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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Espanica, distribuidora de café de Nicaragua
C/ Escorial, 16, tercero B
28004 MADRID
Tel. 91-522.87.56
espanica@nodo 50.ix.apc.org
http://www.nodo50.org/espanica
Madrid, 23 de agosto de 1999
Se ha convenido en fijar el año 1989 como fecha de nacimiento del
Comercio Justo (CJ) en el Estado Español pero los hitos más
significativos de la formación de este movimiento han sido, la
celebración del I Encuentro Estatal de Economía Alternativa, Justa
y Solidaria, en Córdoba en mayo de 1993 y la creación de la
Coordinadora Estatal de Organizaciones de Comercio Justo en 1996.
Actualmente esta Coordinadora Estatal está integrada por una
veintena de entidades. Hablar de Comercio Justo suscita muchas
expectativas e incluso controversias. Estamos todavía en la hora de
las definiciones y especialmente cuando se van a dar cambios
importantes en la forma de comercialización. Existe poco debate
sobre la marcha del movimiento y cuando se produce se circunscribe
sólo a las organizaciones más capaces y con más medios para
difundir sus propios conceptos y contenidos. Aunque pensamos que
existe una base de coincidencia en todas ellas, también se aprecian
importantes diferencias en sus enfoques. Esta variedad de formas de
describir el Comercio Justo se extiende también a la forma de
practicarlo, lo que demuestra la riqueza de posibilidades y la
diversidad de puntos de vista que permite el movimiento.
Actualmente se trabaja por una definición unánime pero no es fácil
lograr el consenso. Incluso en la Europa más desarrollada, donde el
movimiento surgió hace 30 años existen diversas concepciones.[1]
Aunque el mercado ya existió desde la Antigüedad griega y romana (e
incluso antes), la forma desaforada del mercado que hoy conocemos
surge con ímpetu en el siglo XVI, no como cofradías de mercaderes,
sino como sociedades anónimas de socios privados, asociado a la
piratería y en contra de ella (cuando no les beneficia y como
competencia). La guerra, el saqueo y el pillaje, van muy vinculadas
al nacimiento de los nuevos mercaderes y comerciantes, que se
civilizan adoptando formas jurídicas y compatibles con la
aristocacia. La burguesía es siempre compradora y vendedora y el
gran salto lo da cuando se abre un nuevo mercado, más eficaz que el
mercado de esclavos: el mercado de trabajo que da surgimiento a las
primeras ciudades industriales en Europa.
En la figura 0 se pretender reflejar gráficamente cuales son los
efectos del mercado, cuando está controlado por la pasión del
lucro, como es la tendencia dominante. Se recogen los tres actores
o sujetos que rigen la economía global (productores, distribuidores
o intermediarios y consumidores). Los productores que más valor
aportan al ciclo son los más explotados, son los 2.000 millones de
trabajadores-productores del Tercer Mundo, cuyo salario ronda entre
1 y 3 dólares al día. El consumo se da en el Primer Mundo, también
llamado "metrópoli" donde se concentra el 80% del consumo mundial
en poder del 20% de la población. Por último el "comercio"
controlado también por los países más ricos, en un 81,2% Las
multinacionales marcan el comportamiento en el mercado pues
controlan el 70% del mercado global.
En este modelo el pequeño productor (P) de la periferia es el que
transfiere el valor y la riqueza al sistema controlado por el
mercado lucrativo (Ml) que compra siempre por debajo de su valor
(la venta es por el contrario por encima de su valor, se trata de
tecnologías y dinero que se le vende siempre a precios muy caros).
El valor VP1 es el valor añadido por el trabajo a los productos que
vende el Productor (trabajador) y éste lejos de recuperarlo lo
pierde en el mercado, por efecto de la manipulación de los precios
(ya sabemos quién controla el precio del dinero, donde en los
países ricos es de un 2 a 5% y en los países pobres del 35 y 40%).
El valor VC representa al valor que entrega el consumidor al
mercado como saldo resultante entre el movimiento tendencial de los
salarios (a la baja en relación a la productividad) y el otro
movimiento tendencial de los precios al consumidor que suben como
consecuencia de la inflación o por pérdida de la calidad del
producto, así como la variable Medio Ambiente.
Por último, el valor VP2 que representa el valor que se transfiere
al consumidor de la metrópoli como consecuencia de la presión a la
baja de los salarios en el Sur, en relación al Norte (por ejemplo
el salario de un profesor, o de un trabajador medio es de unas
30.000 ptas. en países como Nicaragua) a lo que hay que añadir la
falta de un salario social (asistencia pública) en estos países de
la periferia, mientras en el Norte todavía gozamos de una cierta
protección social del Estado. Ciertamente este valor con el
neoliberalismo se está transfiriendo al "mercado".
El resultado de este modelo es la injusticia estructural,
injusticia que se da en la misma relación de mercado. La solución
para un reparto justo de la riqueza no puede venir ya del Estado ni
de la Cooperación al Desarrollo, aunque estos aporten ayuda
importante. La solución sólo puede estar en el modelo de mercado.
Por eso nace el Comercio Justo. Tratamos en estas páginas de
explicar que es el Comercio Justo. Si te interesa el tema, lee
atento/a lo que sigue y formula tus propias conclusiones:
escríbenos y podremos seguir el debate.
