que el mensaje de "ley y orden" se vende bien entre las clases medias, que son su clientela electoral, pues el resto de sectores va dejando progresivamente de votar. Por otro lado, el desarrollo de partidos xenófobos, racistas y neofascistas incide también en un paulatino endurecimiento de las estructuras democráticas. Poco a poco este "fascismo dulce" va avanzando en las sociedades del Centro, y "no se construye contra la democracia como hace (casi setenta) años, sino en nombre de la misma" [Morán , 1995]. Ello le permite al Estado articular, asimismo, con considerable apoyo social, la criminalización de la pobreza, la guerra contra los excluidos, los "sin techo" y los inmigrantes. Que en muchos casos llevan a cabo directamente antimovimientos sociales de extrema derecha con la aquiescencia, o creciente vista gorda, del Estado.

Dentro de este progresivo endurecimiento de los Estados democráticos está la preocupación en ascenso por el auge de la "globalfobia". No en vano los centros de poder económico y financiero están llamando a los Estados (tan denostados por las élites neoliberales) a actuar contra los grupos y organizaciones que ponen en cuestión los procesos de globalización. Y en concreto a poner coto al uso indiscriminado que estas organizaciones están haciendo de Internet para impulsar y difundir sus propuestas. Desde la red Echelon, que han desarrollado los países anglosajones con EEUU a la cabeza, a estructuras y medidas similares que está poniendo en práctica la UE en conjunción con la Europol, pasando por políticas que van aún más allá en el control de la comunicación electrónica, como las que ha decidido implantar recientemente el gobierno Blair.

Pero para que la gestión de la gobernabilidad social sea lo más suave posible, se confía en la capacidad de heterodeterminación de la subjetividad de la Aldea Global. El dominio del imaginario colectivo que inducen los mass media, y la penetración y asunción de los valores dominantes que su actuación conlleva, bajo la hegemonía simbólica de los productos culturales de EEUU, es una máquina potentísima de desmontaje de capacidad antagonista. Hasta se ha conseguido que las masas veneren a los famosos, ricos y poderosos, y se preocupen diariamente por seguir su vida privada. Pero al mismo tiempo también lo es de desintegración social, de alteración del equilibrio personal, de frustración, depresión y vacío existencial, de expansión de actitudes violentas, de guerra cultural contra las Periferias, y las minorías culturales y étnicas, y, en suma, de aceleración de comportamientos desordenados. Lo que obliga al Estado a dedicar cantidades crecientes de recursos para hacer frente a esta ingobernabilidad en ascenso. En un momento, además, en que el Estado pierde base fiscal como resultado de la globalización económica y financiera (paraísos fiscales, reducción de impuestos a las grandes fortunas y empresas...). La reducción del gasto social acaba derivando en un incremento del gasto policial y penal. De cualquier forma, se intenta que este incremento del costo de la gestión de la gobernabilidad entre dentro de la lógica del capital: ampliación de policía privada, creación de cárceles privadas, trabajo forzado dentro de las cárceles para el mercado exterior, etc. Pero, aún así, éste es un costo que acaba repercutiendo sobre el funcionamiento del sistema en su conjunto.

Y si esta es la situación en los Estados del Centro, el panorama se ensombrece aún mucho más cuando se analiza la realidad a la que tienen que hacer frente los Estados de la Periferia. La progresiva desaparición de sus escuálidas clases medias, la polarización social extrema, la práctica ausencia de mecanismos asistenciales o redistributivos, su abultadísimo endeudamiento y la debilidad de sus monedas (y en muchos casos la dolarización de sus economías), la proliferación de la exclusión social a todos los niveles, su precaria legitimidad debido a su reciente creación sobre realidades "atrasadas" y en muchos casos enormemente fragmentadas (tribales, étnicas, religiosas, culturales...) y poco cohesionadas, etc, hacen que su funcionamiento sea, en general, seriamente cuestionado. En ocasiones, las tensiones y conflictos internos a los que tienen que hacer frente, máxime en el contexto de crisis financieras en ascenso del capitalismo global están derivando en una verdadera quiebra de sus estructuras estatales y por supuesto de sus entramados de democracia formal de baja intensidad.

No es de extrañar que ello ocurra, pues en el mundo occidental el Estado-nación necesitó de varios siglos de transformaciones para legitimarse, a pesar de beneficiarse de su condición de estructura estatal de espacios centrales de la Economía Mundo capitalista. Ésta indudablemente no es la situación de los Estados de la Periferias. Máxime en el caso de los Estados-nación de la Periferia Sur que en muchos casos tan sólo tienen unas décadas de existencia. Ni de los del Este, donde la quiebra del "socialismo real", y la transición a la economía de mercado, les ha llevado a la bancarrota. El desorden y la ingobernabilidad (antagonista y no antagonista) adquieren, pues, niveles sustancialmente superiores en las Periferias Sur y Este que en los espacios centrales. Y ello explica, junto con la confrontación en ascenso entre los intereses del Centro y los de las Periferias, el diseño y plasmación de las nuevas estrategias militares a escala planetaria.

