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El sistema de abastecimiento de Sevilla: ...embalse de Melonares > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n11/armarab.html

Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X

La desalinizadora de Sevilla: de proyecto "imprescindible" a disparate felizmente olvidado

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En el momento más crítico de la sequía, tras el verano de 1995, con los recursos del sistema de regulación general de la cuenca del Guadalquivir -de los que dependía el abastecimiento urbano de Sevilla a través de la Tomas de Emergencia III- virtualmente agotados, y ante el posible retraso o ausencia de las lluvias de otoño-invierno, se planteó la construcción de una desalinizadora en Sevilla, para tratar las aguas salobres del estuario. Teniendo en cuenta que el Guadalquivir ya contaba por entonces con un volumen de embalse de 6.200 Hm3 (actualmente 6.850 Hm3) y que el abastecimiento de la aglomeración urbana de Sevilla, que se encuentra al final de esa cuenca, necesita al año poco más de 100 Hm3, se entiende que algo había fallado, no sólo en la gestión del sistema de abastecimiento urbano, sino en el conjunto de la gestión de la cuenca hidrográfica. Efectivamente, admitiendo que la ciudad necesitara recurrir a las aguas del Guadalquivir -con los graves efectos sobre la calidad del abastecimiento que se han comentado- sólo una gestión profundamente imprevisora podía conducir a que este río no fuera capaz de proporcionar los recursos requeridos. La ley define la prioridad de los abastecimientos urbanos sobre otros usos del agua. Aun en el peor escenario imaginable, con una gestión adecuada, el abastecimiento de Sevilla (como el de Córdoba y otras ciudades de la cuenca) debería haber estado garantizado. Sin embargo, en 1994, en plena sequía, se desembalsaron cientos de millones de metros cúbicos de aguas superficiales para riego, en muchos casos de cultivos extensivos con un baja productividad en relación con el volumen de agua aplicado. Un programa riguroso de gestión de la sequía debería haberlo impedido. Lo que hubiera producido en todo un año la desaladora (en torno a 20 Hm3) no es más que lo que consumen en un año normal 3.000 Ha de tierras regadas, una mínima parte de las más de 600.000 Ha que se riegan en la cuenca. Con una fracción de las 100 pts/m3 que significarían los costes de explotación (los 5.500 millones de inversión se pretendían obtener de Bruselas y de las administraciones central y autonómica) se hubieran podido indemnizar holgadamente todos los intereses afectados [Moral, 1995].

Finalmente, en el invierno de 1995 llegaron las lluvias y el proyecto fue poco a poco olvidado. Afortunadamente, hoy ya se reconoce el error: "...aunque la Ley de Aguas concede prioridad al abastecimiento a la población, no siempre se actuó conforme este principio, dando lugar en plena sequía a desembalses en cantidad tal que, a pesar de carecer de efectividad práctica para los usos agrícolas a que se destinaban, supusieron una merma muy importante de las reservas con destino al abastecimiento" [EMASESA, 1997a].

La experiencia del proyecto de desalinizadora debería hacer reflexionar a los actuales defensores del embalse de los Melonares. En primer lugar, deberían releer sus declaraciones, asegurando el carácter absolutamente imprescindible de la obra: todavía en primavera de 1996, con los embalses del Guadalquivir al 70%, la Alcaldesa de Sevilla insistía en que la desalinizadora se haría. En segundo lugar, deberían reflexionar a cerca de la operatividad de decidir sobre el dinero de los demás: también Melonares se pretende construir con financiación europea (75% de la inversión), ignorando que los actuales planteamientos de gestión del agua apuntan a aumentar la capacidad de los usuarios para tomar las decisiones que les afectan (subsidiariedad), pero también a incrementar su responsabilidad respecto de los costes derivados de ellas [Comisión de las Comunidades Europeas, 1997]. Esto es así especialmente en a) sistemas de abastecimiento urbano de agua con capacidad de incorporación de dichos costes, b) sistemas con unos márgenes muy holgados de mejora de la eficiencia de la gestión de los recursos ya disponibles y c) alternativas infraestructurales que implican costes ambientales muy elevados.

Otro tema diferente es el perfeccionamiento de los sistemas de potabilización de las aguas del río proporcionadas por las tomas de emergencia con vistas a mejorar su calidad en momentos en que fuera necesario su funcionamiento. En este sentido, es de destacar el proceso actual de introducción de nuevos tratamientos en la estación del El Carambolo (microtamizado, pre- y postratamiento de ozono y filtro de carbón activo granulado), con un coste total de 6.200 millones de pta, que, cualquiera que sea el resultado del debate sobre los temas que aquí se plantean, permitirán afrontar situaciones de máxima emergencia en mejores condiciones que en el pasado. Siempre y cuando las pautas de gestión general de la cuenca se modifiquen en el sentido indicado.

Consuelo Gisante, Ricardo Marqués Sillero, Leandro del Moral Ituarte, Carlos Pérez Bonilla y Fernando Sancho Royo.

Fecha de referencia: 5-11-1999

El sistema de abastecimiento de Sevilla: ...embalse de Melonares > http://habitat.aq.upm.es/boletin/n11/armarab.html

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