Como sucede con todos los movimientos alternativos cuando nacen, se
presentan ante la opinión pública como opciones prometedoras de un
cambio. Después con el tiempo terminan por ser absorbidos por el
sistema y quedan neutralizados. Algo parecido puede ocurrirle al
movimiento de Comercio Justo. Durante estos años asistimos a un
momento de auge y mucha es la gente que lo mira como algo
esperanzador. No podemos defraudarlos y en las organizaciones que
integramos la Coordinadora está la oportunidad de evitarlo. Somos
de los que pensamos que es posible evitar que el Comercio Justo se
convierta en un mero marketing para vender a consumidores ilusiones
y promesas que nunca llegan.
El mantenimiento de unos criterios sólidos y principios éticos de
un movimiento es condición imprescindible para no desviarnos en su
orientación alternativa, pero esto no sería suficiente. Además de
tener una clara formulación de las ideas que nos mueven -cosa que
precisa de actualización permanente- se requiere una segunda
condición importante: que se abra y mantenga un amplio debate
social entre los sujetos que intervienen en el Comercio Justo
(productores, mediadores y consumidores). A nuestro modo de
entender, estas debieran darse con la suficiente amplitud.
No queremos olvidar que nos movemos en el mundo del mercado y que
obligados como estamos al mercadeo el riesgo de transgredir
nuestras propias normas debe ser tenido en cuenta. Sobre todo
cuando el mantenimiento de normas y códigos éticos exige la
renuncia al provecho personal y a la inversa, la transgresión se
traduce en ingresos y en dinero.
Tenemos bien presente que el Comercio Justo es una alternativa a
ese comercio que llaman libre, pero que es causa de estragos y
abismales diferencias; que carece de toda norma ética que no sea el
enriquecimiento o la formación de un patrimonio personal. Con la
globalización de los mercados y la expansión de la ideología
neoliberal la función del comercio como un servicio al público,
como una función social, sobre todo en las grandes ciudades y
nuevas urbanizaciones, es sustituida por la eficiencia de
rentabilidad y maximización de los beneficios. La obtención de
dinero se ha convertido en la zanahoria que mueve a las capas
dirigentes o a la gente con oportunidades de enriquecerse. Para
conseguir ese objetivo se ha optado por la religión de la
competencia (a cualquier precio) y la transgresión de las normas
morales más elementales. En fin, que nos movemos en un terreno
donde los que ganan y triunfan (en el mercado) son los más pillos,
o los más grandes, cuya sostenibilidad va ligada a la necesidad de
asestar duros golpes a los más débiles (despidos, bajos salarios,
empleos precarios, devastación de los recursos naturales, Deuda
Externa, saqueo de los pobres y oportunismo personal). El Comercio
Justo es una alternativa al comercio lucrativo (que nos parece
injusto) pero no debe pensarse que es una alternativa total en el
sentido que lo vaya a sustituir completamente. Es alternativa en
cuanto modalidad y filosofía y será minoritario durante mucho
tiempo ya que en el poderío mediático es completamente proclive al
consumismo y a la manipulación. Pero siempre existirá entre un 1 y
un 5% de los consumidores dispuesto a buscar una alternativa a la
desigualdad y a la injusticia. Para ganar este espacio se requiere
obtener confianza y fidelidad de esos consumidores responsables y
por lo tanto es muy necesario definir bien lo que somos y lo que
queremos. Por eso desde Espanica volvemos a abrir este debate que
nunca debe darse por cerrado: ¿qué es el comercio justo? ¿Cuáles
son los códigos de conducta que deben guiarnos en el mercado?
Podemos decir que se trata de sujetos que han aprendido las
lecciones de la Historia y por eso son nuevos. Por supuesto somos
de los que pensamos que la Historia lejos de finalizar sigue su
curso y probablemente nos encontremos en el futuro con más
sorpresas de las que pudiéramos imaginar. Quizás lo más novedoso de
este fin de milenio es que la gente quiere tener personalidad
propia y se esfuerza más que antes por alcanzar su propia
identidad. Después de tanta alienación y manipulación la gente
reacciona, y una de las lecciones aprendidas es que hoy los
consumidores empezamos a ser conscientes de nuestro poder. Como
tales consumidores "votamos todos los días" eligiendo los productos
que compramos. El consumidor está empezando a entender que con su
consumo puede castigar a empresas por su mala conducta frente al
medio ambiente, sus trabajadores o su comportamiento en el Tercer
Mundo. Pero de lo negativo hay que pasar a los positivo y el reto
es que el consumidor pueda "recompensar" a empresas con objetivos
sociales, protectores del medio ambiente y capaces de mejorar las
condiciones de los trabajadores del Tercer Mundo. Este tipo de
empresas ya han aparecido, pero para asentarse y perdurar tienen
que dar calidad y ser eficientes en el logro de sus metas y
objetivos. En los países industrializados de la metrópoli son las
empresas de Comercio Justo y en los países empobrecidos como en
Nicaragua son las cooperativas y comunidades de pequeños
productores que integran un nuevo espacio económico llamado la
Economía Popular Asociativa y Autogestionaria (este movimiento
existe con sus particularidades, más o menos avanzado en todos los
países pobres).[2]
Por supuesto este movimiento por "aprender las lecciones de la
Historia" no ha hecho más que comenzar. Entre los consumidores, hoy
sólo se plantean la responsabilidad una pequeña minoría. Todo
movimiento de cambio comienza por unos pocos y nadie debe creer que
esto es algo sencillo. Es un movimiento que no ha hecho más que
iniciarse y que requiere como condición previa a personas y
dirigentes con principios sociales y morales sólidos. Debemos tener
en cuenta que estamos hablando de colectivos y grupos minoritarios,
pero que pueden conformar un espacio de lucha y de incidencia
social importante.[3]
El otro grupo necesario para el comercio es el sector social de los
Productores asociados [Pa] que también están aprendido las
lecciones del pasado y sobre todo en el Tercer Mundo, que se
organizan en cooperativas, colectivos y asociaciones y están dando
al capital una nueva dimensión social: son a la vez gestores y
administradores de capital social, un capital compartido en
colectivos, como decimos. La lección aprendida es que en soledad
una familia o una persona productora de mercancías poco puede hacer
en la jungla del mercado.
