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Boletín CF+S > 15 -- Calidad de vida urbana: variedad, cohesión y medio ambiente > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n15/arfer.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X


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Seattle marca un antes y un después


La OMC era un organismo supraestatal, multilateral, en gran medida desconocido, hasta que tuvo lugar la cumbre de Seattle. Su actividad, hasta entonces, con tan sólo cinco años escasos de existencia, había pasado desapercibida en general para el gran público. El FMI y el BM habían sido, hasta ese momento, las instituciones que habían concitado el grueso del rechazo internacional. La tercera pata de Bretton Woods, el GATT, aquella encargada de la liberalización del comercio mundial, y precedente de la OMC, no había suscitado la atención y el repudio que habían conseguido, a pulso, sus dos hermanos mayores. Por así decir, la puesta de largo de la OMC en Seattle, donde estaba previsto abrir una nueva ronda de negociaciones de liberalización y desregulación comercial y de inversiones, de cara al siglo XXl, la llamada Ronda del Milenio, no pudo resultar más desafortunada (un "desastre global", como la caracterizó The Economist (11/12/1999), una de las biblias del pensamiento neoliberal). El mundo entero pudo presenciar en directo la revuelta de Seattle, que logró impedir el inicio de la cumbre, alterando también por completo su desarrollo posterior, lo que contribuyó de manera decisiva al fracaso de la misma. La imagen de la OMC, y del "libre comercio mundial", salió absolutamente deteriorada a partir de entonces ¿Cómo se pudo llegar a esta situación?

La cumbre de Seattle había sido preparada minuciosamente por los principales centros de poder político (el llamado Quad -EEUU, EU, Japón y Canadá-), en íntima interrelación con el poder económico y financiero transnacional, que había definido la agenda de la cumbre. Se habían establecido mecanismos de cooptación (creación de mesas de "diálogo" con los principales sindicatos y ONGs), para lograr simular la participación de la denominada "sociedad civil" en los preparativos de la misma, de cara a legitimar sus resultados. Las principales transnacionales y grandes grupos financieros (Microsoft, Boeing, UPS, Chase Manhatan, Bank of America, IBM...) se habían hecho cargo de los costes de organización del encuentro, actuando como patrocinadores de la cumbre [CEO 2000 b]. Y se había invertido un considerable esfuerzo mediático e institucional para resaltar los enormes beneficios que se iban a derivar para las sociedades del mundo entero a través de la Ronda del Milenio, una profunda liberalización adicional sobre la ya conseguida en la Ronda Uruguay[1]. Sin embargo, el fracaso fue estrepitoso. La imagen del capitalismo global se desmoronó en Seattle.

Durante la larga existencia del GATT, como ya se ha apuntado, prácticamente no hubo contestación social al papel de este organismo. La reacción se inicia, en diferentes lugares del planeta (ver más arriba), como resultado de la negociación y firma de los acuerdos de la Ronda Uruguay. Desde entonces, la actividad de denuncia contra lo que significa la OMC no hace sino acrecentarse a marchas forzadas, principalmente en países de la Periferia (Sur), aunque también, en menor medida, en el Centro. Eso sí, sin capacidad de irrumpir abiertamente en el escenario controlado de la sociedad del espectáculo, la Aldea Global. Sin embargo, a lo largo de 1999, como se ha visto, en paralelo a la preparación oficial de la cumbre de Seattle, las diferentes redes y grupos que venían trabajando contra las consecuencias de la globalización, orientan la proa contra la Ronda del Milenio. Además, un texto de denuncia de lo que ésta significaba ("Parar la Ronda del Milenio") es suscrito, en poco tiempo (Internet ayuda a ello), por más de 1.500 organizaciones a escala planetaria, contribuyendo a extender la oposición al "libre comercio mundial", que ejemplifica la OMC. Y se establece, igualmente, un día de acción mundial contra la OMC, el 30 de noviembre de 1999.

Los acontecimientos de Seattle, pues, iban a estar arropados por una actividad de contestación que tendría una importante dimensión global, con acciones y movilizaciones de distinto calado, entre las que resaltaría, una vez más, la realizada por Reclaim the Streets en Londres. En París, también, el rechazo a la OMC adquiere un importante relieve, no en vano Francia había sido uno de los países en donde la oposición a la Ronda Uruguay del GATT había sido más intensa (movilizaciones campesinas y de los sectores culturales). En más de setenta ciudades de más de treinta países, del Centro, del Sur y también, en menor medida, del Este, se tiene constancia que tuvo lugar la protesta; y asimismo, aquí, en distintas ciudades del Estado español, se desarrollaron actividades de denuncia de alcance bastante limitado. Y en lo que se refiere a EEUU, la movilización no se redujo a Seattle, sino que diferentes ciudades (Washington, Baltimore, Nashville, Salt Lake city...) se sumaron a la misma [PGA , 2000].

