| Boletín CF+S > 12 -- Especial: ACCIÓN ASOCIATIVA EN EL DESARROLLO LOCAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/ajalg2.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Sociólogos de CEMYC
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28013 Madrid
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Madrid (España), febrero de 1999
Durante los días 13 y 14 de 1999, las asociaciones que participan
en el "Movimiento por la Dignidad del Sur" organizaron un Seminario
de reflexión que intentó explorar las metodologías para la acción
asociativa en el Desarrollo Local, siguiendo las directrices
expuestas anteriormente. Los materiales transcritos de esas
jornadas han servido para elaborar el presente documento de
conclusiones, que intenta avanzar en la dirección de una acción
coordinada de todos los agentes sociales en las diferentes
dimensiones del Desarrollo Local, donde la formación y el empleo
adquieren un protagonismo evidente en esas actuaciones. El informe
se estructura en cinco partes, que son las siguientes:
El contexto
1.1 Necesariamente el punto de partida tiene que hacer referencia
al contexto desfavorable en el que las organizaciones sociales nos
vemos abocadas a desenvolvernos, tanto en la esfera de lo económico
y la situación de desregulación del mercado laboral a ella
asociada, como en las tendencias en el ámbito de lo social y los
procesos de exclusión que conlleva, o en la esfera de lo político
y la situación de desmovilización y creciente déficit democrático.
Todo ello apunta a una gama amplia de efectos que derivan de la
globalización y que podemos identificar como una múltiple
desarticulación social.
1.2. La globalización y sus efectos sobre la estructura social
implica a la vez un doble proceso: la desigualdad económica y la
distancia social. La desigualdad nos remite a la dualidad de la
estructura social en un eje vertical (arriba - abajo) donde la
pobreza tiende a incrementarse en la parte baja de la estructura
social. La distancia social nos remite a la segmentación social en
un eje horizontal (fuera - dentro) donde el proceso de exclusión
deja al margen de la sociedad a una diversidad creciente de
condiciones (mujeres, jóvenes, minorías étnicas, inmigrantes,
discapacitados), de situaciones (desempleo, subempleo, hogares
monoparentales...) y de colectivos. Así, segmentos crecientes de
población van perdiendo sus atributos de ciudadanía: difícilmente
pueden acceder al mercado de trabajo y cuando lo hacen es bajo
condiciones indignas, cada vez participan menos de la política y no
se sienten representados en las instituciones, pierden el derecho
a la ciudad y son desplazados en una lógica de segregación
espacial.
1.3. Los procesos que llevan a un incremento de la exclusión
social, como la dualización y segmentación del mercado de trabajo,
el modelo económico y tecnológico, la retirada del Estado del
Bienestar y la segregación espacial y territorial, tienen su
proyección en una enorme desarticulación y desmovilización de la
base social. La combinación de los efectos de dualización y de
segmentación de la base social presentan una variedad de
situaciones, conductas sociales y necesidades, que hacen sumamente
compleja la intervención social. La mediación social entendida como
la capacidad de articular una sociedad, en éste caso sumamente
fragmentada, tiene una primera dificultad en identificar las
necesidades y las situaciones, así como para identificar y
establecer los canales de comunicación y las estrategias
relacionales de proximidad.
1.4. En consecuencia, la relación con la base social viene
condicionada fundamentalmente por ese contexto socioeconómico y
sociocultural desfavorable. La tendencia a la segmentación social,
que lleva a la pérdida de anclajes de identidad y a la pérdida de
referentes de socialización, así como a fuertes actitudes de
individuación, hacen difícil desarrollar procesos de implicación,
de reconocimiento de lo comunitario y de socialización. Todos esos
aspectos explican también los sentimientos de "vulnerabilidad"
social, además de procurar una desvertebración del tejido social y
un preocupante déficit democrático. A ello habría que añadir las
dificultades implícitas en un contexto de dominio neoliberal donde
las estrategias cooperativas que, por definición, se mueven
contracorriente, son muy frágiles y vulnerables al encontrar
grandes dificultades para hacerse hueco en un sistema tremendamente
hostil.
La mediación social: la vertebración de las redes sociales
comunitarias
1.5 Cualquier estrategia de mediación social requiere, como
condición necesaria para su "éxito", de una "implicación social",
es decir, que su acción, en un primer momento, sintonice con el
conjunto de los ciudadanos y, muy especialmente, con aquellos que,
teniendo mayor grado de exclusión social, no sean capaces de
formular sus necesidades y de movilizarse. Sólo así lograremos
finalmente la incorporación de la base social en la definición de
las necesidades y en el desarrollo de la propia acción, es decir,
facilitando el acceso a la participación en la satisfacción de las
necesidades.
1.6. El trabajo de mediación social en ese contexto significa
articular y vertebrar los vínculos sociales de proximidad, las
redes sociales de la comunidad. Para ello es necesario identificar,
en primer lugar, los distintos sectores, colectivos e intereses y
buscar los elementos de compatibilidad entre ellos. En segundo
lugar, identificar tanto las necesidades de la base social, como
los nudos de las redes, los comunicadores y los mediadores
informales. Si bien la enorme separación de diversos colectivos
sociales respecto de todo lo que suena a institucional, se traduce
en una imagen debilitada de las iniciativas sociales y en una baja
proyección social de sus propuestas y actividades. Muchas veces
nuestros discursos y prácticas tienden a identificarse con los de
las administraciones públicas e imprimen así una cierta
desconfianza y distanciamiento. La sintonía y proximidad entre la
base social y los grupos animadores de las iniciativas sociales
tienen que ser y percibirse como una coincidencia y convergencia en
intereses que se hacen comunes.
1.7. Los mediadores sociales que somos, o pretendemos ser, las
iniciativas sociales, nos debemos a la ciudadanía, por eso debemos
evitar que nuestro discurso y nuestra acción pueda convertirse en
un instrumental para disciplinar a la base social, desactivar
iniciativas o imprimir acciones que conlleven efectos contrarios a
la propia idea de ciudadanía.
