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Boletín CF+S > 15 -- Calidad de vida urbana: variedad, cohesión y medio ambiente > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n15/ajalg.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Calidad de vida y modelo de ciudad.


Julio Alguacil Gómez

Madrid (España), octubre de 2000.

Pretendemos desarrollar desde aquí la idea de que ambos conceptos -Fenómeno Urbano y Calidad de Vida- se superponen y se retroalimentan hasta el punto de que cada uno de ellos es inexplicable sin la presencia del otro. El primero de ellos es un viejo exponente humano en declive que hay que recuperar, nos referimos a "la ciudad" como hecho urbano/humano, el segundo -la calidad de vida- es la fusión de valores emergentes, es el conjunto de necesidades humanas adaptadas a las condiciones cambiantes de nuestra existencia. La optimización de ambos aspectos se funden en una síntesis y significan, a la vez, una apertura: "la complejidad" (diversidad, coexistencia, integración, corresponsabilidad y alteridad). Pero vayamos por partes para después intentar aproximarnos a la resolución del problema, y es que ambas confluyen en la esencia, pero no en el espacio y en el tiempo, ¿qué modelo urbano necesitamos para alcanzar una optimización de la calidad de vida?.



La Calidad de Vida, expresión de la Complejidad.


La Calidad de Vida es un constructo social, relativamente reciente, que surge en un marco de rápidos y continuos cambios sociales. Es fruto de los procesos sociales que dirigen una incierta transición desde una sociedad industrial a una sociedad pos-industrial. Los procesos de cambio suelen venir acompañados de situaciones paradójicas, y una primera paradoja se establece en que tras la relativa consecución de la satisfacción de las necesidades básicas en occidente (alimentación, vivienda, educación, salud, cultura...), se vislumbran aquellos efectos perversos provocados por la propia opulencia del modelo de desarrollo económico. Aparecen externalidades de carácter ambiental que producen nuevas problemáticas de difícil resolución bajo los presupuestos de la economía monetarizada. Junto a ellas persisten las viejas externalidades sociales, pero también a éstas tradicionales externalidades (pobreza, desempleo...) hay que añadir otras nuevas de naturaleza psico-social que se derivan de los modelos de organización y de gestión en la relación del hombre con la tecnología y las formas de habitar. Las grandes organizaciones y la enajenación del individuo de los procesos de decisión, la impersonalidad de los espacios y de los modelos productivos, la homogeneización de los hábitos y de la cultura inducida a través de los "mass media" que vienen a reforzar estilos de vida unidimensionales, de individuación, de impersonalidad, han producido la pérdida de referentes sociales de pertenencia y de identificación.

Si en la era pre-industrial la dimensión dominante de la "felicidad" era la seguridad emocional, y en la era industrial la dimensión dominante del "bienestar" es/era el nivel de rentas, en los albores de la sociedad informacional, la incorporación del medio ambiente como variable que tiene un gran influjo sobre la "calidad de vida", viene a poner de manifiesto los efectos colaterales que tiene aquél sobre la totalidad de las dimensiones de ésta última. La interacción del medio ambiente sobre el uso del tiempo y del espacio, sobre el territorio, la salud y el trabajo, la cultura y las relaciones sociales, recrea fenómenos que vienen a mostrar con mayor claridad la interdependencia de las diversas dimensiones de la vida humana, y vienen a evidenciar la conveniencia de reconocer la existencia de sistemas abiertos y los límites del propio ecosistema. Un medio ambiente deficiente significa una salud deficiente, igual que también pone en evidencia los desequilibrios territoriales y sociales, lo que a su vez puede ser motivo de tensiones y conflictos sociales de muy diversa naturaleza. Con ello no queremos decir que cualquier referencia a la calidad de vida lleva implícita obligatoriamente la dimensión ambiental, pero sí cómo ésta ha sido protagonista de primer orden en la construcción de esa idea y de su carácter sistémico. De hecho, del mismo modo que no es frecuente referirse a una única dimensión humana cuando hacemos referencia a la calidad de vida, no es fácil referirse a la falta de ésta si no es desde una perspectiva de la carencia o de la deficiencia en varias dimensiones de la existencia humana.

Considerar la calidad de vida como un componente articulador de la complejidad nos permite acceder a la idea de la calidad de vida como proceso que integra al sujeto [Alguacil, 1996]. Definir la calidad de vida sin desechar su complejidad sólo es posible aproximándose a través de una supradefinición, unas subdefiniciones de cada uno de sus componentes y de cada uno de los subcomponentes, y construir un proceso de articulación entre los mismos. La supradefinición define a la calidad de vida como un grado óptimo de la satisfacción de las necesidades humanas. Las subdefiniciones, aunque exceden a nuestras pretensiones, se pueden buscar en estadios intermedios a través de sistemas de indicadores. Y finalmente la articulación es múltiple, y múltiple entre diferentes planos de componentes. Si bien, sí estamos en condiciones de establecer un sujeto articulador y un sentido de la articulación. El sujeto articulador no puede sino ser el propio sujeto integrado colectivamente en el proceso, y el sentido articulador es el proceso mismo, es decir, la capacidad de acceso a los recursos por parte del sujeto para poder dominar y conducir conscientemente su propia vida.

