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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
DGVAU (España) (1999) Guía de la edificación sostenible
(Madrid: Ministerios de Fomento, Centro de Publicaciones.
Dirección de la Vivienda, la Arquitectura y el Urbanismo;
Institut Cerdá; Instituto para La Diversificación y Ahorro de la
Energía)
En la propia Guía se aclara que su propósito principal no es
innovar, sino «reunir de una forma sistemática y ordenada los
criterios más importantes», a fin de acercarlos a todas las
personas que actúan en el complejo sector de la construcción. Y,
efectivamente, el mayor valor de la guía reside ahí: en poco más
de dos horas de lectura, cualquiera puede hacerse una idea del
amplio abanico de aspectos en los que la reflexión sobre la
sostenibilidad tiene cabida en la nueva edificación. La más justa
alabanza que puedo dedicarle es que, a pesar de mi propia
experiencia en el tema, algo he aprendido con su lectura; y por
ello puedo recomendar sin reservas a cualquiera su lectura
crítica: será provechosa.
Junto a esta recomendación, creo que no está de más dar unas
cuantas pistas para la crítica. La primera, quizás fundamental,
es que el texto ha sido entregado a la imprenta con premura:
abundan los errores tipográficos (líestalvi díenergia por
l'estalvi d'energia, p. 136) y se echa en falta una revisión
concienzuda de la traducción castellana (donde dice respetuosidad
debe decir respeto, p. 2; donde dice sectorizar por sectores
basta con sectorizar, p. 28; etcétera).
De esta premura, y la consecuente falta de maduración, quizá se
deriven otros aspectos criticables: la Guía deja fuera
implicitamente la rehabilitación de edificios ya construidos que,
cabe esperar, será la actividad fundamental en una futura
construcción sostenible (de todas formas, de la obra se pueden
extraer muchas sugerencias útiles para la rehabilitación).
Personalmente, he echado en falta también una referencia
sistemática a la inercia térmica del edificio, que en climas como
la mayoría de los peninsulares es crucial para el ahorro
energético.
Hay que advertir la presencia de algunos errores de gran calado.
En las páginas 26 y 27 se presenta una tabla sobre el Rendimiento
global de las instalaciones energéticas que tan sólo recoge el
rendimiento máximo teórico de la transformación de energía útil
en servicio energético (lo que para entendernos podríamos
denominar rendimiento de «uso del aparato o electrodoméstico»),
ignorando todas las pérdidas que tienen lugar entre la fuente de
energía primaria (combustibles fósiles) hasta su llegada al
edificio (y eso a pesar de que en el texto, en la misma página
26, se aclaran mal que bien los distintos rendimientos
involucrados en el consumo energético).
En la página 81, la Guía «prefiere» las «estructuras metálicas
ligeras» a las de acero u hormigón armado. Sin embargo, no se da
ningún argumento para esta preferencia. Y tampoco se especifica
que se entiende por «metal ligero»: ¿aluminio? Si éste es el
caso, lo cierto es que, por ejemplo, mientras que el coste
energético de la resistencia a tracción es, en el caso del
aluminio, de 20 kWh por cada tonelada y metro de tracción, en el
caso del acero no se llega ni a 5 kWh. En general (y en estos
asuntos es siempre muy difícil generalizar) el coste energético
estructural es menor en el hormigón armado y en el acero que en
cualquier otro metal.
La Guía tampoco entra (aunque quizá no sea su propósito hacerlo)
en varios debates que quedan implícitos a lo largo su lectura:
¿repetición (industrialización) o diversidad? ¿repetición
(seriación) o dimensionado estricto de elementos (artesanía)?
¿durabilidad o adaptabilidad? ¿domótica o inteligencia humana?
Como dijo Francisco Javier Sáenz de Oíza «¿edificios
inteligentes? ¿es que los de antes eran estúpidos?».