Entre 50.000 y 100.000 personas, de acuerdo con las informaciones de la prensa, participaron en las acciones de Seattle. Como señaló Ralph Nader "nunca ha habido en la historia americana un acontecimiento que aglutinara a tantos y tan diferentes grupos" [Elliot , 1999]. Desde las movilizaciones contra la guerra del Vietnam no se había visto una capacidad de movilización igual. Sólo que en este caso coincidían en las calles, p.e. sindicalistas y organizaciones ecologistas, dentro de una miríada de grupos, luchando en común contra el "libre comercio"[2]. Algo que no había ocurrido nunca, pues hasta entonces -o mejor dicho, hasta la oposición que se desarrolló pocos años antes contra el TLC y, más tarde, contra la llamada Fast Track[3]- se consideraba que la defensa de los intereses ecológicos iba contra los puestos de trabajo, y viceversa. Multiplicidad de subjetividades y tendencias políticas se dieron cita en la impugnación común, bajo el lema "el mundo no es una mercancía".

Pero entre todas ellas la prensa oficial resaltó especialmente la presencia de grupos "anarquistas", y las acciones violentas que protagonizaron algunos de ellos contra instalaciones de empresas transnacionales en la ciudad de Seattle[4]. El objetivo, quizás, era desprestigiar la protesta general y resaltar los ataques a la propiedad privada, tachando, al mismo tiempo, a los manifestantes de ignorantes, de falta de representación, de estar contra los pobres del planeta (ya que éstos no se iban a poder "aprovechar" de la riqueza que se iba a derivar del incremento del comercio internacional), de ir contra el progreso (y la globalización) y de no querer reglas en el comercio internacional (las de la OMC), sino la anarquía y la jungla [George , 2000]. El editorial de la revista The Economist (11/12/1999) transmitía este mensaje, resaltando que los verdaderos perdedores del fracaso de la cumbre iban a ser los "pobres de los países más pobres". La foto de una niña india, inserta en el editorial, intentaba ejemplificar esta interesada aseveración.

Sin embargo, como la misma revista reconocía más tarde (15/4/2000), las encuestas de opinión en EEUU reflejaban un importante apoyo de la población estadounidense a los manifestantes de Seattle, un rechazo paralelo a la dura represión policial (se llegó a implantar el toque de queda), y un creciente escepticismo ante las pretendidas bondades del "libre comercio mundial". Esto, junto con el apoyo a las movilizaciones del principal sindicato AFL-CIO, uno de los pilares del voto al partido demócrata de EEUU, a menos de un año de las elecciones presidenciales estadounidenses, permite entender que el presidente Clinton manifestara su comprensión hacia las inquietudes expresadas por los manifestantes, a su llegada a Seattle, el día después del inicio de las protestas. La actitud vacilante de la administración Clinton (denunciada hasta por la propia UE), y la "rebelión" de los representantes de los gobiernos del Sur, auspiciadas en parte por las propias protestas, contribuyeron decisivamente a la ruina sin paliativos de la cumbre.

The Economist (11/12/1999) llegaba a afirmar, también, que se estaba empezando a crear una "reacción violenta" (backlash) contra la globalización, fomentada quizás por las consecuencias del crack financiero en el sudeste asiático en 1997, y el impacto de las turbulencias monetarias en la Europa del Este y en Latinoamérica. Denunciaba la actitud de EEUU, y que los "problemas" de política interior hubieran condicionado los resultados de la cumbre; es decir, que las consideraciones políticas se hubieran impuesto sobre la lógica económica. Deploraba la actuación de la policía que no había sabido prever y controlar la protesta. Llamaba la atención sobre las "profundas divisiones (...) entre los países ricos y pobres acerca de la liberalización futura del comercio mundial". Alertaba contra los movimientos sociales que pueden desbaratar la gobernabilidad mundial (global governance). Señalaba a Internet como uno de los vehículos que había posibilitado la realización de la protesta, y su rápida y barata difusión, on line, a nivel mundial. Sentenciaba que la credibilidad de la OMC había quedado por los suelos, y que los organismos multilaterales tenían una pobre imagen y legitimación pública, por su carácter tecnocrático y de burocracias sin rostro. Y apuntaba la dificultad creciente para cooptar adecuadamente a las ONGs, como había demostrado el éxito de la coalición mundial (de las más de 1500 organizaciones ya mencionadas) contra la OMC. El balance de Seattle, pues, no podía ser más descorazonador.