La mayor parte de las empresas de la burguesía nacional de los
países del Tercer Mundo están quebrando y la ola acabará por llegar
a los eslabones más débiles de la vieja Europa. La oportunidad de
enriquecerse ya no es posible con la competitividad y el
expansionismo de las multinacionales y el capital financiero global
que actúa con la locura de otorgar, en los países de la metrópoli
(Europa y EEUU) unos créditos del 2,5 al 5,25%, mientras en los
países pobres es de un 35% (recompensa a los acreedores y arruina
a los deudores). Ante las masivas quiebras en el Tercer Mundo, los
pequeños productores toman nuevas responsabilidades. Estamos
hablando de más de 500 millones de familias donde tanto el hombre
como la mujer perciben 1 dólar de salario al día. Este gran
colectivo son semiproletarios, esto es, trabajan para un patrón (en
el campo) pero además disponen de su pequeña propiedad rural. En su
calidad de pequeños productores agropecuarios, dueños de la tierra,
están comprendiendo que tienen que acceder por su propia cuenta al
mercado y escalar sus empinadas y laberínticas rampas (dotarse de
capital para infraestructuras de almacenaje, transporte, y muchos
conocimientos, así como asociarse entre los pequeños) para vender
mejor sus productos y buscar allí consumidores favorables
ofreciéndoles mejor calidad u otras oportunidades
La particularidad del Comercio Justo, como decimos, es que nace
pues del encuentro de estos tres nuevos sujetos [Pa], [Mf] y [Cr]
y además del encuentro entre el Norte y el Sur. Del Norte proviene
ese nuevo sujeto consumidor que toma "responsabilidad" y se hace
capaz de dirigir su elección de compra. Del Sur provienen estos
pequeños productores de familia extensa, integrados en comunidades
y colectivos de apoyo mutuo, con mentalidad de incursionar en el
mercado, por sus propios medios y asociados a otros semejantes. Y
de ambos Norte y Sur, proviene por último un tercer sujeto que son
las ONGDs (Organizaciones no Gubernamentales de ayuda al
Desarrollo) que se proponen acompañar a ambos sujetos en la
escalada por su emancipación y facilitarles el camino.
En las antiguas sociedades pre-capitalistas los pequeños campesinos
iban al burgo (centro urbano) y vendían directamente en la plaza lo
necesario para comprar productos de necesidad, como herramientas,
aperos u otras mercancías que no podían producir en su aldea. El
desarrollo del capitalismo convirtió en una reliquia esta forma de
comercio directo (productor-consumidor), pero, territorialmente,
sólo ocurrió así en las metrópolis y en particular en las zonas más
urbanizadas, donde se concentraba la naciente industria. Hoy con la
globalización se acaban las fronteras nacionales y con el
desarrollo de las comunicaciones y el transporte, es factible
llegar a cualquier rincón del mundo. Así que las condiciones para
un encuentro entre pequeños campesinos productores y consumidores
están dadas. Lo mismo que un inversionista se conecta a los
mercados financieros a través de internet, un pequeño productor del
Sur puede comunicarse con un consumidor del Norte siempre que
cuente con un mediador que se lo facilite.
No vamos a exagerar pero tampoco desanimar: aunque el 70% del
comercio mundial está controlado por las multinacionales, es
posible encontrar "nichos" de mercado donde productores y
consumidores se ponen de acuerdo directamente. Uno de estos
"nichos" es el Comercio Justo. Aunque cuantitativamente la masa de
capital que mueve es muy pequeña (insignificante comparada con el
movimiento de los mercados financieros), el valor cualitativo que
tiene esta forma de comerciar solidaria y recíproca, es inmensa y
prometedora.
Para llevar a cabo esta revolución del mercado, esta revolución de
los valores humanos y de las relaciones justas y equitativas, ambos
sujetos económicos precisan, como decimos, de un tercero que los
ponga en comunicación y sea "facilitador" de ese encuentro. Este
mediador-facilitador [Mf] no está motivado por el ánimo de lucro,
común al espíritu del comerciante dispuesto a enriquecerse deprisa
y formar un patrimonio de capital personal a costa de los bajos
precios al productor, la especulación, el mercado negro, el
contrabando, la pérdida de calidad de los productos, el engaño, el
fraude o los vínculos con el poder. Los nuevos
mediadores-facilitadores de ese encuentro feliz, son entidades y
ONGs que después de años de experiencia en cooperación solidaria
han conocido el Tercer Mundo tal cual es. Entidades y ONGs que
buscan el bien común y renuncian al lucro, reclamando no más
ingresos que los necesarios para afrontar sus gastos, muchas veces
bajos pues tienen la ventaja de que sus miembros aportan trabajo
solidario y gratuito. Existe entre un 1 y un 5% de la población
dispuesta a este tipo de trabajos gratuitos, y pueden hacerlo en
sus ratos libres, porque consideran que ya ganan lo suficiente o
porque su condición de clase media sensible, les mueve a mejorar
las condiciones del Tercer Mundo y frenar el ciclo de la pobreza.