La idea de proceso se nos manifiesta como fundamental y nos revela la Calidad de Vida como una nueva dimensión receptora de los vertidos de múltiples dimensiones, que a la vez es recurrente al permitir la irradiación de éstas, sin que pierdan personalidad. La idea de proceso nos permite entender la Calidad de Vida como realidad dinámica, abierta y continuamente emergente.

En consecuencia, la Calidad de Vida viene a significar a la misma vez, una síntesis y ampliación -propia de la riqueza de lo complementario- entre el sujeto individual y el sujeto colectivo, entre el carácter subjetivo y objetivo, entre el análisis microsocial y el macrosocial, entre la escala local y la global, lo que puede permitir la superación de la tradicional ruptura entre la cultura científico-técnica y la cultura científico-humanista. Es esta lectura de la calidad de vida, como síntesis que nos viene a reseñar la reciprocidad entre elementos y dimensiones, la que nos lleva a pensar en la Calidad de Vida como una expresión de la complejidad.



Los componentes de la Calidad de Vida y su Asociación.


El sentido de la Calidad de Vida se podría enunciar de la siguiente manera: a mayor intersección y reciprocidad entre los aspectos objetivos y subjetivos, y a mayor intersección y reciprocidad entre las dimensiones de los componentes de la vida humana, mayor será el grado de optimización de la Calidad de Vida. De ahí que el concepto de Calidad de Vida se haya investigado desde muy distintas perspectivas y disciplinas, las más de las veces de forma parcial y aislada. De ahí, también, la necesidad de abordar el análisis de la Calidad de Vida con estrategias multidisciplinares que reconozcan la complejidad en toda su extensión. Algunos autores [Hutchinson, et al., 1979] identifican la Calidad de Vida con tres dimensiones: física, social y emocional. Vamos a seguir esa perspectiva trinitaria de las dimensiones, aunque sin despreciar que la diversidad de aspectos sectoriales y globales que pueden incidir en la falta de calidad de vida hace que cada uno de ellos obtenga su propia carta de naturaleza. Así, por ejemplo, la calidad residencial o la calidad urbana son aspectos parciales como otros con los que se encuentra a su vez relacionada, pero en ningún caso pueden ser entendidos como aspectos periféricos dentro de la Calidad de Vida. Lo mismo se podría decir de cualquiera de las otras dimensiones de la Calidad de Vida.

La delimitación del concepto de la calidad de vida no tiene, en consecuencia, un sentido unívoco. Para su construcción proponemos la autoimplicación de tres grandes dimensiones o áreas lógicas que se pueden representar bajo una forma triangular (trilogía):

Figura 1:

                          Calidad ambiental
                                  /\
                                 /  \
                                /    \
                               /      \
                              /        \
                             /          \
                            /            \
                           /______________\

                  Bienestar              Identidad cultural


La relación solapada que se establece entre los distintos vértices del triángulo nos marca diversas disciplinas y enfoques en el tratamiento analítico de la Calidad de Vida. Igualmente el planteamiento complejo incide en la idea de sostenibilidad, en la medida que hay que buscar puntos de equilibrio que no supongan una degradación de cada una de las perspectivas, cogiendo el ejemplo que nos interesa (el hecho urbano), podemos establecer la síntesis disciplinar de la siguientes relaciones:

  1. Relación entre calidad ambiental y bienestar: Ecología urbana.
  2. Relación entre calidad ambiental e identidad cultural: Antropología urbana.
  3. Relación entre bienestar e identidad cultural: Desarrollo urbano.
A su vez en cada una de las perspectivas, y siguiendo con la representación triangular, establecemos tres grandes dimensiones principales siempre presentes en la calidad de vida: la escala territorial sobre la que se determina la calidad ambiental, el bienestar sobre el que se determina el nivel de vida, y las interacciones sociales que determinan la identidad cultural (ver la figura II). Éstas a su vez, las podemos desgranar en otras dimensiones que se ponen en contacto entre sí y que según giremos a modo de un caleidoscopio podremos encontrar distintos elementos de autoimplicación:

Figura 2:
CALIDAD AMBIENTAL
(Area territorial -escala-)
BIENESTAR (Condiciones objetivadas) IDENTIDAD CULTURAL (vínculos e interacciones sociales)
Habitacional-Vivienda Producción-Reproducción (Trabajo-empleo-trabajo doméstico) Tiempo disponible (libre, liberado de ocio)
Residencial (local-barrio) Salud Participación-apropiación
Urbana-territorial (metrópoli, región, planeta) Educación (aprendizaje-formación) Relaciones sociales - Redes sociales

El desarrollo pormenorizado de cada una de las subdimensiones fundamentales expresadas en esta figura, podría ser el cometido de una serie de monográficos que, descendiendo a campos particulares de análisis e interpretación, vayan constituyendo un cuerpo estructurado y sistemático, o lo que podríamos considerar también como sistemas o subsistemas de indicadores sociales.

