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Boletín CF+S > 12 -- Especial: ACCIÓN ASOCIATIVA EN EL DESARROLLO LOCAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/ajmal.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Las relaciones entre el tejido asociativo y la base social: la experiencia de la plataforma por un debate general sobre el paro


Javier Malagón.
Colectivo PROCESOS.
ECOE. C/ la Cultura, bloque 5, bajo3.
28529 Rivas-Vaciamadrid.
Tel: 916 662 283.

Madrid (España), febrero de 1999.

Desde comienzos del 98 participo en una Plataforma de asociaciones, sindicatos y partidos cuyo objetivo es promover un amplio debate social sobre la problemática del paro. He elegido hablar de esta experiencia porque pienso que contiene elementos interesantes que aportar a estas jornadas.

En primer lugar explicaré los objetivos, proceso de trabajo y actividades de la plataforma. Después expondré la perspectiva desde la que se ha planteado la relación entre fines y medios. Seguiré hablando de algunos de los criterios básicos, del estilo de funcionamiento, de las principales dificultades y daré mi personal interpretación de algunos problemas.

Terminaré haciendo referencia a algunos conceptos aportados al debate por diferentes miembros de la Plataforma y que proporcionan, a mi entender, una visión innovadora de la cultura del trabajo y de los contenidos del desarrollo.



Objetivos, proceso de trabajo y actividades


El 10 de diciembre de 1997 Cristianos de Base de Madrid, hizo la presentación pública de un Manifiesto-Programa con el título "Por un debate General sobre el Paro". Iba respaldado con las firmas de un centenar de personas destacadas del mundo del sindicalismo, la política, la economía, la cultura, las ONGs, etc.

En dicho manifiesto se declara: "Consideramos que se hace necesario iniciar en España un gran debate general, abierto a toda la sociedad, destinado a encontrar esas ideas y a traducirlas en medidas concretas de transformación de la realidad. Un debate que no duda en poner en cuestión cuanto haga falta, incluyendo la eventual redistribución de los tiempos de trabajo y la reforma del conjunto del sistema productivo".

El 6 de febrero de 1998 Cristianos de Base de Madrid envió el Manifiesto-Programa a más de mil organizaciones de la Comunidad de Madrid, invitando a participar en este "debate-acción" sobre el paro. Aceptaron participar alrededor de 90 colectivos de todo tipo: agrupaciones de parados, partidos y sindicatos, grupos de mujeres y de jóvenes, asociaciones de vecinos, ONG, agrupaciones religiosas, de inmigrantes, etc.

El 31 de marzo y el 14 de abril de 1998 se realizaron respectivamente dos reuniones para construir la Plataforma. A los colectivos se les ofrecieron dos niveles de implicación: uno, más activo, que suponía el compromiso de participar en las reuniones habituales de la Plataforma y en las comisiones de trabajo que se crearan, y otro, de seguimiento, en el que el compromiso básico consistía en prestar apoyo públicamente y difundir las propuestas e iniciativas de la Plataforma. Al primer nivel, el de gestión, se apuntaron unas 40 organizaciones.

El 6 de mayo de 1998 se organizaron varias comisiones de trabajo y se puso en marcha la primera fase del debate. Para desarrollarla, el 8 de ese mes se envió a todas las organizaciones participantes el plan de actuación.

Entre mayo y junio se desarrolló la primera fase del debate, cuyo fin era decidir los temas o cuestiones fundamentales sobre las que deberíamos debatir para abordar a fondo y democráticamente el problema del paro. En la comunicación dirigida a las organizaciones se decía:

"(...) El punto de partida será la libre opinión de las bases de cada entidad que quiera participar. El punto de llegada será la elección de aquellos asuntos o cuestiones que conciten el máximo consenso o acuerdo entre las organizaciones participantes y sobre los que girará el debate de la segunda fase -después del verano- (...)"

Participaron por escrito 32 organizaciones y una síntesis de las respuestas, elaborada por la secretaria, se presentó discutió y aprobó en reunión de representantes el 30 de junio de 1998.

Dicha síntesis es una referencia obligada para conocer con detalle las aportaciones de las organizaciones, pero se consideró conveniente elaborar una lista más breve de las cuestiones fundamentales a debatir.

A las puertas del verano se llegó a un acuerdo sobre cinco grandes ejes en torno a los cuales estructurar la segunda fase del debate. Resumidamente se recogían en los siguientes epígrafes, aunque cada uno tenía asociados una gran variedad de cuestiones a tratar:

  1. ¿Por qué tantos parados, trabajadores en precario y excluidos en España?
  2. ¿Es justo y democrático el actual modelo de desarrollo económico?
  3. ¿Es posible un cambio global en la organización del trabajo?
  4. ¿Qué medidas proponer para repartir y ampliar la oferta laboral?
  5. ¿Cómo garantizar los derechos sociales de los parados y empleados precarios?