En la figura 1 se recoge en un esquema el conjunto de los tres
nuevos sujetos económicos que son el fundamento del Comercio Justo:
el "Productor asociado" [Pa], el "Consumidor responsable" [Cr] y el
"Mediador-facilitador" [Mf]. Como veremos esta relación directa,
honesta y libre, entre estos tres agentes o sujetos económicos,
constituye una verdadera revolución del mercado, que además de ser
estructural es moral al establecer relaciones de apoyo mutuo,
restaurar el sentido de comunidad y permitir unos flujos de
circulación del capital (ahora social) a favor de los pequeños
productores librándoles de la pobreza (gracias a su control de los
mercados de sus productos).
Figura 1: Los nuevos sujetos económicos del "Comercio Justo"
Pero entretanto en el corazón de Europa surgía una fundación
comercial de nuevo tipo que más tarde se llamaría Comercio
Alternativo o Comercio Justo. En 1969 se abre la primera tienda de
comercio justo en Holanda (Brenkelen) y dos años más tarde en este
país ya existen 120 tiendas.[5]
Esto fue posible gracias a que existía un público sensibilizado
hacia el Tercer Mundo y con cierto nivel de ingreso, que aceptó
esta nueva forma de hacer solidaridad y comenzó a comprar productos
del Tercer Mundo con un sobreprecio.
Surgió así lo que ha venido a llamarse primera generación de
Comercio Justo, caracterizada por ser las mismas Organizaciones de
Comercio Justo (OCJ) las que asumen la función comercial y ser los
propietarios del capital (en forma colectiva y asociada). Los
productos importados se venden en puntos de venta donde se
garantiza su procedencia del comercio justo, también llamadas
Tiendas de la Solidaridad, pero igualmente se distribuyen los
productos a través de colectivos y personas sensibles, Iglesias o
Comités de solidaridad, dispuestas a esta misión y que se
encuentran, en muchos casos, viviendo en pequeñas ciudades.
Su precio se formó históricamente con trabajo esclavo, como fueron
las plantaciones del azúcar, el cacao y el café. Actualmente los
comerciantes y grandes compradores calculan el coste de producción
de estos productos sobre la base de unos costes salariales de un
dólar por jornada trabajada. Después mediante el mecanismo de los
precios, la especulación y otras mañas, los grandes exportadores
puede presionar a la baja las Bolsas de Nueva York y Londres, donde
se establecen todos los días los precios internacionales de estos
productos. El abaratamiento de las materias primas (desde el
petróleo, los minerales estratégicos hasta el café y otros
productos de mesa), es una condición perseguida por las grandes
multinacionales y las instituciones por ellas controladas (GATT,
OMC etc). Es una condición, también, para impedir el ascenso de los
precios finales y mantener los grandes beneficios comerciales.
Véase el caso del petróleo, con sus alzas naturales y sus presiones
internacionales a la baja.
El aspecto medular del Comercio Justo es, pues, que se paga al
productor asociado un sobreprecio que puede oscilar entre un 10 o
un 15% por encima del precio de mercado mundial. La ONG o bien la
Organización de Comercio Justo importadora, paga ese sobreprecio
para que el productor pueda obtener algún ahorro suplementario y
mejore sus condiciones de vida. En este sobreprecio está pues el
meollo de la cuestión. Pero ¿cómo podrá la Organización de Comercio
Justo compensar ese sobrecosto sin trasladársela al consumidor?
Evidentemente para poder operar en este comercio hace falta
encontrar compradores al final de la cadena (consumidores finales)
dispuestos a pagar ese sobreprecio.
No es posible por desgracia que la OCJ pueda absorber ese
sobreprecio a costa de mermar beneficios. En la fase actual, la
pequeña dimensión de las OCJs con grandes gastos en sensibilización
y mucha competencia impide tener excedentes mayores. Y, cuando se
tienen, se invierten en mejorar la tienda o en una campaña de
denuncia, o en un proyecto de ayuda. Por lo tanto, debe haber un
número suficiente de consumidores solidarios o consumidores
responsables dispuestos a comprar con sobreprecio y por lo general
con sobreprecios mayores del 10% Esto es lo que se llama "nicho de
mercado".
La figura 2, recoge esquemáticamente como funciona la cadena de los
sobreprecios en el Comercio Justo. El sujeto mediador-facilitador
[Mf] es la OCJ que compra, por ejemplo sésamo, a una cooperativa de
productores de Panamá. El precio de mercado en ese momento de la
compra es de 25 US$/QQ (1 QQ equivale a 45,5 kg.) y el [Mf] entrega
a la cooperativa 27,5 US$/QQ. La Organización de Comercio Justo
paga los costes de la importación, transporte y todos los
necesarios para ponerlo en la tienda al Consumidor responsable
[Cr], que una vez comprueba la fidelidad del producto (y de la
solidaridad del proceso operativo), lo compra pagando su
sobreprecio, que puede alcanzar, como decimos, un 20% por encima
del precio de mercado de un producto de similar calidad material
vendido por comercios convencionales.
