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Boletín CF+S > 12 -- Especial: ACCIÓN ASOCIATIVA EN EL DESARROLLO LOCAL > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n12/ajalg.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

Elementos para construir una metodología de la mediación social


Julio Alguacil
Universidad Carlos III de Madrid.

Madrid (España), febrero de 1999.

La idea de acción, desde la perspectiva de los sujetos que animan los movimientos y organizaciones sociales, se basa en activar, en imprimir acción, en accionar a los ciudadanos haciéndoles corresponsables de sus propias condiciones de vida y protagonistas de las transformaciones necesarias para alcanzar las mayores cotas posibles de Calidad de Vida. La acción significa la consecución de procesos que precisan de forma recurrente de las tres Cs: Conocimiento, Comunicación y Conciencia. Cada una de las tres Cs no puede pensarse, ni desarrollarse, sin las otras, y todas en su conjunto de relaciones sinérgicas imprimen una estrategia de mediación. Los animadores de los movimientos sociales son tales porque son mediadores sociales, es decir, porque establecen una estrategia relacional entre distintos sectores y niveles de la estructura y del tejido social.

Si bien la interrelación del conocimiento (análisis de la realidad social), la comunicación (corrección, profundización y difusión del conocimiento en base a la igualdad de oportunidades en el acceso al mismo) y la conciencia (establecimiento de objetivos y predisposición a participar), que llevan a la acción transformadora precisan de un conjunto de métodos que convenientemente relacionados sean capaces de conformar una metodología de la mediación social. Los mediadores sociales tienen como cometido distintos niveles de relaciones: entre sí, con la base social, con el mercado, con las instituciones públicas; y las relaciones entre estos niveles de relaciones (relaciones entre relaciones). Nos interesa aquí centrarnos en las complejas relaciones que los grupos animadores tienen que establecer con la base social a la que se dirigen, de la que se alimentan. Sus dificultades y sus retos.



El contexto de dualización y segmentación


Obligatoriamente tenemos que partir de los efectos que los procesos de globalización están teniendo sobre la estructura social, y más particularmente sobre las estructuras de las redes sociales en las ciudades. Polarización (o dualización) social y segmentación social se nos presentan, paradójicamente, como las dos caras de la misma moneda. Varios son los aspectos que llevan a pensar a que nuestro sistema social ofrece una tendencia a la separación entre polos (riqueza-pobreza) y la segmentación de los mismos. Veamos los más importantes:

El conjunto de elementos que intervienen de forma interactiva en el doble fenómeno de la polarización y de la segmentación, afecta a amplios sectores de la sociedad metropolitana de tal suerte que su desfavorecimiento viene marcado por el hecho de soportar fuertes desigualdades múltiples, es decir, presenta indicios de desamparo en distintas variables a la misma vez. Se trata de sectores sociales que además se concentran en determinadas zonas de la ciudad como viene a indicar el hecho de verse afectados por las mismas condiciones de existencia, habitabilidad y características del entorno. Así la diferenciación residencial en el espacio se hace inseparable de la separación de los distintos grupos sociales, la separación física va unida a la distancia social. Pero además no hay que dejar de insistir como en las zonas residenciales donde se sufre una escasa calidad de vida, cohabitan una amplia gama de segmentos [1], que en un contexto de homogeneidad cultural viene a significar una nueva fractura social. La fuerte desvertebración social, la pérdida de los referentes tradicionales de clase, el debilitamiento del tejido social y asociativo, explican los numerosos ejemplos de explosiones sociales, de enfrentamientos sociales de corte individualizado, o de enfrentamientos sociales entre sectores que entran en una competencia fundamentada en identidades impenetrables ("El otro" como motivo del conflicto social). Emerge una nueva idea que clarifica estas nuevas formas de conflicto social y que también nos ilustra en la nueva dimensión de la dualización. Nos referimos a la idea de "vulnerabilidad" que viene a expresar una situación emocional de malestar cultural en el que toda esperanza de movilidad social ascendente es ajena a su propia voluntad, de superación de su condición social de frágil calidad de vida, es contemplada como extremadamente difícil de superar; o mayor aún en el que se visualiza el riesgo a una movilidad social de vuelta atrás, descendente, y de empeoramiento, por tanto, de sus actuales cotas de calidad de vida. Precisamente el referente cercano de los colectivos ya atrapados en la "infraclase" se representan de forma proyectiva como amenazantes culpables de esa posibilidad.