1.8. Muchas veces nuestros discursos se encuentran más enfocados
hacia los sectores más integrados y, a la vez, se encuentran
contaminados por nuestro bagaje institucional y de relación con las
administraciones públicas. Lenguajes que no conectan, que no tienen
mucho que ver con la base social o sectores significativos de la
misma, inducen a que se nos confunda con la propia Administración
o que se nos considere como un apéndice de la misma. Nuestras
actividades, que frecuentemente se encuentran más enfocadas a la
consecución de recursos a través de nuestra relación con las
administraciones públicas, pierden la referencia comunitaria,
cuando realmente el principal recurso de una comunidad y de los
proyectos sociales es la propia gente.
1.9. A veces la inadecuación de las formas y contenidos de nuestras
estructuras organizativas y de nuestras actividades a las nuevas
circunstancias y problemáticas que han ido creándose en nuestros
barrios han ido abriendo distancias con la base social. Por eso es
necesario restablecer la comunicación directa y reorientar nuestras
actividades y modelos organizativos para que obtengan capacidad
para atraer e incorporar a nuestros vecinos, haciéndoles más
protagonistas de los procesos sociales.
1.10. Para reorientar y restablecer la comunicación, para incidir
en la transformación social de nuestros barrios y en la implicación
de nuestros vecinos, es necesario identificar los nudos de las
redes, los sectores activos y los sectores funcionalmente
pro-activos, e igualmente importante es identificar y crear
espacios y ámbitos de convergencia y de encuentro entre todos estos
distintos sectores de una comunidad.
1.11. La búsqueda de compromisos sociales por parte de los grupos
animadores, entidades sociales y sectores activos o funcionalmente
pro-activos, representa una estrategia imprescindible para
desarrollar la comunicación y la acción de base. Imprimir la idea
de reciprocidad, de responsabilidad social y de corresponsabilidad
de unos niveles con otros es un principio básico para que la gente
se implique en procesos participativos en su doble vertiente:
sentirse parte de una comunidad, de un lugar (tener identidad) y
tomar parte en los procesos de transformación de sus condiciones de
vida.
El ámbito de acción: el barrio
1.12. Las iniciativas sociales aparecen vinculadas a un ámbito
concreto, el distrito, el barrio, donde surgen, cobran sentido y
desarrollan su acción social. Es en el barrio donde los ciudadanos
construyen sus redes, su historia y su identidad colectiva. El
barrio es nuestra base territorial y ofrece el marco adecuado de
densidad, continuidad e intensidad de los vínculos sociales. Por
ello, la idea de proximidad es un concepto clave que debe
entenderse, también, como estrategia para poder establecer una
comunicación bidireccional directa e inmediata. El trabajo de calle
y el uso del lenguaje cotidiano, el dominio de los valores que
circulan por la red social y el uso de los códigos y símbolos de
una comunidad, aparecen como elementos significativos en una
estrategia básica para conectar con la gente, sus problemas y sus
inquietudes, así como para canalizar nuevas propuestas de
intervención comunitaria e implicar de ese modo a la base social.
De esa manera, también se reforzará nuestra función mediadora, al
obtener una posición privilegiada que podrá proyectarse hacia el
exterior del barrio, conectando la comunidad con otros ámbitos
sociales, es decir, reforzando la identidad a la vez que evitando
el aislamiento social, político y económico del barrio.
Metodologías para la articulación social
1.13. Es necesario avanzar en el desarrollo de instrumentos
metodológicos, tanto para analizar la realidad social de nuestros
barrios y detectar sus necesidades y potencialidades, como para
establecer los instrumentos con capacidad para articular la
comunidad, es decir, para desarrollar una comunicación y
conectividad en las redes sociales locales en un ambiente de mutua
"confianza". Restablecer ésta, implica la creación de vínculos
fuertes que, a su vez, precisan de la incorporación de la base
social y de sus sectores activos en los procesos de transformación
de sus condiciones de vida.
1.14. La plena implicación en los procesos de transformación social
de los propios sujetos afectados necesita de la adopción de
metodologías muy cercanas a la denominada Investigación Acción
Participativa (IAP). Conocer para implicar, implicar para actuar,
actuar para transformar y reflexionar la acción, es un itinerario
recurrente que presenta la potencialidad permanente de incorporar
a nuevos sujetos capaces de reconstruir redes, de activar procesos.
Partir del conocimiento de la realidad de la base social afectada
para incorporarla se expresa siempre en itinerarios del tipo: ver-juzgar-actuar..., acción-reflexión-acción..., aprender-explicar-implicar-aplicar...
1.15. Ello exige el aprendizaje de distintos métodos y técnicas así
como su combinación, que básicamente versan sobre éstas cuestiones:
el análisis de la realidad social, la identificación de mediadores
informales, las técnicas y los instrumentos de comunicación y de
transmisión de información, las técnicas para comprometer e
implicar a los interesados en el redescubrimiento de sus
necesidades y en la apropiación de su entorno, en los diseños de
las propuestas, en la gestión de los recursos y en los procesos
para modificar el entorno.
1.16. Surge, en función de lo anterior, la necesidad de un proceso
autoformativo, de autodiagnóstico que, desde los propios grupos
animadores y sobre las propias iniciativas sociales en las
participan, incorporen nuevos elementos de análisis y construyan
nuevas herramientas que contribuyan a impulsar prácticas
autoreflexivas con capacidad para desarrollar procesos realmente
participativos y de eficacia social.
1.17. La optimización de la eficacia en el acceso a las ofertas
institucionales por parte de los ciudadanos necesita de diversas
condiciones favorables. En primer lugar, una comunicación fluida a
través de la cual la oferta se adecue a la demanda y a las
necesidades; en segundo lugar, un contexto de confianza y de
legitimidad para con las instituciones públicas; en tercer lugar,
una mediación social que posibilite los dos aspectos anteriores. La
mediación social sólo es posible cuando está legitimada, es decir,
cuanto obtiene reconocimiento y confianza por parte de todos los
elementos que ésta pone en relación, y cuando ésta mediación social
es capaz de dotarse de aquellos instrumentos metodológicos
adecuados y cuenta con recursos diversos que derivan de cada uno de
los elementos. Cuando hay reconocimiento, el elemento base social
aporta recursos humanos e información, y el elemento grupos
institucionales aporta recursos instrumentales y competencias.