Pero, en cualquier caso, los debates quedan planteados para una
persona que realice una lectura crítica. Quizá el único peligro
de esta Guía es si se usa ciegamente, sin realizar dicha lectura.
Rogers, R. (Ph. Gumuchdjian, editor) (1997) Cities for a
Small Planet (Faber & Faber. London)
El reconocido autor del Centro Pompidou de París y la sede del
Lloyd's de Londres, nos brinda una extensa reflexión, en la que,
además de lo mencionado, incluye desde crítica política hasta una
visión de la futura ciudadanía y su papel en la construcción de
la ciudad. Todo ello explicado a través de algunos de sus
proyectos, sobre todo aquellos que se han ido quedando en el
tablero a lo largo de los años. Esta es precisamente la parte
menos convincente de un libro medido y ameno de divulgación, que
pierde pulso a veces al diluirse en un culto catálogo de la firma
arquitectónica que lo presenta.
La reflexión aúna el pragmatismo británico y la agudeza del
origen italiano del autor en una serie de sugerencias sobre los
problemas globales y locales, o "glocales" en un neologismo
reciente, del hábitat predominante de nuestra especie humana: la
ciudad. Reconoce que estamos abocados al fracaso si no cambiamos
las pautas de construcción del artefacto urbano incorporando la
idea de límite, en la certeza de que son limitados tanto los
recursos que se consumen habitualmente en el metabolismo urbano
como la capacidad de la naturaleza para asumir los residuos que
producimos.
Para conseguir entornos civilizados y duraderos que salvaguarden
nuestro futuro común, el autor propone una revisión de la
arquitectura y el urbanismo con criterios de sostenibilidad: se
trata básicamente de redefinir la riqueza incluyendo el capital
natural que, hasta el momento, ha sido el soporte no valorado de
toda la actividad económica y constructiva en nuestro planeta.
Capital natural que, en sus propias palabras, incluye el agua
fresca, el aire puro, un mar limpio, una protectora capa de
ozono, suelo fértil y abundante diversidad de especies. No es la
ciudad la mayor amenaza del planeta, sino nuestros patrones de
construcción de estas ciudades y nuestros hábitos de consumo y
comportamiento.
Pone el dedo en la llaga al describir la dificultad que supone,
tanto para el mercado como para la administración pública,
enfrentar el reto de un cambio tan profundo. Pero también
describe casos conocidos como el proceso de los Docklands de
Londres, en que planteamientos esquemáticos y ajustados a la
estrecha visión de intereses del mercado, confluyen en una
operación catastrófica para el propio mercado. Destaca asimismo
el papel del coche como instrumento que ha colaborado a destruir
la cohesión social de la ciudad. Los 500 millones de coches que
actualmente se mueven por el mundo se han hecho sitio,
erosionando la calidad del espacio público y contribuyendo a la
dispersión suburbana. En Europa, el número de coches se ha
duplicado entre 1970 y 1995 y las tendencias continúan en el
mismo sentido.
En el segundo capítulo dedicado a la futura ciudad sostenible,
el arquitecto nacido en Florencia propone recuperar la ciudad
compacta mediterránea, diversa y mezclada, donde las actividades
se superponen en un mismo espacio y la comunidad social tiene su
referente en el barrio. Modelo de ciudad apoyado por el avance
de la tecnología y con un metabolismo circular que recupere el
ciclo de la vida, tal y como se produce en la naturaleza. Algo
tan simple como que la energía de la urbe base su consumo en
aquella que tenemos gratuita y abundantemente; que los recursos
limitados se consuman con precaución y eficiencia y que los
desechos se conviertan en nuevos recursos. Presenta esta ciudad
clásica como alternativa a lo disperso, a la no-ciudad de
hipermercados, autopistas y urbanizaciones en el no-campo, que
es dominante en Estados Unidos y ya empieza a ser una metástasis
en el entorno centroeuropeo. Es una solución que hace posible un
menor consumo de recursos, menos contaminación, y mayor
eficiencia energética. Posibilita la organización del transporte
en común y supone una alternativa viable al urbanismo desagregado
en zonas unifuncionales que venimos sufriendo desde el Movimiento
Moderno, que incrementa el transporte abusivamente, y por tanto
la pérdida de tiempo, la contaminación, la congestión. Este
modelo de ciudad con muchos centros que tienden a ser
autosuficientes, en los que se mezclan todas las actividades :
residencia, trabajo y esparcimiento, es el tradicional de las
ciudades europeas. Proximidad, una red de espacios públicos de
calidad, y la utilización de las nuevas tecnologías son las bases
de una mejora radical de la calidad de vida y de la calidad del
aire de nuestras ciudades en el futuro, según el autor.