La quiebra de los mecanismos tradicionales de inserción social al ir superponiendo planos, como el de la pérdida del trabajo asalariado, la crisis de las organizaciones de referente de clase, la brecha profundizada entre las instituciones y estos sectores "vulnerables", la dificultad de acceso a la vivienda, etc. unido a la percepción de la degradación física y ambiental de sus lugares residenciales y las grandes distancias a recorrer para trabajar o consumir (inaccesibilidad), provocan un mecanismo sincronizado: amenaza de la integridad psico-social de las comunidades y falta de elementos de cohesión interna, lo que supone una periclitación a situaciones objetivas y subjetivas, caracterizadas por la extrema fragilidad de sus formas de vida. Pasan entonces a tener una posición fronteriza en el marco social entre fracciones integradas y excluidas del cuerpo social, ambivalencia que se interioriza como un status social incompleto, lo que se traduce en sentimientos de vulnerabilidad y cristaliza en ocasiones en procesos de victimación colectiva. Mediante esa situación de extrema fragilidad subjetiva, proyectan sus miedos y dudas respecto a colectivos marginados (entendidos como marginadores) que pasan a simbolizar la exclusión y a ser un elemento devaluador de su status conseguido.

En resumidas cuentas, se ha podido constatar un fenómeno que ha sido denominado como "Malestar Urbano" (designación de un estado confuso, difuso y complejo, la cualidad de-no-estar-bien aplicada tanto a un territorio extenso y complejificado: la metrópoli; como a un territorio localizado y complejo, la periferia social), que por la complejidad de la interrelación de factores que intervienen tiene un carácter difuso y confuso, que viene marcado por criterios de inaccesibilidad, distancia y exclusión, y que por tanto apuntan a que el aumento de la segregación social va acompañada de la segregación espacial [2], mostrando una brecha entre aquellos sectores con capacidad de consumir el espacio, de aquellos otros sectores que son más "vulnerables" a los efectos de las externalidades (sociales y ambientales) provocadas por el modelo metropolitano, y que viven en la periferia social o al borde de la misma.

Todos estos efectos característicos de los procesos de la globalización llevan aparejada una quiebra de los mecanismos de convivencia de proximidad y de convivencia intergeneracional. La destrucción de las estructuras complejas comunitarias significa la desvertebración de la comunidad (redes de amigos, de vecinos, de familiares, de compañeros de trabajo...) perdiendo capacidad para drenar las situaciones de desfavorecimiento social y las de complementar las prestaciones públicas del cada vez más exiguo Estado del Bienestar y, sobre todo, evidenciando la quiebra de los vínculos sociales que refuerzan los procesos de precarización y de exclusión social. Nos encontramos, por tanto, en un contexto social donde la generación de nuevas desigualdades manifiestan múltiples fragmentos, múltiples rupturas de las redes sociales, una importante descohesión social; en definitiva, dónde la acción y la mediación social necesaria para la suturación de esa fragmentación precisan de conocimiento y adaptación a los rápidos cambios que se producen.

Desde una base territorial (de barrio) el éxito de la iniciativa social depende en gran medida de su capacidad de respuesta a los problemas cotidianos y ciudadanos. La capacidad de movilización de recursos depende de su arraigo al territorio, de su capacidad para detectar necesidades, y de su capacidad para imbricarse con la base social. Ello precisa de iniciativas sociales capaces de vertebrar las redes de cooperación ciudadana, de articular a la comunidad a través de procesos sociales de concienciación sobre sus propias necesidades. Pero, también, para articular la comunidad es necesario saber detectar sus necesidades y conocer sus flexibles estructuras informales, la naturaleza de las redes sociales, ambos aspectos no pueden ir separados, más al contrario lo uno no puede ser sin lo otro, la comunicación debe ser multidireccional (de abajo arriba y de arriba a bajo, y horizontal).



