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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
Madrid (España), octubre de 1999.
Introducción
La cuenca alta del río Manzanares, que goza del título de Parque
Regional, es una joya de la Sierra de Guadarrama, al noroeste de
Madrid. La belleza singular de este paraje, sus aguas cristalinas
y su proximidad a la capital hacen del parque un espacio muy
concurrido. La fuerte presión humana a que está sujeto el parque se
concentra principalmente en las márgenes del río Manzanares,
mientras que la topografía agreste del enclave dificulta el acceso
a las zonas alejadas del río, protegiéndolas así de la masificación
que experimenta el río durante los fines de semana del verano.
Con el fin de controlar la afluencia masiva de público y frenar los
impactos negativos que ésta pudiera conllevar, se ha limitado el
acceso por la entrada principal a un cupo de 500 vehículos. Sin
embargo, el acceso más fácil y natural, siguiendo el propio curso
del río desde el pueblo de Manzanares el Real, no parece limitado.
Carecemos de los datos necesarios para cuantificar la asistencia de
público durante un día del fin de semana, así como de criterios
para juzgar si el cupo establecido protege el parque en la medida
deseada. Lo que sí resulta evidente es la degradación que está
sufriendo el entorno bajo una presión que previsiblemente aumentará
en el futuro.
A continuación se describen algunos de los síntomas de esta
degradación y se proponen algunas medidas para aliviar los
problemas, aunque sin pretender devolver el parque a su "estado
natural".
Basura
A primera vista, lo más llamativo es la cantidad de basura de todo
tipo que se acumula en el río y sus márgenes. Incluye botellas de
vidrio y plástico, latas de aluminio y de acero, papel, artículos
de ropa , papel higiénico y restos de comida. Aunque la basura
tiene repercusiones negativas sobre la percepción de la calidad del
entorno, lo más probable es que su impacto real sobre el ecosistema
sea mínimo. Dudamos que tenga efectos mensurables (al menos en las
cantidades observadas) sobre la calidad del agua, la flora y la
fauna que habita aquellos parajes.
No obstante, la presencia de basura puede afectar el comportamiento
del público, que, viendo un entorno degradado, pierde su respeto
por sus cualidades, resultando menos incentivado a tomar las
acciones necesarias para protegerlo. En un entorno visualmente
degradado, cabe esperar más acciones negativas, por ejemplo
pintadas, abusos de la flora, y más basura. El efecto es bien
conocido y desde hace años recibe el nombre de "síndrome de la
ventana rota", es decir, viendo una ventana rota, existe una
tendencia a tirar piedras a las que aún quedan intactas.
Si bien podría considerarse la propia presencia de basura como un
factor inhibidor de la masificación, sería triste argumentar que,
dada nuestra incapacidad para buscar soluciones efectivas para
conservar el entorno, la acumulación de basura protege el parque de
males mayores.
Defecaciones
La evidencia de defecaciones en la proximidad de las zonas de mayor
afluencia (las riberas del río) es sin duda más preocupante que la
basura, porque supone una amenaza directa no sólo a la salud del
río, sino también a la salud de los que pudieran verse expuestos a
los agentes patógenos aportados por los excrementos. La evidencia
tiene dos formas: 1) la presencia de materia fecal (que bien podría
ser humana, bovina o canina) y 2) la presencia de papel higiénico
que probablemente significa que el contaminante es de origen
humano.
No son necesarias explicaciones detalladas de los impactos
provocados por este tipo de contaminación. Desde luego, en el
medio natural, lo más importante es la adición al agua de DBO
(Demanda Biológica de Oxígeno), sólidos en suspensión, y
nutrientes, teniendo en cuenta que si superan el umbral de la
"capacidad de asimilación" del río provocan graves trastornos. Aún
sin sobrepasar este umbral, el aporte adicional de las sustancias
mencionadas (sobre todo los nutrientes) puede afectar el delicado
equilibrio del ecosistema, basado en un entorno pobre en
nutrientes.