Sobre el primer tipo de reconocimiento ha tratado este primer
apartado de conclusiones, sobre el segundo pasamos a desarrollarlos
a partir de ahora.
El papel que deberían jugar las administraciones públicas
2.1. La viabilidad de muchos de estos proyectos ciudadanos sólo es
posible a medio plazo si se cuenta con un apoyo incondicional que
permita su viabilidad autónoma en un futuro inmediato y que, en
ningún caso, parta de unas relaciones basadas en un "vasallaje" que
las conviertan en "apéndices" políticos de la Administración. Una
de las señales más demostrativas del alcance democrático de una
sociedad es, sin duda, el grado de articulación de su tejido
social. En la naturaleza y la profundidad de los vínculos entre los
ciudadanos, y de estos con sus instituciones, descansa la base de
una ciudadanía plena y saludable. La articulación de una sociedad
viene dada por la capacidad de los ciudadanos de organizarse
autónomamente para participar en la gestión y en la toma decisiones
sobre las cuestiones que les conciernen, siendo éste un elemento
clave para cualquier sistema social que se encuentre claramente
comprometido con la consolidación de la democracia.
2.2. Precisamente, la función de las administraciones públicas, en
cuanto que se trata de estructuras de las que democráticamente se
han dotado los ciudadanos en su conjunto, es garantizar la cohesión
social y, en consecuencia, potenciar, promover y fomentar el
desarrollo de la capacidad de los ciudadanos para que estos puedan
acometer de forma autónoma y democrática el diseño de la acción
colectiva, la gestión de las actividades, espacios y ámbitos
necesarios para dar solución a las demandas y necesidades de la
sociedad. Sería también cometido de las administraciones públicas
armonizar las diferentes iniciativas sociales, favoreciendo la
compatibilidad de los diversos intereses colectivos, evitando los
corporativismos o sectarismos y garantizando a la vez la
participación y la transparencia de los proyectos, así como el uso
de los recursos públicos gestionados por las propias organizaciones
ciudadanas. Abogamos, por lo tanto, por el principio de
subsidiareidad, es decir, que todo aquello que pueda ser
autodeterminado o autogestionado a un determinado nivel ciudadano
(inferior o de escala más reducida) no debe determinarse o
gestionarse en un nivel superior o de escala mayor. Dicho de otro
modo, que la satisfacción de las necesidades y demandas debe
resolverse en el nivel más próximo a los ciudadanos que sea
posible.
La situación actual: la subordinación de las organizaciones
sociales
2.3. Sin embargo, la situación actual es muy distinta. La carencia
de apoyos, la falta de reconocimiento y el exceso de regulación -o
de regulación rígida e inadecuada- sobre las iniciativas sociales
y asociaciones ciudadanas esconde una profunda desconfianza y
resistencia corporativa y burocrática a redistribuir el poder y a
desarrollar, por tanto, el principio de subsidiariedad. Más al
contrario, la cultura administrativa viene a aplicar un principio
de subordinación que tiende a instrumentalizar a las organizaciones
sociales en una estrategia inversa a la subsidiariedad: que todo lo
que puedan asumir las administraciones públicas no debe ser
competencia de las organizaciones sociales. El profundo rechazo a
la crítica, la creencia de que la delegación y cogestión supone
pérdida de protagonismo político y el desconocimiento de la
realidad asociativa y de su potencialidad son otras consecuencias
de la cultura de gestión de lo público que tienen las instituciones
públicas, impidiendo de facto el desarrollo de políticas adecuadas
en este ámbito.
2.4. El conocimiento de la realidad asociativa por parte de las
administraciones públicas es muy parcelado, por la naturaleza
compartimentada de la misma gestión pública, que impide la
implementación de políticas integrales. Solamente se tiene
conocimiento de aquellas asociaciones subvencionadas por el
compartimento administrativo correspondiente, limitándose las más
de las veces a los aspectos estadísticos y relacionados con las
actividades de fiscalización del objeto de subvención.
2.5. La Administración Pública, en cuanto a las relaciones con las
asociaciones y las políticas sociales, funciona en términos de
rentabilidad económica a corto plazo. Mientras, las asociaciones y
los ciudadanos precisan de una atención en función de proyectos y
actividades que tienen una rentabilidad social a largo plazo. Esa
inadecuación hace de las organizaciones sociales elementos no
rentables que obtienen muy escaso valor y reconocimiento.
Las consecuencias del modelo subordinado
2.6. Las relaciones del tejido asociativo con las administraciones
públicas se encuentran mediatizadas por condiciones de no
reciprocidad, lastrando el desarrollo pleno de aquellas. Ello tiene
sus propias consecuencias sobre la eficacia de su actividad y, más
particularmente, sobre una imagen distorsionada por parte del
conjunto de la ciudadanía a la que se dirigen. La subordinación de
las organizaciones sociales a las pautas y dinámicas establecidas
por las políticas de la Administración derivan en la adopción de
patrones organizativos que, a su vez, se proyectan en esquemas de
intervención a semejanza de los propios modelos utilizados por la
Administración, aunque con recursos muy escasos que redundan sobre
la calidad de los proyectos y de las actividades asociativas.