El 20 de junio de 1998 tuvo lugar una manifestación en Madrid bajo el lema unitario de "35 horas por ley, sin reducción salarial, protección social plena". Entre los convocantes se encontraban IU, USO, CGT, Movimiento Anti-Maastricht, HOAC y otros muchos colectivos. Las organizaciones citadas participaban en la Plataforma, en cuyo seno se difundió la convocatoria y se animó a participar al resto de los miembros.

Las reuniones de la Plataforma vienen sirviendo, entre otras cosas, para que los colectivos presenten sus iniciativas, materiales, análisis... de forma que, además de ser un espacio de debate, pudiera ser también una red de información y difusión que ayude a un mejor conocimiento de las partes y a la colaboración entre ellas.

Desde la secretaría también se ha llevado a cabo un trabajo de información permanente a través del correo postal, haciendo uso en particular de un sencillo boletín informativo.

Después del intervalo vacacional, a primeros de octubre del 98 relanzamos públicamente los propósitos de la Plataforma, dando cuenta de los resultados alcanzados y de los planes de trabajo inmediatos. Para ello el martes 6 de octubre organizamos una concentración en la Puerta del Sol, hicimos llegar un comunicado a Ruiz Gallardón [1] y realizamos esa misma tarde un acto en el Ateneo de Madrid para presentar el programa de debates de la segunda etapa. En el escrito dirigido a Ruiz Gallardón se podía leer lo siguiente:

"(...) Queremos expresarle nuestro descontento no sólo por la ineficacia de las medidas que su gobierno -y los que le han precedido- han puesto en práctica para atacar de raíz estos problemas, sino por el déficit democrático que percibimos en la búsqueda de soluciones, manteniendo fuera del debate y de la participación a la inmensa mayoría de la población de este país, obviándose sobre todo el punto de vista de los más vulnerables a las políticas de corte neoliberal que vds. promueven, vulnerando elementales derechos humanos, constitucionales y laborales. Todos los colectivos que suscribimos la Plataforma por un Debate General sobre el Paro, partimos del convencimiento de que esta realidad no es un mal inevitable, sino el resultado de una mala organización social y económica, que beneficia a una minoría en detrimento de millones de personas y que es susceptible de encontrar alternativas justas y viables (...)".

A lo largo de octubre y noviembre llevamos a cabo diversos actos descentralizados, organizados por una o varias entidades de la Plataforma en diferentes puntos de Madrid. Se trataba con ello de ir extendiendo el debate a distintos núcleos y que las organizaciones participantes pudieran plantear con libertad los contenidos y el tipo de acciones a realizar.

Esta etapa de actos convergió finalmente en un taller central realizado el sábado 28 de noviembre en el Colegio Mayor Chaminade y al que asistieron alrededor de 100 personas, en su mayoría pertenecientes a las organizaciones convocantes.

Además de debatir en grupos y asambleariamente, en esta reunión se decide dar el apoyo expreso de la Plataforma a la convocatoria de manifestación del 14 de diciembre a favor de as 35 hs. Por ley, en cómputo semanal y sin rebaja salarial. La Plataforma en adelante acompañará con interés la evolución de la Iniciativa Legislativa popular impulsada por Izquierda Unida (IU) y estimulará la colaboración de sus miembros.

Pasado este acontecimiento y después de valorar la marcha del proceso, iniciamos un nuevo periodo en el que el principal objetivo consiste en hacer una devolución a las organizaciones de los contenidos que se han aportado en los diferentes espacios de debate, especialmente en el taller central del 28 de noviembre.

Para esta tercera fase se proponen también a los colectivos realizar una nueva ronda de debates descentralizados para converger de nuevo en un programa de cinco talleres centrales que se van a realizar a lo largo de mayo y junio próximos [2] en diferentes puntos de Madrid.

Antes del verano quisiéramos alcanzar un consenso más elaborado sobre las cuestiones que se han puesto a debate e identificar mejor los aspectos que concitan menos acuerdo y/o que requieran seguir discutiéndose y profundizando en ellos.

En definitiva, estamos hablando de un proceso de convergencia de entidades y sectores de la ciudadanía que ojalá puedan en un futuro constituir el núcleo motor de una fuerza social más amplia. Cohesionada en torno a unos análisis, objetivos y acciones comunes contra el paro y la precariedad.



Criterios y estilo de trabajo


Podíamos hablar de muchas cosas, pero personalmente destacaría seis rasgos que me parecen bastante definitorios del estilo con el que la Plataforma afronta sus objetivos.