Figura 2: La función del "sobreprecio"
Uno se preguntará donde va a parar el beneficio-diferencial
obtenido por la Organización del Comercio Justo, [Mf].
Evidentemente este diferencial (para simplificar en la Figura 2, se
ha calculado como 20%-10%=10%, pero en la realidad son porcentajes
sobre cantidades de valor distintas) se destina, como se ha dicho,
a campañas de sensibilización, proyectos de desarrollo o incluso en
inversión para desarrollo de la tienda o la importadora. Los
cálculos de gastos de una Tienda o una Importadora, son por lo
general muy altos, ya que en los comienzos las operaciones son muy
reducidas, no existe experiencia empresarial, hay que pagar un
coste adicional por el simple hecho del comienzo y los ingresos son
escasos. Es el trabajo voluntario o solidario el que salva la
situación.
Los precios de mercado, por ejemplo del café, son ventajosos cuando
el café es de baja calidad, se vende en forma masiva, hay
experiencia de mercado acumulada durante décadas y rige el
principio de explotación de los máximos rendimientos, como sucede
con las marcas de mayor difusión. Un buen tostador sabe bien que si
no oferta bajos precios pierde mercado y siempre tiene quebraderos
de cabeza para mantener la calidad y bajar el precio.
El sobreprecio, tanto positivo para el [Pa] como negativo para el
[Cr] es pues el aspecto diferenciador del Comercio Justo. Por lo
tanto, para que este CJ opere debe existir una franja de
consumidores sensibilizados dispuestos a pagar más (un 20% por lo
general) por un producto de CJ.
Pero la función del sobreprecio (en negativo) al consumidor final
es doble: por una parte asegurar el sobreprecio (en positivo) al
productor asociado y por otra dejar a la OCJ un pequeño margen para
su actividad solidaria y compensar su altos costos por no llegar a
alcanzar una economía de escala. Debe tenerse en cuenta, por
último, que la solidaridad es un valor añadido y que debe por lo
tanto repercutirse en el precio. Todo esto explica porqué los
precios de productos de Comercio Justo son más altos que los
convencionales, para el mismo tipo de producto.
Los consumidores que no conocen la función del sobreprecio se
quejan del mismo y argumentan con una lógica aplastante ¿cómo es
posible que eliminando intermediarios el producto sea más caro? ¿No
es acaso lógico que los productos que oferta el Comercio Justo,
tengan también un "precio justo"? (y entienden por tal un precio
más bajo). A simple vista parece que tienen razón, pero la realidad
no siempre es revelada en las apariencias. Efectivamente nos
encontramos ante el nacimiento de un movimiento alternativo y
estamos vendiendo productos de valor superior al convencional. Esto
solo lo pueden entender consumidores responsables, consumidores que
han superado la mentalidad consumista y que están dispuestos a
invertir una parte de sus ahorros en la solidaridad, con unos
resultados acumulativos pues la "inversión" va a representar la
oportunidad de abrir un espacio económico distributivo y superador
de la pobreza. Por eso el movimiento de CJ debe dar las máximas
garantías de fiabilidad, credibilidad y autenticidad.
Ya hemos señalado que en los países ricos de centro Europa existe
entre un 2 y un 5% de consumidores dispuestos a pagar un
sobreprecio (entre el 15 y el 20%) por un producto de Comercio
Justo. Ese sector precisa verse alentado por la credibilidad y la
autenticidad del proyecto de CJ. Tiene que confiar en las OCJs que
se lo distribuyen. Se trata de dos aspectos que deben ir
coordinados: la credibilidad del consumidor en la OCJ y la
autenticidad de la OCJ de cumplir en la práctica lo que promete en
sus mensajes.
A la medición o valoración del grado de coherencia entre lo que se
dice y lo que se hace (entre lo que la OCJ sostiene en sus mensajes
de sensibilización y lo que después hace en el mercado) lo llamamos
fidelización.
La fidelización de un producto de CJ consiste en que la OCJ que lo
distribuye debe garantizar a los consumidores que "hace lo que
dice" y "cuenta la verdad de lo que hace". No puede estar diciendo
cosas bonitas de cara a la galería y después operar de otra manera.