La naturaleza de las redes sociales comunitarias


Es precisamente, la función de intermediación que las organizaciones sociales desarrollan, entre las redes sociales informales y los otros sectores (administraciones públicas y empresas privadas), lo que viene a evidenciar la complejidad del escenario social y la necesidad de reconstruir las redes sociales como mecanismos reguladores de esa propia complejidad. No podemos circunscribirnos a la idea de una única red social, sino a múltiples solapamientos entre constelaciones de redes sociales, en donde los sujetos y colectivos de sujetos son interdependientes entre sí; y donde más concretamente es relevante la interacción que se produce entre las distintas redes sociales que vienen a determinar los procesos sociales.

En este sentido, cuanto mayor diversidad de redes y mayor permeabilidad entre ellas se conforman áreas difusas donde interaccionan los distintos sectores. Una única red define relaciones entre elementos, una multiplicidad de redes definen las relaciones entre relaciones, difícilmente mensurables pero que no por ello dejan de representar una perspectiva fundamental desde el análisis de la realidad social y desde la acción sobre la realidad social. La evolución del análisis de redes nos ha llevado desde las relaciones lineales (secuencia de puntos) que definen actitudes individuales (la red única), a las relaciones múltiples (áreas de entornos) que definen actitudes colectivas interdependientes, a la vez que son proclives a la consecución de la acción social.

Mientras, que aquí, para el propósito que se persigue, se opta por reconstruir una clasificación que parece lo suficientemente operativa, tanto porque da cabida a la explicación del despliegue de las organizaciones sociales, como porque nos es útil para reforzar la idea de multiplicidad de redes con relación a la satisfacción de las necesidades humanas; y también, porque sobre todo permite establecer unas categorías de redes que en sus vínculos pueden contener a la vez lo expresivo y lo instrumental, y que en todo caso no son ni excluyentes entre sí, ni exclusivas:


Considerando esa multiplicidad de relaciones posibles en el escenario social, de una forma abierta (se emite y se recibe información desde/hacia el exterior de cada red), flexible y variable, en la que cualquier elemento (individual o colectivo) puede ocupar distintas posiciones -en la constelación de redes- simultáneamente, se adquieren así oportunidades de establecer muy diferentes vínculos tanto expresivos o endogrupales (de cohesión, de reconocerse como miembro de la red, de primer orden, de bienes relacionales), como instrumentales o exogrupales (obtención de bienes y servicios a través de la participación de redes de orden secundario). En una estructura tan abierta, el individuo puede acceder a diversas formas de participación, y las oportunidades para desplegar diversas combinaciones de éstas en el repertorio de cada uno pueden ser muy considerables y variadas, y por tanto, sumamente complejas. A mayor complejidad y a mayor apertura sistémica las relaciones entre los elementos obtienen una mayor capacidad de influencia en la modificación de los otros elementos y del conjunto de la red, y por tanto, emiten y reciben comunicaciones a través de los vínculos (flujos de información) que a su vez les está modificando. Los comportamientos y actitudes modificadas cuando se producen a través de unas relaciones de tipo recíproco y simétrico (donde cada elemento de la red juega un doble rol de receptor-emisor) apuntan a procesos que recrean sentimiento de pertenencia y apropiación de los sujetos respecto de los ámbitos, sectores y espacios en los que se insertan. Las redes sociales complejas, por tanto, no son estáticas, están en continúo movimiento, son dinámicas y sumamente variables, y en función de ello son difíciles de delimitar, pero sin embargo, ofrecen una enorme potencia de intervención social cuando los vínculos que se establecen entre distintas redes se transforman en una "voluntad colectiva"

En función de la categorización que hemos establecido, de la que se pretende remarcar su carácter interactivo, se construye una definición [3] que intenta reunir los criterios que definen la complejidad y que sobre todo es útil para nuestro propósito: "Son las interacciones directas o indirectas, flexibles e infinitas (en un sistema abierto) que a través de la comunicación pueden establecer vínculos recíprocos y retroactivos que permiten la satisfacción de las necesidades humanas".