En lo que a la salud humana respecta, quizá menos importante cuando
hablamos de la conservación del entorno natural del parque, basta
mencionar que muchas enfermedades (cólera, hepatitis,
gastroenteritis, cryptosporidiosis, etc.) son susceptibles de
transmisión por vía acuática, y que un sólo individuo infectado
puede liberar en sus defecaciones millones de bacterias, virus o
protozoos infecciosos.
Vegetación
El estado de la vegetación en las zonas de mayor afluencia del
público es una muestra de la fuerte presión a que está sometido el
parque. En la zona de la Garganta Camorza los impactos son menos
evidentes. Aquí, las aguas han pulido las rocas en las orillas del
río. Las fuertes pendientes impiden la acumulación de suelos que
podrían soportar vegetación, salvo en algunos accidentes del
terreno (una cavidad entre dos rocas, una presa temporal formada
por el tronco de un árbol caído). En la orilla izquierda los
bañistas optan por situarse en las rocas pulidas, salvaguardando de
alguna manera las escasas zonas de vegetación presentes. La orilla
derecha, con un microclima más propicio, está cubierta por un denso
bosque de pinos de repoblación. Dado que la senda principal de
acceso a la garganta corre en el lado izquierdo, la orilla derecha
queda protegida de los usos más concentrados.
Estas condiciones se invierten aguas arriba de Canto Cochino, donde
la senda sigue en la orilla izquierda, precisamente en la llanura
de inundación del río y donde sí se hace evidente el impacto
producido por miles de pisadas humanas sobre la vegetación. En esta
margen del río, la repoblación forestal llega hasta la orilla,
convirtiendo la zona en una de las preferidas por los visitantes
por su sombra agradable y fácil acceso. Los pinos no sufren las
consecuencias de la presencia humana, pero los arbustos
(sotobosque) son prácticamente ausentes aquí.
En los montes un poco más alejados de las zonas de baño también
pueden observarse síntomas de degradación. La mayor agresión es
consecuencia directa de no respetar las sendas marcadas para
recorrer el Parque, tomando atajos o caminos alternativos allí
donde se cree conveniente. Si éstos corren paralelos a la pendiente
del monte, pronto se abre un canal preferente donde fluye el agua
de escorrentía, que se convierte en un corte hasta el hueso,
difícil de curar. La importancia de la vegetación y su lucha
constante por mantener un suelo adecuado alrededor de sus raíces
queda patente. Aunque no se ha repoblado con especies autóctonas,
se agradecen los esfuerzos de repoblación si nos paramos a pensar
en el aspecto que tendría el parque de no haberse llevado a cabo
esta labor.
Fauna exótica
No son las cabras montesas, ni los buitres, ni las truchas ni demás
dueños de tan duro paisaje la nota exótica del Parque, sino la
fauna introducida por el hombre, especialmente vacas y perros.
Además de constituir un posible peligro para los visitantes, los
perros sueltos (abandonados o perdidos) compiten con los
depredadores naturales del ecosistema, reduciendo la cantidad de
presa disponible para sustentar la población autóctona.
El ganado (principalmente las vacas) representa otro de los
elementos "exóticos" introducidos por el hombre en este paraje.
Aunque habrá quien arguya que el aprovechamiento ganadero ha
influido en la formación de praderas y cumple un papel al limpiar
el sotobosque de las repoblaciones, consideramos que el impacto
producido por la presencia de ganado resulta negativo:
En primer lugar, el aprovechamiento ganadero acelera los ciclos de
nutrientes, produciendo un aumento de descargas de nutrientes a las
aguas superficiales y subterráneas de la zona. Este hecho no sólo
contribuye a los procesos de eutrofización dentro del parque, sino
también en el embalse de Santillana, destinado al suministro de
agua potable. Por otro lado, es muy probable que se suplemente la
dieta de las vacas con otros piensos, lo que significa un aporte
adicional de nutrientes al ecosistema del parque, un sistema pobre
en nutrientes en su estado natural.