2.7. La consecuencia más negativa de la debilidad y situación de
precariedad del asociacionismo es la dificultad e incapacidad para
generar recursos propios y ganar espacios de gestión e
interlocución, lo que impide que éstas asuman mayores cotas de
responsabilidad social. Fundamentalmente, a veces exclusivamente,
el apoyo institucional proviene de la política de subvenciones que,
la mayoría de las veces, podría entenderse como una dinámica que
lleva a la "domesticación" y sometimiento de las asociaciones a
cambio de su supervivencia. La nula participación de las
asociaciones en la definición de la política de subvenciones, su
corto alcance y cuantía, la rigidez y lentitud burocrática en sus
concesiones, el clientelismo y competitividad que a veces se deriva
de esas situaciones, la incertidumbre que genera en el desarrollo
futuro de las actividades y proyectos..., condicionan no sólo la
práctica de unas organizaciones sociales que precisan, además, de
un dinamismo y ritmos vitales diferentes, sino que también refuerza
la relaciones de excesiva tutela y dependencia de los poderes
públicos.
2.8. La falta de una política institucional definida y decidida con
respecto a las organizaciones sociales se traduce en un escaso
reconocimiento y apoyo, que también se manifiesta en un
significativo desconocimiento de sus necesidades organizativas y en
la ausencia de equipos profesionales y técnicos cualificados
capaces de impulsar una relación estable y continuada con las
organizaciones sociales. Por otro lado, la falta de coordinación
administrativa y, en consecuencia, la ausencia de programas
transversales, integrales y estables, impiden la resolución de
problemáticas y la promoción y articulación del tejido asociativo
como modelo de mediación imprescindible para incorporar a los
ciudadanos en la aceptación, gestión y resolución de las citadas
problemáticas que les aquejan.
2.9. De todo lo anterior deriva, como consecuencia, un sentimiento
de alarma en las organizaciones sociales respecto de los poderes
públicos, consolidándose unas relaciones desiguales basadas en una
dependencia que limita la autonomía organizativa y que en ocasiones
supone la "seducción" de sus dirigentes y "cooptación" de proyectos
e iniciativas de mayor interés, con el riesgo permanente a ser
instrumentalizados por intereses políticos ajenos a su propia
naturaleza. A su vez, ello redunda en un desconocimiento del tejido
asociativo y sus potencialidades y, en definitiva, en un mutuo
alejamiento.
Una nueva cultura en la relación de lo público y el tercer sector
2.10. Es necesaria una nueva cultura de la relación entre lo
público estatal y lo público "no estatal" (el tercer sector). Por
un lado, las organizaciones sociales deben replantearse sus
relaciones con las administraciones ppúblicas haciendo valer su
importante significación social y reivindicando su carácter
mediador y su participación en el diseño, desarrollo y control
social de las políticas institucionales, de los proyectos,
actividades, equipamientos y espacios. Mientras que las
administraciones públicas deben desarrollar las medidas pertinentes
para que las iniciativas sociales puedan consolidarse y extenderse.
El "encuentro" entre ambas viene expresado en términos de cogestión
de actividades, proyectos y espacios de los que podemos encontrar
muy escasos, pero significativos ejemplos de eficacia y de
rentabilidad social.
2.11. La proximidad a las gentes y a los problemas, la capacidad de
desarrollar dinámicas participativas y de detectar las necesidades
de los ciudadanos, hace de las iniciativas y organizaciones
sociales un instrumento básico que apunta a la necesidad de nuevos
modelos de gestión que permitan el despliegue de este sector. Una
nueva cultura de la intervención pública debería, bajo los
principios de consenso y negociación, encaminarse a permitir y
motivar la autogestión de proyectos, poniendo los recursos
necesarios para que las asociaciones puedan asumir cada vez mayor
número de responsabilidades, velando, por otro lado, por su
transparencia y naturaleza pública.
2.12. La responsabilidad de los poderes públicos en este proceso
implica una enorme diversificación de pautas, encaminadas a la
consolidación y articulación de una ciudadanía organizada. Por un
lado, es necesario incorporar la figura del técnico mediador,
mejorando y fortaleciendo la formación de los técnicos de las
instituciones ppúblicas de cara a relacionarse, simplificar y
agilizar los trámites administrativos. Por otro, las organizaciones
sociales precisan de un tratamiento fiscal preferente y de una
mejor adaptación del marco legal. Más particularmente, desde una
decidida política de la promoción asociativa, se debe considerar la
asignación de recursos para la formación asociativa, la dotación de
infraestructuras y equipamiento a las asociaciones y la oferta de
apoyo técnico a los proyectos y los procesos de coordinación entre
organizaciones sociales.
2.13. Merece una especial mención a la necesidad de definir líneas
de vinculación entre los programas y proyectos de intervención
social, realizados a través de las organizaciones sociales, y la
Universidad. Aproximar los Centros Universitarios a la realidad
social de los barrios y de los ciudadanos, de las asociaciones y de
las empresas de economía social, bajo programas y convenios de
cooperación, puede ayudar a descubrir nuevas aplicaciones y
establecer interesantes sinergias.
2.14. Más específicamente, es necesario el desarrollo de políticas
que discriminen positivamente al sector de la economía social y a
las denominadas empresas de inserción. Lo que implicaría,
simultáneamente, la creación de un marco legislativo que regule y
apoye las estructuras y empresas de economía social para reducir
las cargas fiscales y de otro tipo, y una política de
convenios-contrato y convenios-programa que permitan una
estabilidad y consolidación del modelo que representan estas
iniciativas sociales. Esa estrategia iría más en el sentido de
romper con la dinámica perversa de las subvenciones y eliminar los
obstáculos para su desarrollo, como pueda ser su excesiva
dependencia y las malas condiciones de partida para el surgimiento
de este tipo de iniciativas.
2.15. En un contexto socioeconómico tan desfavorable como es el de
la periferia social en Villaverde y Usera, sería bastante claro que
desde los propios criterios de eficacia, rentabilidad social y
optimización del uso de los recursos colectivos, el sector público
debería atender al desarrollo del denominado Tercer Sector como un
elemento primordial para la cohesión y vertebración social. Esa
política también ayudaría a la profundización de los valores
éticos, solidarios, de mayor participación y democratización de la
vida social.