Un primer criterio ha sido que este debate debía extenderse ampliamente por las bases de las organizaciones y entre la ciudadanía, sobre todo entre los más afectados por el paro y la precariedad. El Manifiesto-Programa decía así:

"(...) Nos dirigimos en primer lugar, a los colectivos más directamente afectados por el paro y el empleo precario. Instamos a los partidos políticos, a las fuerzas económicas y sociales, a la Universidad y a los intelectuales, a las ONG y a las agrupaciones de base de toda suerte para que proclamen que se abra cuanto antes ese debate y participen activamente en él, aportando cada uno sus razones y su particular punto de vista. Solicitamos también a los medios de comunicación que se hagan eco preferente de ésta problemática y abran con generosidad sus páginas a las diversas opciones alternativas que se presenten (...)"

En segundo lugar, siempre hemos dicho que "las bases" deben ser las protagonistas del proceso y que éste ha de acomodarse a sus ritmos y posibilidades de participación. Hemos querido evitar que el debate se produzca solo a nivel de expertos o entre los representantes que acuden a las reuniones.

En este sentido, siempre nos ha preocupado que los plazos fueran suficientemente amplios para que los grupos no tuvieran grandes problemas para aportar a la Plataforma y diera tiempo a que la información fluyera entre las bases y éstas pudieran organizar y participar en el debate.

Un tercer punto consensuado consiste en que la Plataforma debe ser un lugar abierto y plural, gestionado democráticamente, en la que las organizaciones y personas participen en pie de igualdad, optando por diversos niveles de implicación, con bajos costes y generando la menor burocracia posible.

Expresamente se proclama que "la pertenencia a la Plataforma es libre, con una política de puertas abiertas y procurando que se sumen al proceso todas las organizaciones que sea posible" (Acuerdo de la reunión de representantes del 14 de febrero de 1998).

En cuarto lugar señalaría la vocación práctica de su trabajo a dos niveles: por un lado, en tanto que el debate deber servir para abrir cauces de participación democrática y, por otro, porque se aspira a que los resultados del debate sirvan para lograr movilizar a la sociedad y lograr transformaciones concretas. Volviendo al Manifiesto-Programa:

"(...) La sociedad española tiene que salir de su estado de postración fatalista ante el paro y tomar conciencia de que éste no es un mal inevitable, sino una consecuencia de una mala organización social y económica, rectificable con audacia e imaginación (...)"

Un quinto aspecto sería la radicalidad con la que se afronta el debate y sus consecuencias, esto es, "en profundidad y sin límites, cuestionando lo que haga falta" y orientándose hacia la movilización social.

En una reunión celebrada el 31 de marzo del 98 se decía:

"La Plataforma se propone responder a dos objetivos fundamentales. En primer lugar, promover un debate desde las bases, en el que participe el máximo de colectivos, a fondo, sin condicionamientos previos y cuestionando lo que haga falta del actual modelo de sociedad y de relaciones laborales, y orientado a la acción, es decir, poniéndose como meta llegar a unas propuestas concretas que gocen del mayor consenso posible y que trataremos de extender al resto de la sociedad. En segundo lugar, a propuesta de varios intervinientes, la Plataforma debe organizarse para mantener relaciones, establecer convergencias y participar en acciones urgentes y movilizaciones con aquellas otras organizaciones e iniciativas con las que haya coincidencia de planteamientos, siempre a juicio de los miembros gestores de la Plataforma."

En sexto lugar, se ha procurado no solapar, confundirse o competir con otras iniciativas contra el paro y la precariedad, en general más orientadas a constituir redes organizativas y alianzas para la movilización. La Plataforma se ha esforzado en definir su función en torno a la capacidad de generar debate, sin pretensiones de llegar demasiado rápido a acuerdos programáticos de cara a la movilización.

Esto no se descarta de cara al futuro, pero procuramos no quemar etapas demasiado rápido. En cualquier caso, tenemos una buena disposición para apoyar las convocatorias que surgen fuera del espacio de la Plataforma, muchas de ellas impulsadas por organizaciones que en ella participan.



Relacion entre fines y medios. Dialéctica del cambio


¿Sería posible lograr la participación amplia, plural y democrática de la población con procedimientos elitistas y autoritarios? Parece evidente que no, pero las organizaciones y los movimientos sociales no siempre sacan las debidas consecuencias. A menudo es demasiado grande la distancia entre lo que se proclama y lo que se hace.

Por eso, desde el principio, las entidades participantes hemos sido cuidadosas para que los procedimientos de trabajo sean coherentes con los objetivos que pretende alcanzar.

En la experiencia no han faltado dificultades y límites difíciles de superar, pero pese a ello tiene de positivo que estamos probando la eficacia de nuevas formas de relación entre organizaciones, entre las bases y sus representantes y entre el tejido asociativo y la ciudadanía en general.

En cierto modo, el proceso tiene algo de experimento, de búsqueda e innovación en las maneras de conseguir que la gente participe y que las organizaciones puedan trabajar juntas, conociendo y respetando su diversidad y relativizando hasta cierto punto sus diferencias.