El concepto de red social no sólo implica la existencia de sistemas de comunicación abierta y de estructuras que descubren la complejidad, heterogeneización en "multitud de aldeas" [Maffesoli , 1990] que se apoyan mutuamente (se retroalimentan) sin dejar de ser ellas mismas, y que por ello precisamente, son una respuesta y resistencia a la aldea global (homogeneización de los patrones culturales), sino que como estamos viendo, también nos resulta muy útil para entender las condiciones de las estructuras necesarias para el desarrollo de un Tercer Sector (sistema de organizaciones sociales) y la propia razón de ser de la acción humana en ese ámbito. No podríamos hablar de conceptos de pertenencia, apropiación y participación, en consecuencia, del significado del Tercer Sector sin entender la capacidad "reguladora" [4] que se produce a través de las redes sociales.

Las redes sociales tienen capacidad reguladora si a través de ellas los miembros que interactúan logran establecer procesos sociales tendentes a satisfacer las necesidades humanas de una forma óptima. Podemos establecer tres aspectos o dimensiones que favorecen o minimizan (sí son débiles) la función reguladora de las redes:

En contraposición a lo anterior, las redes pierden capacidad de regulación cuanto más desterritorializadas se encuentren, cuando los vínculos entre los elementos sean débiles por tratarse de contactos esporádicos y discontinuos, o encontrarse limitados por la lógica de los instrumentos mediáticos (puede manipularse o incluso interrumpirse por razones ajenas a la voluntad de los interactuantes sin que tengan ninguna oportunidad de acción sobre esa manipulación o ruptura), y por tanto se trata de contactos no directos; y también cuando el contenido de los mensajes y de la información no es de interés común, pierde la oportunidad de ser compartida por los elementos que participan de la red, se vacían de contenidos, y en consecuencia resultan demasiado superficiales y carentes de compromisos fuertes (se agotan en el propio intercambio).

En consecuencia, la conjugación de esas tres dimensiones -unidas a la participación de los sujetos en distintas redes múltiples que garantizan la apertura de las mismas accediendo así a la innovación, capacidad de adaptación y experimentación- establece el marco de consenso y participación que permite que pueda optimizarse la función reguladora por parte de las redes, o lo que es lo mismo que se puedan establecer los medios para alcanzar la satisfacción de las necesidades básicas, y por tanto que posibilite las condiciones adecuadas para el ejercicio de la autonomía crítica de sus miembros por medio de la participación activa. La participación, la apropiación y el sentimiento de pertenencia son impensables sin una mínima estructura de red, comunicada en un sistema de redes, con cierto grado de densidad, intensidad y continuidad.

En síntesis, la capacidad reguladora es mayor si las redes son abiertas (constelaciones de redes diversas y permeables). Por tanto, cuando son más variados los repertorios de papeles, y en consecuencia, también las redes ofrecen espacio para adaptaciones y estrategias innovadoras, será mayor la capacidad para encarar tensiones y conflictos. Es decir, la participación de los sujetos en distintas redes múltiples crea condiciones favorables para construir iniciativas, y sostener recursos, para en definitiva, crear procesos de regeneración urbana, económica y social de los ámbitos urbanos de periferia que son en síntesis procesos reguladores.