Justo después de Seattle, los principales grupos y redes que habían contribuido a la movilización en EEUU, y entre ellas la Red de Acción Directa (que promueve la desobediencia civil), convocan a continuar con el espíritu de Seattle en Washington, con ocasión de la cumbre de primavera del FMI y el BM, aglutinándose bajo un paraguas común: Movilización por la Justicia Global, que acaba teniendo también una dimensión internacional. Las acciones de protesta lograron asimismo una muy considerable repercusión mundial. Los titulares de algunos de los principales periódicos españoles de esos días lo reflejaban adecuadamente: "los manifestantes cercan la reunión (de los ministros del G-7 (del FMI)" [El País , 14/4/2000], "miles de activistas piden en Washington el cierre del FMI y el BM" [El País , 16/4/2000], "la asamblea del FMI y el BM termina en una batalla campal" [El Mundo , 16/4/2000]... En esta ocasión las movilizaciones no lograron impedir el inicio de la cumbre, pues la preparación y represión policial, previa y durante la cumbre, habían logrado desbaratar en parte el bloqueo previsto. No en vano hubo 1300 detenidos, cuando en Seattle "tan sólo" se produjeron 700 [El País , 17/4/2000]. Washington era una ciudad tomada, se habían dado vacaciones a los funcionarios, para facilitar la labor de la policía, el BM había recomendado a sus empleados vestir con ropa informal para no llamar la atención, algunos delegados habían dormido en las dependencias del BM y del FMI la noche previa, y representaciones enteras habían llegado al lugar de las reuniones de madrugada, escoltadas por policías, para sortear a los manifestantes (más de 50.000, en algunos momentos, como recogió la prensa). Aún así muchos de los representantes gubernamentales no pudieron asistir a tiempo al inicio de la asamblea general.

La desolación de James Wolfensohn, presidente del BM, era manifiesta, tal y como denotan sus declaraciones: "es desmoralizador que haya una movilización como ésta por la justicia social, cuando esto es precisamente lo que hacemos nosotros" [Estefanía , 2000]. Y eso que había conseguido que veintidós de las grandes ONGs mundiales hubieran sacado un comunicado de prensa previo apoyando la labor del BM y el FMI [Le Monde , 18/4/2000]. Si bien, días antes, el peculiar economista jefe del BM, Joseph Stiglitz, había manifestado, con ocasión de su dimisión, que: "si no se cambian las instituciones (financieras internacionales), las cosas irán mal, muy mal" [El País , 16/4/2000]. Por otro lado, Gordon Brown, ministro de Economía y Finanzas británico, en unas declaraciones de cara a la galería señalaba circunspecto: "tenemos que combatir las desigualdades de la economía mundial, pero de ningún modo podemos detener el proceso de globalización" [El Mundo , 18/4/2000]. Y el Herald Tribune (18/4/2000) resaltaba asombrado que, una vez más: "los sindicatos se están manifestando junto con aquellos que quieren destrozar la economía mundial abierta, que anteriormente el 'mundo del trabajo' solía apoyar". Y todo ello se producía en el mismísimo centro del imperio, Washington, y protagonizado por grupos estadounidenses.

Es curioso que en EEUU se hayan podido producir dos movilizaciones (Seattle y Washington) de la dimensión, diversidad, contenidos y repercusión que las han caracterizado. Y ello resalta aún más cuando no se había dado en el pasado un movimiento obrero importante, cuando es una sociedad enormemente desestructurada e individualista, penetrada más que ninguna otra por los valores dominantes, y cuando existe un amplísimo desconocimiento de la realidad internacional, fomentado activamente desde los mass media, que ocultan y distorsionan el papel de EEUU en el escenario mundial, y promueven un desconocimiento profundo de las instituciones financieras internacionales (FMI y BM) con sede en Washington. Pero quizás existan una serie de dinámicas de fondo que se han producido en la sociedad estadounidense en el último periodo, que permiten situar, y en parte explicar, la irrupción de estas dinámicas antagonistas y el apoyo, o comprensión, que han gozado por parte de sectores muy considerables de la población estadounidense.