Esta atención a los aspectos metodológicos del proceso es algo todavía poco común en la cultura de la izquierda y de los movimientos sociales, demasiado condicionados quizás por las inercias históricas y la sobrevaloración de lo cuantitativo frente a lo cualitativo, de los resultados frente a la forma de alcanzarlos.

A medida que transcurrían los meses hemos podido constatar que los deseos y los hechos no siempre van de la mano, aunque nos esforcemos en ser coherentes. Estamos quizás muy acostumbrados a pensar de manera lineal, acumulativa y bipolar. Es frecuente que la gente se decepciones por no ver una traducción mecánica de las ideas en los hechos. Nos frustraremos cuando sólo somos capaz de ver todo blanco o negro, bueno o malo, sin matices, cuando la realidad puede tener valoraciones muy diversas y desde distintos ángulos pueden verde las mismas cosas de forma diferente.

Para asumir esto hace falta una visión dialéctica de los procesos, de manera que los veamos no como mera traducción más o menos exitosa de los ideales, sino como una tensión entre la realidad que se desea transformar y los valores y modelos desde los que intentamos hacerlo. Es la condición para que las cosas cambien. Lo realmente problemático sería que las contradicciones no evolucionaran, que las tensiones y las crisis no encuentran salida y se enquistaran. Afortunadamente, en la Plataforma vamos desatando los nudos.



Dificultades y limitaciones


A continuación hablaré de algunos de los problemas que han ido surgiendo en el devenir de la Plataforma.

El debate ya estaba en la sociedad. La Plataforma se formó para impulsar el debate sobre el paro pero al principio, por algunos enunciados, podría suponerse que ese debate no existía y que la Plataforma venía a inaugurarlo. Pronto tuvimos que corregir este enfoque pues era necesario reconocer que muchas organizaciones ya venían impulsando debates y tenían elaboradas posiciones con la participación de sus bases y otros sectores de la sociedad.

La Plataforma no inauguraba un debate, que de hecho ya estaba en la calle, sino que creaba un nuevo espacio para impulsarlo. Después de casi un año y medio de trabajo, creo que, sobre todo, el debate está siendo útil para reunir y catalizar las aportaciones de un cierto número de colectivos.

Expectativas quizás demasiado grandes. Al principio hablábamos de "impulsar el debate entre la ciudadanía", "abrir un gran debate social", etc. Declaraciones grandilocuentes e indeterminadas. A medida que pasaba el tiempo veíamos que la respuesta y el impacto eran limitados y que cuesta mucho involucrar masivamente a la gente en proyectos de este tipo.

Ahora somos más modestos y asumimos que son alrededor de treinta entidades las que realmente están involucradas establemente y que conseguimos que sean alrededor de quinientas personas las que participen de forma regular y más o menos activa en el proceso de debate, la mayoría de ellas ya vinculadas a las organizaciones que están en la Plataforma.

A pesar de todo, el nivel de respuesta hasta el momento nos parece aceptable para continuar trabajando, pero es evidente que la sensación mayoritaria es que los logros están por debajo de las expectativas iniciales. En cualquier caso, no hemos renunciado a los objetivos generales, sino más bien los hemos colocado en una perspectiva de proceso a largo plazo.

Demasiada estructura al principio. En los inicios y en base a unas expectativas quizás demasiado grandes respecto a la extensión social del debate, diseñamos una estructura organizativa quizás un tanto sobredimensionada y compleja, si bien es cierto, que organizar a las más de 90 entidades que se habían adscrito al proceso requería una estructura suficientemente sólida y eso había que preverlo, aunque luego el proceso real haya puesto las cosas en su sitio.

Pronto vimos que de las 90 fueron bastantes menos las implicadas en el proceso y que la diversificación de comisiones y líneas de reflexión-acción generaba problemas de coordinación. Poco a poco la dinámica real y el buen juicio simplificaron las cosas, sin que ello nos impida hacer más compleja la organización si llega a ser necesario.

Quiero destacar esta flexibilidad organizativa como un valor. A menudo estamos tentados de construir la casa por el tejado haciendo organigramas muy aparentes pero poco eficaces cuanto tienen que superar la prueba práctica.

Diferentes grados de elaboración. Hemos visto como es difícil que entidades tan diversas (desde pequeños colectivos de base hasta sindicatos y partidos con miles de afiliados) puedan armonizar sus procesos internos de discusión.

Algunas organizaciones tienen un bagaje que se remonta a mucho tiempo atrás, de manera que desde el primer momento aportan contenidos muy elaborados y representativos de su base social. Otros grupos en cambio apenas han discutido el tema y la Plataforma les ofrece la posibilidad de hacerlo en un marco de relaciones más amplio.