Las vacas contribuyen asimismo a la degradación de la cubierta
vegetal, esencial para la retención de los suelos que se forman a
un ritmo muy lento. Es muy probable también que la elección de los
pastos suponga una selección de las plantas con impactos negativos
sobre la supervivencia de las especias autóctonas.
La adición de los excrementos de estos animales introducidos por el
hombre, y sobre todo en las proximidades de zonas de baño, aumenta
la contaminación del río y el riesgo de transmisión de patógenos a
los seres humanos que acuden a este lugar.
En conjunto, el aprovechamiento ganadero parece incompatible con la
conservación de este espacio para fines recreativos y de
apreciación de la naturaleza.
Hemos de reconocer que el ser humano constituye también un
"elemento exótico" dentro de este entorno natural, pero es capaz de
regular sus propias actividades para evitar impactos negativos. O
así habría de ser.
Obras humanas en desuso
La más importante de estas obras, teniendo en cuenta sus efectos
sobre la calidad de las aguas del río y el impacto paisajístico, es
la presa en la Garganta Camorza. Es probable que en el pasado
abasteciera el pueblo de Manzanares el Real, pero parece no cumplir
este fin en la actualidad ya que la tubería que unía la toma con el
pueblo está desconectada. Además, el pequeño embalse está
prácticamente colmatado por los sedimentos que se han retenido
allí.
Aguas abajo de la presa, los olores desprendidos por las aguas al
caer sobre la presa indican que existen algunas zonas de anoxia
dentro del embalse, conduciendo a la descomposición anaeróbica de
la materia orgánica. Esta observación se apoya también en el color
del hierro que se oxida y se precipita cuando las aguas se exponen
de nuevo al oxígeno al fluir en láminas finas por la cara de la
presa. Las condiciones de anoxia pueden tener efectos nocivos sobre
la fauna acuática del río, además de suponer un impacto estético
negativo.
La presa representa un atractivo para los jóvenes que acuden a
saltar a las aguas más o menos profundas del embalse haciendo caso
omiso de los carteles que prohiben el baño en el embalse. Esta
actividad, en una zona no acondicionada para tal uso, tiene dos
aspectos negativos: la posibilidad de accidentes y la falta de
respeto hacia las señalizaciones del parque.
Proporcionar servicios sanitarios en puntos clave:
Esta medida tiene el propósito de eliminar la presencia de
excrementos humanos y papel higiénico que podemos encontrar a poca
distancia de las sendas y las zonas de baño. El sistema propuesto
es el inodoro de tipo compostaje, un sistema bien experimentado que
además tiene la ventaja de estabilizar la materia orgánica en forma
de compost. El compost obtenido se podría esparcir en las zonas
llanas de los bosques, a una distancia del río, ya sin peligro de
contagio de enfermedades. El sistema de la fosa séptica (utilizado
en la zona de camping) es desaconsejable dado el poco desarrollo de
los suelos en esta zona, y la alta probabilidad de que las aguas
negras vertidas al foso entren en las fracturas del granito sin
alteración alguna de sus propiedades nocivas. El inodoro de
compostaje podría concebirse como una experimentación, aunque es
bastante conocido en otros parques y zonas rústicas (por ejemplo,
el parque de Yosemite, EE.UU).
Eliminar la "fauna exótica":
El impacto de las vacas podría compararse con el de los visitantes
del parque: aporte de excrementos, pisadas sobre la vegetación,
compactación del suelo, etc. Sin embargo, las vacas tienen un peso
y una producción de excrementos notablemente superiores a los de un
ser humano, por lo que, a la hora de calcular sus impactos, también
serían mayores. Con respecto a los perros, aunque resulta más
difícil calcular su impacto, es evidente que la eliminación de los
perros salvajes redundaría en la seguridad de los visitantes,
además de reducir su impacto sobre el ecosistema.
Marcar y mejorar el firme de las sendas:
Para evitar salidas y atajos que resultan en la destrucción de la
vegetación, provocando problemas de erosión, se propone una clara
señalización de las sendas, colocando carteles informativos en
puntos claves y recordando la importancia de respetar las sendas.