La última parte del libro centra su reflexión en la arquitectura
sostenible. Presenta una visión del medio arquitectónico actual
algo deprimente: la creatividad de los grandes maestros de épocas
anteriores se ha convertido en una máquina de hacer dinero, que
se apoya en la estandarización y en la arquitectura comercial.
Los arquitectos compiten en el mercado en economía de honorarios
y rapidez de gestión, sin hacer frente a su responsabilidad ética
colectiva de contribuir a la sostenibilidad social y ambiental
de nuestro entorno. La profesión, en palabras textuales, "ha
perdido peso bajo la presión comercial y ya no está llevando las
riendas de la construcción de la ciudad."
Rogers propone, con la autoridad de ser el autor del Centro
Pompidou, sugerencias para que los edificios que se construyan
de aquí en adelante contribuyan a enriquecer en vez de destruir
la ciudad, al tiempo que se acuerden con las nuevas necesidades
y exploren las técnicas de construcción que ayuden a perdurar en
vez de contaminar. Se remonta a la visión clásica del plano de
Nolli de Roma para explicar cómo mucho de lo que se ha hecho en
los últimos tiempos, ha olvidado ese compromiso entre los
derechos del cliente y la responsabilidad hacia lo público. Y en
el caso de Londres, sugiere la fecha de su inminente aniversario,
el Millenium, para encauzar la actuación urbanística en este
sentido, bajo el lema de "Londres: la Ciudad Humanista".
Como conclusión , emplaza a la ciudadanía a utilizar la libertad que le proporciona una vida más larga, con menos trabajo y menos dedicación al cuidado de los hijos a unir sus esfuerzos a los del mercado y la administración en responsabilizarse de la construcción de la única ciudad del futuro que ve factible: Una ciudad justa y democrática, en la que la arquitectura cumpla junto al arte y al paisaje, el papel de nutrir al espíritu; creativa con planteamientos amplios de miras; ecológica, reduciendo impactos, equilibrando lo construído y lo natural y con edificios sanos y auto-suficientes: Una ciudad que facilite los contactos y la accesibilidad a bienes y servicios, con intercambio de información tanto cara a cara como electrónicamente, compacta y policéntrica con comunidades integradas en barrios, de modo que se proteja el territorio y diversa, con multitud de actividades superpuestas que creen animación y ayuden a generar una rica vida pública.
Isabel Velázquez
Madrid, diciembre de 2000.
James & James Science Publisher (Ed) (1999) A green Vitruvius.
Principles and Practice of Sustainable Architectural Design
(London, UK)
Como resultado de un programa THERMIE financiado por la Dirección
General de Energía de la Comisión Europea se ha publicado este
libro como resultado de la colaboración de varias consultoras y
centros de investigación europeos: Softech de Turín, Energy
Research Group (ERG) de la Universidad de Dublín, Suomen
Arkkitehtilitto (SAFA) -que corresponde a la Asociación
Finlandesa de Arquitectos- GAIA y el ACE (Architects Council of
Europe).
Como el propio título indica, el propósito de este trabajo es
revisar los principios del diseño arquitectónico, al modo del
clásico tratado vitrubiano desde el nuevo paradigma de la
sostenibilidad aplicada a la arquitectura. El objetivo es obtener
un nuevo tratado en paralelo al tratado clásico, que consiga
exponer con la misma claridad que el original cuáles son los
principios del diseño sostenible y cómo se pueden aplicar en
concreto a las diferentes fases del diseño arquitectónico.