La existencia, en primer lugar, de una actividad latente de los rescoldos de los movimientos contraculturales estadounidenses de los años sesenta y setenta, que han permanecido activos a lo largo de todo este tiempo, "refugiados" en experiencias alternativas de resistencia y transformación social, colectiva y local, en gran medida al margen del mercado, y con una cada vez más nítida reflexión política acerca del devenir del capitalismo global. Este movimiento tiene presencia dispersa en todo EEUU [Baladre, , 1999], pero quizás tenga más peso específico en la costa Oeste, con algunos nodos más importantes, uno de los cuales podría situarse en Eugene, Oregon. Muchos de estos grupos más activos se reclaman anarquistas, y sus militantes "dicen haber pasado antes por el marxismo, maoísmo, pacifismo, y hasta taoísmo y budismo" [Roma , 2000]. Parece que estos grupos cumplieron un papel muy importante en la dinamización de la protesta de Seattle. Y se da también, en paralelo, un movimiento estudiantil que ha cobrado fuerza en los últimos años en las distintas universidades, elaborando una reflexión crítica sobre las consecuencias de la globalización económica.

No es ajeno a ello la profunda quiebra del "sueño americano", en gran parte de la sociedad de EEUU, como resultado de la intensa precariedad laboral y social que han propiciado más de veinte años de políticas neoliberales. Que han creado una realidad social caracterizada por más de 40 millones de pobres, 14 millones de población "sin techo" (homeless), que pululan sin rumbo por sus metrópolis, más de dos millones de presos (la proporción más alta respecto al total de la población de toda la OCDE), y un deterioro constante del poder adquisitivo de casi la mitad de la población a lo largo de las dos últimas décadas, originando un fenómeno nuevo los llamados Working Poors (personas que no logran salir de la pobreza, a pesar de disponer de un "empleo") [Roma , 2000]. Detrás del simulacro hipertecnológico de la llamada Nueva Economía, con la "exuberancia irracional" de los mercados financieros que la acompañan, donde se juegan sus ahorros la mitad de la población de EEUU, que se beneficia de la absorción de la riqueza monetaria mundial a través del ciberespacio, se adivina una sociedad rota y desquiciada que camina hacia el Estado militarista, represivo y carcelario.

En EEUU, donde el "Estado social" nunca llegó a adquirir el grado de desarrollo del Estado del Bienestar europeo occidental, y donde se procedió a su progresivo desmantelamiento mucho antes que en el espacio de la UE, se están empezando a producir conflictos laborales impensables hace no mucho tiempo (huelgas de UPS, Boeing, General Motors...), debido al alto grado de inseguridad y precariedad que provoca el turbocapitalismo reinante. Aquel dicho que rezaba que: "lo que es bueno para la General Motors, es bueno para EEUU", ha dejado de ser creído y aceptado como verdad indiscutible por gran parte de su población laboral. La hegemonía del llamado Corporate Governance, esto es, el predominio de la dictadura del accionariado en la gestión de las grandes corporaciones, dominado por los grandes fondos de pensiones e inversión, que demandan una alta rentabilidad inmediata, se traduce en despidos masivos, caída de los salarios y fragilidad creciente de la fuerza de trabajo. Este proceso se ve incentivado aún más por los procesos de megafusiones, por la ampliación de los mercados (TLC) y por la globalización económica. No es pues de extrañar el repudio creciente que provocan las llamadas a una profundización del "libre mercado mundial", y quizás la progresiva confluencia de los sectores que lo cuestionan desde campos muy diversos. Y eso que, de acuerdo con la mayoría de los analistas oficiales, EEUU es la sociedad que más se beneficia de la globalización económica y financiera, y que ha estado experimentando altas tasas de crecimiento de forma ininterrumpida a lo largo de los noventa. ¡Qué será cuando deje de crecer!