Si bien, la capacidad reguladora de una red social viene determinada por su capacidad de traducir en términos operativos sus estrategias, lo que precisa de una maduración en un determinado grado de responsabilidad compartida (corresponsabilidad) entre sus miembros y, como consecuencia, que todos ellos puedan concurrir en igualdad de oportunidades. Precisamente la corresponsabilidad es lo que permite la prolongación entre los sentimientos "expresivos" y la creatividad "instrumental" a través de las redes sociales. La responsabilidad que se construye en la unión de la identidad y la autonomía significa que el reconocimiento de uno mismo se produce a través de la relación con los "otros", y que igualmente la práctica de un actor (individual o colectivo) se construye en la tensión dialéctica entre el interior y el exterior, cada actor social esta mediatizado por la acción de los "otros" actores, y, por tanto, la acción de los "otros" está influenciada de la acción de cada uno de los actores. Se construye pues una "actitud dialógica" [Martínez Navarro , 1990] a través de la cual cada actor reconoce en los demás una dimensión de responsabilidad, de modo que a los otros actores les puede considerar -como a sí mismo- corresponsables facultados para tomar parte en los procesos que les afectan mutuamente.

Intervenir en la acción social con una estrategia de mediador significa confiar en las redes, y sobre todo recrearlas, pero ello precisa de conocer sus complejas estructuras y mecanismos, descubrir sus nudos y sus flujos de comunicación, pasamos seguidamente a establecer una esquema de estructura en red que puede ser útil para construir métodos de mediación.



Conocer la estructura de redes para recrearlas


Al igual que las Organizaciones Sociales, las denominadas redes sociales informales cobran mayor sentido en un contexto social donde la creciente desprotección social es una amenaza que pende sobre determinados ámbitos y colectivos. Algunos autores [Requena, F. , 1991] [Requena, F. , 1994] han puesto en evidencia como las redes sociales informales en una sociedad en transformación, inducida por una omnipresente racionalidad económica, se dotan de un carácter de "capital relacional" que presenta nuevas perspectivas estratégicas de los sujetos para ser capaces de afrontar los fuertes procesos de vulnerabilidad social. Sin embargo, la segmentación de la estructura social, y por ende la fragmentación de las redes sociales comunitarias precisan de una estrategia colectiva proclive a articular su potencia transformadora. Se trata de una reformulación de los valores sobre una base de confianza, esta vez desde la dimensión de lo cotidiano, desde la proximidad, que ayuden a restablecer las múltiples retículas entre las redes familiares, de amistad, de trabajo, de vecindad, como un subsistema que obtiene una dinámica propia dentro del conjunto del sistema social. Así el acceso al mercado de trabajo, el acceso a la vivienda, el cuidado de los niños o de los ancianos, y un sin fin de servicios más, pueden ser resueltos, directa o indirectamente, a través de las redes sociales de la comunidad como un renovado sistema que desarrolla funciones de apoyo social y procesos de cambio social.

La vertebración de las redes reconvertidas en un eficaz sistema de comunicación y de movilización será, por tanto, uno de los principales cometidos de las organizaciones sociales de base territorial.

Tomando como base y referencia metodológica y empírica distintas elaboraciones e investigaciones sobre comunidades locales, se presenta a continuación una elaboración más avanzada de las mismas, una reconstrucción de la estructura de redes, empecemos por algunos elementos y conceptos:


La múltiple articulación de las redes significa que la capacidad transformadora de los movimientos sociales y de las organizaciones que lo conforman está mediada por la voluntad colectiva y "dicha transformación -en expresión de Zemelman- se manifiesta en la generación de corrientes de homogeneización de opiniones que permitan la formulación de fines compartidos, en ritmos de organización de toma de conciencia" [Zemelman , 1987: 151]. Así los movimientos sociales, son tales movimientos porque conforman un sistema de comunicación dirigido a la acción, es decir, porque establecen una fluidez de mensajes a través de una estructura de red, donde distintos grupos informales alcanzan un alto grado de cohesión interna (se intensionan), también son parte de redes externas que refuerzan a grupos formales susceptibles de articularse entre sí (se extensionan) y a través de esa consonancia hacen la vez de nudos de conexión, de salida y de entrada de información, que se derivan en actitudes y se resuelven en acción en momentos álgidos de movilización y/o en procesos de desarrollo comunitario. De tal suerte que un movimiento social cumple su función activa si es capaz de proyectarse en un "conjunto de acción".