Así, los dos principales bloques del Centro, el espacio norteamericano (EEUU y Canadá) más el espacio europeo occidental (la UE y su área de influencia) han consolidado una nueva estructura y estrategia de la OTAN, bajo un firme y reforzado liderazgo estadounidense, para defender sus intereses e intervenir en el mundo del capitalismo global y de la post-guerra fría[2]. Volviendo a incrementar sus presupuestos militares, que bajaron en los años posteriores a la caída del Muro de Berlín. No hay que olvidar que en este amplio espacio geográfico se ubica el grueso del poder económico transnacional y financiero, cuyos agentes son los que más se benefician de los procesos de globalización en marcha, destacando en este sentido especialmente EEUU. Además, poseen las dos principales monedas del planeta "el dólar y el euro", y una gran parte de sus poblaciones disfrutan de un nivel de consumo que sería impensable sin una tremenda aportación de recursos de todo tipo del resto del mundo. Estos dos bloques, y muy en concreto EEUU, son los que han salido más favorecidos de las crisis financieras de la segunda mitad de los noventa, pues aparte de la expansión de sus mercados financieros (los flujos de capital se han refugiado en este espacio, "huida hacia la calidad", provocando una fuerte alza de sus bolsas), la quiebra y devaluación de las monedas periféricas les ha concedido una reforzada capacidad de compra sobre el resto del planeta (un doble "efecto riqueza"). Sobre todo a los activos en dólares, pues esta divisa se ha revalorizado casi un 30% respecto del euro. Además, la gestión por parte del FMI de la crisis económico-financiera del sudeste asiático y de Japón les ha permitido acceder a la compra, o control, de gran parte de las grandes empresas e instituciones bancarias de dicha región.

No es de extrañar que intenten defender, conjuntamente, aunque con ciertas tensiones internas (ansias y prácticas de unilateralismo por parte de EEUU), esta posición de privilegio. Y para ello han reforzado una estructura militar, la OTAN, de carácter supraestatal, a la que han remozado considerablemente tras el colapso de la URSS. En la nueva estructura se contempla un pilar europeo de defensa, la UEO, que permitirá a los países europeos actuar, de forma autónoma en algunos casos, en su área de influencia, entendida ésta de forma flexible. La OTAN actualizó su estrategia el año pasado en su reunión de Washington, al tiempo que amplió su cobertura hacia el Este, con la incorporación de nuevos miembros que anteriormente estaban dentro del Pacto de Varsovia. En la nueva estrategia se contempla, entre otras cosas, la posibilidad de intervenir prácticamente en cualquier lugar del globo, desbordando el espacio noratlántico previo, si están en peligro los intereses vitales de Occidente (para garantizar la gobernabilidad de zonas clave, o el acceso a materias primas básicas, p.e, los recursos energéticos). Y esta actuación puede llevarse a efecto al margen de lo que dictamine la, en teoría, máxima representación política mundial: las NNUU (véase los ejemplos de Kosovo o de Irak), dejando en papel mojado el llamado derecho internacional. En paralelo, se acuñaba el llamado "intervencionismo humanitario", que intenta legitimar, en cierto supuestos, las nuevas ansias intervencionistas de Occidente tras el velo "humanitario" [González Reyes , 2000]. Y más recientemente tras el camuflaje de la lucha contra el narcotráfico (Plan Colombia, p.e.)

La reacción ante esta arrogancia de Occidente fue inmediata. Los Estados periféricos, que ya venían manifestando su creciente descontento contra los procesos de globalización económica y financiera, en especial sus élites, pues dichos procesos les marginan progresivamente, suponen una nueva "colonización" y dependencia, y socavan la legitimidad de su dominio, manifestaron su rechazo ante este nuevo paso de Occidente, que significaba el inicio de la voladura controlada de las NNUU. Y, por consiguiente, una marginación adicional. En especial los principales Estados fuera de la OCDE: Rusia (crecientemente aislada), China, India, Indonesia... Quizás, ésta fue una importante razón, junto con la marginación en las negociaciones previas a la Ronda del Milenio, y a lo que ésta suponía para ellos, de su actitud de rechazo que derivó en el fracaso de la cumbre de Seattle. Y también de la posterior reunión, este año en La Habana, del G-77, que agrupa a más de 133 países de la Periferia, en los que habitan cinco sextas partes de la población mundial, en la que éstos plantaron cara a la globalización neoliberal que diseña Occidente en su beneficio casi exclusivo [El País , 11/4/2000]. No es que estuvieran en contra de la globalización, sino que pedían, ilusamente, una globalización que les favoreciera también a ellos, es decir, a las élites[3]. El único sector social que se ha beneficiado del "desarrollo" en los espacios periféricos.