2.16. Sin embargo, hoy por hoy no podemos decir, en estos
distritos, que desde las administraciones públicas se estén
desarrollando políticas y estrategias favorables a la consolidación
de este nuevo sector, y menos aún a favorecer su crecimiento y
expansión. Para ello, se exige un fuerte compromiso de las
instituciones públicas, que desde unos principios de
profesionalidad sean capaces de superar la dinámica de
dominio-sumisión, de competitividad, de desconfianza y, a la vez,
de instrumentalización que prevalece en su relación con las
asociaciones ciudadanas.
Las redes asociativas
3.1. La presencia de diversas iniciativas de organizaciones
sociales en un mismo ámbito territorial tiene una potencia
multiplicadora, ya que la inclinación a establecer estrategias de
cooperación, además de recrear el tejido social comunitario, puede
posibilitar la organización de un sistema local de información y de
intercambio que facilite procesos de desarrollo local. Estas
iniciativas se encuentran en disposición de otorgar una función
imprescindible al intercambio de experiencias, recursos e
innovaciones, por lo que la cooperación y su incorporación a redes
de asociaciones, con todas sus dificultades implícitas a su
naturaleza local o sectorial, debe convertirse en un objetivo
primordial.
3.2. La coordinación no implica la pérdida de identidad y de
autonomía de cada iniciativa, por el contrario se trata de buscar
el equilibrio entre la autonomía necesaria de cada iniciativa y la
necesidad de que no se dupliquen proyectos y programas, evitando el
despilfarro de recursos. La potencialidad de la articulación que
presentan las organizaciones ciudadanas pasa por el desarrollo de
estructuras, métodos y modelos capaces de recrear un sistema de
relaciones donde la dimensión territorial y la dimensión
comunicativa -de mediación- han de ser compatibles y
complementarias para favorecer su implantación y extensión como
sistema de redes autónomas que proyecte un efecto multiplicador.
Las dificultades en la construcción de redes asociativas
3.3. La construcción de redes de cooperación inter-asociativa no
está exenta de dificultades, que tienen una carta de naturaleza
propia (falta de experiencia, madurez y profundización en la
articulación de la coordinación y el trabajo en redes), pero que,
en gran medida, vienen motivadas tanto por las dificultades propias
del contexto socioeconómico en el que se despliegan como por las
actitudes de los poderes públicos para con el tejido asociativo. La
escasez de subvenciones y de recursos, la falta de reconocimiento,
las actitudes clientelares, etc., establecen unas reglas de juego
y un marco proclive a la competitividad, que tiene su correlato en
la promoción de actitudes de sumisión o de subordinación, de
defensa de lo particular frente a lo colectivo. La consecuencia es
el autoaislamiento de algunas iniciativas respecto del conjunto de
los movimientos sociales y, frecuentemente, la disputa y
competencia entre sí para obtener los exiguos recursos existentes
para sobrevivir. Es fundamental la superación del carácter
endogámico del que adolecen algunas iniciativas, por ello la
extensión y consolidación de redes son esenciales para constituir
procesos capaces de ir más allá del estrecho localismo o
corporativismo y establecer procesos de reciprocidad y autoapoyo,
en definitiva, de mayor potencia transformadora.
3.4. El análisis y el estudio sobre la situación del Tercer Sector,
del tejido asociativo, es muy escaso y suscita escaso interés en
los poderes públicos. Ello redunda en un desconocimiento de su
influencia, de sus posibilidades y de sus dificultades, que afecta
tanto a los ciudadanos, las administraciones públicas e, incluso,
a los propios movimientos sociales y asociaciones. Ese déficit
comunicativo y participativo entre los distintos sectores deja en
evidencia el difícil desarrollo de políticas de promoción del
asociacionismo y de la articulación del propio tejido asociativo.
El desconocimiento de unas asociaciones sobre otras, sobre sus
recursos, sobre sus modelos de gestión, sobre sus ámbitos de
actuación, sobre sus experiencias e innovaciones etc., resta
potencia y capacidad de actuación al movimiento social en su
conjunto.
3.5. La creación de redes de asociaciones encuentra dificultades
debido a la carencia de recursos y medios. En ese sentido, los
principales problemas se centran en la falta de capacidad técnica
y profesional, la falta de instrumentos metodológicos para
sistematizar la estrategia relacional con otras asociaciones y la
falta de disponibilidad de tiempo para la relación y el intercambio
con otras experiencias. La superación de esa debilidad de sus
estructuras organizativas pasa por la incorporación de instrumentos
formativos y metodológicos en la gestión de los recursos, el
análisis del movimiento social en su conjunto (en un barrio, en un
distrito, en una ciudad), el conocimiento de los recursos de cada
uno, la apertura de espacios compartidos (de reflexión, de
encuentro, de intercambio, de colaboración, de mutuo compromiso) y
de tiempos de dedicación a la relación. Sólo así se podrán
desarrollar conjuntos de acción que optimicen el aprovechamiento de
los recursos al considerarlos en su conjunto. En ese sentido, la
implantación del uso de las nuevas tecnologías puede ayudar a
generar redes informatizadas que favorezcan la comunicación y la
consolidación de estructuras de redes asociativas.
La necesidad de cooperación y coordinación interasociativa
3.6. Las dificultades expresadas nos transmiten que la articulación
de recursos constituye uno de los principales retos para las
organizaciones sociales. La "integralidad" de la acción ciudadana,
de la que depende el propio futuro del movimiento asociativo,
requiere de sistemas eficaces de coordinación y cooperación que
pongan en relación sinérgica las acciones sectoriales con las
territoriales, y cada una de ellas entre sí.
3.7. La cooperación requiere de un proceso continuo de negociación
y consenso, de puesta en común, cuya principal dificultad estriba
en la heterogeneidad de las propias asociaciones (distintos modelos
de gestión, recursos, estructuras organizativas, temáticas,
diferencias de ritmo...). Identificar las diferencias, desde el
respeto a la identidad, será un primer paso para poder optar a la
compatibilidad de funciones y objetivos, adaptar los modelos y
adecuar los distintos ritmos. El reconocimiento de que cada
organización social puede aportar y que tiene un lugar en la
compleja trama asociativa es previa para romper resistencias
derivadas de la exaltación de la propia identidad o del exceso de
localismo.