La relación combinada entre cada una de las perspectivas con el resto nos abren, por tanto, distintas intersecciones que son lógicas y sentidos en la construcción de la Calidad de Vida y que nos permiten construir una triple lógica de sostenibilidad, de cooperación y de gobernabilidad (ver figura: III).

Figura 3: el Concepto de Calidad de Vida desde "La Complejidad"


Interacciones sinérgicas entre Perspectivas, Disciplinas y Modelos
Perspectivas CALIDAD AMBIENTAL
Sostenibilidad
ECONOMÍA SOCIAL
Integración
TERCER SECTOR
Redes Sociales
Disciplinas ECOLOGÍA URBANA ECONOMÍA URBANA ANTROPOLOGÍA URBANA
Modelos Sostenibilidad
DESARROLLO SOSTENIBLE
Cooperación
DESARROLLO ENDÓGENO
Gobernabilidad
DESARROLLO A ESCALA HUMANA
Paradigma DESARROLLO LOCAL

Desde ese carácter múltiple, interdependiente y pluridisciplinar de las variables que permiten el acceso a la calidad de vida se sugieren nuevas vías de incisión en el desarrollo social que introducen nuevas formas y contenidos. A través del concepto de Calidad de Vida se incorpora la sostenibilidad ambiental y se puede recuperar el sentido de las necesidades culturales de identidad (apropiación, participación, sociabilidad). La reacción de la sociedad a los indicios del deterioro de las condiciones de habitabilidad precisa de un cambio de sentido que sólo parece posible con la democratización de las estructuras y la concienciación de los ciudadanos. Las condiciones necesarias para ello se traducen tímidamente en fenómenos emergentes (ver la figura: IV) que interaccionan entre sí de tal forma que la lectura de la figura que se propone no debe realizarse de una forma lineal, es decir, por ejemplo, las condiciones que pueden aportar los nuevos modelos urbanos no son exclusivamente una respuesta a la metropolitanización, sino que también son una respuesta a la globalización y a la homogeneización. Los nuevos modelos urbanos no podrán ser si no son construidos junto a renovados modelos económicos y a una nueva sociabilidad, y viceversa.

Figura 4:

CONDICIONES NECESARIAS PARA LA OPTIMIZACIÓN DE LA CALIDAD DE VIDA. CONDICIONES CIERTAS
Nuevos modelos urbanos Metropolitanización
Nuevos modelos económicos Globalización
El tercer sector como nueva sociabilidad Homogeneización

La consideración del concepto de Calidad de Vida como un enfoque multidimensional que aporta complejidad nos revela tres dimensiones a resolver:


El solapamiento de los fenómenos emergentes globales, que representan un contraste en forma de respuesta, que desde el sentido de las necesidades humanas se da al sentido de la "racionalidad económica" y que da sentido de conjunto a la metropolitanización, globalización y homogeneización, la podemos representar con una nueva figura trilógica:

Figura 5:

                   Calidad de vida (condiciones)

                              /\
                             /  \
                            /    \
                           /      \
                          /        \
                         /          \
                        /            \
                       /              \
                      /________________\


Escala local (espacio)                  Tercer sector (sujetos)