Esto permite que contenidos bien estructurados aporten claridad y orden al debate. Pero en ocasiones pueden restarle frescura, centrado la atención quizás demasiado en aquellos colectivos o representantes que mejor fundamentadas tienen sus ideas y/o con más energía las manifiestan.

La solución parece que estriba en mantener un cierto equilibrio entre las aportaciones más elaboradas y expertas -cuidando de que sean plurales y vengan de distintas fuentes- y aquellas otras muchos menos sistemáticas y formales que, a su vez, necesitan expresarse con libertad y respeto a su sencillez.

Ritmos distintos, distintas prisas. Hay colectivos que demandan avanzar más rápidamente hacia un horizonte de movilización y acción más contundente. Otros en cambio se muestran remisos a correr demasiado porque saben que alianzas tan plurales para un proceso de sostenido de movilización requieren tiempo para cuajar. Hay personas que valoran más la movilización que el debate, y otras a las que les cuesta pasar de las palabras a los hechos.

Armonizar los ritmos y prisas para obtener resultados concretos genera siempre una tensión. Cuesta mantener procesos de debate de este tipo durante mucho tiempo, sobre todo si exigen un cierto número de reuniones para llegar a acuerdos y los resultados tardan en verse.

No obstante, intentamos resolver esto teniendo como criterio favorecer al máximo a quienes menos elaboradas tienen sus opiniones y necesitan más tiempo para hacer su debate, pero, al mismo tiempo, señalando, aproximadamente, el principio y el fin de cada nueva etapa y dejando márgenes de libertad para que la gente siga sus propios procesos de debate y acción conforme a su trayectoria particular.

Falta presencia y protagonismo de los parados y paradas. Estamos de acuerdo en que nuestros esfuerzos no valdrán de mucho si no logramos conectar con sectores amplios de la población, pero especialmente con aquellos que más están sufriendo las lacras del paro y de la precariedad.

Pero nos cuesta llegar a este tipo de personas. Los colectivos que las representan (colectivos de parados/as sobre todo) expresan a menudo su dificultad para mantenerse en el proceso de debate articulado por la Plataforma, criticándolo por ser a veces demasiado intelectual, sesgado hacia posiciones de algunos colectivos y/o de que no contemple hasta el momento la acción reivindicativa y de protesta como un elemento básico de su actividad.

Este es un reto para el que todavía no encontramos una solución clara, pero es posible que ésta pase por un trabajo más centrado en llevar el debate a donde está la gente y no tanto de traer a la gente a donde otros organizamos el debate. La dificultad no es pequeña dadas nuestras limitaciones de tiempo y personal y la escasa organización del amplio, diverso y fragmentado mundo de la población parada y en precario.

El papel de los expertos y representantes. Como ya comenté un criterio ha sido el no condicionar excesivamente el debate por un protagonismo excesivo de los expertos. A veces, éstos centran toda la atención y pueden llegar a imponer un clima en el que no es fácil que la gente se exprese y opine con libertad, sobre todo si el foro reúne a gente sencilla y con un pensamiento poco estructurado.

Hemos limitado al máximo el papel de los expertos, pero tampoco hemos podido prescindir de un cierto protagonismo de los que participan habitualmente en la dinámica de reuniones de la red.

Lo cierto es que estas personas, por sus conocimientos, trayectoria y dedicación contribuyen a que el proceso se mantenga pese a las dificultades. Desde luego que la Plataforma continua su andadura porque hemos procurado que el debate no se cierre y se centre solo en este tipo de personas, pero sin ellas hubiera sido francamente difícil estructurar los contenidos y organizar el proceso.

Tan peligroso es que todo gire en torno a "los que saben", que banalizar su papel e idealizar las dinámicas basadas en el simple "yo opino". Desde el principio hemos querido que el debate tenga cierto rigor y que progresivamente alcance profundidad, por que si no estaríamos haciendo meras tertulias y no un debate serio para obtener resultados eficaces. No es fácil mantener el equilibrio, más bien exige estar siempre vigilantes para evitar que las dinámicas escoren demasiado en un sentido u otro.

Descontentos. Finalmente, otro problema inevitable es que "nunca llueve a gusto de todos" y aunque intentemos que el proceso esté abierto a una amplia pluralidad de visiones, dinámicas y perfiles debemos admitir que hay grupos que no han continuado porque el proceso no ha respondido a sus condiciones y expectativas.

En este sentido tan importante es dotarse de un mecanismo formal de funcionamiento que garantice la democracia interna, como estar pendientes de cómo unos y otros colectivos viven el proceso. La democracia asegura que las decisiones sean participativas y legítimas, pero no asegura que todos estén suficientemente satisfechos de ellas.

El espíritu no es tanto el de funcionar conforme a mayorías y minorías, sino más bien ir acomodando el proceso a la búsqueda del máximo consenso y unidad posible. Sólo que esto también tiene sus límites, bien porque a veces no prestamos suficiente atención a las necesidades, intereses y circunstancias de los demás, bien porque hay quien experimenta las posiciones de otros como irreconciliables con las suyas.