3.8. La coordinación en términos de cooperación en redes permite
establecer estrategias encaminadas a favorecer la autonomía del
movimiento asociativo y romper dependencias respecto a los poderes
públicos. La coordinación y complementación en la captación y
autodotación de recursos desde el propio movimiento social,
permitirá impulsar una mayor capacidad económica y financiera, con
lo que se hará más autosuficiente y capaz en la promoción de la
economía local. Buscar la confianza en las propias redes es tanto
o más importante que buscar la confianza en las administraciones
públicas.
Intervenciones integrales: programas de inserción sociolaboral
4.2. El proceso formativo debe ser una parte de un proyecto más
integral que tenga como objetivo la inserción sociolaboral de la
población. El establecimiento de un itinerario de inserción
personalizado y, por tanto, adaptado a cada perfil de usuario, es
la clave del proceso, dentro del cual los cursos de formación son
una pieza más dentro del engranaje. Se echa en falta, por lo tanto,
un Plan Integral de Inserción Sociolaboral -mucho más necesario en
los distritos del sur de Madrid, que sufren las mayores tasas de
desempleo de la región- con el diseño de itinerarios personalizados
que recojan todas las fases del proceso: captación de "población
objetivo", el diagnóstico personalizado de necesidades, proceso
formativo (habilidades sociales, formación humana y cultural,
aprendizaje de oficio), la orientación laboral y bsqueda de empleo,
la inserción laboral y procesos de seguimiento y evaluación de
resultados.
4.3. La dinámica administrativa tiende a parcializar y
sectorializar las intervenciones, separando las partes del proceso
según criterios de organización administrativa, pero que rompen la
interrelación de los problemas. Esa conexión es un objetivo
irrenunciable, a partir de la coordinación de los recursos en
juego, siendo deseable la implementación de un Programa Integral
que contemple ese carácter de proceso en el problema del desempleo.
La ausencia de esa respuesta resta potencialidad y eficacia a las
diversas actuaciones, entre ellas, las de carácter formativo, tal
como se expresa en muchos discursos de agentes sociales y usuarios
de cursos, que no observan una vinculación de la Formación
Ocupacional con la inserción laboral.
La disyuntiva entre formación reglada y formación ocupacional
4.4. El fracaso de la enseñanza reglada, que es un fracaso social,
es un problema que urge plantearse, puesto que gran parte de la
Formación Ocupacional, casi toda la que se dirige a jóvenes, está
alimentándose de ese fracaso. Ese problema se hace evidente en
determinados territorios, muy afectados por la crisis social y el
desempleo, que no encuentran en el sistema educativo la respuesta
a sus necesidades y peculiaridades socioculturales. Es decir, la
Formación Ocupacional debería ser un instrumento complementario que
diese respuesta a necesidades formativas muy vinculadas al mundo de
la empresa, generando procesos de adaptación de la mano de obra y
cualificación de la misma en profesiones o puestos demandados por
la empresa. Pero el camino que se toma en la actualidad, apoyado
por la ingente financiación ppública que viene de los programas
comunitarios, parece que pretenda la sustitución de la Enseñanza
Reglada, como un reconocimiento de su fracaso como instrumento de
inserción social. Lo que queremos decir es que si la escuela no
cumple su función habrá que reformarla y dotarla de medios y
recursos humanos para que cumpla su objetivo de socialización y de
formación básica de todos los jóvenes, trasvasando incluso recursos
financieros desde los programas de Formación Ocupacional a los
presupuestos públicos destinados a la enseñanza reglada. Ese es un
debate que tarde o temprano habrá que plantear, puesto que la
Formación Ocupacional se ve superada por las necesidades de estos
colectivos de jóvenes - adolescentes, que precisan antes que nada
una formación cultural y una adquisición de habilidades sociales
que debería haber introducido la escuela. Por lo tanto, la escuela
no está desarrollando su cometido, dejando de intervenir sobre
muchos factores y agentes que intervienen en el proceso educativo,
desde la formación, concienciación y trabajo con los padres (con el
desarrollo de cursos de formación y de sensibilización para padres
sobre la temática del fracaso escolar y la motivación para la
asistencia a la escuela), la coordinación con otros servicios
públicos (servicios sociales, salud,...) y asociativos, la dotación
de equipos profesionales de apoyo en los propios centros
(educadores, animadores, orientadores, psicólogos, pedagogos,
psicólogos, trabajadores sociales,...) y la formación del
profesorado en temas de compensación educativa y atención a la
diversidad. Lo que está claro es que la escuela y otros módulos
como el de Garantía Social deberían trabajar en la prevención de
los procesos de fracaso escolar, es decir, a edades tempranas, y no
como un instrumento de cirugía que llega para intervenir ya sobre
colectivos de fracasados desde el punto de vista escolar.
4.5. El recurso a la formación no reglada es a veces
contraproducente por innecesario, enmascarando una desorientación
del individuo generada por la escasa información, asesoramiento y
orientación laboral de la que disponen los jóvenes en el final de
los ciclos formativos. El trabajo en programas de transición y en
programas de información y asesoramiento pueden ser más útiles para
muchas personas que la asistencia a otro periodo de formación no
sustentado en criterios o diagnósticos racionales.