Pero este cuestionamiento creciente del capitalismo global se está expandiendo a gran velocidad por distintos lugares del mundo, como han evidenciado distintas movilizaciones a lo largo de los últimos tiempos, que han irrumpido con especial fuerza después de Seattle. Se puede afirmar que todos los grandes encuentros de las instituciones internacionales que se han convocado en este último periodo han gozado de la presencia de una importante contestación, que ha ido dañando de una manera cada vez más intensa la imagen, que hasta no hace mucho parecía incontestada, del nuevo orden económico mundial. Se podría afirmar que se ha agotado la capacidad de espectáculo del capitalismo global, y que hoy en día el propio espectáculo se ha vuelto un verdadero boomerang contra la percepción pública de la globalización económica. Además, las luchas contra las manifestaciones del capitalismo global, antes en gran medida dispersas, se han aglutinado, y ahora se unen, a pesar de su diversidad, formando un caudal nuevo de una potencia muy superior, pues se refuerzan unas a otras al actuar coordinadamente contra un enemigo común.

Tan sólo en lo que va del año 2000, se pueden contabilizar las movilizaciones contra el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza (donde se reúne la flor y nata del capital mundial), contra la conferencia sobre "libre comercio" de la UNCTAD y el BM en Bangkok, contra el encuentro de la OCDE en Bolonia, Italia, contra la conferencia de las Naciones Unidas Copenhague más 5 en Ginebra, contra las cumbres europeas de Lisboa y Oporto, contra la cumbre de la patronal europea UNICE y de la ERT en Bruselas, contra la Cámara Comercio Internacional (CCI) en Budapest, el primero de mayo contra el capitalismo global convocado por la AGP (con fuerte incidencia, una vez más, en Londres), etc. Y para la segunda mitad de este año existe una apretada agenda de contestación, cuyo momento clave quizás será la jornada de acción mundial contra el FMI y el BM, convocada para el 26 de septiembre, el día que se inicia la asamblea general de ambas instituciones en Praga; en lo que concierne al territorio de la UE, se espera asimismo una importante movilización contra la cumbre europea de Niza, donde se pretende aprobar el tratado (de Niza) que culminará el edificio institucional de la Europa neoliberal, empezado a construir en Maastricht. Por primera vez, pues, han estado en el punto de mira de contestación, de manera más o menos masiva, instituciones como la OCDE o las NNUU, que hasta ahora habían pasado absolutamente desapercibidas o habían disfrutado, en general, de buena imagen. O las propias organizaciones y grupos de presión del capital transnacional (Davos, UNICE, ERT, CCI), que hasta el presente habían podido reunirse públicamente sin llamar la atención y suscitar el rechazo.

Mención especial requiere, por su trascendencia, el resaltar la denuncia y las luchas sociales contra la ingeniería genética, los alimentos transgénicos y las patentes sobre la vida. Expertos oficiales, y hasta las propias transnacionales (Monsanto, Novartis...) que operan en este terreno, reconocen que están perdiendo la batalla de cara a la llamada opinión pública. A pesar de la campaña mediática masiva que están desarrollando. Aún así, están intentando crear la sensación de que es un proceso en marcha que ya no se puede parar ni controlar, para que la gente se rinda ante la evidencia. Han conseguido introducir, con gran presión sobre los gobiernos, y no sin importantes tensiones políticas -en algunos países europeos, p.e.- y sociales, regulaciones (y desregulaciones) que favorecen la paulatina introducción de los productos transgénicos y las patentes sobre la vida (en el Norte). Pero la victoria que han conseguido de hecho (todavía incompleta, en la UE), es una victoria pírrica pues han generado una profunda desconfianza y rechazo social, sobre todo en Europa occidental. Y han provocado una aguda división adicional Norte-Sur, pues los países de la Periferia temen un nuevo proceso de dominio y "colonización", sobre su agricultura y biodiversidad, por parte de las empresas del Agrobusiness y farmoquímicas.

Quizás, por eso, se han apresurado a lanzar con bombo y platillo, el poder económico y político al alimón[5], el descubrimiento de la secuenciación del genoma humano, pues saben que la terapia génica para "combatir" enfermedades humanas tiene, en principio, una mayor aceptación social. Al tiempo que van dando pasos institucionales para abrir el camino a la clonación humana, uno de los últimos reductos que les queda por conquistar. En este caso, también, la situación en EEUU se encuentra mucho más despejada que en Europa occidental, salvo en Gran Bretaña. Es decir, prácticamente sin nubes que permita a la ciencia y al capital actuar de aprendices de brujo.