  1. La interacción entre condiciones y sujetos remite a la cooperación (en segundo término a la sostenibilidad y la gobernabilidad). Frente a la jerarquización y la centralización de las decisiones, hay que instituir vínculos entre los procesos de decisión, los agentes sociales afectados, y los análisis y métodos de evaluación. En el contexto actual de crisis estructural bajo componentes muy heterogéneos (sociales, ambientales, económicos) adquieren singular importancia todos aquellos aspectos del ámbito de la participación y de los modelos de gestión en claro contraste con la lógica de la rentabilidad y la estrategia del corto plazo. En primer lugar es necesario establecer una articulación administrativa en un doble sentido vertical y horizontal, mediante la creación de una red de intereses mutuos entre los organismos de distintas escalas encargados de la creación y gestión de los procesos que deben ir de la mano de una descentralización efectiva y una comunicación más fluida. En segundo lugar, una articulación ciudadana entre los sujetos, también en un doble sentido vertical y horizontal, mediante la creación de redes de intereses mutuos en aras de la satisfacción de las necesidades humanas. En tercer lugar, una articulación entre la administración y los ciudadanos, que haga de estos últimos más ciudadanos y menos usuarios pasivos, y de aquélla menos administración (menos distancia burocrática y tecnocrática) y más instrumento de participación.
  2. La interacción entre el espacio y las condiciones nos remite al concepto de sostenibilidad (en segundo término a la cooperación y la gobernabilidad). Frente a la fragmentación del tiempo y la sectorialización del espacio y las funciones, hay que incidir en el solapamiento y articulación de los sectores de actividad humana: se trata de poner en contacto y aprovechar las sinergias de los sectores de intervención provocando a la vez un efecto de mayor comunicación y de concienciación entre los usuarios separados por la lógica institucional. Integración sectorial y vertebración del tejido social son dos elementos que pueden y deben ir acompañados en aras de la sostenibilidad. En ese sentido junto a la coordinación de los objetivos específicos de cada una de las políticas sectoriales (producción, reproducción y distribución) habría que incorporar una nueva función estratégica: la armonía entre la satisfacción de las necesidades y los límites del ecosistema.
  3. La interacción entre el espacio y los sujetos nos remite a la idea de gobernabilidad (en segundo término a la cooperación y la sostenibilidad). Frente a una "Racionalidad Separada", una "Racionalidad Integrada". Se trata de superar la tradicional divergencia entre la cultura institucional y la cultura de los ciudadanos. Es necesario adecuar las acciones institucionales a la historia y características económicas y sociales de las comunidades locales. Frente a la tradicional separación de las funciones y de los sujetos, y la separación entre los sujetos mismos, que de hecho suponen una enajenación de los ciudadanos de los procesos de diseño y de uso de los espacios, contenedores, servicios y actividades, y que supone también la exclusión de determinadas condiciones sociales emergentes, es necesario poner en marcha los mecanismos que permitan a los propios sujetos afectados identificarse y sentir como propios los espacios y las actividades que se desarrollan en ellos. Sólo si los sujetos, a través de su experiencia, tienen posibilidad y capacidad para ser creativos en la organización del espacio, en el contenido de las actividades y en la distribución del tiempo podrían crearse las condiciones adecuadas para optimizar la rentabilidad social y económica de los mismos. Pero también a través de ese modelo de implicación se crean los requisitos más favorables para que los ciudadanos puedan devenir en procesos de redescubrimiento, concienciación y autorregulación de las necesidades, y por tanto en la detección de las carencias reales. En este sentido, los espacios a escala humana son el ámbito adecuado que permite una restauración social y ambiental.
La virulencia de los efectos de la metropolitanización, globalización, y homogeneización se producen a la vez que se sufren en las grandes ciudades. Y también, igualmente, las respuestas alternativas a la "racionalidad económica" sólo pueden cuajar en el escenario urbano (ver la figura VI). En este sentido parece adecuado reproducir, como argumentación de la clave urbana, el siguiente punto concluyente apuntado por S. Rueda y J.M. Naredo en los materiales aportados por España a la Conferencia de Habitat II: "Resolver los problemas en el seno de la ciudad supone mejorar la habitabilidad y con ella, la calidad de vida. La calidad de vida de los ciudadanos depende de factores sociales y económicos y también de las condiciones ambientales y físico-espaciales. El trazado de las ciudades y su estética, las pautas en el uso de la tierra, la densidad de la población y de la edificación, la existencia de los equipamientos básicos y un acceso fácil a los servicios públicos y al resto de actividades propias de los sistemas urbanos tienen una importancia capital para la habitabilidad de los asentamientos urbanos. Por lo tanto, para que se cubran las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos respecto a la habitabilidad de los barrios y la ciudad entera es aconsejable que se oriente el diseño, la gestión y el mantenimiento de los sistemas urbanos de modo que se proteja la salud pública, se fomente el contacto, el intercambio y la comunicación, se fomente la seguridad, se promueva la estabilidad y la cohesión social, se promueva la diversidad y las identidades culturales, y se preserven adecuadamente los barrios, los espacios públicos y edificios con significado histórico y cultural" [Naredo y Rueda, 1996 (85) ].