La formación ocupacional como programa coordinado y bien
planificado
4.6. La Formación Ocupacional en los distritos de Villaverde y
Usera debería responder a criterios realistas sobre las necesidades
del Tejido Productivo y el diagnóstico de los recursos locales
(potencialidades y necesidades), evitando la descoordinación y la
sensación de dispersión o desconexión entre los diversos cursos de
formación programados. Lo que se pone de manifiesto en la reflexión
de profesionales y miembros de los movimientos sociales es que no
toda la Formación Ocupacional consigue su objetivo de cualificar e
insertar laboralmente: aunque es un recurso necesario, no siempre
es suficiente. Alejándonos de posturas excesivamente esquemáticas,
es indudable que el IMAF y todas las instituciones que gestionan la
Formación Ocupacional cumplen un importante papel que es preciso
reconocer, apoyar y potenciar. Pero también existe una progresiva
corriente de opinión que enfatiza la necesidad de reflexionar sobre
los problemas que sufre éste tipo de formación, centrados sobre
todo en su escasa flexibilidad y adaptabilidad a la demanda
potencial. Los aspectos claves que deberían recogerse e incluirse
dentro de una planificación realista serían los siguientes:
4.7. Una de las quejas más frecuentes respecto a la Formación es su
desvinculación con el mundo de la empresa. Cada vez más, se exige
que la eficacia de los cursos se mida en términos de éxito en la
inserción laboral de los usuarios. En ese sentido, debe hacerse un
esfuerzo de implicación en los programas de las empresas radicadas
en el entorno, tanto en la definición de sus necesidades
(diagnóstico de puestos de trabajo y cualificaciones que precisan,
así como los cursos que demandan) como en el desarrollo de los
cursos (colaboración en el diseño de los contenidos y metodologías,
suministro o cesión de materiales y maquinaria y la realización de
prácticas en empresas).
4.8. Pero la Formación Ocupacional precisa también de un anclaje en
el territorio, es decir, debe esforzarse en aprovechar todas las
potencialidades presentes en el espacio local. En primer lugar,
aprovechando los recursos comunitarios presentes, tanto humanos
como materiales, en segundo lugar, intentando incidir en los
problemas del entorno para resolverlos o atenuarlos. Los
yacimientos de empleo y las potencialidades locales deberán
recogerse en el diagnóstico de necesidades formativas para la
promoción de cursos, porque allí se pueden encontrar oportunidades
de empleo y también porque la conexión entre esa formación y las
necesidades y oportunidades de desarrollo socioeconómico de los
barrios ayuda al incremento de la calidad de vida y la
identificación positiva de la población con su entorno, con una
incidencia sobre el territorio que plasme transformaciones de orden
sociocultural y económico en el mismo, mejorando la calidad de vida
en los distritos. Como ejemplos, cabe resaltar las escuelas taller
conectadas con prácticas sobre el patrimonio edificado
(rehabilitación y mantenimiento de edificios) o sobre los
equipamientos (construcción, rehabilitación de espacios públicos,
mantenimiento de los mismos. Es preciso entender la cuestión del
Desarrollo Local de forma amplia, es decir, posibles empleos en la
esfera mercantil, pero también el desarrollo de potencialidades
locales no ligadas con la esfera mercantil pero que pueden ser
fuentes de riqueza.
4.9. Otro aspecto destacado en la interrelación de la Formación con
los recursos socioculturales es la colaboración de la Universidad
en programas de formación que desarrollen prácticas a la manera de
las realizadas en empresas privadas, pero relacionadas con
proyectos de intervención social en colaboración con el movimiento
asociativo.
El sentido de la formación: la promoción de la calidad del empleo
4.10. Hasta aquí hemos insistido, entre otras ideas, sobre la
necesidad de que la Formación se ligue a una posterior
incorporación laboral, pero cabe hacer una pregunta: ¿y qué ocurre
después de esa inserción laboral? Es decir, si el empleo ofertado
es mayoritariamente precario, un contrato eventual viene seguido de
periodos de desempleo o la rotación continuada por empleos mal
remunerados e inestables. Si no se rompe esa dinámica, la
vinculación de la formación con el empleo no será fácil, salvo que
busquemos alternativas más satisfactorias (oficios bien valorados
y con demanda y el tema del trabajo/esfuerzo, el desarrollo de
potencialidades locales al margen del mercado). Es decir, se trata
de plantearse la cuestión de la selección de los sectores de
actividad sobre los que se va a formar a las personas, valorando no
sólo que exista mercado, sino qué tipo de empleo se está ofreciendo
y si compensa formar, desde el punto de vista del movimiento
asociativo, en determinados sectores precarizados y que ofrecen
pésimas condiciones laborales.
La conexión con el tejido empresarial local
5.1. El potencial del Desarrollo Local no se circunscribe a la
Economía Social, sino que debe plantearse también la incorporación
de la pequeña empresa a los proyectos de las entidades asociativas.
Los comercios minoristas y otras pequeñas empresas, pueden ser
agentes colaboradores en la creación de redes económicas
mercantiles y no mercantiles que favorezcan la línea del desarrollo
local. Otras iniciativas pueden oponerse a las políticas y los
flujos financieros de las entidades bancarias, intentando limitar
las fugas hacia el exterior de la comunidad de los recursos
financieros de sus residentes. Por lo tanto, el intento de alcanzar
compromisos de reinversión de ciertas cantidades en la economía
local sería un aspecto interesante a tratar con dichas entidades
financieras, existiendo ya alguna experiencia internacional en ese
sentido. El ahorro ético, es decir, apertura de cuentas que sólo se
destinan a iniciativas de economía social, es otra alternativa
interesante para variar los canales de financiación de las
asociaciones hacia un modelo más autónomo.
5.2. Otra ventaja de la colaboración de iniciativas empresariales
con las asociaciones y sus iniciativas emprendedoras relacionadas
con el Desarrollo Local es que aquellas pueden aportar elementos
que enriquezcan a éstas: la gestión y experiencia empresarial,
aprovechando las inquietudes sociales y las ganas de implicación en
la comunidad de los sectores más concienciados del tejido
empresarial local.
La creación de estructuras de inserción laboral e intercambio
mercantil y no mercantil
5.3. El aprovechamiento de las redes asociativas para crear
economías de trueque o de prestación de servicios locales, incluso
intercambios mercantiles, que fortalezcan la economía de los
distritos y creen nuevos lazos de cohesión interna y de
solidaridad, contribuye a crear riqueza para los propios barrios y
fortalece la cohesión social en los mismos.