En algunos tramos que ya sufren problemas de erosión, conviene
mejorar el firme o retrazar la senda. La eliminación del ganado
también reduciría notablemente la creación de sendas nuevas con su
consiguiente destrucción de la vegetación.
Controlar el acceso a través de El Tranco:
Una buena información es imprescindible para mejorar la gestión del
parque, por lo que se debería construir otra puerta de entrada en
El Tranco, actualmente sin control alguno. Al igual que en la
entrada principal del parque, aquí conviene disponer de un centro
de información donde se podrían recordar a los visitantes las
medidas particulares que deberían adoptar para proteger el entorno.
La construcción de esta entrada permitiría también calcular el
número de visitantes para conocer mejor la capacidad del parque, o
en su caso, la degradación que cabe esperar cuando se supera el
umbral de capacidad.
Cobrar entrada:
Desgraciadamente, los seres humanos tienden a valorar los bienes en
función de su coste económico. Así cuando una actividad no cuesta
nada, también se concluye que no vale nada, que, en el caso del
parque resulta en el desprecio de los valores que ofrece. Cobrar
una entrada, aunque sea simbólica, no sólo fomentaría la reflexión
de los visitantes sobre el valor del parque, sino que también
podría aportar fondos para su mantenimiento.
Eliminar la presa de la Garganta Camorza:
A corto plazo, este proyecto supondría algunos impactos
ambientales, pero sería un paso adelante en la restauración del
parque a un estado más natural, eliminando a la vez una barrera al
libre movimiento de la fauna acuática (sobre todo las truchas) y
evitando posibles accidentes. El embalse muestra síntomas de
degradación que no son naturales en este entorno, con indiscutibles
repercusiones sobre la calidad del agua.
Potenciar la participación pública en la gestión del parque:
La mejor forma de concienciar al público de los valores del espacio
natural y los problemas que le afectan es lograr una mayor
participación pública en la toma de decisiones sobre la gestión del
parque. La implicación del público influye mucho en su apreciación
y su colaboración en labores de mantenimiento como pueden ser las
campañas de limpieza, las mejoras de las sendas, etc.
Colocar cubos para basura en zonas estratégicas:
Aunque se apela a la ética y responsabilidad personal de los
visitantes, pretendiendo que cada uno lleve la basura que genera
hasta la entrada del parque, desgraciadamente, la experiencia
actual demuestra que son muchos quienes se deshacen de su basura en
el mismo sitio donde disfrutan de sus comidas o meriendas. Con esta
medida se pretende que la gente se desplace unos metros para llevar
su basura hasta un cubo.
Restablecer las especies arbóreas autóctonas:
Indudablemente, las repoblaciones han tenido efectos positivos en
la protección de las laderas de los montes. No obstante, se podrían
repoblar las especies naturales de la zona de una forma pausada,
simplemente abriendo algunos huecos entre los pinos y plantando los
árboles autóctonos o aprovechando la muerte de algunos pinos para
plantar quejigos, melojos, sabinas, y otras especies en los lugares
que les corresponde.
Esta pequeña lista no pretende ser completa ni definitiva sino
simplemente apuntar algunas posibles medidas para reducir la
degradación a que el parque está sujeto. Tampoco se pretende
convertir la visita al parque en una experiencia artifical tipo
"parque de atracciones". Sin embargo, algunas de las zonas más
concurridas ya parecen haber pasado de su "capacidad natural" y el
reto entonces reside en conservar la experiencia "natural" a la vez
que se permite el disfrute por el mayor número posible de
visitantes.
Es convicción del autor que el aprecio de los espacios naturales es
el mejor instrumento, no sólo para difundir conceptos de medio
ambiente, cada día más importantes, sino también para sosegar las
tensiones que surgen en la vida urbana cotidiana, cada día más
evidentes (violencia, vandalismo, etc.).
Fecha de referencia: 5-11-1999
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Edita: Instituto Juan de Herrera. Av. Juan de Herrera 4. 28040 MADRID. ESPAÑA. ISSN: 1578-097X
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