No puede tampoco silenciar lo que hace cuando va contra lo que dice
que debe hacerse (criterios de comercio justo). Ciertamente el
cumplimiento del principio de fidelización no se va a dar al 100%,
porque nos movemos en un mundo difícil pero la meta es alcanzar el
100% al menos en las cuestiones principales. El reto de la
honestidad es llegar al 100%
A nuestro entender encontramos por lo menos tres aspectos básicos
del Comercio Justo que deben garantizarse al consumidor para poder
cumplir con el principio de fidelización:
De momento simplemente decir que si las empresas del sector
lucrativo se meten en el Comercio Justo, el principio de
fidelización se pone en crisis total porque ya no podremos
garantizar los criterios y principios que habíamos aprobado[7]. En
efecto: (1) el excedente que podría destinarse a proyectos de
desarrollo o a mejorar aún más las condiciones de vida de los
productores asociados, va a parar a la empresa comercializadora,
recompensando así el principio de la obtención de lucro; (2) una
vez que la empresa lucrativa capta mercado de consumidores
solidarios, se cierra el paso a los productores y desaparecen los
"facilitadores". Es una verdadera integración sistémica (o
desintegración si lo miramos desde el punto de vista de la
organización del movimiento). Desilusiona y frustra las esperanzas
de un mundo más justo. Veamos:
Por desgracia en Europa ha prosperado la venta de Sellos de
Garantía a empresas del sector lucrativo. Ha incrementado el número
de consumidores como consecuencia de las campañas de
sensibilización, especialmente en la televisión, cuyo coste solo
puede ser financiado por estas empresas que se meten en el Comercio
Justo (el marketing incluso terminan por hacerlo las organizaciones
vendedoras del Sello). El efecto más negativo, repetimos, es que la
comercialización queda en manos del capital privado y, lo que es
peor, se cierra el paso a los [Pa] en el camino de controlar ellos
mismos el mercado de sus productos.[8]
Otro aspecto negativo: los productores no podrán dirigirse ya
directamente a los consumidores y se pierde este vínculo tan
decisivo. La función [Mf] también desaparece y las OCJ se limitan
a dar mensajes retóricos y realizar el marketing sin control alguno
del mercado. Estas organizaciones se ven arrastradas a una dinámica
incontrolada donde tienen que invertir más y más en
"sensibilización" para mantener los porcentajes de compradores,
pero estos van percibiendo que falla el principio de fidelización.
Al final es más de lo mismo y sólo son distintas las palabras, pero
no la praxis comercial. Falla la coherencia y los grupos de
consumidores más responsables se desenganchan y la cuota de
compradores se amplía por los sectores menos avanzados y
conscientes. Pero pronto estos sectores se verán igualmente
defraudados cuando ganen en conciencia responsable. Es un camino
sin retorno a la paralización. Es el declive del movimiento que
acentuará el escepticismo y el pesimismo en lo más sano de la
sociedad.
A la generalización de venta de Sellos de garantía se le ha llamado
segunda generación del Comercio Justo[9]
En la Figura 3, se recogen gráficamente las consecuencias: las
empresas se apropian del excedente que viene a pagar el consumidor
responsable y al productor se le cierra el proceso de participar en
la comercialización. El divorcio entre capital mercantil y capital
productivo, característico del modelo de acumulación capitalista se
consuma. Volvemos al subdesarrollo y a la pobreza.
Figura 3: La mercantilización del sello de garantía
Una vez que el "mediador-lucrativo" [Ml] consolide su posición, la
presión de la competencia se encargará de ir desmoronando y
disolviendo el Comercio Justo, reduciéndolo a mera retórica de
marketing, frustrando al sector más consciente de los consumidores
responsables y dejando inerme al resto.
No podemos ignorar la aportación decisiva que han tenido las más
importantes organizaciones distribuidoras del Sello de Garantía de
Comercio Justo y valorar el esfuerzo realizado en apoyo de los
productores. Pero consideramos que este modelo de segunda
generación de Comercio Justo no puede ser aplicado en España sin
unas restricciones. No se debe ir deprisa en esto y no debemos caer
en la simple repetición del modelo aplicado en Europa, sin
analizarlo más detenidamente. Nosotros proponemos las limitaciones
necesarias para asegurar, al consumidor responsable, el principio
de fidelización del proceso.
No estamos, por lo tanto, en contra de la aparición de Sellos de
Garantía, sino de que estos sean "vendidos" a empresas lucrativas.
Estos Sellos resultan necesarios a medida que aumenta el nicho de
consumidores responsables, pues se requiere llegar a los
consumidores y consumidoras con símbolos, pero símbolos no
mercantilizables. La solución más adecuada sería que el Sello de
Garantía sea emitido única y exclusivamente por OCJs fiables y
conocidas públicamente, o por la Coordinadora de CJ, pero siempre
para uso de las organizaciones miembros.
Deben ser Sellos que no se "vendan", no se "mercantilicen", sino
que sirvan para mantener la fidelidad de los productos y de los
procesos y se salvaguarden por lo menos las tres condiciones
señaladas en el apartado 4.
Figura 4: Los productores pasan a participar en la comercialización
En lugar de desviar el modelo de primera generación hacia la
patrimonialización del excedente del 10% solidario por las empresas
lucrativas y sustituir [Mf] por [Ml], la solución sería caminar al
encuentro de los [Pa] coordinando las estrategias de mercado con
ellos (pequeños productores en cooperativas o en cualquier forma de
asociatividad que sería favorecida), dándoles la posibilidad de
entrar como socios en las empresas de CJ, obteniendo parte del
capital de las organizaciones comercializadoras, compartiendo la
función facilitadora [Mf] y creando una asociación más amplia entre
Productores y Mediadores. De esta manera ya no sólo el 10% de
diferencial va al desarrollo, sino que la misma empresa
comercializadora, su capital y patrimonio se funde con el capital
de los pequeños productores, que abren así un espacio en la
metrópoli.
Es cierto que caminar en este sentido requiere haber tomado una
opción por el campesinado del Tercer Mundo y eso asusta. Pero
cuando ese campesinado ha logrado diseñar un proyecto asociativo y
autogestionario, cuando cuenta con facilitadores en el Sur y en el
Norte, cuando demuestra que es alternativa al comercio injusto,
entonces la opción es más factible.