5.4. Otra apuesta de las asociaciones puede ser crear estructuras
empresariales de inserción, aunque es un paso delicado en la medida
que es preciso encontrar un hueco en el mercado para que sean
experiencias positivas y no frustrantes. En ese sentido, es preciso
realizar buenos estudios de viabilidad y crear equipos
profesionales o empresariales con experiencia y cualificación. Pero
ese es un paso interesante en la línea de aceptar el reto de la
progresiva gestión de recursos y generación de iniciativas de
desarrollo local, y no sólo limitarse a la línea de financiación
pública a través de subvenciones que cada vez son menores y crean
una dependencia, fragilidad y debilidad reivindicativa.
5.5. La crítica y oposición a las ETT debe ser firme, puesto que
precarizan aún más la situación de los trabajadores, impidiendo
cualquier proyecto de futuro y bienestar para los afectados. La
creación de estructuras de contratación temporal en el movimiento
asociativo puede reducir el espacio a dichas empresas. Es decir, se
puede realizar la misma función de intermediación, evitando los
efectos perversos de las ETT, ofreciendo mejores condiciones
salariales y de trabajo desde una perspectiva,local en la que el
ánimo de lucro no está presente.
El empleo y el trabajo voluntario: las dos caras del desarrollo
local
5.6. Desde la perspectiva de las asociaciones, el Desarrollo Local
debe entenderse desde un punto de vista global, introduciendo no
sólo un análisis estrecho sobre las posibilidades que ofrece el
mercado, sino añadir también el diagnóstico de la riqueza social,
entendida como el esfuerzo o trabajo no monetarizado que se
desarrolla en los distritos y que contribuye a mejorar la calidad
de vida de los ciudadanos y su entorno. Considerar esas actividades
significa la incorporación a proyectos de muchas personas que, si
se adopta la visión más tradicional de las actividades económicas
mercantiles, quedarían fuera, resintiendo la participación social
en los movimientos sociales. Porque se plantea una relación directa
entre la expansión de la economía mercantil y una reducción de la
participación social, puesto que las decisiones tomadas desde
aquella vienen de esferas alejadas de los barrios y sus ciudadanos
(el fenómeno de la globalización económica y la escasa
democratización de las relaciones laborales). Por el contrario, el
trabajo voluntario o no monetarizado, incorpora muchas experiencias
y personas que, si se promocionan y se consideran, tienen un
potencial participativo elevado. El Desarrollo Local debe intentar
la vía de la creación de empleo, pero también debe incidir en la
incorporación a proyectos de generación de bienestar social y
recualificación medioambiental de personas, promoviendo la
generación de riqueza y la ocupación de muchas personas en
proyectos de desarrollo desde las asociaciones o movimientos
sociales.
5.7. La extensión del proceso de mercantilización a muchas de las
actividades que antes se desarrollaban al margen del mercado (y
aquí se lanza el debate de los nuevos yacimientos de empleo, que en
ocasiones son esferas o espacios antes ocupados por el voluntariado
o la solidaridad vecinal y ahora quieren ser incorporados a la
economía monetarizada, aspecto que resta espacio, protagonismo y
participación a la sociedad, al tercer sistema) es un proceso que
se desarrolla en detrimento de la articulación social: cuanto más
espacio se concede al mercado menos lugar hay para la participación
social. Lo que se plantea es la necesidad de un equilibrio entre
las dos esferas: la del empleo, que genera riqueza medida en
términos monetarios, y la del esfuerzo o trabajo no monetarizado,
que crea lazos y relaciones en los barrios, y también riqueza en la
medida que interviene sobre el espacio y las personas.
5.8. Un empeño centrado exclusivamente en la creación de empleo
puede perder de vista el debate sobre la calidad del mismo. La
precarización del empleo, su deterioro desde el punto de vista de
la calidad y la cantidad, supone para el que lo padece un consumo
de tiempo progresivamente mayor para intentar sobrevivir, puesto
que no deja otra alternativa el círculo vicioso del mercado
laboral: ocupaciones mal remuneradas, con periodos de desempleo
frecuentes, rotación por empleos eventuales sucesivos y caída en
las redes de la economía irregular. Toda esa energía que se consume
en esa bsqueda de la supervivencia, se pierde como posibilidad de
participar en actividades voluntarias y en relaciones y
participación social. El empleo que se ofrece niega su condición de
ciudadanos porque no crea condiciones de vida suficientes para
asegurar la participación, la formación y enriquecimiento personal,
la mejora del entorno y la promoción de otras actividades de ocio.
Este aspecto es una llamada de atención sobre los esfuerzos de las
asociaciones centrados exclusivamente sobre la variable del empleo,
puesto que también hay que considerar el tipo de salidas que se
ofrecen en el largo plazo. La vía del salario social se abre como
alternativa para desarrollar el tercer sector, la participación
social, la calidad de vida. Aunque la lectura que debe hacerse no
es tan maximalista, debe buscar el equilibrio entre el mercado (el
empleo) y el tercer sector (el esfuerzo voluntario, las relaciones
sociales,...) no abandonándose completamente a las fuerzas del
mercado.
Cuatro propuestas del movimiento por la dignidad de sur
5.9. El desarrollo de las potencialidades de los distritos en la
que está empeñado el Movimiento Por la Dignidad del Sur intenta
invertir la lógica del sur madrileño: no se pide una dádiva, ni la
ubicación de determinados recursos, infraestructuras o
equipamientos que únicamente ayuden a reequilibrar la ciudad, sino
que también -y sobre todo- se exige el desarrollo de proyectos que
signifiquen una aportación singular de esta zona de Madrid al
conjunto urbano a partir de sus potencialidades y recursos. Es éste
territorio y sus habitantes los que aportan su singularidad para
integrarse en la ciudad. Estas propuestas se concretan en cuatro
grandes proyectos:
Fecha de referencia: 1-2-2000
| Boletín CF+S > 12 -- Especial: ACCIÓN ASOCIATIVA EN EL DESARROLLO LOCAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/ajalg2.html |
Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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