Una vez desaparecido el "Imperio del Mal", muerto de muerte natural el "comunismo", el "viejo enemigo", las Periferias se perfilan como el espacio de donde pueden provenir los retos principales al dominio del Centro sobre el conjunto del planeta. Ello se intenta teorizar a través del "Choque de Civilizaciones" [Huntington , 1997], pues hay que delimitar los "nuevos enemigos", y dentro de este enfoque se resalta el peligro que representa el auge del fundamentalismo islámico, sobre todo en el mundo árabe (y en concreto en Oriente Medio), el área del globo más refractaria a la penetración de los valores occidentales, y donde se ubican las principales reservas de petróleo del mundo. Dentro de unos quince años, prácticamente todo lo que quede de petróleo en el planeta estará en esa región, pues el resto de las explotaciones se habrán prácticamente agotado o dejará de ser rentable su extracción [BP , 1999]. El actual alza del crudo avanza ya escenarios de encarecimiento (y escasez) del petróleo[4], con las tensiones sociales correspondientes que afectarán de lleno a una sociedad energívora, y sobre todo a los sectores más dependientes del oro negro: la agroindustria y la movilidad motorizada. Occidente, pues, prepara ya la retórica y los escenarios de intervención, si fallan los mecanismos de sumisión actuales, reforzados en la zona tras la Guerra del Golfo, cuando se garantiza una presencia continuada de las tropas occidentales, en especial de EEUU.

Fuera de las áreas clave para el funcionamiento del capitalismo global y de las rutas estratégicas del comercio mundial, la gobernabilidad, si quiebran los instrumentos de dominio "normales" que no permitan el business as usual, se intentará garantizar mediante intervenciones de las NNUU, con "cascos azules" de países de la Periferia. O bien, directamente, mediante fuerzas mercenarias privadas. Esto es lo que ya hacen en ocasiones muchas empresas transnacionales en territorios concretos de dónde extraen recursos (energéticos, minerales, forestales...). En el resto de muchos de los espacios estatales donde se ubican dichos enclaves, no importa que reine el caos o el desorden más absoluto, donde sólo cuenta la ley de los "señores de la guerra", mientras que se pueda asegurar la extracción, procesamiento y transporte de los productos imprescindibles para el funcionamiento de la Fábrica Global. En esta tesitura se halla ya prácticamente el conjunto del África subsahariana (con 800 millones de personas), ante la mirada cada vez más indiferente y distante de la Aldea Global.

Finalmente, en la gestión de la ingobernabilidad cobra cada día más importancia el control y manejo de los flujos migratorios a escala mundial. Los flujos migratorios se han disparado en las dos últimas décadas en todo el planeta, en paralelo con los procesos de globalización económica y financiera. Más de 120 millones de personas desarraigadas se desplazaban a finales de los noventa por el mundo [Nair y Lucas , 1997] a causa de guerras locales (muchas de ellas residuos de los enfrentamientos Oeste-Este en la Periferia Sur), grandes proyectos de infraestructuras (macropresas sobre todo), crisis económicas y financieras (agudizadas por la actuación del BM y el FMI, que en ocasiones derivan en conflictos civiles y bélicos), desarticulación de economías locales por el "desarrollo", actuaciones de grupos paramilitares para expulsar a campesinos de sus tierras, etc. Esta cifra se ha visto sustancialmente incrementada tras las crisis monetarias y financieras que sacuden las Periferias desde 1997. El grueso de estos flujos migratorios se produce entre los propios países periféricos, desestabilizando en muchos casos sus economías y estructuras estatales. Si bien una parte importante de éstos se orientan, cada vez más, a intentar penetrar en la "tierra prometida" del Centro para acceder a una "vida mejor".