¿Cómo afrontar éste problema? No hay una solución definitiva. Depende de que las actitudes tengan un alto grado de empatía (ponerse en el lugar del otro, comprender y aceptar su lógica) y de flexibilidad (acomodarse lo más posible a su situación). También dependerá de que estemos abiertos a modificar nuestra visión del otro.

Hablamos de niveles de convergencia siempre relativos. No podemos obviar que existen diferentes valores, sensibilidades, análisis y propuestas y que tan necesario es encontrar los puntos de acuerdo como situar claramente donde están las divergencias.

Diría más, saber identificar aquellos límites que el proceso unitario no va a poder vencer y ante los cuales es preciso detenerse.

El papel de las mediaciones. Algo que sin duda está contribuyendo a la buena marcha del proceso ha sido el papel jugado por Cristianos de Base de Madrid como entidad convocante en un primer momento, pero también después como animadora y factor de equilibrio en el proceso.

Esta organización logró una amplia respuesta a su llamada quizás porque representan a un sector de la ciudadanía y de la izquierda "no quemado" por un exceso de politiquismo. En el transcurso de los meses han concitado un apoyo unánime para ser "el fiel de la balanza" en un proceso no exento de dificultades de comunicación.

Este liderazgo, a juicio de la mayoría de los miembros de la Plataforma, es un activo a conservar; siempre que siga siendo democrático, facilitador del protagonismo de los demás y no hegemonista. Lo cierto es que esta difícil función se ha ido perfilando con la colaboración de todos los miembros de la Plataforma y no podemos dejar de felicitar públicamente a Cristianos de Base de Madrid.

Algunas reflexiones sobre la identidad y el sentido de pertenecia. Que duda cabe que nos cuesta sumar personas al proceso de debate. Quizás porque existe una fuerte cultura de la delegación. Quizás porque los medios de comunicación nos presionan muchísimo con informaciones y temas que nos distraen la atención, nos confunden y nos restan fuerzas. Quizás vivimos en espacios distantes que no invitan a ser atravesados. Quizás porque nos falta tiempo, porque lo hacemos todo con demasiado estrés, porque vivimos con demasiadas incertidumbres, inestabilidades y falta de confianza en la eficacia de los esfuerzos colectivos.

Posiblemente todas estas razones sean ciertas y estén en la raíz de las dificultades que he relatado, pero quizás existan también otros "quizás" menos tenidos en cuenta. Expreso a continuación algunas dudas personales.

¿No apuntábamos demasiado alto? ¿No estábamos sobrevalorando nuestras capacidades? ¿No estaríamos pensando en abstracto palabras como "ciudadanía o "bases sociales"? Nuestra manera de pensar la relación bases-representantes no estaría muy mediatizada por un prejuicio que victimiza e idealiza a las primera y culpabiliza y subestima a los segundos?

A menudo utilizamos el concepto "base social" sin pararnos a pensar de qué esta constituida. Si lo hacemos, fácilmente nos daremos cuenta de la enorme cantidad de sujetos iguales o parecidos en algunos aspectos, pero también diferentes en muchos de ellos.

A distinguir lo que es parecido y lo que es diferente muchas veces no le entregamos suficiente esfuerzo, aplanando la realidad con palabras del tipo "base social", "clase obrera", "ciudadanía", "sociedad civil", "organizaciones sociales" "ONGs", "Tercer Sector" etc. Desde luego son palabras útiles, pero reduccionistas y tramposas si no damos relieve a las diferencias que aglutinan.

Todos podemos ser "clase obrera", pero no es lo mismo trabajar fijo en una gran empresa, con un buen sueldo, vacaciones, bonus y participación en el accionariado, que hacerlo a través de una ETT. Como no es lo mismo ser hombre que mujer, joven que mayor, autóctono que inmigrante, payo que gitano, tener plenitud de facultades que sufrir algún tipo de enfermedad o discapacidad...

Volviendo al caso de la Plataforma para un Debate General sobre el Paro, he podido comprobar como uno de los factores de los que dependen los acuerdos posibles estriba precisamente en su capacidad de mutuo reconocimiento.

Desde luego, en la plataforma todos somos iguales en el sentido de que las decisiones se toman por consenso o por mayoría de los representantes sin que un voto valga formalmente más que otro. Pero también somos distintos porque no es lo mismo lo que cada persona representa, ni desde un punto de vista cuantitativo (a cuantos), ni cualitativo(el tipo de organización, su estructura, historia, ideología, composición...).

Gestionar estas diferencias y sus contradicciones de manera que todos los miembros de la red se sientan razonablemente satisfechos es uno de los retos más difíciles de afrontar. Pero es muy importante para asegurar una participación plural y evitar que el proceso se bloquee por la falta de acuerdos mínimos.