Figura 6:

HABITABILIDAD (Calidad) DESARROLLO-BIENESTAR (Cantidad) IDENTIDAD CULTURAL (Cualidad)
Las ciudades son unos ecosistemas de escala. En las ciudades se establecen sinergias en el tiempo libre y la racionalidad integrada. Las ciudades son constelaciones de redes del tejido social superpuestas.
HACIA LA SOSTENIBILIDAD HACIA LA COOPERACIÓN HACIA LA GOBERNABILIDAD

El sujeto-en-proceso hacia la calidad de vida, indica un proceso y también un medio físico de desenvolvimiento, ambas dimensiones son inseparables y no se pueden entender la una sin la otra, y viceversa. Ambas las podemos comprobar en la emergencia de un Tercer Sector y en su propuesta de modelo urbano, la síntesis entre ambas, entre la práctica ("ciudadanía") y el lugar ("la ciudad") nos permite pensar el procedimiento ("la democracia urbana") y enunciar otro modelo urbano, una re-vuelta de/a la ciudad.



Los efectos perversos de la metropolitanización.


Desde una perspectiva de la organización del espacio, conviene diferenciar, y a la vez relacionar, dos fenómenos que vienen a explicar la organización-desorganización de la estructura territorial. Nos referimos a la zonificación urbana, de un lado; y a la difusión-dispersión urbana, de otro. Ambas han caracterizado el desarrollo del hecho metropolitano.

Con la consolidación de la sociedad industrial aparecen la planificación y los planificadores, pero también se produce una ruptura de la ciudad y de lo ciudadano. A medida que se produce el crecimiento del espacio urbano y con ello su funcionalidad, el seccionamiento espacial cobrará mayor importancia, pudiéndose caracterizar básicamente tres categorías espaciales segregadas: el espacio de la producción (del trabajo-empleo-asalariado), el espacio de la reproducción (doméstico) y el espacio de la distribución (gestión y consumo). La necesidad consiguiente de procurar la comunicación y la movilidad entre las diversas partes complejas de la metrópoli presupone la existencia de un cuarto tipo de espacio, éste más lineal y en forma de malla, que se refiere a todo lo relacionado con las infraestructuras de conexión entre los distintos fragmentos urbanos (infraestructuras del transporte y redes de comunicaciones entre los espacios separados). Las unidades urbanas especializadas, unifuncionales, son unidades parciales y por tanto simples, la vida cotidiana en una función parcializada es una cotidianeidad unidimensional, pero a la vez el sujeto "móvil" que distribuye su tiempo en vidas separadas y desplazamientos entre ellas en un vasto territorio urbanizado se convierte en un "yo" escindido y en una víctima de lo simple-complicado (contrapuesto a sencillo-complejo) que imprime el modo de vida metropolitano. Los vínculos sólidos, flexibles, accesibles, sencillos son sustituidos por los vínculos líquidos, rígidos, movibles, complicados.

Se evidencia, junto al cambio cuantitativo, un cambio cualitativo. Emerge la ciudad del "fragmento" frente a la ciudad como "cúmulo de sedimentos"; siendo la variable tamaño crecientemente incontrolada. Es una ciudad ahistórica que, construida extensamente bajo un rápido y desordenado desarrollismo[1] y a una escala que se escapa al control individual y colectivo, imprime una funcionalidad que viene determinada por el mercantilismo como hecho intrínseco. Se disocia la instancia ciudadana y junto a ella se enajena al ciudadano del hecho urbano, en palabras de René Schoonbrodt "el urbanismo funcionalista basado en la zonificación aísla los medios sociales ente sí y, en consecuencia, tanto la sociedad en su conjunto como los distintos medios sociales se hacen ajenos los unos a los otros" [Schoonbrodt, 1994 (393) ].

Precisamente es esto lo que lleva directamente a otras consecuencias; unas más sociales: se produce una "parcelación de la existencia humana" [Del Acebo, 1993 (164-165) ], una ruptura del tiempo en la vida cotidiana y una división del espacio según la condición social: edad, profesión, procedencia, etnia, religión, clase, genero... ; otras más ambientales: ocupación de suelo y desintegración de enclaves naturales por la necesidad de la construcción de grandes infraestructuras que permitan la movilidad cotidiana entre los espacios separados y que suponen de facto la creación de barreras y fronteras en el organismo urbano (se enfrenta el concepto de movilidad, con el de accesibilidad; la existencia de grandes distancias y la creación de barreras infraestructurales suponen una pérdida en la calidad en la accesibilidad a determinadas funciones urbanas especializadas según qué tipo de sectores sociales). Adaptación, por tanto, del territorio y de la ciudad al uso del vehículo motorizado, que se deriva de un aumento paulatino de las distancias entre los elementos urbanos funcionales, y que conlleva un despilfarro energético y un incremento de los niveles de contaminación y "gases invernadero".