Figura 2: Conjuntos de acción

Una estructura del tejido social caracterizada por la fluidez comunicacional puede ser mediatizada por los contextos sociales y económicos, y por tanto, deben adaptarse muy rápidamente a los cambios sociales para mantener una condición de potencia, de conexión y conjunción entre los distintos niveles de conciencia. Así desde una lectura histórica algunos autores apuntan un comportamiento cíclico de los movimientos sociales que se debilitan en número y poder durante los períodos de auge económico y se reavivan durante períodos de recesión económica [Fuentes & Frank , 1988]. Aunque, también podríamos argumentar que las redes sociales se recrean en momentos de crisis, siendo proclives, durante los períodos de rápidos cambios sociales a nuevas formas de comportamiento y acción social que se difunden rápidamente y que a veces llegan a coordinarse estableciendo eficaces respuestas y alternativas, transcendiendo así los intereses particularistas de las organizaciones sociales.

De cualquier forma, el debilitamiento o reavivamiento no son sino procesos de rupturas y desconexiones en las propias estructuras del tejido social imbuidas, en nuestro sistema social, por la lógica de unos rápidos cambios contextuales que han provocado una acumulación de inadecuaciones para el conflicto, pero que también representan una recomposición permanente y sugieren adaptaciones de los movimientos sociales a las nuevas problemáticas encaminándose hacia otros modelos de participación social. En todo caso, podemos considerar cómo el creciente desarrollo de la multiplicidad de redes sociales interactuantes se produce gracias a la existencia de las organizaciones sociales con capacidad para articular a distintos colectivos sociales y a diferentes ámbitos locales (coordinación de lugares y ámbitos donde se consigue una seguridad social por la proxemia). Es así cuando se despliega la potencia de un Tercer Sector.



Elementos para un autodiagnóstico de la comunidad


Los grupos animadores como mediadores sociales necesitan formación, o más bien autoformación. La acción necesita reflexión y ambas precisan dotarse de métodos para conocer profundamente la realidad que pretenden transformar, y el sentido de la propia transformación. Conocer la realidad precisa de comunicación bidireccional con la base social y, por lo tanto, restablecer los circuitos y nudos de la misma. Conocer el sentido de la transformación significa implicar a los ciudadanos en el descubrimiento de sus necesidades y en la transformación consiguiente para mejorar su calidad de vida. Ambos aspectos precisan de armarse de los instrumentos metodológicos.

Veamos distintos pasos o niveles (no necesariamente en el orden que se establece, muchas tendrían que ser paralelos) a desarrollar en una estrategia de formación-autoformación:


Si bien, para terminar cabe aseverar que para todo esto último se necesita establecer un proceso formativo dirigido a los grupos animadores, si se quiere optimizar su papel relacional y mediador (en este caso con la base social), una reflexión-acción-participación arropada por técnicas y métodos de aprender-comprender. Todo lo apuntado aquí lo requiere. Habría que buscar desde ahora el ámbito de ese proceso autoformativo.



Referencias


Alguacil, J.; Denche, C. (1993) "Otros movimientos sociales para otro modelo participativo y otra democracia" (En Documentación Social n. 90: Los movimientos sociales hoy, pp. 83-100. Cáritas, Madrid)

Capa, J. (1971) Como descubrir las necesidades culturales de un barrio (Marsiega, Madrid)

Castells, M. (1991) El auge de la Ciudad Dual: Teoría social y tendencias sociales (En Alfoz n.80, pp. 89-104, Madrid)

Doeringer, P.B.; Piore, M.J. (1975) "El paro y el mercado dual de trabajo". (En Toharia, L. (Comp.): El mercado de trabajo: teoría y aplicaciones. Alianza Universidad, Madrid)

Fuentes, M.; Gunder Frank, A. (1988) "Diez tesis acerca de los movimientos sociales" (En Alfoz 54-55, pp. 50-63, Madrid)