"Participar" podemos entenderlo como "formar parte de..." y probablemente sólo nos sentiremos parte de algo si en ese "algo" reconocemos aquello que nos hace similares, pero también lo que nos hace diferentes, "parte" diferenciada de un proyecto que compartimos con otros distintos a nosotros y que nos permite aportar nuestra especificidad.

Pienso que los éxitos o fracasos en la participación que deseamos promover están a menudo relacionados con esta cuestión: el adecuado reconocimiento de las diferencias para lograr acuerdos que nos permitan sentirnos suficientemente reconocidos dentro de un proyecto común.

Contenidos. En el proceso de diálogo e intercambio que hemos realizado hasta ahora se han debatido temas como:

Siendo muy importantes los temas enunciados. Me voy a centrar en explicar otras ideas "de fondo" que han sido aportadas por diferentes miembros de la Plataforma y que, a mi juicio, están en la base de un proyecto profundamente transformador de la cultura del trabajo y del concepto de desarrollo.

Empleo y trabajo son dos cosas diferentes. Esta distinción parece obvia pero en lo que podemos llamar "cultura laboriosa" no lo es tanto. Trabajo es todo esfuerzo encaminado a conseguir algún objetivo, habitualmente se entiende que ese objetivo es el de producir riqueza.

Bien, aquí no se dice nada de cobrar un salario, característica que define tener un empleo. Podemos esforzarnos mucho y no cobrar por ello (véase el caso de las madres y padres con sus hijos). Ese trabajo puede crear tipo de riqueza ó de utilidad social, pero no tiene necesariamente que suponer una contraprestación salarial.

En otras palabras, el "trabajo socialmente útil" no tiene por qué asociarse solo a empleo remunerado. En la práctica hay muchos trabajos útiles por los que la gente no cobra, entre ellos los que realizan los militantes y voluntarios de muchas organizaciones sociales.

Por el contrario tampoco el empleo remunerado es ninguna garantía de utilidad social, al menos en un sentido solidario y de justicia. Véase si no el ejemplo que nos dan las industrias contaminantes, armentistas, de ocio consumista, etc.

El trabajo asalariado no es la única forma de producir riqueza. El empleo remunerado no es la única forma de integrar a las personas para que sean socialmente útiles. Desmonetarizar ó des-salarizar el trabajo es una propuesta innovadora, que además revaloriza los esfuerzos gratuitos que mucha gente hace para que el mundo sea mejor.

Necesitamos una visión más amplia de la economía. Si aplicáramos esta lógica muchos conceptos cambiarían de raíz. Por ejemplo, el propio concepto de "economía". Si la economía supone "la administración recta y prudente de los bienes" o "las mejores elecciones posibles que se pueden llevar a cabo con un conjunto de recursos escasos", nada nos indica que esos bienes y esos recursos tengan que ser solo expresados en unidades monetarias o intercambiados por ellas.

Desde esta perspectiva, "crear riqueza" o "potenciar el crecimiento económico" tendría otro sentido: el de conservar, aprovechar mejor y ampliar los recursos sociales y naturales, pero no necesariamente considerar que la única economía posible es la "economía monetaria", basada en los intercambios comerciales regulados mediante el uso del dinero.

Así adquieren relieve nuevas formas de intercambio, basadas por ejemplo en el trueque ó sencillamente en la gratuidad (fuente de otro tipo de satisfacciones).

Desde luego que a muchos esto les parecerá una perspectiva utópica porque al fin y al cabo vivimos donde vivimos, los horizontes de transformación profunda de la sociedad no son nada esperanzadores y es necesario dar respuestas urgentes a la problemática del paro, porque hasta ahora es la fuente principal de rentas y la principal vía de redistribución de la riqueza.

Pero no parece claro que nadie, ni siquiera los más pragmáticos, tengan la varita mágica para resolver el problema. Mejor dicho, algunos sí que la tienen, los que propugnan que se puede generar empleo, pero, eso sí, precario, barato, desregulado... empleo-basura.

El empleo no asegura el bienestar. Esta diferenciación entre empleo y trabajo tiene también una aplicación muy directa en términos de desarrollo, y en concreto, de desarrollo local. Podemos pensar que el desarrollo consiste en promover la creación de empleo, o podemos pensar que el desarrollo consiste en potenciar el bienestar social. Recordemos las palabras de Kropotkin:

"El derecho al bienestar es la posibilidad de vivir como seres humanos y de criar los hijos para hacerlos miembros iguales de una sociedad superior a la nuestra; el derecho al trabajo es el derecho a continuar siendo siempre un esclavo asalariado, un hombre de labor, gobernado y explotado por los burgueses del mañana. El derecho al bienestar es la revolución social; el derecho al trabajo es, a lo sumo, un presidio industrial".