En segundo lugar, la dispersión-difusión de la urbanización, aspecto que además es inseparable de la zonificación, viene a establecer una nueva paradoja en el proceso de urbanización de los países desarrollados. Por primera vez la expansión del hecho urbano se produce al margen de los comportamientos demográficos, es decir, mientras que la población de las grandes ciudades del mundo desarrollado se mantiene estable o incluso decrece ligeramente, la expansión del espacio construido alcanza cotas de ocupación de suelo inusitadas gracias al desarrollo de una tupida red de infraestructuras para el transporte. Si bien ese nuevo orden territorial único que hace desaparecer la vieja dicotomía entre campo-ciudad para introducir nuevas contradicciones, significa que se pierde la idea de ciudad entendida como "lugar" de acogida que era reconocible sobre la vasta extensión del "no-lugar". Con ello se pierde también la percepción del dentro-fuera, del interior-exterior.

Nuevamente, las consecuencias, del nuevo carácter difuso del espacio urbano, trasladadas a la dimensión de la dinámica social, vienen a reforzar el proceso de "extrañamiento" de los sujetos respecto de la estructura urbana y su dinámica. La especialización del territorio junto a la dispersión de la extensidad de lo urbano representan un escenario complejizado (complicado) que produce una pérdida de los referentes físicos y una pérdida de orientación individual.

Definitivamente la principal causa de la crisis ambiental, tanto a nivel local como a nivel global ha sido el paso de una sociedad de producción a una sociedad de consumo, materializándose este proceso en el modelo expansivo de desarrollo urbano que hemos denominado como "metropolitanización". El cambio cualitativo que supone la "cultura urbana" en la relación con los recursos naturales y el entorno conllevan unos estilos de vida -dirigidos por una dinámica del mercado que es incapaz de reconocer la profundidad de los efectos colaterales- habituados a traducirse en nuevos consumos de suelo urbano y en el incremento constante de recursos energéticos no renovables hasta unos niveles que no son tolerables por el ecosistema a largo plazo. Así, el incremento exponencial de los problemas medio ambientales generados por las actividades urbanas, presentan unas tasas de crecimiento muy superiores a la de las poblaciones que las generan.

Este fenómeno hace que nuestras metrópolis, dada su condición de "islas de calor y contaminación" [Naredo, 1991], contribuyan crecientemente a la crisis ambiental a nivel planetario, ya que por su carácter a la vez extensivo y concentrado, a la vez colonizador y congestivo, tanto en actividades como en población, contribuyen a fenómenos como el despilfarro energético y el cambio climático (efecto invernadero, agotamiento de recursos energéticos, lluvias ácidas, disminución de la capa de ozono...). Es más, a la de por sí desmesurada detracción de recursos naturales ( consumo de suelo, energía, agua y materias primas) se añaden los graves efectos derivados del retorno no resuelto de éstos a la naturaleza, en forma de desechos y contaminación. La globalización de la problemática medio ambiental viene a significar la generación de efectos perversos para las propias ciudades que se materializa en una pérdida de la calidad de vida ciudadana y que se manifiesta en las dificultades para mantener un ambiente urbano a unos niveles de calidad aceptables para los propios valores que proclama la propia sociedad de consumo.



Recuperar la ciudad de la coexistencia y de la diversidad


La ciudad siempre fue una síntesis de los valores humanos en donde se hacían compatibles y complementarios la norma y la libertad, la individualidad y la comunidad, la identidad y la diversidad, es decir donde se produce una organización destinada fundamentalmente a maximizar la interacción y la integración social, lo que podríamos denominar como "la coexistencia" [Schoonbrodt, 1994]. La ciudad siempre ha sido el "lugar", es decir el espacio físico construido desde y para la dimensión de lo social, sitio del encuentro y del intercambio para el desarrollo de las actividades humanas. La ciudad ha sido y es el soporte que mejor ha sido capaz de dar satisfacción a las necesidades del hombre, permitiendo el desarrollo de las capacidades humanas, mediante el acceso directo a la innovación, el conocimiento y la diversidad y, por tanto, el acceso inmediato a los "otros", a lo diferente. La ciudad significa densidad, pero ello no cobra sentido pleno si no lo aparejamos a la idea de proximidad; la ciudad es diversidad pero sólo será vivible y habitable si las interacciones entre sus elementos implican procesos de negociación y de consenso, en la ciudad se pone de manifiesto "la diferencia" pero ésta sólo será un valor humano cuando lleva a la "alteridad" (reconocimiento y aceptación del "otro" y de la diferencia); La ciudad simboliza y expresa la igualdad pero ello no será posible sin la solidaridad y la sociabilidad; la ciudad sólo será tal si procura la organización física de "la coexistencia", y si es capaz de significar el desarrollo de "la responsabilidad social" [Hernández Aja et al, 1997]. La implicación responsable del sujeto en la construcción de un espacio social complejo (funciones solapadas e interdependientes) es consustancial a la idea de ciudad.