Si se llega a compartir el proyecto asociativo y autogestionario
entre los sujetos [Pa], [Mf] y [Cr], entonces cada uno se fortalece
en el otro y con el otro, volviéndose actores de una nueva cultura
global. Las capacidades del [Cr] se activarán, pues su
responsabilidad tiene un respaldo, tiene una opción y una elección
para transformar la realidad injusta.
La resolución de la pobreza sólo puede venir de los mismos sujetos
que la padecemos (pobreza material en el Sur y pobreza moral y
espiritual en el Norte). El problema está en el control del
mercado, pues desde ese control se accede a los medios de
comunicación, se accede a los excedentes de valor añadido por el
trabajador.
La solidaridad del Norte con el Sur igualmente se moviliza a través
del consumo responsable que le permite suprimir la escisión entre
producción y consumo. Las organizaciones facilitadoras asisten a
los productores en su estrategia de mercado y estos pueden a su vez
recuperar los excedentes porque son dueños de una parte del capital
de la empresa comercializadora. Evidentemente es un camino que
precisa regulación, concentración de fuerzas y tiempo. Pero ¿qué
otra opción le queda al productor cuando los estados han perdido su
función asistencial?
Evidentemente no estamos hablando de un espacio total, sino de un
ámbito limitado, pero culturalmente identificado, que habría
comenzado a ser ejemplo de supresión del abismo Norte-Sur.
Nuevas contradicciones en el modelo de crecimiento del CJ con la
progresiva liberalización de los mercados y la entrada en este
movimiento de sectores mercantilistas. En el estado español surge
el CJ con 20 años de retraso y con una superior carga ideológica.
América Latina es la contraparte proveedora. Tiene autonomía propia
y no se calca del modelo europeo, aunque existen tendencias fuertes
a la homologación. La disponibilidad de capital para asentar las
organizaciones no es tan abundante. El ritmo es más lento y su
perfil marcadamente crítico. No entiende bien eso de los Sellos. Ya
se advierte el interés de empresas mercantiles nacidas del ánimo de
lucro, en el marketing del comercio justo. Este trabajo trata de
entender el comercio justo desde los nuevos sujetos económicos,
considerados como una relación integral que determina una nueva
economía. El prototipo de consumidor responsable es el más conocido
y analizado. El productor asociado bastante desconocido y el papel
de la mediación sin ánimo de lucro carece de proyección todavía.
Estamos en el momento donde podemos definir a los tres sujetos. Ya
existen.
La gran novedad está en los pequeños productores del sur. En los 90
dejan de ser virtuales. Nicaragua ofrece un panorama de avanzadilla
y elaboración. Surge allí un proyecto asociativo y autogestionario
y eso contagia a la solidaridad. En el norte surgen también la
posibilidad de teorizar sobre la práctica del mediador que facilita
la comercialización. Esta debe estar controlada por los mismos
pequeños productores. Estamos en los comienzos. Proponemos entender
el Comercio Justo no sólo por los miembros de las OCJ, sino también
por los consumidores de productos de CJ. Los productores del Tercer
Mundo, esos trabajadores organizados en cooperativas que producen
lo que comercializamos, el cacao, el te, el café, los frutos secos,
el sésamo, la miel y tantos cientos de productos, deben estar
presentes en nuestros debates y organizaciones. Ya se ha logrado un
avance importante con la vinculación entre comercio y consumo,
entre la OCJ y el consumidor responsable. Falta ampliar este
vínculo a los productores alternativos, con los que se cuenta
todavía muy poco. El Comercio Justo implica a esos tres nuevos
sujetos económicos y la misión de las OCJ debe limitarse a ser
facilitadora. En el movimiento de CJ hay que distinguir entre
Tiendas e Importadoras. Las dos funciones son imprescindibles. La
Tienda o el grupo de distribución se pone en contacto con el
consumidor y actúa como agente de los productores y de los
consumidores: es un facilitador de primer orden que emplea la
sensibilización como un poderoso medio de conciencia. La tienda
compra el producto a la OCJ importadora, lo procesa y transforma y
lo comercializa. La primera generación de CJ avanza sin duda hacia
formas de integración y siempre hacia un control del mercado, cosa
que se cierra cuando una empresa no facilitadora entra en ese
mercado de CJ. La degeneración del movimiento consiste en que las
mismas OCJ se convirtieran en "facilitadoras" de la empresa
privada, de la empresa lucrativa, cuya misión no es la solidaridad
a través del comercio, sino en todo caso vender a las OCJ, un
servicio no estratégico, a precios de mercado. Si existe voluntad
de ayuda pueden ofrecer cobertura y asesoría. Cabe pues un papel en
el CJ para la empresa privada lucrativa en tramos no estratégicos
del ciclo económico. La distinción entre una economía y otra es
clara: se mide por el papel que se concede al trabajo asalariado y
por el proyecto político de cambio social que la acompaña. Los
consumidores han irrumpido en la escena, pero su fuerza será
anulada si no disponen de opciones para comprar beneficiando al
productor del Tercer Mundo y cambiando las reglas dominantes del
mercado: la búsqueda del lucro.