Esta cuestión tienen actualidad pues la tendencia a la desregulación del mercado de trabajo y la precarización laboral crece a un ritmo acelerado. Cada día hay más gentes que trabaja en condiciones vergonzosas, sin apenas derechos y, peor todavía, sin capacidad para defender los que aún les son reconocidos.

Es probable que nuestros gobiernos, siguiendo el ejemplo norteamericano, consigan crear más empleo, pero ¿En qué condiciones? El empleo que nos ofrecen puede ser una enorme fuente de frustración y de infelicidad, no es ni mucho menos una garantía ni de desarrollo personal, ni social, a menos que se piense el desarrollo solo en términos de asalariamiento y crecimiento de la economía monetaria.

¿Acaso no hemos visto a nuestros padres y abuelos "matarse" a trabajar para ganar apenas lo justo? ¿Ese es nuestro horizonte? Desde luego, sería un horizonte muy triste porque en los tiempos que corren ni siquiera ese tipo de sacrificios aseguran el poder salir algún día de esa espiral centrífuga que constituye el paro y el trabajo precario.

¿Cómo entendemos el "desarrollo"? El debate acerca de qué es el "desarrollo" tiene ya unos cuantos años y no son pocas las perspectivas en liza. Pero hay algo que se ha ido aceptando: el desarrollo debe suponer bienestar social en un sentido integral.

El bienestar no consiste sólo en aumentar la riqueza (entendida en términos materiales y de intercambios comerciales), sino también en mejorar íntegramente las condiciones de vida de la gente para que sus necesidades se vean mejor satisfechas. Y es ocioso decir que muchas, muchísimas necesidades no se pueden satisfacer sólo aumentando los niveles de renta.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) emite todos los años "Informes de Desarrollo Humano" y en ellos se pueden ver muchas variables cuantitativas y cualitativas no centradas sólo en el empleo o en el nivel de renta. Hay que recuperar esta perspectiva más amplia cuando hablemos de desarrollo local en las sociedades del Norte. ¿De qué nos sirve que haya más empleo y las rentas sean más altas si al mismo tiempo crece geométricamente el número de enfermos psicóticos y depresivos, los malos tratos domésticos, el racismo...?

Si nos quedamos en una concepción del desarrollo restringida a la creación de empleo -por muy social que pretenda ser- no aseguraremos necesariamente el bienestar social, sobre todo si el único empleo que somos capaces de crear sigue manteniéndonos a nosotros o a los demás en posiciones vulnerables. Una visión de la economía restringida a la creación de empleo puede dejar de lado mucho trabajo y muchos recursos gratuitos o semigratuitos que la comunidad puede generar para satisfacer las necesidades de sus miembros (asociaciones, grupos culturales, voluntariado, trueque de servicios...).

Desde el punto de vista de la participación es evidente que una concepción del desarrollo restringida a la creación de empleo puede dejar a mucha gente fuera del debate: a quienes ya lo tienen, a quienes no quieren o no pueden "vender" su fuerza de trabajo... En cambio, una perspectiva del desarrollo y de la economía local abierta al mejor aprovechamiento posible de todos los recursos comunitarios -sin necesidad de ponerle precio a cada cosa- da espacio para que cualquiera pueda aportar su granito de arena.

El trabajo gratuito de la gente del barrio comprometida en los grupos culturales es un "recurso económico" y puede considerarse un factor de desarrollo local si contribuye al bienestar comunitario. Es sólo un ejemplo entre otros.

El "desarrollo economicista" tiende a reducir la problemática del desarrollo local a la creación de empleo asalariado. La "cultura laboriosa" pretende asalariar todo trabajo social. Si el problema es que la gente necesita rentas para acceder a unos niveles básicos de consumo ¿Por qué no asegurarlas mediante un sistema de renta básica o salario social? ¿Por qué la salida tiene que ser únicamente la del empleo asalariado? ¿Por qué hay que mercantilizarlo todo? Por qué hay que asalariar todo trabajo?

Esta es una dinámica nefasta del capitalismo a la que hay que oponer resistencia porque -como ya explicó Marx- supone la expansión de la lógica mercantil a toda actividad y relación humana. Ojala algún día todo trabajo pueda ser voluntario, todo tiempo podamos considerarlo "libre" y nadie tenga que "venderse" a nadie para sobrevivir.

Fecha de referencia: 1-2-1999


1: Alberto Ruiz Gallardón es actualmente el Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid (N. del E.).
2: Esta ponencia fue presentada en febrero de 1999, por lo que cuando cita mayo y junio próximos, se refiere a mayo y junio de 1999.

Boletín CF+S > 12 -- Especial: ACCIÓN ASOCIATIVA EN EL DESARROLLO LOCAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/ajmal.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
 
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