Aún así, el deterioro de la imagen del desarrollo científico y tecnológico ha sufrido un severo varapalo, que se suma a muchos otros anteriores[6]. Cada vez crece más la desconfianza social hacia las pretendidas bondades de la ciencia y la tecnología, y en el campo alimentario esto es claramente patente. Máxime cuando proliferan las "vacas locas", los "pollos con dioxinas", la carne hormonada, la coca-cola envenenada, y, en suma, la "comida basura". Y eso que aún no se han producido "grandes" desastres, alimentarios o ambientales, por la introducción de los alimentos u organismos transgénicos. Ello permite entender el apoyo impresionante que ha tenido el agricultor francés José Bové, en el juicio que se ha celebrado recientemente contra él por haber atacado en su día un restaurante Mc Donald's (anteriormente había participado en la destrucción de un campo de maíz transgénico). Una de las principales transnacionales de la "comida basura". El juicio oficial se convirtió en un arma contra sus instigadores, viéndose obligada Mc Donald's a retirar la acusación particular. Más de 50.000 personas, de acuerdo con la prensa, se manifestaron en Milleau (localidad donde se celebró el proceso) contra la multinacional estadounidense. Allí mismo organizaron su propio juicio popular (con representantes de Vía Campesina de todo el mundo) contra la globalización económica, y la degradación de la calidad alimentaria que la industria del Agrobusiness provoca. Ante la mirada atónita de las autoridades que no tuvieron más remedio que permitir la protesta y la fiesta que la acompañó.

Por otro lado, las crisis económico-financieras y las políticas neoliberales que han caracterizado la década de los noventa, están propiciando una profunda quiebra de gobernabilidad política en muchos países (Indonesia, Brasil, Ecuador, Rusia, Colombia, Corea, México, Argentina, Venezuela, Bolivia...), provocando en algunos de ellos el mayor o menor colapso de la estructura institucional del Estado, y en todos ellos una deslegitimación política insoslayable. Parece que la Historia no se ha acabado, y que lo que se está poniendo en cuestión no es tal o cual opción política, por otra parte difícilmente distinguibles sus diferencias en la época del pensamiento y coro único, sino probablemente todo el entramado institucional planetario.

Ramón Fernández Durán

Fecha de referencia: 27-03-2001


1: Los principales temas que se pretenden incluir en la Ronda del Milenio son: inversiones (incorporando los contenidos del AMI), licitación pública (para abrir el gasto estatal al capital transnacional), competencia, servicios (sanidad, educación, agua...), comercio electrónico, eliminación de barreras "no tarifarias" (legislación nacional y normativas que impidan el libre comercio), y patentes sobre la vida (ampliando lo ya acordado sobre propiedad intelectual en Marrakech). Por otro lado, estaba previsto en la ronda Uruguay seguir con la desrregulación en sectores como agricultura, servicios, propiedad intelectual... en donde pudieran llegar a incluirse algunos aspectos de la Ronda del Milenio [George , 2000].
2: En las movilizaciones contra la guerra del Vietnam, los sindicatos (AFL-CIO) se posicionaron contra las mismas, apoyando a la policía. [Elliot , 1999].
3: La Fast Track es una prerrogativa del presidente de los Estados Unidos para poder negociar, sin interferencias del Congreso, asuntos internacionales (en el caso que se comenta, los acuerdos de libre comercio en toda América, desde Alaska a Tierra de Fuego). En dicha ocasión, el Congreso, presionado por la opinión pública y las movilizaciones, no le concedió a Bill Clinton dicha prerrogativa.
4: Como apuntaría John Zerzan: "En un país donde el derecho al dinero y la propiedad pasa por encima de cualquier otro derecho, es sólo una forma de señalar y defenderse de los que ejercen la verdadera violencia: las multinacionales y la tecnología, que degradan nuestra comida, nuestras aguas y nuestros hábitats, todos los que anteponen su avaricia sobre la vida de millones de personas en el mundo" [Roma , 2000].
5: Después de dos meses de rifirrafe entre los investigadores públicos y privados (Celera Genomics), se prepara una operación de marketing mundial, sin precedentes, a ambos lados del atlántico, liderada por Bill Clinton y Tony Blair, junto con los protagonistas públicos y privados de los "descubrimientos" para anunciar al mundo entero el porvenir radiante que nos espera tras la secuenciación del genoma humano.
6: Desastres como Chernobil, Bhopal, Seveso, Exxon Valdez... Están derivando, ya desde hace años, en un paulatino y constante deterioro de la imagen, hasta no hace mucho incontestada, del desarrollo de la ciencia y la tecnología.

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