Pero, ¿acaso es posible lo que se propone en este escrito, esto es
caminar hacia lo que hemos llamado tercera generación o
control del mercado por los productores asociados? Claro que
estamos hablando del control de los propios productos, no de
otros. Determinadas experiencias están demostrando que eso es
posible. El Comercio Justo es un movimiento de esperanza y de
futuro, pero no será alternativo si se integra en el sistema de
economía de mercado y si esto sucede quedará reducido a mera
retórica. Este riesgo acecha también a la misma cooperación al
desarrollo, donde algunas instancias y ONGDs han optado por
compartir el mensaje solidario con empresas lucrativas, como
ocurre con Fortuna (campaña 0,7%), Trinaranjus y alguna marca de
lácteos, por citar unas pocas. La mercantilización de la
solidaridad destruye la solidaridad, porque se trata de un valor
no mercantil, un valor moral que no puede cambiarse por dinero o
ser instrumento de negocio.
ACSUR-Las Segovias (1999) Boletín "Consumo justo y responsable"
Centro Nuovo Modello di Svilupo, CRIC (1997) Rebelión en la
tienda (Ed. ICARIA Barcelona)
Núñez Orlando (1996) La economía popular asociativa y
autogestionaria (Managua)
Núñez Orlando (1999) El manifiesto asociativo y autogestionario
(Managua)
Salvat (Ed.) (1973) La economía mundial (Biblioteca Salvat de
Grandes Temas. Número 35. Barcelona)
Fecha de referencia: 16-6-2000
"El Comercio Justo es una aproximación alternativa al comercio
convencional internacional. Es una asociación de comercio que busca
un desarrollo sostenible para los productores excluidos y
desfavorecidos. Busca proveer unas mejores condiciones comerciales,
a través de campañas y sensibilización".
Más avanzada parece esta otra, aprobada por la Comisión de Ética de
la Coordinadora de OCJ, aunque como puede verse a la luz de lo que
se expone en este artículo (¿Qué es el Comercio Justo?) nos parece
insuficiente pues no se define la cualidad sustantiva de cada uno
de los sujetos que intervienen (productor asociado, consumidor
responsable y mediador facilitador) por lo que deja vía libre al
capital privado mercantil para entrar en el CJ:
"El Comercio Justo es un movimiento social integrado por
productores, comerciantes y consumidores que trabajan por un modelo
más justo de intercambio comercial, posibilitando el acceso de los
productores más desfavorecidos al mercado y promoviendo el
desarrollo sostenible".
Núñez Orlando (1996) La economía popular asociativa y
autogestionaria (Managua)
El autor es Presidente del CIPRES (Centro de Investigación y
Promoción para el Desarrollo Rural) y también Secretario del la
UNAPA (Unión Nacional Agropecuaria de Productores Asociados), ambas
de Nicaragua. Junto con su siguiente obra:
Núñez Orlando (1999) El manifiesto asociativo y autogestionario
(Managua)
Son dos de los trabajos que fundamentan el movimiento de Economía
Popular de Nicaragua. Estos dos libros resumen el proyecto
alternativo de los pequeños productores de Nicaragua y lo proyectan
como una opción cultural, ya que una forma económica alternativa no
provocaría sino la liberación de fuerzas humanas reprimidas por el
actual sistema de economía capitalista global.
ACSUR-Las Segovias Boletín "Consumo justo y responsable"
(1999)
El movimiento de nuevos consumidores ya tiene un nombre: "Consumo
responsable". En Madrid acaba de aparecer esta publicación de la
que extraemos el siguiente texto:
"... consideramos que utilizar el instrumento del consumo, uno de los más cercanos a nuestra realidad cotidiana, es una vía eficaz para contrarrestar el cariz que están cobrando las relaciones comerciales internacionales que son factor clave en el crecimiento de las desigualdades Norte-Sur. [...] Una de las principales preocupaciones [de las organizaciones de consumidores del Norte] es la introducción de variables éticas en el momento de decidir las opciones de consumo en el objetivo de lograr una mayor corresponsabilidad con un orden ecológico, económico y social más justo, humano y sostenible."
Los países de la metrópoli (industrializados) concentran el 80% del consumo mundial. Si compramos, por ejemplo, productos de una cooperativa agrícola de Uganda, que están siendo procesados por un fabricante lucrativo europeo no tenemos garantía de cambiar nada en el mercado injusto. Si dejamos de comprar a una multinacional y hacemos boicot tampoco creamos alternativa. Tiene que haber productores de economía social que lancen al mercado productos que sean recogidos por distribuidores-"facilitadores". Aunque hubiera que recurrir a un fabricante privado (por ejemplo el tostado de café) o a un transportista privado (ambos ponen su precio de mercado por el valor añadido o por el servicio) lo decisivo es que el control del mercado del producto no quede en manos de intereses lucrativos (el control del mercado permite el marketing y por tanto la sensibilización del consumidor) y actuemos (quienes nos metemos a CJ) favoreciendo la tendencia a que el mismo productor-trabajador controle el mercado. Entonces el consumidor al comprar ese producto si que está creando algo nuevo y revolucionario al fortalecer con su dinero de compra esa Nueva economía social (así llamada en Europa) o economía popular (así llamada en Nicaragua).
Kunz, Martín (1999) "Sellos de garantía: la segunda
generación de comercio justo" (en: Reflexiones sobre comercio justo.
Un nuevo modelo de desarrollo. SETEM. Valencia, marzo 99)
Martín Kunz es miembro de Transfair.
| Boletín CF+S > 13 -- Antes de la batalla: TRANSPORTE / Comercio / Trópicos / Ayuda Mutua > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n13/aalar.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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