Propone, de acuerdo con las actuales circunstancias, un cuarto
principio a añadir a los tres anteriores: la "restituitas" o
restitución que centre la actividad edificatoria en la
rehabilitación del patrimonio construído frente al campo de la
nueva edificación.
Frente a otras monografías anteriores, este trabajo destaca por
unas características positivas:
La segunda parte se centra en los objetivos de la construcción,
clasificados en los temas de confort, salud y medio ambiente. Una
edificación "verde" debe presentar resultados positivos en cada
uno de estos vectores que a su vez se componen de diversos temas
complementarios como confort visual, confort térmico, calidad
acústica y calidad del aire interior en el caso del confort;
cualidad del aire interior, materiales saludables, luz natural
o ruido en el caso de la salud; o energía, materiales, agua,
residuos y ruido en el caso del medio ambiente.
La tercera sección incide en las estrategias para enfocar los
proyectos, incluyendo desde la escala urbana y de barrio en la
que se inserta la construcción, la selección y análisis del
emplazamiento, la forma del edificio con su envolvente, los
acabados y los servicios y las actividades de renovación.
Un estudio somero de materiales comunes en la construcción
proporciona algunas pistas sobre la gama de materiales de
construcción en relación con su función en el edificio, así como
algunas aportaciones sobre formas de resolución de los servicios
comunes en la construcción (electricidad, agua, calefacción y
refrigeración...)
Por último, se aborda el tema de la evaluación de los proyectos
desde un planteamiento de sostenibilidad. Para ello se recogen
en el libro dos métodos de evaluación integral de edificios: el
método PIMWAG desarrollado en la actuación piloto de Vikki, un
barrio innovador situado en las afueras de Helsinki, que consiste
en una cuantificación ponderada incluyendo indicadores de
contaminación y generación de residuos, metabolismo urbano,
salubridad, biodiversidad y producción de alimentos. El otro
método reseñado es el método BREEAM (Building Research
Establishment Environmental Assessment Method), desarrollado en
1990 por The Building Research Establishment, que plantea un
sistema similar de ponderación por puntos máximos que se aplican
a tres conceptos: la idoneidad de la forma del edificio, los
estudios de diseño y los estudios de gestión y promoción el
edificio. La síntesis proporciona un índice de adecuación global
del proyecto del edificio analizado y una puntuación que lo
clasifica según 4 categorías indicativas que van del aprobado al
excelente. En este caso, los temas considerados incluyen desde
la gestión y convencimiento por parte del cliente acerca de los
temas de sostenibilidad hasta la salud y el bienestar, la
energía, el transporte, el consumo de agua, los materiales, los
usos del suelo, la ecología y la contaminación.
El trabajo recopila mucha información en forma de cuadros e
imágenes, exquisitamente tratados, pertinente para cada uno de
los temas considerados. Sin embargo, los textos adolecen de una
falta de cuidado en su elección tipográfica que hace francamente
dificultosa su lectura: un cuerpo pequeño y el tono grisáceo
elegido así como la maqueta incitan a sobrevolar el texto como
si de una trama se tratara, a pesar de su interés.
Esperamos que el libro se traduzca al castellano en breve tiempo,
y que la maquetación y la tipografía elegidas, al contrario de
lo que ocurre con la confusa e ilegible versión inglesa,
considere el interés del texto tanto como la calidad de las
imágenes, para facilitar su uso a los profesionales interesados,
sin abundar en la fama de poca afición por la letra escrita de
los profesionales del diseño arquitectónico.
Fecha de referencia: 12-12-2000
| Boletín CF+S > 14 -- Hacia una arquitectura y un urbanismo basados en criterios bioclimáticos > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n14/n14lib.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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