Harvey, D. (1977) Urbanismo y desigualdad social (Siglo XXI, Madrid)

Leal, J. (1990) "Crecimiento económico y desigualdad social en la Comunidad de Madrid" (En Economía y Sociedad n. 4, pp. 55-66. Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid, Madrid)

Leal, J. (1994) "Cambio social y desigualdad espacial en el áreametropolitana de Madrid (1986-1991)" (En Economía y Sociedad n. 10, pp. 61-81. Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid, Madrid)

Maffesoli, M. (1990) El tiempo de las tribus. (Icaria, Barcelona)

Martínez Navarro, E.G. (1990) "Autonomía y solidaridad para una democracia participativa". (En Documentación Social n. 80: Política Social y Participación, pp. 69-94. Cáritas, Madrid )

Martinotti, G. (1990) "La población en la nueva morfología social metropolitana -Reflexiones a partir del caso italiano-" (En Borja, J. et al.: Las grandes ciudades en la década de los 90, pp. 65-139. Sistema, Madrid)

Mingione, E. (1994) Las sociedades fragmentadas. Una sociología de la vida económica más allá del paradigma del mercado (Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Madrid)

Pahl, R. E. (1987) "Polarización Social y Crisis Económica" (En Alfoz n. 47, pp. 72-84, Madrid)

Pizarro, N. (1987) "Redes sociales (análisis de)" (En Román Reyes (dir.): Terminología científico-social: Aproximación crítica. Anthropos/UCM, pp. 834-837, Barcelona)

Requena, F. (1991) Redes sociales y mercado de trabajo. Elementos para una teoría del capital relacional. (CIS/Siglo XXI, Madrid)

Requena, F. (1994) Amigos y redes sociales. Elementos para una sociología de la amistad (CIS, Madrid)

Rodrígue-Villasante, T (1984) Comunidades locales (IEAL. Madrid)

Rodríguez-Villasante, T.; Alguacil, J.; Denche, C. (1989) Retrato de chabolista con piso: Análisis de redes sociales en la remodelación de barrios de Madrid (En Cuadernos de Vivienda, SGV/IVIMA/Alfoz, Madrid)

Villalva, C. (1995) "Intervención en redes" (En Documentación Social n.98: La Familia. Cáritas, Madrid)

Zemelman, H.; et al. (1987) Conocimiento y sujetos sociales. Contribución al estudio presente. (El Colegio de México, México)

Fecha de referencia: 1-2-2000


1: Es sabido cómo la degradación física de los centros históricos en muchas ciudades va acompañada de un declive demográfico de los sectores poblacionales tradicionales, junto con el auge de sectores pertenecientes a la "infraclase" (cohabitación de ancianos e inmigrantes y minorías étnicas). O de cómo en los barrios tradicionalmente de clase trabajadora cohabitan dos generaciones marcadas por la crisis industrial, los padres prejubilados y los hijos desempleados, provenientes del fracaso escolar, o con trabajo precario. Aparecen múltiples fragmentos que habrá que tener cada vez más presentes a la hora de interpretar el modelo social y sus complejos sistemas de estrtificación social.
2: Existe amplia literatura que muestra esa correlación, al respecto puede consultarse [Harvey , 1997], [Pahl , 1987], [Leal , 1990, 1994] y [Castells , 1991].
3: Se pueden encontrar un recorrido por las diversas definiciones de redes sociales y vínculos en: [Pizarro , 1987], [Requena, F. , 1991, 1994]; [Rivas , 1995]; [Villalba , 1995]
4: Por capacidad reguladora entendemos la potencialidad que los sitemas pueden desplegar para afrontar (amortiguar, debilitar o disminuir) los efectos negativos provocados por las externalidades sociales y ambientales propias de la metropolitanización, globalización y homogenización. El mecanismo de regulación contribuye, por tanto, a la tendencia del equilibrio social dentro del sistema, neutralizando a las variables o subsistemas desestabilizadores.

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