La nueva problemática urbana entendida como conjunto de problemas autoimplicados que deviene cada vez más aguda y profunda se traduce en esbozos de praxis urbana que comienzan como serios intentos de hacer más próximos la Teoría de la Ciudad y la cruda realidad de la ciudad existente. Ese interés reciente por recuperar la ciudad tiene un doble sentido en la búsqueda de la articulación de lo global y lo local, y también en la búsqueda de la articulación de la sostenibilidad ambiental y social. Así en el primer documento español aportado a Habitat II se dice que "las ciudades y otros ecosistemas han de considerarse en su relación, e impactos a escala planetaria, para comprobar la sostenibilidad de aspectos globales..." [Agenda Habitat, 1996 (7) ], mientras que en el "Libro Verde del Medio Ambiente Urbano" ya se insistía en que la ciudad "ofrece densidad y variedad; una combinación eficaz de funciones sociales y económica que ahorra tiempo y energía... las «zonas urbanas» constituyen un concepto estadístico. Las ciudades, en cambio, son proyectos de un nuevo estilo de vida y de trabajo. El término «ciudad» es la palabra adecuada para referirse a la ecología urbana" [CCE, 1990 (7) ].

Son paradójicamente los valores de la globalización, los que nos llevan a los valores universales de la satisfacción de las necesidades humanas, y entre ellos a los valores que se oponen a los riesgos provocados por las externalidades sociales y ambientales. De ahí la preocupación y el interés por afrontar lo que se consideran retos de la humanidad, que son retos de las grandes metrópolis. Cualquier definición de los retos que deben afrontar las ciudades -desarrollo sostenible, derecho a la ciudad...- necesitan de una definición de un proyecto sobre el modelo de ciudad que permita la optimización de la calidad de vida, pero que pasa a nuestro juicio por un sentido de la reorganización de la ciudad que apunta una nueva perspectiva encaminada hacia una praxis urbana emergente, y que en lo fundamental se basa en los siguientes criterios:

  1. De territorialización: que implica la determinación de las escalas adecuadas para alcanzar cuotas de autonomía en base a los propios recursos disponibles localmente. "La autonomía y la independencia -como afirma Antonio Estevan- no implican aislamiento, ni reducen las posibilidades de intercambio cultural y de colaboración entre toda clase de grupos y comunidades. Antes al contrario, constituyen condiciones imprescindibles para el intercambio y la colaboración igualitaria, libre de toda clase de subordinación, y por tanto igualmente fructífera para todas las partes que colaboran... Y, sobre todo, esa producción debe ser generada y consumida fundamentalmente en el plano local, que es en el que se expresan las necesidades humanas..." [Estevan, 1994 (71) ]. En consecuencia, es también necesaria la búsqueda de una articulación de carácter recíproco entre las diferentes escalas y ámbitos. En este sentido el principio de Subsidiariedad o de proximidad y de accesibilidad a la gestión pública será determinante. Aparece un doble plano que debe articularse, por un lado unos gobiernos locales capaces de obtener recursos y autonomía suficiente para poder responder a las necesidades locales, por otro una economía de carácter local y social que sea más susceptible de dar respuesta a esas mismas necesidades locales, al tener mayor capacidad para crear un tipo de empleo de carácter intensivo, altamente diversificado, y un empleo de calidad que apunte a la democratización de las estructuras productivas y la recreación del propio tejido social.

  2. De complejidad y coexistencia: Significa la asociación de diferentes elementos a distintos niveles, abandonando la idea del elemento dominante o del elemento único y acogiendo la idea de la diversidad. Consideramos dos niveles:

    1. A nivel de los sectores. Este primer nivel apunta una estrategia de integración en los sectores, es lo que Paolo Perulli ha denominado como la "buena mezcla social" [Perulli, 1995], de las distintas esferas (social, económica, política), de las distintas funciones urbanas (producir, consumir, reproducir), de los distintos sectores sociales (nivel de rentas, étnicos, demográficos).
    2. A nivel de los agentes sociales. Se refiere, por un lado, a una integración en los procedimientos donde la coordinación de los recursos institucionales permita una eficacia en la resolución de los déficits urbanos, ambientales, democráticos...; y en un segundo plano se vendrían a establecer los canales que permitan la apropiación del espacio, de las actividades, de los procesos, por parte de un sujeto-protagónico (sujeto-en-proceso) con responsabilidad y capacidad para participar activamente en las decisiones que les afectan. Lo que significa integrar a los ciudadanos y a sus organizaciones garantizando el acceso a la información, a las instancias de discusión y planificación, y a los órganos de decisión. Aparece, una distinción entre participación pasiva, también denominada diferencia inducida [Lefebvre, 1974], y la participación activa (lo que llamaría Lefebvre diferencia producida). La primera se inscribe más en los procesos limitados de información (unidireccional), la segunda desarrolla procesos de comunicación (bidireccional o multidireccional) y constituye una racionalidad superior, la de la "democracia urbana" [Lefebvre, 1980 (147) ].