Pero Occidente se blinda contra esta marea humana que llama a sus puertas. Se permite el tránsito del conjunto de mercancías, pero no de esa mercancía tan peculiar que es la fuerza de trabajo. O al menos no en la cuantía asombrosa que pugna por entrar. Simplemente porque no se necesita. Se permiten tan sólo aquellos volúmenes necesarios para desarrollar los trabajos más penosos, serviles (servicio doméstico y de cuidados) y degradantes (prostitución), o para quebrar la estructura salarial de determinados sectores, o bien para atender a la abultada demanda de técnicos especializados para la "Nueva Economía". Y cada día se dedican más recursos económicos, policiales, tecnológicos y hasta militares para intentar frenar, vanamente, esta presión migratoria. Berlusconi ha llegado a plantear, desde la oposición, que la marina de guerra italiana disparara en altamar contra las embarcaciones de inmigrantes. La nueva OTAN contempla también entre sus objetivos, llegado el caso, el control de los flujos migratorios. Y se intenta involucrar a los países limítrofes con Occidente en el control de los flujos migratorios ("Estados tapón"), a cambio de "ayudas económicas". En este contexto proliferan las mafias que se dedican a traficar con esta mercancía humana, que hacen verdaderas fortunas con este nuevo "tráfico de esclavos". Y desde el Centro se bombean sin escrúpulos otra vez hacia las Periferias, desde las llamadas "zonas internacionales de retención", verdaderos espacios sin ley, a los "ilegales afortunados" que lograron alcanzar la "tierra prometida" (ensalzada por la propia Aldea Global).

Este precario (des)orden mundial se mantiene en un frágil equilibrio porque todavía la economía crece, principalmente el ámbito de la gran actividad productiva y el comercio mundial (dominado por las transnacionales)[5], y porque los mercados financieros son capaces, por el momento, de dar una elevada rentabilidad al capital y, en menor medida, a los ahorros de las clases medias (altas) del Centro, y a lo poco que queda de ellas en las Periferias[6]. Este "efecto riqueza" es el que está tirando del crecimiento mundial. Se produce no para satisfacer las necesidades básicas de la población mundial, sino para la demanda siempre en ascenso, hasta ahora, de unos 500 millones de personas en el mundo [Ramonet 1999]. ¿Pero qué pasará si se desatan nuevas crisis financieras, y especialmente si se produce una severa corrección de los mercados bursátiles en el Norte. Es decir, un crack financiero en el Centro, y especialmente en Wall Street, como ha alertado hasta el propio Greenspan, presidente de la reserva federal estadounidense? La consecuencia de ello sería una brusca interrupción del crecimiento, una probable depresión-deflación mundial de impacto muy superior a la de los años treinta, y una volatilización de la riqueza de los sectores que son el sustento de la erosionada legitimidad de las estructuras estatales en los países de Centro, y de los débiles mimbres que aún apuntalan muchos Estados de la Periferia. Lo cual derivaría en una agudización sin precedentes de las tensiones y conflictos anteriormente mencionados y una muy probable incapacidad de las estructuras de poder económico, político e ideológico para gestionar la ingobernabilidad que todo ello acarrearía, al menos en su diseño actual.

Ramón Fernández Durán

Fecha de referencia: 27-03-2001


1: Es decir, condicionar la percepción de una prestación social a los desempleados, a la aceptación de cualquier tipo de trabajo, con una remuneración por debajo de la del mercado de trabajo. Esta es una de las grandes aportaciones del gobernador Giuliani, de Nueva York, que está causando furor en EEUU. Blair lleva tiempo haciendo algo parecido, continuando el camino emprendido por Thatcher. Y la cumbre de la UE en Lisboa ha marcado ya también la misma dirección para el espacio comunitario.
2: Japón, junto con otros países de la OCDE (Nueva Zelanda, Australia...) de la cuenca del Pacífico, quedan bajo otros esquemas de "protección" y acción militar, en conjunción con EEUU, que no alcanzan ni de lejos el papel preeminente de la OTAN.
3: Piden acceso a los mercados del Centro, recursos financieros y tecnología barata, el 0,7% del PIB de los países del Norte para ayuda al "desarrollo", reducción de la deuda externa, no inclusión de ningún tipo de normativa social, ambiental, laboral mínima mundial de obligado cumplimiento, etc [El País , 11/4/2000].
4: En algún momento entre el 2004 y el 2010 se alcanzará el pico máximo de producción, a partir de ese momento la producción decaerá. La demanda entonces superará a la capacidad de la oferta, provocando un probable brusco encarecimiento del crudo. "No es imaginable la sustitución, en el tiempo que queda, del transporte aéreo, marítimo o terrestre, o de la agricultura mecanizada, por las energías eólicas, solar o nuclear, que sólo producen electricidad" [Prieto , 2000].
5: En gran medida a costa de la pequeña y mediana actividad productiva, y de introducir en la esfera de la economía monetaria actividades hasta ahora al margen del mercado.
6: Que mantienen sus ahorros en divisas fuertes, y en muchos casos en activos e instituciones financieras fuera de sus países, al abrigo de sacudidas financieras en relación con sus monedas respectivas.

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