  3. De cooperación. Implica un tercer plano como connotación de los niveles anteriores. Aparece la articulación en los procesos como necesidad de integrar la innovación técnica y urbana con la coexistencia, las nuevas tecnologías con la potencialidad de la existencia de diversidad. Los procesos de análisis de las condiciones de existencia, de decisión política y de evaluación de los efectos internos y externos, no pueden excluir la diversidad, la mezcla social y la participación activa si es que el objetivo es desarrollar potencialidades y aprovechar oportunidades que sean capaces de crear ocasiones de cooperación y moderando así la competición. La planificación urbana, una planificación entendida como movilización social [Friedman, 1991][2], está llamada a resolver múltiples problemas urbanos atendiendo a las necesidades sociales y a la calidad de vida, y para ello debe permitir la praxis urbana, haciendo pasar "la técnica a la práctica, y la clave está en suscitar en los ciudadanos en general y en los agentes urbanos en particular, una toma de conciencia" [Ledrut, 1987 (235) ]. Recuperar, en definitiva, la cultura de la planificación basada en la complejidad significa suavizar la competición y ampliar la cooperación en el ámbito intralocal como extralocal.



    Referencias bibliográficas


Acebo, E. del(1993)Sociología de la ciudad occidental -un análisis histórico del arraigo- (Edit. Claridad, Buenos Aires)

Agenda Habitat España(1996)"Contribución de la ciudades al desarrollo sostenible". Conferencia de Naciones Unidas Sobre Asentamientos Humanos Estambul[Junio 1996. Habitat II, primer documento de trabajo. MOPTMA, España]

Alguacil, J.(1996)"La calidad de vida y el tercer sector: nuevas dimensiones de la complejidad" (En Revista Documentación Social: "Tercer Sector", CÁRITAS, Madrid)

Comisión de las Comunidades Europeas(1990)Libro Verde sobre el Medio Ambiente Urbano (CCE, Bruselas)

Estevan, A.(1994)"El fin de la edad del Desarrollo" (Revista Alfoz n. 108, Madrid)

Friedman, J.(1991)Planificación en el ámbito público (INAP, Ministerio para las Administraciones Públicas, Madrid)

Hahn, E.(1994)"La reestructuración urbana ecológica" (Revista Estudios Territoriales-Ciudad y Territorio n. 100-101, Vol II. Tercera época: "Región y Ciudad Eco-lógicas". MOPTMA, Madrid)

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Ledrut, R.(1987)Sociología Urbana (Instituto de Estudios de Administración Local, Madrid)

Lefebvre, H.(1974)La production de l'espace (Anthropos, París)

Lefebvre, H.(1980)La revolución urbana (Alianza Editorial, Madrid)

Naredo, J. M.(1991)"El crecimiento de la ciudad y el medio ambiente" ("Las grandes ciudades: debates y propuestas". Colegio de Economistas de Madrid, Madrid)

Naredo, J.M.; Rueda, S.(1996)"Resumen y conclusiones" (Ciudades para un futuro más sostenible. Primer catálogo español de buenas prácticas, volumen I, Habitat II, pp. 81-87. MOPTMA, Madrid)

Perulli, P.(1995)Atlas metropolitano: El cambio social en las grandes ciudades (Edit. Alianza Universidad, Madrid)

Schoonbrodt, R.(1994)"La ciudad es la organización física de la coexistencia" (Revista Estudios Territoriales-Ciudad y Territorio n. 100-101, Vol II. Tercera época: "Región y Ciudad Eco-lógicas". MOPTMA, Madrid)

Fecha de referencia: 14-02-2001


1: Según Ekhart Hahn el índice de ocupación urbana de la superficie se ha multiplicado por 10 en los últimos 100 años [Hahn, 1994].
2: De acuerdo con John Friedman "la planificación, definida como el vínculo entre conocimiento y acción en el ámbito público, podría aplicarse a dos tipos de acción, centradas, respectivamente, en la orientación social y en la transformación social. Ambas formas de planificación son necesarias para el perfeccionamiento de la sociedad....la planificación no tenía que estar centralmente localizada, e, incluso, la planificación en el ámbito público podría originarse en cualquier parte, incluso en la sociedad civil. La planificación, por tanto, no era, en principio, exclusivamente una función del Estado. Y así, la objeción básica de que la movilización social no tiene nada que ver con la planificación debe rechazarse; no comprende que los movimientos de oposición son esencia para una sociedad saludable...." [Friedman, 1991 (321) ].

Boletín CF+S > 15 -- Calidad de vida urbana: variedad, cohesión y medio ambiente > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n15/ajalg.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
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